Yo lo vi todo negro

Por: | 13 de noviembre de 2013

Yo vi las rocas de Santa María de Muxia untadas de negro.  Vi a centenares de voluntarios llegados de medio mundo y media España sin medios para combatir la marea negra, sin guantes, sin gafas sin protección. Allí ya estaban soldados del Ejército belga, perfectamente equipados para luchar contra la contaminación preguntándose dónde estaba el Ejército español. Yo vi al  Rey bajar a la playa de Coído de Muxía, negra como el tizón, seguido de un renqueante Manuel Fraga.  Una enorme mancha de seis metros de largo y dos de ancho llegó con las olas para saludar a los visitantes.

Yo vi a mariscadores de Laxe llorar mientras un manto de fuel cubría su sustento.Yo subí a la chalana Segundo Duro para zarpar en un mar embravecido hacia la isla de Sagres con el percebeiro Manuel González Sampedro a recoger a mano el chapapote flotante. Vi crear en la lonja de Aguiño enormes espumaderas para recoger el engrudo a paletadas. Vi la paradisiaca isla de Sálvora empañarse de los hilillos de plastilina. Las manchas llegaron a Ons ante mis ojos. Vi  a pescadores, marineros vomitar con sus ropas salpicadas de negro. Mareados. Exhaustos. Con el penetrante fuel aromático en sus pulmones y pegado a sus pituitarias. Vi a la entonces periodista en activo Letizia Ortiz, hoy Princesa, haciendo directos desde Galicia para TVE.

Vi un enjambre caótico de  voluntarios vestidos con monos blancos y botas de goma recogiendo el lacre viscoso en las rocas de la isla norte de las Cíes. Escuché a un mariscador hundido hasta los tobillos en chapapote gritar “¿es que aquí no hay Dios ni Gobierno?”. Vi zarpar barcos de todo porte de Cangas, Moaña, Vigo… Estuve en la barca A Xesta con dos capazos, tres palas, un rollo de plástico y tres pares de guantes enfrentarse a las olas para echar una mano en el combate de la marea negra.

Chapa

Yo trepé a las barricadas construidas en la embocadura de las lagunas y marismas de Carregal y Vixán para resistir el embate del chapapote. Caminé por las arenas del parque natural de Corrubedo,  donde el fuel se había escondido bajo dos centímetros de arena. Salí en lancha de la Escuela Naval de Marín, con 200 alumnos de la escuela, para ver amanecer en las Cíes y colaborar en la limpieza.

Desayuné con Mariano Rajoy en el hotel María Pita A Coruña, cuando se puso al frente del dispositivo. Y lo vi mirar fijamente a Jaume Matas. “Es el ministro de Medio Ambiente”, me recordó con un punto de su ironía. Lo vi desesperarse en Santiago con lo que pasaba y veía. Allí siguió.

Yo subí al promontorio del faro de Fisterra para ver llegar tres enormes manchas “de aspecto irisado” (de 4,6 kllómetros de radio la más pequeña, de 15,7 kilómetros la más grande) que habían brotado del barco hundido a 246 kilómetros de la Costa de la Muerte, a tres kilómetros de profundidad. Vi un delfín muerto entre las rocas de Corcubión. Vi llorar a mejilloneros sobre sus bateas, familias de percebeiros (la de Claudina) maldecir su suerte cuando ya faltaba nada para la temporada de Navidad, la alta.

Yo vi a surferos portugueses patrullar en la desembocadura del Miño. Los vi llegar remando sobre sus tablas para avisar de la llegada del chapapote. Vi un frailecillo de pico rojo recubierto de fuel sobre un rastrillo. Muerto. Paseé por las playas aún limpias de Foz do Miño con José Eduardo Marins, secretario de Estado portugués de Medio Ambiente, con sus barcos ya listos.

