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Medalla al sadismo gubernamental

Por: | 21 de febrero de 2012

La delegada del Gobierno en Valencia está haciendo méritos para que  Rajoy le conceda hoy mismo la Medalla al Sadismo con el distintivo negro de la cachiporra nacional. Esta mujer, cuyo nombre no merece ser impreso,  no está mal de la cabeza. Es así. Tampoco el jefe de la policía a quien  encomendó reprimir a los estudiantes y familiares de estos, está mal de la cabeza. Es así. Toda España -y por supuesto parte del extranjero- lo ha visto con indignación e impotencia.

Pero una vez se le otorgue la condecoración  a la sádica autoridad, los valencianos ya podrán reunirse en la Plaza del Ayuntamiento y aplaudirla, mientras la alcaldesa Barberá vestida de rojo sangre, le preste el balcón y, por supuesto, todo su apoyo.

Ya no hay nada que hacer en Valencia, salvo compadecer a las víctimas de tanto engaño y tanto palo propiciado por sus políticos del PP que siguen detentando un poder absoluto. Por menos que esto, un pueblo irrumpe en la sede de los represores y los desaloja con todo derecho y a las bravas.

Esto no tardará en producirse.

El voluntariado

Por: | 19 de febrero de 2012

Se ha impuesto, aunque sutilmente pero a la fuerza, el voluntariado. O sea, que si haces algo lo haces voluntariamente y porque te gusta hacerlo. No debes esperar que te paguen por ello, ni en dinero ni en especies. Y  debes sentirte satisfecho. La alternativa del voluntariado es no hacer nada. Pasar de todo. Marginarte.
¿Y quién desea algo así?
No piensen que esto que escribo en un blog en El País digital es otra cosa que una demostración libérrima (y paupérrima) de voluntariado. Ignoro si otros escritores o periodistas que también tienen blog y no están jubilados, como yo,  sino en activo, también actúan bajo este régimen de voluntariado. Quizá cobran, por poco que sea, aunque sea un plus. O ni siquiera un plus, sino que su contribución queda incluida en su nómina.
Antes te llamaba alguien y te ofrecía escribir un artículo para una revista, por ejemplo, y tú preguntabas qué te iban a pagar por el artículo, y te daban una cifra y decías sí o no. Lo mismo ocurría con las reseñas de libros. Por poco que fuera, las publicaciones especializadas algo pagaban a sus colaboradores. Esto es cada día menos frecuente. Una, por ejemplo, estaba financiada por Cajamadrid y pagaba un tanto, muy modesto, por cada reseña. Pero de la noche a la mañana Cajamadrid decidió eliminar esa publicación al retirarle su apoyo. Y Revista de Libros, que así se llamaba el periódico, desapareció.
Siempre esperas la mala noticia que puede ser de dos clases: que cierran y por tanto ya no hay nada que hacer, o que se han quedado sin fondos por lo que ya sabes lo que tienes que hacer: voluntariado.
Publicaciones del prestigio como Le Monde Diplomatique en español, donde desde hace varios años publico reseñas de libros,  no me paga nada. Practico gustosa y generosamente el voluntariado. Escribir en esa revista mensual ya es una forma de pago en términos de prestigio. Y con eso te conformas. Es más, deseas que les vaya muy bien, o lo bastante bien como para seguir apareciendo un mes tras otro en los quioscos.
Mientras Rafa Nadal obtiene no sólo victorias en el tenis y una muy alta y merecida retribución, sus sociedades también se benefician de ciertas cargas  fiscales  con estrategias deportivas de las que no sabíamos nada, pero que ahora revelan los periódicos. Quizá son legales esas estrategias, pero uno tiene la sospecha de que en este país quien no corre vuela, y de que Nadal está lejos todavía del voluntariado,  pero tal vez bastante cerca de la evasión de impuestos.
Los altos directivos de empresas públicas van a ver mermados sus elevados sueldos. Me parece bien. No hace explicar por qué. Ya no me parece bien que, por ejemplo, La Caixa pague un sueldo cuyo monto ignoramos a la esposa de Iñaki Urdangarin quien, por su parte, recibe otro sueldo nada despreciable como consejero de Telefónica. Si los clientes de La Caixa y los de Telefónica nos retirásemos, digamos a miles, y cambiáramos de banco y de empresa de telefonía,  pondríamos a la infanta y al marido de la infanta en régimen de voluntariado. ¿O no? Y estaría bien. Estaría mejor, desde luego, que lo que ocurre ahora pero pronto dejará de ocurrir, o mucho me equivoco.
Al rebajón de sueldos decretados por el gobierno del PP podría añadirse el rebajón del coste de famosas series o programas en la TVE, que es una institución pública. Me entero hoy por El País que un minuto de Águila Roja nos cuesta 11.400 euros, que no es poco. Y que un minuto de Cuéntame nos sale por la friolera de 12.100 euros. Y que por otro minuto del espacio La hora de Mota, con el gracioso tío de la vara en la parrilla, tenemos que pagar 12.200 euros. ¡Para qué seguir! Si no meten publicidad en el ente público vamos de cabeza a la ruina. Y si meten publicidad, vamos a lo que ya tuvimos y deseábamos perder: más anuncios por minuto que ninguna otra televisión europea.
¿Se pueden bajar los costes de esas series de éxito? ¿Habríamos de pedir a sus responsables, artistas, guionistas, técnicos y todo lo demás que se apunten al voluntariado, aunque sea por una temporada y hasta que acabe la recesión y empiece la resurrección?
No me quejo de mi condición de jubilado sumiso a las leyes del mercado y al imperativo categórico del voluntariado, que ya es filosofía pura. Pero  me doy el gusto, al menos,  de no ocultar esta condición sino, muy al contrario, de pregonarla con moderado orgullo.

