Jesús A. Núñez

No hay paz a la vista en Palestina

Por: | 02 de julio de 2013

El pasado día 23 los palestinos de Gaza y Cisjordania se echaron a la calle para celebrar la designación de Mohamed Assaf, joven gazatí de 23 años, como “ídolo árabe”, tras su victoria en un concurso musical televisivo. En claro contraste con lo anterior, no hubo ninguna movilización social ni cuando el desconocido Rami Hamdallah anunció su dimisión del puesto de primer ministro el día 20, ni cuando el debilitado presidente de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas, la aceptó el mismo día 23. Este simple ejemplo muestra sobradamente el hastío que embarga a la población del Territorio Palestino Ocupado (TPO) con respecto a una clase política de la que ya no espera prácticamente nada.

En realidad el nombramiento de Hamdallah nunca fue visto como un remedio para resolver los graves problemas que sufren los más de 3,5 millones de habitantes del TPO. Una vez superada la relativa sorpresa de su designación, teniendo en cuenta su inexperiencia política, todo se redujo a entender que su presencia al frente de un desgastado gabinete ministerial quedaba anulada por la designación de Mohamed Mustafa, hombre de confianza de Abbas, como viceprimer ministro, encargado de asegurarse de que todo quedaba bajo control directo del rais palestino. Un presidente, por otro lado, que ya hace cuatro años que superó su mandato, agotando su capital político en infructuosas gestiones para cerrar la fractura interna palestina, aliviar el malestar socioeconómico de una población castigada a diario por Israel y ser tenido en cuenta en el escenario internacional.

La percepción generalizada hoy en el TPO es que el edificio construido en torno a los Acuerdos de Oslo está definitivamente roto y que el tiempo corre en contra de los palestinos. La fractura entre Hamas y Fatah sigue abierta, sin expectativa alguna de que se pueda constituir el gobierno de unidad nacional tantas veces anunciado. Si la dimisión de Salam Fayyad (13 de abril) se quiso presentar como el levantamiento de un obstáculo para lograrlo, el nombramiento de Hamdallah (6 de junio) fue desde el principio rechazado frontalmente por Hamas al considerar que se trataba de un movimiento unilateral de la AP que ahondaba las diferencias.

Mientras tanto, el nuevo gobierno de Benjamin Netanyahu sigue adelante en una senda que percibe cada vez más abiertamente favorable a sus intereses. Así se explican declaraciones públicas como las efectuadas por el ministro de economía, Naftali Bennett, dando a entender que “el intento de establecer un Estado palestino en nuestra tierra ha terminado”. Por si eso no bastara, el vice ministro de defensa, Danny Danon, transmite la idea de que “la mayoría de los israelíes ha renunciado a la idea de paz por territorios”, que desde la firma del acuerdo con Egipto (1978) ha sido la base de todo posible acuerdo entre Israel y sus vecinos, y que lo único que queda por hacer es anexionarse el resto de Cisjordania. Estas tomas de posición transmiten el espíritu dominante de un gabinete que se siente respaldado por su población para seguir adelante con una estrategia de hechos consumados que no se detiene ante la falta de respeto al derecho internacional, la violación de los derechos humanos de los palestinos y la negación de sus aspiraciones políticas de contar con un Estado propio viable.

Dadas esas condiciones, suena irreal que tanto el secretario de Estado estadounidense, John Kerry, como otros mandatarios occidentales insistan nuevamente en que existe una ventana de oportunidad para la paz. Por el contrario, lo que se percibe es un creciente desinterés en la paz en Palestina, tanto por parte de una clase política palestina enfrascada en sus luchas internas, como por parte de un Israel que se cree capacitado para gestionar sin mayores problemas el territorio ocupado (se acaban de cumplir ahora 46 años) y la relativa presión de Washington.

Visto así, poco puede esperarse de la quinta visita de Kerry a la zona desde su nombramiento en febrero pasado, en un nuevo intento por acercar posiciones con vistas a la constitución de una hipotética mesa de negociaciones.

Hay 5 Comentarios

Sr. Núñez,

Le escribo desde la sede de Radio Francia Internacional en Paris para solicitarle una entrevista sobre los últimos sucesos de Egipto.

Hemos leído sus análisis en el Diario El País y quisiéramos compartir su punto de vista con nuestros oyentes.
La entrevista sería telefónica por espacio de 10 minutos.

Podríamos llamarle a algún telf de contacto? Hemos intentado ubicarle en el Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria pero no hemos obtenido respuesta.

Estaremos muy atentos a su correo o llamada.
Mil gracias,

ANDREINA FLORES
Periodista Radio Francia Internacional
París
+33 184 22 88 44

Los palestinos ya perdieron el último tren. Lo que se negaron a aceptar en su momento no lo van a recuperar nunca más. Cansan a la comunidad internacional y el rol de eternas víctimas desgasta hasta a su propia gente. Y esa estupidez propia de un hippy de los '60, que se dice más abajo, que se le aplique a si mismo el que lo dijo, a ver si los españoles estarían tan "abiertos" como para ceder territorio. Ni los españoles ni ningún país. La historia de la humanidad consiste precisamente en esa lucha.

Tanto Jehová como Alá deben estar el moño de los dimes y diretes de sus elegidos. Por algo el Mar Muerto se llama muerto... para acoger en su seno a los eternos protestones que siguen mareando la perdiz desde hace siglos. No acaban de comprender que la Tierra es de todos y no es propiedad de nadie, ni de ningún grupo. La Tierra es para ser compartida, sin exclusividades.

Resumen??????????????????di algo inteligente.

Resumen: Israel le toma el pelo a la humanidad una vez mas

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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