Jesús A. Núñez

La Unión Europea no cree en su defensa

Por: | 02 de enero de 2014

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El año arranca con una Unión Europea (UE) que ha vuelto a desperdiciar una nueva oportunidad (¿la última?) por convertirse en un actor de envergadura mundial en el ámbito de la seguridad y defensa. Así lo atestigua el magro resultado del Consejo Europeo celebrado los pasados 19/20 de diciembre. Con lo ocurrido en Bruselas, cinco años después de que los Jefes de Estado y de Gobierno hubieran dedicado parte de su tiempo a tratar específicamente estas materias, se acentúa paso a paso la irrelevancia de la Unión en un mundo que asiste a la reorientación de Estados Unidos hacia otras regiones y a la emergencia de otros actores llamados a ocupar las primeras posiciones del escenario internacional, con China a la cabeza.

En clave interna seguimos sumidos en una profunda crisis que cuestiona la sostenibilidad del Estado de bienestar, sometidos a una rigorista política de austeridad que obliga a crecientes recortes en capítulos esenciales del gasto público y, por tanto, con notables dificultades para cumplir el compromiso global de mantener un gasto en defensa equivalente al 2% del PIB (1,5% en 2012). En el terreno de la acción exterior, ni la Alta Representante de la Unión para la Política Exterior y de Seguridad de la UE -y, por lo tanto, también de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD)- ni el todavía incipiente Servicio Europeo de Acción Exterior disponen de un marco de referencia claro, que defina los intereses comunes y permita coordinar eficazmente los esfuerzos de los Veintiocho.

Algo similar ocurre en cuanto al nivel de operatividad alcanzado. Basta recordar que los Grupos de Combate (Battelgroups) creados (en el papel) hace diez años nunca han sido empleados en ninguna de las casi treinta operaciones lanzadas por Bruselas y que estamos muy lejos aún de la creación de una estructura de mandos permanente (que Gran Bretaña rechaza de plano). Más aún, si en 2003-2009 se activaron 23 operaciones- aunque la inmensa mayoría hayan sido de pequeña entidad-, desde entonces tan solo se han lanzado otras 6 y nada indica que la tendencia vaya a cambiar a corto plazo. Por último, la consolidación de una sólida base industrial de la defensa europea sigue siendo un deseo retórico. El sector se caracteriza tanto por su fragmentación– con quince tipos distintos de fragatas, por ejemplo, frente a una sola de EE UU-, como por su pérdida de competitividad- la reforma interna de EADS es solo un caso más entre tantos, afectada por la ineficiencia derivada de la politización de sus proyectos empresariales- y una renacionalización a todas luces suicida- como se puso de manifiesto con el rechazo alemán a la unión de EADS y BAE Systems.

Hemos vuelto a desaprovechar la última ocasión para entender la crisis actual como una oportunidad única para modificar en profundidad una deriva que conduce no solo a la irrelevancia sino también a la falta de capacidades reales para responder a las amenazas que nos afectan. Esa era, precisamente, una de las tres áreas en las que los 28 pretendían concentrar el esfuerzo, junto con la mejora de la efectividad, visibilidad e impacto de la PCSD y con la potenciación de la base industrial de la defensa europea. Nunca hasta ahora se han cumplido los planes de capacidades elaborados y a la vista de lo sucedido en Bruselas no parece realista imaginar que- dada la visible falta de voluntad común y el peso de las consideraciones cortoplacistas de carácter nacional- vaya a ser posible traducir en realidades palpables el repetido mantra del “pooling and sharing”, eliminando las redundancias y cubriendo los huecos existentes. Es cierto que potencialmente la UE es el actor mejor equipado para desarrollar un verdadero “enfoque integral” de seguridad, al contar con una amplia variedad de instrumentos que van más allá de los estrictamente militares para responde a las amenazas globales de hoy; pero también lo es que actualmente carece de la fuerza política necesaria para ponerlos al servicio de una visión común (de ahí la dinámica subregional que va asomando en el horizonte con el acuerdo bilateral franco-británico, el Grupo de Visegrado o la Cooperación de Defensa Nórdica).

Tampoco cabe esperar mucho más de un sector industrial de la defensa que, a pesar de lo acordado en principio, sigue reflejando que el 75% del gasto en equipo que realizan los 28 es todavía nacional (negándose en la práctica a abrir sus mercados interiores a la competencia de otras empresas comunitarias, tal como se acordó en 2009). Y así nos va.

Hay 3 Comentarios

Excelente artículo.


La UE sufre un proceso de descomposición, consecuencia de ser en aspectos muy importantes, como el de la defensa, como el de la defensa de los derechos humanos, etc., una completa falacia.


La NATO hace tiempo que no sabe hacia dónde va, se amplió, integrando a nuevos miembros sin saber por qué ni para qué. Ahora quiere que los países considerados socios disfruten del nivel de miembro. Mientras dentro del territorio abarcado por los países aliados las familias que controlan la NATO se dedican a reprimir y cometer abusos de diferente índole, fuera de sus fronteras la NATO se pasea sin logran un solo existo, sin lograr una sola victoria.


Con el paso del tiempo toda organización es susceptible de caer en degeneración, que es lo que le ha pasado a la OTAN.


¿Cómo en estas circunstancias la sociedad, las sociedades de los países aliados europeos , en plena crisis económica, va a aceptar utilizar el 2% del PIB, para financiar una organización de este tipo, que reprime dentro, no gana fuera y es incapaz de generar seguridad dentro de las fronteras de los Estados miembros?.

Tiene gracia lo de: "una Unión Europea (UE) que ha vuelto a desperdiciar una nueva oportunidad (¿la última?) por convertirse en un actor de envergadura mundial en el ámbito de la seguridad y defensa." Podrían países como España, Grecia o Portugal, mantener un gasto en defensa de 'x' %, cuando son países que están sumidos aún en una crisis económica y de endeudamiento - con unas vergonzosas tasas de desempleo y de pobreza extrema en un número considerado de ciudadanos?

Muy bueno el artículo. Es uno de los temas que, al margen de la crisis, están circulando por los think thank europeos. Se enmarca en una evolución global terrorífica de Europa. Desde después de la segunda guerra mundial venimos asistiendo al ocaso de Europa. Europa está perdiendo, respecto al mundo, peso demográfico, económico, militar y ascendencia ideológica. El futuro es el Islam por un lado y las razas orientales por otro, con unos EEUU, que todavía son sólidos como para contar algo entre medio de esos dos colosos. Pero Europa desaparece. Estamos asistiendo desde hace unos 50 años en Europa a un colapso como el que se produjo con el Imperio Romano. O peor. Porque además de cuestiones ideológicas, nuestra desaparición va a ser material, con otras gentes que nos van a sustituir físicamente.

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Sobre el autor

Jesús A. Núñez es el Codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH, Madrid). Es, asimismo, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), y miembro del International Institute for Strategic Studies (IISS, Londres). Colabora habitualmente en El País y en otros medios.

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