Peripecias por España

Por: | 18 de febrero de 2012

No se pierdan la lectura de Mis peripecias por España, un libro de Lev Trotski que acaba de publicar la editorial Reino de Cordelia. Es un libro corto (180 páginas) y barato (5.95 euros) y créanme que no lamentarán adquirirlo: en mucho tiempo no leía yo páginas tan cómicas y mordaces que, escritas hace un siglo, conservan todavía una sorprendente actualidad. No quiero destripar esta obra del revolucionario permanente a quien Stalin ordenó matar en 1940 en México. La escribió en 1929 en Constantinopla, basándose en sus anotaciones del viaje que hizo por España al ser expulsado de Francia que, a diferencia de España, participó en la Gran Guerra. Trotski estuvo en Sebastián, Madrid y Cádiz. Sin cargo alguno fue detenido y encarcelado en la Modelo de Madrid.
Las mejores páginas relatan su estancia en aquella prisión que tenía tres clases de celdas: dos de pago (la más cara a 1.50 pesetas diarias)  y el resto gratuitas. Como él ocupaba una de pago, tenía derecho a pasear al aire libre dos veces al día, mientras que los que no pagaban nada –la inmensa mayoría de la población penal- sólo paseaban una vez ya que “las celdas no son mas que el reflejo de las desigualdades sociales existentes en España”.  Y añade que los que pagan “tienen derecho a una mayor porción de aire puro que los pulmones de los que respiran gratis”.
En Cádiz, y antes de ser embarcado a la fuerza en un trasatlántico rumbo a Nueva York, conoce Trotski a un joven gaditano que le pone al tanto de la penosa situación española: “Estamos en decadencia. Nuestros estudiantes  no aprenden. Nadie hace nada. Si los ayuntamientos gastan algún dinero, lo emplean en plazas de toros y no en puertos y escuelas. De esta situación sólo podrá sacarnos la República, y ésta sólo podrá venir con la guerra (…) Todos los partidos nos han engañado. Dinero. No hay ideas”.
¿Existió ese joven de 23 años o lo creó el mismo Trotski para retratar el momento español? Da igual. El retrato es certero. Y eso basta.

Franco, la coca cola y los Príncipes

Por: | 17 de febrero de 2012

Franco está de moda. Ha sido la inspiración de Arco, la feria anual de Arte que se celebra en Madrid, donde lo vimos embotellado en una máquina expendedora de coca cola. Esta visión resultaba refrescante.

