Jesús A. Núñez

San Hollande, patrono de los desesperados

Por: | 09 de mayo de 2012

Es comprensible que en situaciones desesperadas (como la que vivimos en la UE) muchos estén dispuestos a agarrarse a cualquier clavo, aunque esté ardiendo y no sea lo suficientemente sólido para aguantar nuestro peso (lastrado por errores prolongados). Pero no lo es tanto que, después de errores de apreciación tan notorios como los cometidos con el advenimiento de Obama a la presidencia estadounidense, se vuelva a repetir ahora otro similar con François Hollande, tras su victoria en las elecciones presidenciales francesas.

En aquel caso era tanta la necesidad de dejar atrás la nefasta administración de George W. Bush que nadie puso reparos a la inmediata elevación a los altares de su sucesor- premiándolo con un apresurado Nobel de la Paz, para el que su único mérito era la formulación de buenos propósitos-, mientras se le encargaba la resolución de todos los problemas del mundo. El balance cosechado desde entonces no puede ser positivo- por mucho que quepa alegrarse de su éxito en algunos ámbitos concretos- por la sencilla razón de que la exigencia era tan alta que en ningún caso podía estar a su altura.

Con Hollande, y en este caso a escala de la Unión Europea, parece que estamos viviendo una repetición de la misma historia. De repente se ha cargado sobre sus hombros nada menos que la salvación de la Unión (de las garras una Merkel y unos inefables mercados que se pintan invariablemente como los malos de la tragedia en la que estamos inmersos). Y como por ensalmo, olvidando los enormes obstáculos y las hipotecas de partida, se supone que no solo se va a enfrentar a quien se le oponga para sacar adelante a la UE sino que tendrá medios y capacidad sobrada para hacerlo.

Los anglosajones le llaman a esto, en el mejor de los casos, wishful thinking.

Recordemos, por un lado, que Hollande ha vencido con el 51,6% de los votos. Esto significa que no toda Francia apoya sus ideas y que, en consecuencia, tendrá que emplear buena parte de su tiempo y voluntad en convencer a sus conciudadanos (que son ante quienes debe rendir cuentas) de sus bondades. Una tarea nada sencilla y que puede ser todavía más enrevesada en función de los resultados de las inminentes elecciones legislativas, en las que el Frente Nacional (antieuropeista por definición) volverá a tener opciones para aumentar su peso.

Por otro lado, no parece que vaya a ser recibido en Bruselas ni en Berlín con los brazos abiertos y en loor de multitudes. El margen de maniobra es muy reducido en la medida en que existe un acuerdo de austeridad avalado ya por 25 de los Veintisiete (incluyendo a la propia Francia). Por si esto fuera poco, en el crudo mundo de hoy el peso internacional de cada uno viene determinado principalmente por su riqueza económica; y en este terreno ya hace tiempo que Francia ha dejado de poder hablar a Alemania de tú a tú. Puestos a imponer criterios a los demás, Merkel (que también tiene hipotecas internas y cuentas que dar a sus conciudadanos) dispone de más y mejores medios; de ahí que haya advertido ya de entrada contra la conveniencia de no crear “espejismos de crecimiento”.

Recordar estos datos no supone augurar ni desear el fracaso de la tarea que pueda proponerse Hollande, sino únicamente evitar el desencanto que pueda producirse cuando el choque con la realidad nos vuelva a mostrar que la salida del túnel en la que todos (también Alemania) estamos metidos no es labor de un solo hombre, sino de todos nosotros… suponiendo que todavía queden ganas de pelear por una Unión Europea digna de tal nombre.

Hay 4 Comentarios

De muy comedido podríamos calificar el discurso del señor Jesús Núñez. Ciertamente un servidor no espera gran cosa de Hollande y, mucho menos, desde que acaba de colocar como ministro del Interior a un "social-liberal" cercano al laborimso británico en el nuevo argot. Pero por muy desesperanzadora que pueda resultar la gobernanza de Hollande y por muy desencantados que quedemos los esperanzados europeos que aún creemos en "añejos" principios de dificil encaje pontificio, más desencantados quedaríamos si esta Europa se limitase a seguir por los derroteros marcados por Merkel, sin hacer absolutamente nada y dedicándose a ver cómo se sigue robando y estafando a sus ciudadanos. Con Holllande, al menos, no se podrá decir que no se ha intentado. El tiempo, que es muy sabio, se encargará de demostrarnos quien tenía razón o no. Por de pronto, los dos próximos años van a ser apasionantes y muy interesantes.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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