Jesús A. Núñez

En Sudán se siguen matando

Por: | 02 de abril de 2012

En realidad esto no es una noticia porque, desgraciadamente, es algo que ocurre todos los días desde hace mucho tiempo. Así nos lo vuelve a recordar el más reciente brote violento desatado desde el pasado 25 de marzo en los alrededores de Heglig (Panthou, para los sursudaneses), origen del 50% del petróleo extraído por el más joven de los países miembros de la ONU desde su independencia. Se trata de un territorio ubicado a caballo de la frontera que ahora separa a ambos países y que Juba considera como parte del Estado de Unity, mientras que Jartum se alinea con la decisión adoptada en 2009 por la Corte Permanente de Arbitraje, que lo incluye en Kordofan del Sur. Es una de las zonas donde se vienen registrando continuos enfrentamientos entre las fuerzas armadas de Jartum y el SPLA-N (que agrupa a los rebeldes locales asociados históricamente al SPLA, reconvertido hoy en las fuerzas armadas de Sudán del Sur). Estos últimos temen, con razón, que las fuerzas de Omar al Bashir quieran eliminarlos no solo en venganza por su alineamiento con Juba durante la larga guerra civil (1983-2005), sino también para librarse de un actor incomodo en su afán por hacerse con el control final de una zona tan geoeconómicamente importante.

Cuando aún no ha transcurrido un año desde la separación de ambos países resulta evidente que ni la firma del Acuerdo de Paz Comprehensivo (CPA, 2005), que puso teóricamente fin a la guerra civil, ni la declaración de independencia de Sudán del Sur (9 de julio de 2011) han logrado frenar una violencia que se alimenta de los rescoldos del pasado y de los temas todavía por resolver a día de hoy. Entre estos últimos destacan:

-      La demarcación de la frontera internacional entre ambos. La Comisión encargada del asunto apenas cuenta con mapas topográficos de 1937 para resolver un contencioso que no recibió demasiada atención en el CPA, porque entonces se quería creer que Sudán seguiría siendo un país unido bajo una misma bandera.

-      El reparto de los ingresos del petróleo. Es bien sabido que la mayoría de los yacimientos se encuentran en el Sur o en zonas disputadas, pero la salida del producto se realiza casi en su totalidad por Port Sudán, lo que le concede a Jartum una baza importante para reclamar el pago de peajes desproporcionados. Quedan todavía años hasta que los proyectos de construcción de oleoductos alternativos, ideados con la colaboración de Kenia y/o Yibuti y con financiación china y/o japonesa, permitan al gobierno de Salva Kiir evitar los abusos de Bashir.

-      La celebración de un referéndum que permita a la población de la estratégica región de Abyei decidir si finalmente se integran en Sudán o en Sudán del Sur. Dada la enorme riqueza petrolífera de esta zona es fácil entender la inquietud que plantea esa convocatoria- que ya tenía que haberse celebrado el pasado año, pero que sigue sin tener fecha a la vista- en ambas capitales.

Por si esto no bastara, todavía cabe añadir la entrada en acción del Frente Revolucionario de Sudán, creado a partir de un acuerdo alcanzado el pasado noviembre entre el Movimiento Justicia e Igualdad (JEM) y otros grupos rebeldes de la región de Darfur con el SPLA-N, activo en las disputadas zonas de Nubia y Abyei. Su objetivo común es provocar la caída del régimen de Omar al Bashir. Este último, por su parte, apoya al South Sudan Liberation Army, liderado por el general Mathews Pul Jang (que ha sucedido a su fundador, el general George Athor Deng), que actúa en el interior de Sudán del Sur en contra de los intereses del gobierno de Kiir.

En resumen, un panorama que apunta a más violencia y a más dificultades para quienes habitan la zona. El próximo problema, en esa línea, puede hacerse muy visible a partir del día 8 de abril, cuando, si no se cumple el acuerdo de mínimos alcanzado el pasado mes, los cientos de miles de personas de origen sursudanés residentes en Sudán tendrán que abandonar el país al no poder regularizar su situación administrativa. Todo ello cuando se aproxima la época de lluvias, que hará intransitables las rutas de escape hacia el Sur.

Hay 3 Comentarios

En Barcelona se matan a diario, en Madrid, Munich Amstedam, París.
Africa necesita ser libe hasta para matarse.
Recuerdo la frase de la obra magnífica de Jean Genet "Los negros" que decía "...dejad que sus ojos negros en sus cuencas amarillentas se miren unos a otros, dejad que se maten y se devoren..." Mirarse el ombligo no me sirve para nada ¿Cuantas personas mueren en La Cañada Real? ¿Acaso vivir en "el gallinero" de Madrid es estar vivo?

Y en el Sahel se mueren de hambre, y en Etiopía, y en el cuerno de Africa, y... DEJADOS DE LA MANO DE DIOS Y DEL HOMBRE... poco se puede conseguir...hay mucho trabajo que llevar a cabo en AFRICA...mucha educación para salir del tribalismo, mucho tirano a derrocar y mucha guerrilla a liquidar...

Y en Galapagar también

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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