Franco ha aparecido también en forma de guiñol en El intermedio de la Sexta, el único programa de risa que se la juega cada noche.  Pero cuando ya estábamos encontrando divertido al ferrolano, algo pasó que nos lo quitaron de golpe y porrazo. ¿Sería amenazado Wyoming? No sabemos. No dieron ninguna explicación, o no me enteré si la dieron. Tal vez el motivo fue considerar que el guiñol de Framco es un símbolo del franquismo.

Sabemos  que Franco está en el inconsciente de muchos españoles y en cuanto sacan al dictador de la tumba, por la razón que sea, atrae nuestra atención y descarga nuestra adrenalina.

Pero no atrae nuestra atención por méritos propios del Caudillo, sino por las reacciones que esperamos  que va a producir su presencia en nuestra sociedad.

Acabamos de comprobarlo durante la visita que los Príncipes de Asturias hicieron a Arco. Evitaron encontrarse con el anterior Jefe del Estado que fue quien eligió al actual Jefe del Estado, es decir al rey, para sucederle en el cargo. ¿Por qué? ¿Los compromete o incomoda?

Algunos españoles nos quedamos on las ganas de ver el gesto, mueca, visaje, parpadeo o guiño que don Felipe, y su esposa, pudieron haber puesto al enfremtarse con el fantasma de El Pardo. Y es verdad que la expectación que este año desertaba la visita de los príncipes era muy superior a la de otros años, precisamente por culpa de Franco. Sin Franco jugando al escondite con los príncipes en las distintas salas de Arco, la gira perdió toda emoción.  No hubo mas que imágenes aburridas de la pareja a lo largo del censurado recorrido. Era como si los hubieran llevado a una fábrica de conservas, algo que guarda bastante parecido con la famosa exposición.

Gracias a Franco una coca cola puede parecer lo que no es, pero casi es, como una Pepsi. Y los acompañantes de la pareja, entre los que estaban la señora Botella de Aznar y el señor José Ignacio Wert, con sus coloristas corbatas y sus patéticas meteduras de pata, no demostraron tener sentiddo del humor ni imaginación suficiente  al no arrastrar a los invitados hasta la máquina expendedora de la bebida más popular e internacional del planeta. Seguramente se trataba de no promocionar ni el continente ni, sobre todo, el contenido del aparato.

¡A saltar y a callar!

Por: | 16 de febrero de 2012

Urdangarin
Dado lo bien que corre (y salta) el imputado Iñaki Urdangarin, ¿por qué no entra en los Juzgados de Palma por una de las ventanas?

Sería una novedad y un  precedente a tener en cuenta  el que un deportista de la talla de Urdangarin  optara por el salto a la Justicia en lugar de emprender una  veloz huída como la que protagonizó en una calle de Washington DC. con el fin de evitar preguntas de la Prensa.

¿O acaso no es mejor  aterrizar en la sala, o en el mismo banquillo, por el procedimiento de la pértiga, aun sin pértiga, en vez de hacerlo  a pie, por la puerta delantera o la trasera, o por el garaje o, incluso, en brazos  de ese forzudo guardia de seguridad contratado por los tribunales mallorquines?

Famosos  y  políticos sospechosos de corrupción están mal acostumbrados. Ni  se ponen capucha ni se enfundan el pasamontañas porque entran satisfechos en los palacios de Justicia como si fueran, justamente,  sus propios palacios.  Muchos lo hacen en coches blindados y con escolta personal.

Qué duda cabe que el juez encargado del caso Palma Arena tiene espíritu deportivo. Que el duque salte  ¡a la de una, a la de dos y a la de tres! y que todos callen o vitoreen su alarde físico y no sólo financiero.

Doña  PIlar de Borbón, hermana de nuestro rey, ha ordenado silencio. Lo hizo  en  tono airado  y ante las cámaras. Por lo visto y por lo oído, esta dama es ahora la encargada de llevar la voz cantante de la Zarzuela. Vive  en nuestro país, que todavía es España, pero parece que está en otro. Apela a la Constitución pero  culpa a la prensa de inventarse un caso inexistente, el caso Urdangarin. Su rostro airado y descompuesto inspira ternura y compasión. También algo de risa. Esta dama debería prodigar sus apariciones públicas que, ahora más que nunca, alegrarían el aburrido momento histórico que nos toca vivir.

