Jesús A. Núñez

La lucha contra el terrorismo no es una tarea militar

Por: | 24 de mayo de 2013


Lo que se recoge en el título no quiere decir que las fuerzas armadas no tengan nada que hacer para responder a una amenaza bien real como la del terrorismo internacional. En el esfuerzo sostenido y multifacético que se debe realizar para neutralizarlo, los ejércitos siempre podrán llevar a cabo acciones puntuales y complementarias; pero teniendo bien claro que nunca pueden ser los protagonistas en la respuesta. Y esto vale tanto para lo que acaba de ocurrir en Londres (un soldado muerto a machetazos en plena calle el pasado día 22), como para lo que sucedió antes en Boston (tres personas muertas por una explosión producida en pleno maratón el 15 de abril), e incluso también para lo que se ha vivido primero en Malí desde enero del año pasado y ahora en Níger (con el doble ataque suicida de ayer contra la base militar de Agadez y la mina de uranio de Arlit por parte de MUYAO).

Los instrumentos y los actores principales deben ser los de perfil político, económico, sociocultural, jurídico, educativo, de información e inteligencia, por la sencilla razón de que las fuerzas armadas ni están concebidas, ni equipadas, ni instruidas adecuadamente para tratar ese problema. Éstas, por definición, solo pueden ser activadas como instrumentos de último recurso, siendo conscientes de que incluso un aparente éxito puntual (como la liberación momentánea del Azawad maliense) no resuelve un problema que hunde sus raíces en cuestiones sociopolíticas y económicas, en la persistencia de dobles varas de medida en el plano internacional y en situaciones de discriminación interna que, para hacer aún más complicada la tarea, incorporan un alto componente de subjetividad.

Ésta es precisamente una de las pocas ocasiones en las que España puede servir de ejemplo positivo, en la medida en que desde la aparición de la amenaza terrorista de ETA (y ni el 11-M quebró ese enfoque) se tuvo claro que la mejor manera para hacerle frente no pasaba por otorgarle más protagonismo a los militares. Sin embargo, como bien nos enseñan los garrafales errores cometidos en Afganistán e Irak por la administración Bush hijo (y por otros gobiernos que se alinearon con Washington en aquella época), la tentación de desplegar fuerzas armadas- intentando matar moscas a cañonazos- parece irrefrenable para muchos responsables políticos.

La cuestión parece meridianamente clara. Para luchar contra el terrorismo (que no es lo mismo que hacer la guerra al terror, como proponían los neocons estadounidenses y sus adláteres) hay que hacer simultáneamente frente a los efectos más visibles de esa lacra y a sus causas subyacentes. Para anular los primeros, el objetivo primordial es evitar la radicalización de individuos (sean de la nacionalidad que sean) que terminen por creer que solo la violencia les permitirá resolver sus problemas. Además, si no se ha logrado evitar que lleguen a ese punto y finalmente cometen un ataque/atentado, habrá que procurar detenerlos, enjuiciarlos y condenarlos. Para todo ello, lo fundamental es potenciar mecanismos educativos (incluyendo a los medios de comunicación) y de integración social, política y económica que aborten esa radicalización; junto a instrumentos de cooperación internacional (esta es una amenaza que nos afecta a todos) en materia económica (para cortocircuitar los canales que alimentan financieramente a esos grupos), de información e inteligencia, policial y jurídica (valga la euroorden como ejemplo). Si ya en este contexto el papel de los ejércitos es secundario y complementario (proteger alguna infraestructura vital, impermeabilizar una frontera…), en la lucha contra las causas estructurales resulta elemental entender que no tienen función alguna que desarrollar.

Visto así, ¿alguien puede seguir creyendo que la multiplicación de los polémicos drones, como está haciendo la administración Obama (pasando ahora su gestión a las fuerzas armadas en lugar de a la CIA), va a resolver la amenaza que representan los “lobos solitarios” que ya están moviéndose en nuestros propios territorios o grupos como Al Qaeda y la retahíla de grupúsculos que han florecido bajo su influjo?

Hay 6 Comentarios

A mi me gustaría secundar su idea y su proyecto, pero mientras se cuenten en España instituciones que apoyan a quienes acusan a las víctimas de ser maltratadoras, no lo encuentro posible.
No me parece que España pueda ser un ejemplo válido para ningún otro país.

La denominacion de terrorismo se da a quienes atacan objetivos en territorio propio, e intereses nacionales en el extranjero, sean los autores nacionales o extranjeros, y/o diferentes(por raza, religion, etc.); y ¿como deben llamarse los que se meten en paises ajenos con el proposito de ROBAR, ASESINAR EN MASA, SOMETER?, ¿cual debe ser la actitud de los agraviados y lesionados?, ¿agachar el lomo y agradecer?; ese es el origen del "terrorismo", yo lo llamo justicia y patriotismo, eso si, los objetivos deben ser EXCLUSIVAMENTE politicos, militares y empresariales, no conviene igualarse a las bestias.

Así leído suena ejemplar. Pero en España no se ha luchado contra el terrorismo de E.T.A. "mediante instrumentos de cooperación internacional (esta es una amenaza que nos afecta a todos)". ni en materia "económica" ni en otras.
En mi opinión es necesario distinguir entre los grupos que ejercen el terrorismo y diferenciar entre quienes nacen y viven con sus derechos fundamentales garantizados (sanidad, educación, pan y libertad) y quienes no tienen acceso a lo más básico; puesto que no seríamos justos si los juzgásemos igual. Tal y como parece proponerse.
Por otra parte, en España hemos asistido a la marginación de las víctimas; muchas de las cuales malviven con subsidios de desempleo frente al tratamiento de favor que se ha otorgado a los cómplices de los agresores. El silencio también tiene un precio.
De hecho Covite tuvo que recurrir recientemente a solicitar el apoyo de la Casa Real al recurrir ante el fiscal general del Estado tras ver fracasados sus intentos al denunciar que aproximadamente 300 asesinatos no han sido investigados.
En este sentido, muchos inocentes hemos sufrido la invisibilización y maltrato por parte de las instituciones y hemos sido privados de nuestros derechos, frente al trato de favor y privilegio que han dispensado a quienes una o varias veces colaboraron con la banda.
Este fraude, y el nivel de corrupción que evidencia, no dará lugar a una sociedad más democrática.
Todo aquel que perdió, que huyó, que padeció; dejó su negocio o trabajo. Eso que estaban esperando oscuras manos que se frotaban las palmas y aporreaban el "tarero".
Hay que diferenciar entre el nivel belicista de unas sociedades y otras. Y, pese a ser internacional, entiendo que se debe de hablar de tipología de terrorismo. Más aún cuando en España el sistema de derechos y libertades se encontraba legitimado y en vigor.

Sr Jesús A. Núñez: De su articulo (yo tambien estoy de acuerdo conque la actividad primordial debe ser politica) no se puede entender cual es a su parecer esa actividad.
Evitar la entrada de los inmigrantes de lugares conflictivos al Continente Europeo es parte de ello?
El envio a su Pais de origen de todo aquel inmigrante que por tal o cual motivo se ha complicado con la ley en Europa es otra parte?

Me gusta mucho su punto de vista, hay que ir a las raíces de los problemas antes de que estos pasen a otras fases y se tenga que utilizar otros métodos.

En el clavo. Como siempre. Completamente de acuerdo.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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