Jesús A. Núñez

Afganistán-Pakistán, la violencia que viene

Por: | 02 de mayo de 2013

Todavía sigue siendo a pequeña escala, pero el proceso de choques violentos entre tropas afganas y paquistaníes- como el que acaba de producirse en la provincia afgana de Nangarhar- apunta a un serio problema de seguridad a corto plazo. La animadversión vecinal se remonta como mínimo al establecimiento de la línea Durand, que los británicos fijaron como frontera común a finales del siglo XIX, y que sigue sin ser reconocida por Kabul. Y hoy, con el añadido de mutuas recriminaciones sobre el apoyo a grupos rebeldes ubicados en territorio vecino, el panorama se oscurece aún más en cuanto se toma en consideración que la retirada de las fuerzas de la OTAN (y, sobre todo, de Estados Unidos) de Afganistán va a hacer aún más difícil el control de una divisoria tan porosa, con pastunes a ambos lados, a partir de finales del próximo año.

Volviendo la vista a la década de los ochenta del pasado siglo, nos encontramos con el intento paquistaní de imponer un régimen afgano obediente (o, al menos, neutral) a sus designios. A favor de la corriente de apoyo estadounidense a los entonces llamados muyahidín (luchadores por la libertad)- carne de cañón local empleada para desbaratar la invasión soviética-, Islamabad apoyó decididamente a quienes creía fácilmente manipulables. Su intención última era (y es) neutralizar el frente afgano para poder concentrar sus fuerzas en hacer frente a la creciente presión de su archienemigo (India), con Cachemira como centro principal de tensión. En los años noventa ese apoyo se redirigió, también con la complicidad estadounidense, hacia los talibán. Pastunes afganos en su inmensa mayoría, los talibán emergían como los nuevos socios locales que Islamabad creía poder manejar a su antojo.

Es bien evidente que, incluso antes del trágico 11-S, esos planes habían fracasado, pero ya era entonces imposible rebobinar la película para evitar los crecientes problemas que esos grupos rebeldes- que ya hace tiempo que se dedican a desarrollar su propia agenda, sin subordinarse fácilmente a ninguna instancia superior- iban a causar no solo a Afganistán sino también a Pakistán. Desde entonces, y en una secuencia tantas veces repetida de reprimendas recíprocas, la tensión ha aumentado hasta el punto de que ya se ha llegado al choque directo entre sus respectivas fuerzas armadas. Ambos han entrado hace tiempo en una espiral tan conocida como contraproducente, que consiste básicamente en echar la culpa al vecino de los males propios, buscando fortalecer de paso la debilitada cohesión nacional interna, y en alimentar a pequeños monstruos inicialmente dóciles como mecanismo de circunstancias para debilitar al vecino.

Para mayor preocupación, como se ha visto en todos los episodios violentos registrados hasta ahora, la presencia de las fuerzas de ISAF apenas sirve de freno, en la medida que tampoco han logrado impermeabilizar la frontera afgano-paquistaní, ni mucho menos eliminar el problema que representa la existencia de santuarios a ambos lados de la línea Durand que sirven a los talibán afganos y paquistaníes golpear en el país vecino. Por el contrario, los talibán afganos se sienten crecidos y en condiciones de volver a tocar poder muy pronto, mientras los talibán paquistaníes constituyen ya una clara amenaza a la estabilidad de su país.

Visto así, todo apunta a que la violencia irá progresivamente en aumento, aprovechando la debilidad de ambos gobiernos para garantizar la seguridad de su propio territorio. En el marco de un proceso de retirada internacional ya en marcha, las incógnitas sobre el resultado de las elecciones afganas- en abril de 2014, para sustituir a Karzai-, la innegable fractura estructural que presenta Pakistán y, sobre todo, el auge de los talibán a ambos lados de la frontera auguran tiempos muy difíciles. Y, absorbidos por el día a día, nadie parece darse por enterado.

Hay 1 Comentarios

Tremendo cacao la lucha territorial que enfrenta a India, y Pakistán por un lado, y de otro lado, la lucha entre Pakistán y Afghanistán. Y no hablemos del problema de China con el Tibet. En fin, hay chocolate para todos los gustos. Suerte que Mongolia ya no pinta nada en ese berenjenal... de que esto es mío y no tuyo. Tal es la historia del animal humano en todos los continentes. ¡Ah, eso si, todos se creen superiores a los otros¡

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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