 

Mi perro y yo

Por: | 15 de febrero de 2012

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Incluso a quienes no entiendan suficientemente inglés pero les gusta una buena radio (en todos los sentidos) quiero recomendarles este enlace  y ya verán. Verán que todavía tenemos un largo camino por recorrer en nuestras emisoras públicas y privadas.

Hoy, harto de que Bruselas presione al pasteurizado Rajoy, he apartado el periódico, he apagado la radio  y he salido de buena mañana a correr por el campo con mi perro.

A mi perro, que se llama Blues, le conviene tanto como a mí hacer ejercicio. Y en esta época del año, cuando hace frio, nos sienta muy bien a ambos un trote ligero.

Los vecinos no corren con sus perros. Algunos los tienen atados con cadenas, lo cual te rompe el corazón. Otros parecen haber sido adiestrados  para que ladren. Y también es lastimoso, además de molesto, oirlos hasta volverse afónicos. Aquellos que gozan de libertad parecen tenerla condicional, más bien limitada.

Blues los observa con compasión y superioridad, o así me lo parece, cuando los vemos a lo largo de nuestro recorrido.  Un hombre que convive con un perro se vuelve  perruno, del mismo modo que el perro que convive con un hombre se humaniza. Quiero decir que para mí es inevitable ponerme  en el lugar de Blues, como para él debe serlo -y así me lo demuestra- ponerse en mi lugar.

Me lo demuestra cuando tomo el desayuno y él espera, sin tocar el suyo, que le de algo del mío. No insiste porque sabe que no debe hacerlo: no obstante mira  confiado y pedigueño  en que algo caerá en su plato en el ultimo momento.

Claro que con un perro no existe un último momento. Su presencia es continua y mientras viva así será. Sabes que está ahí. Sabes lo importante que eres para él. Y  él también sabe transmitir la importancia que ha adquirido, poco a poco, en tu vida.

Durante nuestros paseos se me ocurren ideas. Son ideas que acepto o rechazo,eso depende. Las que acepto procuro desarrollarlas. Las voy escribiendo mentalmente. Hago una especie de texto sin otros utensilios de escritura que la imaginación y la memoria. Yo veo las palabras como si fueran olivos o almendros en los bancales próximos. Me fijo mucho en esas palabras al elegirlas porque necesito recordar aquello que escribí, sin dejar escrito, para trasladarlo fielmente al papel, o directamente al ordenador cuando regreso a casa.

Así ocurre cuando escribo un libro. O cuando escribo la reseña de un libro. O una sencilla  página de mi diario. O incluso este blog que hoy he querido dedicar a mi perro, pensando en quienes también tienen un perro.

Elegí como encabezamiento de ete blog,  Escrito a ciegas,  porque en realidad  mi forma  de escribir es así, a ciegas, mientras corro o paseo, mientras oigo  noticias, o música, o mientras miro el paisaje desde estos caminos que unen las distintas partidas de Benissa con nombres como Les Albes, Santa Ana, Grummers, El Quisi, y otros, desde los que alcanzo a ver el mar. No miro el texto que registro en mi cabeza.

Algunos caminos  siguen siendo de tierra. Dejo que mi perro los elija. A él le gustan todos y a mí me gusta lo que a él le gusta.

La verdad es que no sé qué pensará Blues de todo esto. Y me gustaría aberlo. Me gustaría saber qué pasa por su cerebro  cuando  salen en la tele los políticos. O los famosos. O esos híbridos de uno y otro, al estilo de González Pons. He observado, eso sí,  que cada vez que sacan a Esperanza Aguirre se sobresalta. Y lo entiendo. A mí me ocurre otro tanto.

Si apago la tele, lo agradece. Le ralaja verme leyendo un libro de los de siempre, de papel, pero también le gusta verme leyendo  un libro electrónico. Creo que no advierte la diferencia.

