Jesús A. Núñez

Nobel de la Paz mediático, pero merecido

Por: | 11 de octubre de 2013



Es inevitable pensar que, en el mundo mediático en el que nos movemos, sin el efecto reciente del acuerdo para poner en marcha la destrucción del arsenal químico que atesora el régimen sirio el premio Nobel de la Paz de este año no habría acabado en las manos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ). En todo caso, la primera reacción debe ser de felicitación.

Por un lado, basta con consultar el listado de controvertidos premiados con anterioridad- tradicionalmente encabezado por los consabidos Henry Kissinguer, Menahem Beguin y Yasser Arafat- para concluir que la OPAQ es, desde su origen, el resultado de un notable esfuerzo multilateral orientado a la eliminación completa de una categoria de armas de destrucción masiva. Por otro, en comparación con el premio otorgado en 2009 a Barack Obama- basado estrictamente en expectativas, sin que pudiera citarse un solo resultado tangible en su agenda, por la sencilla razón de que el galardón se le otorgó cuando apenas llevaba unas semanas en el cargo presidencial- la OPAQ tiene ya un significativo balance acumulado.

Tras el alivio que produjo el final de la Guerra Fría, se impuso la convicción general de que era necesario y posible eliminar totalmente el desarrollo, producción, almacenaje, comercialización y uso de las armas químicas. Así se llegó primero a la firma de la Convención sobre Armas Químicas, en 1993, que dio nacimiento a la OPAQ, ampliando generosamente lo que estipulaba la Convención de 1925. Desde su entrada en vigor en 1997 se ha logrado la firma de hasta 189 Estados y se ha certificado ya la destrucción de al menos unas 58.000 toneladas sobre un total estimado de algo más de 70.000. A partir de esos datos se abre la posibilidad de valorar si cabe contentarse con lo realizado o si hay que centrar la atención en lo que falta por hacer.

En esta línea, conviene recordar que todavía no se ha logrado el compromiso unánime de todos los Estados, en la medida que Israel y Myanmar firmaron inicialmente la Convención, pero nunca la han ratificado. También es sabido que Angola, Egipto, Corea del Norte, Sudán del Sur y Siria (aunque este último parece ahora dispuesto a hacerlo a la carrera) se resisten a estampar su firma al pie del documento. Además, es mucha aún la tarea por realizar para destruir los arsenales ya existentes, con Estados Unidos y Rusia como los dos países más señalados, dado que ninguno de ellos ha cumplido con el calendario previsto y ha solicitado prorrogas que retrasan el momento en el que el mundo se vea libre de esos mortales ingenios.

Un elemento clave en cualquier valoración que se haga de la OPAQ- que no es una agencia de la ONU, sino un órgano encargado de la aplicación de la Convención- es la debilidad de su aparato de inspección y verificación sobre el terreno. Aunque ya ha realizado más de 5.000 misiones en más de 80 países, no está dotada de medios propios suficientes para vigilar el cumplimiento de las reglas de juego acordadas- sirva como ejemplo el descubrimiento (tras su caída en 2011) de más de ochenta toneladas de componentes químicos letales que el régimen de Gadafi había logrado esconder a pesar de su aparente compromiso para eliminar todo su arsenal (en 2003). Tampoco tiene poder para imponer sanciones efectivas a quienes incumplan la Convención o para forzar un mayor ritmo en el proceso de destrucción de los arsenales existentes.

Junto a esas asignaturas pendientes hay que mencionar la complejidad que el propio desarrollo de la industria química. Su carácter dual permite con excesiva facilidad traspasar la frontera que separa a la producción civil de la militar, y ahí es donde se identifica uno de los principales retos para garantizar que no se abren puertas paralelas por las que se vuelva a reiniciar un proceso que no solamente afecta a los Estados sino también a grupos terroristas tentados de hacerse con ese poder.

En todo caso, bienvenido sea el reconocimiento a la OPAQ (aunque eso no la librará de las críticas que pronto pueden caer sobre sus responsables si el proceso de destrucción del arsenal sirio se bloquea).

 

Hay 1 Comentarios

Una revista de origen español, de difusion de tecnica y novedades, tambien hace analisis certeros(se trata de "Muy Interesante"), uno de sus articulos se titulo: "no estan todos los que son, ni son todos los que estan", refiriendose a los "Premios Nobel", sobre todo a los de Literatura y la "Paz", porque se han otorgado con criterio parcializado y occidental y cristiano, por eso constan MONSTRUOS como T. Roosvelt(el exterminador de Seminolas y Filipinos), las bestias judias(como Kissinger, carecen de honor, por eso Le Duc Tho rechazo ese premio); y hay mas; en el caso actual, por politica no se da a Putin, y se da a los verdugos que desarman selectivamente a regimenes molestos para batirlos impunemente; ¿cuanta credibilidad le queda a esos "premios"?, es lamentable.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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