Jesús A. Núñez

Lecciones islamistas a partir de Egipto

Por: | 16 de julio de 2013

Mientras continúa la busca y captura de líderes de los Hermanos Musulmanes (HHMM) y la violencia se extiende por las calles, Egipto vive en pleno estado de alarma. En términos muy sintéticos, la situación actual presenta a unas fuerzas armadas que vuelven a primera fila de la vida nacional para, por un lado, imponer el orden público- conscientes de que su margen de maniobra es muy estrecho antes de que la represión dañe su imagen de salvadores de la patria- y, por otro, para diseñar sobre la marcha las reglas de un juego en el que no todos quieren implicarse. Por su parte, la mayoría de las fuerzas y movimientos opositores aceptan sin apenas disimulo la intromisión militar y tratan desesperadamente de consolidar una plataforma secular que les permita auparse al poder (aunque sea bajo la tutela militar). Los HHMM, entretanto, movilizan a sus bases para no verse desplazados del centro de la escena política, mientras sueñan con que la siguiente convocatoria electoral les vuelva a recompensar con lo que ahora les ha sido arrebatado por la fuerza.

Por su parte, la comunidad internacional ha reaccionado con calculada ambigüedad y muy escasas posiciones claras. Entre estas últimas destaca el franco apoyo al golpe de los regímenes sirio y saudí- por entenderlo como un refuerzo a sus tesis de que el islam político es desestabilizador y enemigo de la democracia (al margen de que ellos no la representen). En esta línea hay que contabilizar también los apoyos económicos de urgencia de Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait (ninguno de ellos modelo de democracia). Lo mismo cabe decir, pero en sentido contrario, por parte de los gobiernos tunecino y turco, temerosos de que sus militares puedan sentirse tentados a emular a los egipcios.

En cuanto al resto, y sobre todo por lo que respecta a los occidentales, resultan patéticas las disquisiciones bizantinas que aspiran a presentar lo ocurrido como algo distinto a un golpe y se limitan a expresar su esperanza de que todo vuelva a la normalidad. Ejemplo a destacar entre todos es el propio Estados Unidos, que mantiene la ayuda económica y la entrega de armamento a los golpistas, con el añadido de la primera visita al país del subsecretario de Estado, William Burns, para confirmar que a los ojos de Washington no ha pasado nada grave.

En paralelo a lo que pueda ocurrir en los próximos días en Egipto, la interrupción del proceso político abre interrogantes muy poderosos sobre el rumbo que puede adoptar el islam político en el futuro inmediato. Dentro de Egipto los salafistas de Al Nur muestran bien a las claras la inconsistencia de sus posiciones, basculando entre un inicial apoyo al golpe (como reacción a su descontento con Morsi por no darles un mayor peso en los asuntos de gobierno) y una oposición frontal al nombramiento de Mohamed al Baradei como posible primer ministro. Sin descartar que vuelvan a sus posiciones originales, como un movimiento más centrado en el cumplimiento estricto de las normas islámicas alejado del campo político partidista, es más previsible que traten de arrimarse al sol que más caliente para seguir ampliando su presencia en las instancias de poder.

En cuanto a los HHMM, cualquier cálculo arranca de una variable que no controlan directamente. Si las nuevas autoridades decretan su ilegalización- lo que constituiría un error de imprevisibles consecuencias- verían muy dificultada su tarea, aunque eso no anule la capacidad de maniobra de un grupo que se ha movido 84 años en la clandestinidad. En todo caso, lo ocurrido puede tensar aún más las fracturas internas que ya se habían puesto de manifiesto durante el proceso de caída de Mubarak, especialmente por parte de los jóvenes de la hermandad y de quienes consideran que los poderes fácticos nunca les van a dejar consolidarse como una opción de gobierno. Una consecuencia lógica de ese proceso será la radicalización del movimiento.

En el exterior, otros movimientos más o menos próximos a los HHMM van a experimentar el mismo debate, con posiciones cada vez más polarizadas entre la oportunidad de integrarse en el juego político o de recurrir a las armas como único método para imponer sus ideas en las distintas sociedades en las que ya están presentes. El punto central del debate es que si ni siquiera los HHMM (con una generalizada imagen de moderación) tienen cabida en el marco democrático, muchas menos opciones tendrá el resto. Evidentemente, los yihadistas tratarán de sacar provecho del revolcón sufrido por los HHMM, argumentando que su opción violenta es la única que puede romper el bloqueo impuesto al islam en el terreno político.

De regreso a Egipto, es de esperar que los HHMM insistan en mantener la tensión en las calles- con peligro de que derive en violencia brutal- para erosionar la imagen salvífica del ejército, para obtener concesiones que le permitan seguir ocupando un espacio político y para poder hacerlo sin que parezca que se han sometido al dictado militar. Los militares, por su parte, seguirán tratando de acallar las protestas populares para dar a entender que todos los egipcios están de acuerdo con sus planes.

Hay 3 Comentarios

Aconsejo un acercamiento más serio y más riguroso a lo que está pasando en Egipto para entender la situación. Me parece un poco flojo el texto, y el análisis un tanto alejado de la realidad.
Los que están a favor del golpe militar son una minoría laica local y el sistema imperialista imperante en el mundo.

Que pena, pero veo poco futuro para ese país

Para que en un país se puedan producir cambios políticos importantes y duraderos es necesario romper las estructuras de poder tradicionales y debilitarlas lo suficiente para que acepten el nuevo sistema, un sistema democrático. La historia, da a conocer que eso es imposible sin una fuerte injerencia internacional, que favorezca ruptura y debilitamiento, y contribuya a elaborar una Constitución propia de un país democrático, es decir que respecte la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La situación de Egipto es tremendamente complicada, los que tienen la mayoría democrática desean imponer una Constitución que no respecta la DUDH y la otra opción es una dictadura militar en la que tampoco se respectaran y defenderán las libertades y los derechos de los ciudadanos. Lo único hasta este momento indiscutible es que el islam político y la democracia no son compatibles. La democracia en un país perteneciente al conocido como mundo islámico solo es posible si previamente los grupos de poder aceptan un Constitución laica.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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