Desde  que me he comprado un kindle,  estoy leyendo cada día en la cama un capítulo de El Quijote que tengo milagrosamente (y gratis)  metido en ese chisme de Amazon que apenas pesa unos cuantos gramos, cuando el Quijote de mi biblioteca pesa dos kilos.

Pero este ya es otro tema, sin duda fascinante, que merecería volver sobre él en otro momento.

Ahora me reclama Blues porque ya llevo demasiado rato sin hacerle ningún caso.

Piedad, Mahoma, piedad...

Por: | 14 de febrero de 2012

En 1990 tuve la oportunidad de pasar un par de insufribles meses en  Arabia Saudí. ¿Por qué ese destino? Kuwait había sido invadido  por el ejército irakí. Tropas norteamericanas acudieron a defender a los kuwaitíes y, de paso, se estacionaron en Arabia Saudí. Este periódico en el que ahora leen mi blog, me propuso cubrir desde Dahran los preparativos de una guerra que parecía inminente entonces y que todos sabemos cómo acabó después  (si es que acabó) entre los EE UU de La dinastía Bush e Irak, ya sin dinastía alguna, pero en guerra civil.

De aquella estancia lo que mejor recuerdo, por el asco y el horror que me produjo, fue la opresión con la que la estirpe  de Saud, corrupta y sanguinaria, somete a su pueblo. Y en particular a las mujeres. La policía religiosa se pasea por las calles con una larga fusta con la que azota a las mujeres que muestran los tobillos al caminar. Y de ahí, para arriba. Es decir, hasta llegar al adulterio castigado con pena de muerte en la plaza pública, siempre por el delicado método de la lapidación.

No me extraña, pues, que a ese incauto bloguero de 23 años quieran ejecutarlo, por orden expresa del rey (muy amigo del nuestro),  a la última pena acusado de blasfemo. Hamza Kashgari se permitió dirigir  un tuit directamente  al profeta Mahoma dudando de sus sobrenaturales atributos consagrados  en el Corán. Aunque lo hizo en otro país, fuera de las fronteras saudíes, el fanatismo globalizado lo remitió al lugar de origen para que sean los saudíes quienes lo encarcelen, lo juzguen y lo condenen.

Este es el fiel y ejemplar aliado de los Estados Unidos, su principal cliente en el mercado de las armas, y la fuerza militar que ahora propone intervenir en Siria para liquidar a su jefe del Estado.

Cada cual mata por una razón. El reino de Saud prefiere que sean otros los soldados (jamás los suyos) quienes pierdan la vida en el campo de batalla. Los príncipes de Riad saben cómo arrojar la piedra y esconder la mano. Saben reprimir de puertas para adentro.

Dudar de Mahoma en Twitter o en las redes sociales es un desafío intolerable, tanto si eres un joven periodista saudí y lo haces desde Malasia,  como si eres un viejo ateo harto de religión en la corte de los peores bárbaros.

Desvalijar al muerto

Por: | 13 de febrero de 2012

Mientras el Banco de Valencia se iba definitivamente a pique, los miembros de la cúpula directiva se embolsaron en los nueve primeros meses de 2011 la cantidad de  2,5 millones de euros, un 7.5 por ciento más que el año anterior. Los consejeros del Banco de Valencia debieron de aprobar aquellas retribuciones de la cúpula, del mismo modo que la cúpula aprobaería la remuneración de su camarilla sin la que todos estos  responsables del Banco no habrían podido beneficiarse de sus emolumentos.

Los consejeros del Banco de Valencia serían desalojados, igual que la cúpula, de sus despachos cuando se produjo la intervención del Banco de España. NO hay que olvidar que el Banco de Valencia hasta este momento es el único banco comercial de toda España  intervenido por el Banco de España.

Los consejeros del Banco de Valencia no renunciaron a sus retribuciones sacadas de las arcas del banco en ruinas. De haberlo hecho podrían ahora mirar a la cara a los accionistas de a pie. Habrían dado un buen ejemplo: hemos sido pésimos administradores pero no hemos cobrado por neter la pata.  Lo que hicieron fue bajar un 4 por ciento sus retribuciones de enero a septiembre respecto a las del mismo período del año anterior.  Se repartieron casi dos millones de euros, una cifra nada desdeñable.  Es decir, devalijaron sin mayores miramientos el cadáver.

