Jesús A. Núñez

Yihadismo en Francia, una amenaza para todos

Por: | 22 de marzo de 2012

La eliminación de Mohamed Merah a manos de la policía francesa no supone, desgraciadamente, el final de nada: ni del terrorismo, ni de la xenofobia, ni de la búsqueda del método más eficaz para hacerle frente a ambos problemas.

El terrorismo internacional yihadista es una de las amenazas globales que desde hace años nos afectan a todos. Desde el infausto 11-S estadounidense han sido muchos los errores cometidos como resultado de la nefasta estrategia definida por la administración Bush hijo (y seguida por otros gobiernos) en términos de “guerra contra el terror”. Convertida interesadamente en la amenaza más importante de la agenda de seguridad mundial, se optó por una estrategia militarista- con Afganistán e Irak como escenarios preferentes del empantanamiento en el que se sumieron Washington y sus aliados- que terminó por hacer de ellos magníficos campos de entrenamiento para los yihadistas de medio mundo. Hoy, estos grupos e individuos siguen operativos en muchos rincones del planeta, de tal modo que el castigo sufrido por el núcleo central de Al Qaeda- incluyendo la eliminación de su cabeza visible, Osama Bin Laden- no ha impedido que hoy sus franquicias regionales- con Al Qaeda del Magreb Islámico como la más cercana al territorio europeo- hayan ido ampliando su radio de acción y su operatividad.

El escenario europeo ha sido desde hace tiempo objetivo importante de este terrorismo- basta recordar a Madrid (11-3-2004) y a Londres (7-6-2005). Solo una combinación de buena suerte y de acertada labor de los sistemas de seguridad han hecho que Francia pudiera eludir, hasta lo ocurrido en estos últimos días, un golpe similar a los mencionados. Pero, por duro que sea admitirlo, era solo una cuestión de tiempo que algo así sucediera porque, por definición, no existe ningún sistema de seguridad perfecto y, además, matar es demasiado fácil para quien tenga voluntad de hacerlo.

Y más aún si, como todo apunta en este caso, los ataques los realiza un “lobo solitario” (por muy peculiar que Merah lo fuera, dado que, aunque actuó solo, parece claro que en su proceso de radicalización ha estado en estrecho contacto con grupos organizados tanto en Francia como en el extranjero).

Tras el alivio puntual que haya podido suponer para la sociedad francesa haberse liberado de un asesino, volvemos al mismo punto en el que nos encontrábamos. Es cierto que en nuestras sociedades hay individuos radicalizados que suponen una amenaza real para sus conciudadanos y que, igualmente, ninguno de nuestros gobiernos ha logrado ni desactivar acertadamente ese proceso, ni derrotar al terrorismo sea cual sea el método elegido. Estamos condenados a un permanente ejercicio de prueba y error que, en el mejor de los casos, solo logrará reducir la amenaza a niveles socialmente soportables (pero no a erradicarla totalmente durante mucho tiempo). No es un buen augurio, pero es el resultado del hecho de que, aunque Al Qaeda pueda estar estratégicamente derrotada, sus criaturas conservan una capacidad letal incuestionable.

Para hacer frente a esta amenaza, a partir de esa constatación, es necesario recordar que no existen atajos militaristas- que únicamente atienden a los síntomas más visibles del problema, sin entender que hay causas estructurales que deben ser abordadas con todas las herramientas de las que dispone el Estado de derecho. En ese esfuerzo es también fundamental evitar la demonización de los distintos, procurando integrarlos en sus comunidades de referencia para evitar precisamente la radicalización que conduce a la violencia terrorista. No menos importante es abordar las respuestas a esta amenaza en clave multinacional (dado que la amenaza es global, la respuesta también debe serlo). De momento, vamos con retraso en todos estos frentes.

Hay 27 Comentarios

¿Cuantos pises, familias o niños no han sentido la amenaza de la OTAN, o la del ejercito de EEUU? ¿Cabe pensar qué eso pueda tener consecuencias descabelladas más allá de de los fanatismos? Lo más triste es que las víctimas que lo sufren son ciudadanos, familias o niños, que nada tiene que ver con la realidad que viven, ya sea en esta parte del mundo
u otra.

Me ha gustado su post pero me gustaría señalar lo siguiente: ..." Solo una combinación de buena suerte y de acertada labor de los sistemas de seguridad"...
Esta acertada labor de los sistemas de seguridad supone una inversión en defensa muy importante. Es otro tipo de guerra, pero es guerra. Y para algunos, santa. Somos infieles.
Se podía haber esperado un mes hasta que el asesino cayera abatido por hambre y sueño, pero muchos no podían esperar tanto fuera de su casa y siempre hay agentes de policía que se juegan su seguridad por la neustra. Murió matando. Y esto es lo que nos ha mostrado Francia.
En cuanto a integrarlos en sus "comunidades", espero que no se refiera a sus células. Me imagino que se refiere a comunidades de personas entre las que se encuentran inocentes y víctimas, por lo que la integración será a costa de otros, que no tienen por qué perdonar si han resultado heridos. Esto último lo digo en referencia al terrorismo vasco, ignorante de cómo se las gastan en Argelia, por ejemplo. Pero resulta cuanto menos preocupante que este sujeto no hubiera sido denunciado por ningún otro ciudadano hasta la fecha.
En mi opinión nos encontramos ante un problema acuciante, que no se resuelve porque muchos sacan tajada (del gas, del petróleo, del subdesarrollo, etc.). Y ante esta hipocresía manifiesta, tratar de ocultar el problema con supuestas integraciones imposibles, a costa de la seguridad de inocentes, me parece aberrante.
Es falso pensar que solamente Israel o EEUU abusan de la población civil. Sus propios gobiernos se dedican a invertir en I+A (Investigación y Armamento) en lugar de en I+D. Asimismo, los medios de comunicación ocultan guerras civiles, como la que se está viviendo en Palestina, por ejemplo y el maltrato que sufren quienes se desplazan a trabajar al "otro lado"

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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