Jesús A. Núñez

Somalia, hoy como ayer, sigue metida en el túnel

Por: | 24 de febrero de 2012


Londres ha vuelto a ser el escenario de un nuevo ejercicio de la diplomacia viajera que caracteriza estos tiempos, reuniendo a representantes de 55 gobiernos y organizaciones internacionales interesadas en encontrar una salida para Somalia. Desde 1991 este país- del que siempre se destaca su importante posición geopolítica en la entrada/salida al/del mar Rojo (reflejando que eso es lo único que realmente interesa)- aparece en todos los listados de Estados frágiles, y en los que recogen a los países más pobres del mundo, a los más violentos y a los más asolados por continuas crisis humanitarias. Hoy, tras la reunión de Londres, hay que hacer un supremo esfuerzo de imaginación para suponer que está próxima la salida de ese negro túnel en el que llevan tantos años inmersos los alrededor de 10 millones de somalíes.

Y esto es así- como señala acertadamente un reciente informe de Oxfam- tanto por culpa de los propios somalíes como de la comunidad internacional. Si para algunos de los primeros la permanente inestabilidad del país les sirve para campear a sus anchas en busca de su propio enriquecimiento, aunque sea a costa de la miseria de la inmensa mayoría; la generalidad de los segundos apenas parecen interesados en nada que no sea hacer frente a la piratería- que afecta a sus intereses comerciales- y al terrorismo promovido por grupos como Al Shabaab- vinculado a Al Qaeda. Actuar de este modo supone centrarse exclusivamente en lo que no son más que síntomas de problemas estructurales que hunden sus raíces en la falta de expectativas de poder llevar una vida digna para la práctica totalidad de sus habitantes, amenazados simultáneamente por las recurrentes crisis alimentarias y por la violencia de quienes pugnan por controlar ese territorio (sean actores locales o algunos de los vecinos más próximos).

La única noticia positiva de esta semana no proviene de Londres sino del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, al aprobar la Resolución 2036, que amplía el mandato de la fuerza internacional de paz (AMISOM) para reforzar su tarea de protección de civiles y que autoriza el aumento del contingente en 5.000 efectivos, para llegar hasta los 17.731 (con tropas de Uganda y Burundi, a las que se añaden ahora las de Yibuti y Kenia). Pero esto no compensa en modo alguno la imagen que transmite el comunicado final de la reunión promovida por el gobierno de David Cameron.
En él se confirma la decisión de dar por finalizada el próximo mes de agosto la tarea del (débil e ineficaz) Gobierno Federal de Transición. Eso significa, por un lado, que se acepta de facto la fragmentación del país en entidades regionales muy inestables (de las que Somaliland, Puntland y Galmudug son las más conocidas). Por otro, implica que a la espera de que se constituya una Asamblea Constituyente y se apruebe una nueva Carta Magna, los destinos de Somalia quedarán en manos de un grupo indeterminado de países que gestionarán los asuntos nacionales (en abierta contradicción con la proclama oficialista de que el futuro del país está en manos de sus habitantes).

En un forzado ejercicio esperanzador, los asistentes a la reunión londinense se declaran convencidos de que “el país está saliendo de la peor crisis humanitaria a nivel mundial”. No creo que ni los refugiados de Dadaab ni los hambrientos somalíes- que deambulan por su país sin más esperanza que la de encontrar a alguna organización humanitaria que les permite malvivir un día más- estén de acuerdo con afirmaciones de este tipo. Esos mismos ilustres visitantes tampoco parecen ver problemas en el hecho de que Somalia esté hoy inmersa en una guerra en la que tropas extranjeras (de Kenia y Etiopía) se mueven en función de sus propios intereses, mientras Al Shabaab está lejos de haber sido derrotada.

¿Cómo hacer para que se enteren de que, por encima de los intereses geopolíticos y geoeconómicos en juego, lo fundamental es atender a la desesperada situación humanitaria, creando condiciones que permitan satisfacer las necesidades básicas del conjunto de la población y que garanticen el respeto de los derechos humanos? Quizás en Estambul, próxima estación de esta feria de vanidades, encontremos la respuesta.

Hay 2 Comentarios

Por lo que he podido saber a través de las organizaciones médico-humanitarias que se encuentran en la zona desde hace décadas y teniendo en cuenta el secuestro de dos de sus miembros, entiendo que se olvidan de Kenia. País al que acuden los exiliados (por conflictos bélicos, saqueo y hambrunas) a los campos de refugiados.
Referirse a la situación de Somalia, de los Somalíes, al márgen de Kenia, me parece cuanto menos preocupante en extremo.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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