Los  mismos desvalijadores del Banco y algunos de sus aallegados reclaman que el citado banco se quede en manos de gestores valencianos. Pero esas voces suenan a burla, escarnio o sarcasmo.

Una de dos: o bien los consejeros se dejaron engañar interesadamente, con lo que dan a entender que fueron cómplices necesarios del estropicio, o fueron engañados y en tal caso prefieren ser tomados por ingenuos rayando a tontos. Esta última opción es improbable. 

Pero tanto en un supuesto como en el otro lo tienen bastante mal los consejeros, y no sólo ante la opinión publica que sospecha lo peor, y los pequeños accionistas que pueden perder sus inversiones,  sino también ante los mismos tribunales que, más pronto o más tarde, los llamará a comparecer.

Alegar ante un juez que, siendo consejero con retribución por desempeñar tal cargo, les colaron cuentas falsas o amañadas y estamparon sus firmas sin enterarse de lo que hacían, es como negar el mismísimo principio de que la ignoracia de la ley exime de su cumplimiento.

Quién sabe si a fuerza de tanta arbitrariedad  judicial y de tanta corrupción tolerada,  hemos llegado al punto en el que la ignorancia se confunde con la buena fe y ésta exime de toda responsabilidad.

Si esto fuera así habría que  devolver a los mismos que arruinaron el histórico Banco de Valencia  los cargos  que ocuparon. Y, de paso, subirles sus modestas retribuciones.

Salvemos al yerno y carguemos contra Garzón

Por: | 09 de febrero de 2012

Al juez Garzón lo ejecutarán tres veces. Una no es bastante. Una era bastante en tiempos de Franco, cuando los jueces eran marionetas del Caudillo, fieles servidores del Glorioso Movimiento Nacional, falangistas de camisa azul debajo de la toga.

A Garzón le aplican el triple garrote vil servido por Manos LImpias al Tribunal Supremo. Su primer verdugo es Correa que desde prisión dicta la sentencia. Luego vendrán los otros por el orden establecido. El resultado se conoce desde hace tiempo. Por eso hay unanimidad en el PP, en el PSOE y en casi todos los partidos para los que Garzón es un incordio.pobrecito Garzón. Acatemos la sentencia.

Cargarse a Garzón es salvar, dicen los verdugos, a la democracia y al sistema vigente en la Justicia. Liquidado Garzón, todos mucho más tranquilos. ¿Hay protestas en el exterior? Diremos que provienen de los enemigos de España. Garzón ha sido dopado. Aquí ante todo hay que salvar a Urdangarin y a su ejemplar esposa. Fueron dopados, a su modo y manera, pobrecitos. ¡Qué disgusto para la Primera Familia del Reino!

Cuidado con ese juez mallorquín que por investigar quizá demasiado y no impedir filtraciones inoportunas, puede ser él mismo investigado. Hay que juzgar a esta clase de jueces. Y si procede, hay que represaliarlos.

Quien niegue que estamos en un momento de represalias múltiples niega la evidencia. ¿A quién, aparte de las víctimas del franquismo, le interesa que Garzón siga en la Audiencia Nacional? ¿Que siga investigando crímenes y corruptelas, no sólo de ETA, como lo hizo con enorme valor, sino de otros que se consideran inmunes ante la Justicia?

La hipocresía, el odio, la mezquindad, la envidia y la desfachatez desprestigian de lleno a nuestra Justicia. Por si no tenemos bastante con este arsenal de políticos de chicha y nabo, sumamos ahora a jueces de chicha y nabo. Da gusto   oir a Ruiz Gallardón, ministro de las más altas puñetas,  pozo sin fondo de sabiduría jurídica, cuando nos alecciona acerca de su  ejemplar acatamiento a los fallos del Constitucional, siempre que vaya a favor de los planteamientos de su misma tribu. Compara a Fraga Iribarne con Pablo Iglesias. Y la sintonía de la SER no salta del dial. Esto tenemos.