Conocí a decenas de voluntarios de los miles que llegaron, militares, alcaldes, ministros, soldados … Vi pegarse parte de las 77.000 toneladas que llevaba el Prestige en su panza antes de partirse y hundirse. Pasé por Carnota, Corcubión, Muxía, Fisterra, Laxe, Aguiño,  Laxe, Ribeira... viendo llegar la marea negra. Vi tomar decisiones, y hacer y no hacer nada.  Recorrí la costa sinuosa desde A Coruña hasta a Caminha, en Portugal. Vi cómo se llevaban el barco partido al quinto pino, sin Gobierno, en un temporal de esos que dieron su nombre a la Costa da Morte. Fue hace once años.

Todo eso pasó y ya está.  Ahora sé que no fue culpa de nadie. Quizás lo vi demasiado negro.

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"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de guerra ardiendo más allá de Orión. He visto rayos-c resplandecer en la oscuridad, cerca de la puerta de Tanhäuser. Yo vi la muerte negra en el litoral gallego. Todos esos momentos se perderán en el tiempo. Como lágrimas en la lluvia. Es hora de recordar”.
http://elvillanoarrinconado.blogspot.com.es/

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Sobre el blog

Noticias, comentarios, análisis y opiniones sobre criminalidad en general y procedimientos y sentencias judiciales, todo desde el prisma del rigor, la equidad y la profundidad, alejado siempre de cualquier atisbo de sensacionalismo. Toda la información sobre sucesos en http://elpais.com/tag/sucesos/a/

Sobre el autor

Jesús Duva . Redactor jefe de EL PAÍS, especializado en asuntos de Interior. Autor de varios libros, entre ellos Fugitivos, Emboscada en Fago, El Solitario y Vidas Robadas. Profesor de Reporterismo e Investigación en la Escuela de Periodismo EL PAÍS-UAM. "Creo que la historia de un país es la historia de sus crímenes".

Jorge A. Rodríguez . Jefe de Sección de EL PAÍS (Política). Especializado en asuntos de Interior en El PAÍS, ha cubierto atentados de ETA y los ataques del 11-M. Profesor de Reporterismo e Investigación en la Escuela de Periodismo EL PAÍS-UAM. "Todo crimen tiene un fallo. Lo difícil es encontrarlo"

Mónica Ceberio Dejé el derecho y ahora escribo sobre él. Me gustan las sentencias. Detrás de su lenguaje técnico, cada una de ellas es el final de una historia de vida, muerte, celos, patologías, problemas… que se puede reconstruir. Porque casi todo acaba pasando por un tribunal.

Luis Gómez. Cumplí varios años de condena en Deportes de donde salí para moverme por lugares como Domingo, El País Semanal y ahora Nacional. Escribí España Conection (RBA) sobre el crimen organizado. No hay que irse a una guerra para encontrar zonas de conflicto. Las hay en casa. Me quedé con una frase: "De la cárcel se sale, del cementerio, no".

Álvaro de Cózar . Ha pasado por cuatro secciones en este periódico. Pero al final siempre acaba escribiendo de lo mismo, de crímenes y criminales. Ya sea en una guerra o en el barrio Salamanca. Le tiene querencia al género.

Rebeca Carranco ha trabajado en Málaga, Madrid y Girona con El País. Desde hace dos años se dedica a cubrir las historias de policías y ladrones desde Barcelona.

Javier Barroso. Dedicado desde hace una década a cubrir los sucesos y los juicios más importantes de Madrid; entre ellos, la detención del asesino de la baraja, Alfredo Galán; el accidente de Spanair en Barajas o los atentados del 11-M. Siempre intenta descubrir la parte humana de los implicados, en especial de las víctimas, las grandes olvidadas en las tragedias, a menudo relegadas a frías cifras.

Fernando J. Pérez. "Empecé mi carrera periodística leyendo esquelas en la radio, pero los delitos que más me llaman la atención no tienen que ver tanto con la muerte como con la avaricia y la codicia humanas: corrupción, estafas, timos... También me preocupa que la crisis sirva para levantar las barreras a la implantación de mafias".

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