Sobre el autor

Anabel Díez

. Soy periodista de información política de El País y paso la vida entre el Congreso, el Senado y la sede del PSOE, de la calle Ferraz 70 de Madrid. Antes de centrarme en la actividad de los socialistas he seguido la información de la mayoría de las fuerzas políticas. Me interesa la vida política e institucional para poder contarla ya que tengo este oficio privilegiado. Trato de hacerlo sin prejuicios, sin filias ni fobias y sin afán inquisidor. Sólo periodismo.

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A Bandrés, in memoriam

Por: Anabel Díez | 28 oct 2011

Bandres1

Foto: Marisa Florez

La trayectoria de Juan Marí Bandrés, sus méritos, su peripecia, su evolución,  se está contando con mucho rigor y fundamento por colegas y políticos que le siguieron muy de cerca, sobre todo en el País Vasco. Sin duda es lo que más interesa. Hace una semana ETA comunicó el cese de la violencia por la que tanto había clamado, como ha recordado el diputado socialista vasco Txiki Benegas.
Pero yo quisiera resaltar otros aspectos del personaje, vinculados  a su indesmayable defensa de los derechos humanos y a sus posiciones siempre alerta ante cualquier atisbo de menoscabo de la democracia.

El recuerdo que tengo de Bandrés coincide con los primeros años de mi vida profesional cuando me instalé en el Congreso de los Diputados ya que los periodistas pasábamos allí todas las horas del día. La calidad política del personaje era indudable. Nos preguntábamos entonces cómo era posible que solo un diputado, en nombre de Euskadiko Ezkerra, tuviera la capacidad  de concitar la máxima atención, se tratara del tema que se tratara.  Su verbo pausado, sin estridencias, conseguía calar en todas las bancadas del hemiciclo. A Bandrés se le escuchaba en silencio. No había murmullos.

Cierto es que su afabilidad con los periodistas le hacía especialmente atractivo pero, sobre todo, nunca defraudaba. Lo que decía no era vulgar y se salía de las declaraciones al uso para salir del paso. Hacía las delicias de los compañeros de radios y televisiones "¡Qué buen corte tenemos de Bandrés!", se escuchaba con harta frecuencia. Es verdad que su mayor lucimiento se producía cuando hablaba de derechos fundamentales y democráticos porque esa pasión por la libertad era su mayor seña de identidad. En el momento de rendirle homenaje  he recordado una anécdota suya que nunca he olvidado.

Corrían los primeros años 90 y arreciaba en España el desencanto  por la cadena de casos de corrupción, que unido a un desempleo brutal, hacía de los políticos una clase poco apreciada por los ciudadanos. El “todos son iguales”,  hizo fortuna. Bandrés combatía esa especie como podía. Por ejemplo, en los taxis. “Hoy tengo el record; me he bajado de tres taxis”. Esto nos dijo el diputado vasco a un grupo de periodistas con los que se topó a la entrada del Congreso. ¿Cómo?, le preguntamos. Se trataba de los siguiente: Cuando Bandrés se acomodaba en el taxi e indicaba que se dirigía al  Congreso de los Diputados, comenzaba la catarata de descalificaciones: “Pues vaya, va usted a esa cueva de ladrones y maleantes…..”.  El parlamentario trataba de convencer al conductor de que esa perspectiva no era correcta, siempre con la mesura que le caracterizaba. Pero el taxista no tenía intención de enmendarse. La respuesta de Bandrés no se hacía esperar. “Por favor, pare que me bajo”. Y así hasta tres veces en un día, nos contó. La democracia hay que mimarla aunque tenga excrecencias que hay que eliminar, nos decía Bandrés, un demócrata radical. Descanse en paz.

Nosotros también empezamos antes

Por: Anabel Díez | 26 oct 2011

Rubalcaba

Nosotros hemos decidido empezar a comentar los avatares de las elecciones antes de lo que marca la ley. Ellos, los protagonistas, también lo hacen. Salvo pedir el voto directamente, para no recibir una amonestación de la Junta Electoral Central, están hasta el cuello sumergidos en la vorágine electoral. Vamos a seguir y a contar la actividad (frenética) del candidato del PSOE a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. Empezó la carrera va ya para casi cuatro meses y, como dicen sus allegados, no ha descansado ni un solo día. Eso no debe ser bueno, pero él dice que es su trabajo y su responsabilidad.

En efecto, si Rubalcaba tuviera tarjeta de presentación pondría "candidato" porque se despojó de la Vicepresidencia Primera del Gobierno y de la titularidad del Ministerio del Interior para ostentar este trabajo en exclusiva, que concluye a las 20.00 del 20 de noviembre cuando se cierran las urnas. Hasta entonces su despacho está en Ferraz, 70, sede federal del PSOE de Madrid, y sus asistencias materiales son las que su partido pone a su disposición. Igual que Mariano Rajoy, ¿no? Pues no. El candidato del PP a la Presidencia del Gobierno es el líder del partido, en tanto que en el PSOE hay un secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, que voluntariamente ha dado varios pasos atrás para que el candidato tenga todo el protagonismo. Rubalcaba tiene la suerte de que todo el partido, o casi todo, le reconoce el liderazgo y el protagonismo.

Pero la situación es extraña. La campaña discurre con el intento de Rubalcaba de que se hable de asuntos concretos y él hace lo que puede al poner sobre la mesa propuestas, sugerencias y líneas de actuación, en tanto que su principal adversario, de momento, elude el enfrentamiento y son otros los que llevan la ofensiva. Y, además, ha irrumpido ETA con el anuncio de cese de la violencia. La noticia más esperada por millones de ciudadanos ha llegado al comienzo de esta campaña y hay emoción, y también dolor, y, sobre todo, satisfacción. Por fortuna los dos candidatos de los dos principales partidos están en sintonía. El asunto se ha colado de lleno en esta campaña rara y aún está por ver si quiere quedarse todo el tiempo o pasará a un plano colateral. De momento, los informadores no paramos de preguntar si será tema de campaña. Todos aseguran que no, pero de momento los síntomas son de lo contrario. ¿Pero tendrá impacto electoral el cese de la violencia de ETA? Seguro que ya hay encuestas en marcha.

El País

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