Jesús A. Núñez

¿Borrón y cuenta nueva en Somalia?

Por: | 22 de agosto de 2012

Si por algo ha asomado momentáneamente Somalia a los medios durante estos días ha sido por la noticia de la infortunada muerte de la atleta Samia Yusuf Omar, en su intento por llegar en patera a Italia durante este verano. Un caso como este nos basta para hacernos a la idea de cuáles deben ser las condiciones de vida en ese conflictivo país para que Samia, una campeona continental de los 100m, se arriesgara a una aventura de tal calibre, con el frustrado objetivo de proseguir su carrera deportiva.

Igual que cabe suponer que la inmensa mayoría de los nueve millones de somalíes ni se han enterado de esta muerte, es fácil apostar a que tampoco saben que desde el día 20 de agosto su país ha iniciado formalmente una nueva etapa. Y no lo saben porque tienen en sus cabezas otras preocupaciones más inmediatas- ligadas a la pura supervivencia y a la falta de seguridad para sus vidas.

Sea como sea, la comunidad internacional ha decretado pomposamente el fin del periodo transitorio iniciado hace ahora ocho años (a falta de que el Consejo de Seguridad de la ONU lo confirme el próximo día 28), con la eliminación del Gobierno Federal Transitorio. Cuando se toma en consideración el hecho de que Somalia acumula ya más de veinte años de subdesarrollo, violencia y caos, el balance de este periodo no puede ser en ningún caso positivo. Y eso aunque haya que reconocer que se ha conseguido una cierta mejora de la seguridad en este último año, en la medida en que se ha logrado reducir la capacidad operativa del grupo Al Sahbaab, tanto en la capital como en algunas zonas del país.

Pero mirando al futuro son tantas las asignaturas pendientes y tantos los retos a los que se enfrenta la población somalí que resulta muy aventurado suponer que será posible hacer borrón y cuenta nueva para convertir a Somalia en un Estado federal en el que tengan acomodo sus diversos actores (con Puntlandia y Somaliland como elementos más delicados) y en el que sea posible cubrir las necesidades básicas del conjunto de la población en un entorno de seguridad aceptable.

De momento la agenda conocida establece la necesidad de aprobar una nueva Constitución- acordada inicialmente el pasado día 1-, elegir un nuevo parlamento- en un proceso todavía inconcluso para seleccionar (no elegir) provisionalmente a 275 representantes en la Cámara baja y a 54 en la Cámara Alta-, elegir un nuevo presidente del parlamento y un nuevo presidente del país- por decisión del parlamento entre los 35 candidatos ya registrados, con el saliente Sharif Sheikh Ahmed y el saliente primer ministro Abdiweli Mohamed Ali como favoritos. Todo esto debe llevar a la designación de un nuevo gobierno, que junto al parlamento provisional debe convalidar la Constitución para que sea sometida posteriormente a referéndum nacional y a nuevas elecciones (todo ello en el horizonte de 2016).

Como bien puede deducirse a simple vista, se trata de un complejo proceso a desarrollar en un territorio fragmentado, con varios focos de conflicto todavía abiertos (de hecho, el primer objetivo de las nuevas autoridades será lograr un control efectivo más allá de Mogadiscio) y con las escasas fuerzas en manos de quienes ahora apuesten por consolidar este nuevo periodo. Es por eso por lo que resultará vital contar con la implicación de la comunidad internacional, en un difícil equilibrio para evitar injerencias internas (recordemos que, además de la Unión Africana con AMISOM, Etiopia y Kenia tienen actualmente tropas desplegadas en Somalia) y para acompañar el proceso con una condicionalidad que atienda a la creación de una entidad representativa de toda la población y no a los intereses particulares de cada actor externo.

La lista de tareas a realizar es interminable- desde activar una economía lastrada por la corrupción y la criminalidad organizada hasta poner en pie una administración civil y militar al servicio de la sociedad y subordinadas a un poder político no excluyente. Somalia se juega dejar de ser el prototipo de Estado fallido y los somalíes, como nos enseña el ejemplo de Samia, se juegan directamente su vida en el envite. Van a necesitar mucho más que suerte.

Hay 6 Comentarios

El cinismo occidental es galopante. Desde luego. Los piratas no son -ni eran- los habitantes de Somalia, sino los barcos occidentales, etcétera.
¿Quién se preocuopa ahora de Somalia?
Es indigante
Un saludo

Estoy de acuerdo con el comentario de Tinejo. El cinismo occidental es galopante... ¿quién arma a los piratas somalis?. O sea, el país está sumido en la miseria y, sin embargo, los bandidos disponen de naves y de armas para el gran negocio de la piratería.

Dios bendiga a Somalia.
Mientra los países y su territorialismo se siga enfrentando entre si los paises tercer mundistas están condenados a pérdidas. El pueblo con hambre no piensa...
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Nos empeñamos en seguir manteniendo el equilibrio que nos interesa en Estados fallidos por cuestiones de pura geopolítica, no por humanidad ni mucho menos. Que acabe ese cinismo internacional que reconforta tanta conciencia de alquiler.

http://casaquerida.com/2012/08/21/de-una-filtracion-a-una-extradicion-cruza-una-rebelion/

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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