Jesús A. Núñez

En Sudán del Sur las cuentas no cuadran

Por: | 14 de febrero de 2012

En el país más joven del planeta las cuentas no cuadran. Por un lado, se estima que el presupuesto anual de defensa se eleva a los 600 millones de dólares (un 80% en salarios), lo que supone el 40% del presupuesto estatal, como resultado de una dinámica de militarismo agudo y violencia creciente. Mientras las inseguras fronteras con su vecino del norte están prácticamente cerradas, el gobierno de Salva Kiir acaba de anunciar un plan para llegar a obtener 11,4 millones de dólares mensuales en ingresos fiscales no aduaneros (hoy solo son 3,7). Eso supondría solo 136 millones al año, insuficientes para pagar ni siquiera los salarios de policías, militares y empleados de los parques nacionales (en un número que ronda las 300.000 personas). Si estos funcionarios no reciben sus salarios no solo se verá afectada la actividad económica, sino la situación de seguridad, por la tentación que tendrán muchos de ellos de valerse de sus armas para satisfacer sus necesidades básicas.

Y todo eso ocurre en un contexto definido por el cierre de la producción petrolífera (fuente del 98% de los ingresos de Juba), en una decisión extrema adoptada el pasado mes, que pretende obligar a Jartum a reconsiderar su intento de obtener un peaje de 38 dólares por cada barril de petróleo procedente del sur que atraviesa su territorio (cabe recordar que hasta hoy todo lo que se produce en el sur sale por puertos (sobre todo por Port Sudán) ubicados en el norte). Juba ya ha exigido a Jartum, sin éxito, que devuelva los 815 millones de dólares que se ha cobrado ya en especie en el segundo semestre del pasado año (sobre un total de exportaciones petrolíferas de 3.200).

Ni que decir tiene que, en paralelo, sigue sin resolverse el contencioso fronterizo que afecta a los Estados de Nilo Azul y Kordofan del Sur (especialmente en la rica zona petrolífera de Abyei), se multiplica la violencia interna (sobre todo en Jonglei), aumentan los desplazamientos de ciudadanos del nuevo Estado hacia el sur (en respuesta a la creciente animadversión que muestra contra ellos el gobierno de Jartum, que ha establecido un plazo definitivo para que abandonen el país antes de finales del próximo mes de abril), y la inseguridad alimentaria afecta ya a no menos de 4,7 millones de personas (según el PMA y la FAO).

A este ritmo, si algún día la paz llega a la zona puede que no queden muchos para disfrutarla. Nada indica que la llamada de emergencia de la ONU- cifrada en 763 millones de dólares- esté siendo atendida adecuadamente. Tampoco cabe albergar muchas esperanzas sobre las negociaciones entre Juba y Jartum que se celebran nuevamente en la capital etíope. Tal vez la única esperanza actual tenga que ver (cómo no) con el interés de actores externos por explotar el petróleo de la zona. Ya se habla de planes para construir nuevos oleoductos- uno hacia Kenia y otro hacia Yibuti- que librarían a Juba de la mano corrupta de Jartum… aunque en el camino puede caer en otras manos no demasiado recomendables. Entretanto, los 9 millones de ciudadanos de ese nuevo Estado no logran ver la luz al final del largo túnel en el que están sumidos. ¿Importa a alguien?

Hay 1 Comentarios

Me parece increíble la desidia de no sólo Occidente sino del mundo entero ante uno de los hechos más cruciales que podremos observar. Una democracia allí donde está, después de años de masacre y violencia, con la cantidad de materia prima, petróleo, parques naturales... la lengua, ¡¡son angloparlantes, aunque sólo una parte del conglomerado!!! Miraremos hacia allá cuando sea demasiado tarde...

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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