Pero cuando pase todo esto, defenestrado como es preceptivo Garzón, poco a poco nos recuperaremos en la dignidad y en la decencia colectiva que merecemos como pueblo. Y muchas cosas habrán de cambiar y deberemos cambiar. Ahora, repito, salvemos como sea al yerno del rey. Éste sí fue víctima inocente de un dopaje perverso...

Arrugas y yogur

Por: | 09 de febrero de 2012

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El lunes pasado murió una tía mía con 99 años y sin una sola arruga en el rostro. Se llamaba Mercedes. Era monja seglar. Vivió una existencia sencilla y sin sobresaltos aparentes, salvo los años de nuestra guerra civil que pasó en Valencia. Hacía labores en la comunidad que enviaban al Vaticano. Estaba orgullosa de sus bordados que podían verse en distintos ornamentos que lucía el Papa. Cuando yo visitaba a esta tía mía, una mujer de excelente humor, si estaba el Papa en la tele, ella señalaba la pantalla y decía: "Esa estola se la hicimos aquí", y las otras religiosas asentían satisfechas.

Mi tía ha muerto sin una queja, sin una arruga en su rostro, sin un reproche a nadie. Cuando pocas horas antes de expirar intentaron sus compañeras que tomara un yogur, ella se resistía: "¡Vamos, Mercedes, está buenísimo, tómalo, está muy rico!", le decían. Pero Mercedes replicó: "¡Ah, no, no! Si está tan rico, ¿por qué no os lo tomáis una de vosotras?".

Nadie entendía cómo era posible que esta mujer que en junio próximo iba a cumplir 100 años, no tenía ni una sola arruga en su rostro, a difrencia de otras muchas mujeres incluso más jóvenes que ella, como por ejemplo la ex vicepresidenta del gobierno de Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega.  Todo el mundo habla de las desaparecidas arrugas -tan profundas, casi patéticas- de esta señora. Y muchos dicen que esa desaparición no se debe a cirujía plástica alguna, no es tampoco un milagro del cielo, sino que se debe a que al abandonar la política empezó a dormir a pierna suelta, tal vez también a roncar, y que el verdadero descanso unido al alejamiento de la vida pública, le había devuelto un rostro de bebé.

No tengo ni idea si tal cosa ha sido así. Y la verdad es que no me iimporta lo más mínimo.  Lo que me preocupa de este cambio cosmético tan espectacular y tan comentado, es que si se demuestra que la política causa semejantes estragos en las mujeres políticamente activas, mucha de las que están en el actual gobierno de Rajoy sentirán ansias aunque reprimidas  de abandonar el poder, dejándolo en manos de los hombres. Los hombres prefieren el poder con arrugas antes que no tener arrugas y ningún  poder. A Rajoy, en particular, le pueden echar arrugas que le traen sin cuidado. Todas las encaja. Al ministro  Wert metedura de pata le costará una raja taurina en la frente. ¿Y qué?  Se le ve contento. Y a los otros, incluso al presumido Ruiz Gallardón, los laboratorios les suministrarán productos gratuitos de belleza. Poder y belleza no duran juntos demasiado tiempo, que nadie se haga ilusiones. La señora Cospedal envejecerá a la carrrera. Ya empiezo a notarlo. Así, la cuota hombre-mujere  va a sufrir en el medio plazo un vuelco a raiz del que podemos llamar fenómeno De La Vega. ¿Saldremos ganando los gobernados?

Escrito a ciegas

Sobre el blog

Lo que otros no miran, o lo hacen de un modo distinto, se registra aquí a ciegas en el momento mismo que algo ocurre para saber, fielmente, lo que ahora ocurre y no lo que al cabo de cierto tiempo creeremos que ha ocurrido.

Sobre el autor

Ignacio Carrión

Ignacio Carrión fue periodista de Abc, el Grupo 16 y El PAÍS en Inglaterra y en los EE UU. Ha viajado por todo el mundo como enviado especial. Es autor de dos libros de ensayos, tres de viajes y cinco de ficción. Ganó el Premio Nadal (1995) y ha publicado un Diario íntimo (La hierba crece despacio) que cubre cuatro décadas (1961-2001)

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