Exceso hipotecario de la banca

Por: | 12 de febrero de 2015

Es bien conocido en España el fenómeno por el que a lo largo de las últimas décadas el peso de la financiación hipotecaria no ha dejado de crecer tendencialmente en los balances bancarios. Podría decirse, incluso, que exponencialmente en los años del boom económico y crediticio que antecedió a la reciente crisis. El amargo desenlace del sobreendeudamiento y la concentración de riesgos es a estas alturas aún más que evidente.

Me ha llamado la atención, sin embargo, una reseña publicada recientemente en The Economist que se hace eco, haciendo incluso abstracción de su intensificación en las últimas décadas, del efecto desplazamiento o expulsión de otro tipo de crédito bancario: el crédito a empresas en concreto, derivado de esa creciente concentración en el segmento hipotecario de la actividad bancaria en el conjunto de los países más desarrollados. El gráfico adjunto es expresivo del mencionado fenómeno, y hace explícito que casi el 60% de la financiación bancaria de los diecisiete países más ricos está vinculado a dicho segmento. Más aún, en relación al PIB, los créditos bancarios no ligados al segmento hipotecario han mantenido básicamente su peso en el último siglo. Esto quiere decir, que todo el aumento de la financiación bancaria por encima del propio crecimiento del PIB en este periodo, se debe básicamente al crédito hipotecario.

 

Gráfico

 

Un primer foco de análisis puede orientarse a las razones que han propiciado dicho comportamiento, más allá lógicamente de un crecimiento “más natural”. Especialmente por su implicación en la propia generación o en el impulso de burbujas financieras que, como la de los últimos años, avala la razonable sospecha de que el crecimiento explosivo del crédito hipotecario provoca  recesiones más virulentas; incluso constituye el indicador adelantado más fiable de las mismas.

No deja de ser significativo que en los últimos veinticinco años haya aumentado su peso en veinte de los treinta puntos en que lo ha hecho precisamente en los últimos cien años. Tampoco lo son los destrozos sobre la riqueza y el tejido productivo producidos tras el pinchazo de dicha burbuja, a la que sin duda no han sido ajenas generosas políticas regulatorias y fiscales. Como muestra del primer caso, cabe reseñar que la financiación hipotecaria goza de una considerable ventaja en términos de menor consumo de capital para los bancos frente a la financiación a empresas (lo que ciertamente es lógico sobre la base estricta de un sistema de exigencias basado en riesgos). Como muestra del segundo, parece claro que, en buena parte de los países, se ha abusado de una política de subsidios a la financiación de la adquisición de vivienda muy generalizada, y sin apenas discriminación en muchos casos.

A este análisis más estructural que permite visualizar un proceso en el que la financiación bancaria a empresas ha estado más constreñida que la financiación hipotecaria, es interesante superponer lo que sucede además cuando se desencadena una crisis. La financiación bancaria disponible se repliega de inmediato a los activos más seguros (léase deuda soberana) que goza de la ventaja de consumo cero de capital y que, a mayores, resulta más oneroso captarlo en dicha coyuntura.

Esta es la descripción de la realidad actual en la que con acierto, aunque con retraso, el BCE ha tomado dos grandes decisiones de política monetaria no convencional. Aunque no sólo sea este el objetivo, las dos pretenden impactar en el canal bancario favoreciendo el desarrollo de la financiación a empresas: las líneas especiales de financiación (TLTRO) a los bancos condicionadas al aumento de la oferta de la financiación empresarial (que excluyen el segmento hipotecario) y el recién aprobado programa de compra de deuda soberana en el mercado secundario.

Lo cierto es que, como también es conocido, en países de corte anglosajón la espita de un mercado de valores de deuda privada mucho más desarrollado ha permitido limitar los daños que inicialmente causó en las empresas la escasez de financiación bancaria. En otros de corte continental, esa válvula de escape ha sido más precaria (el caso de España es paradigmático) y, en cualquier caso, sólo ha existido, afortunadamente hay que decir, para las grandes empresas.

Contribuir a desarrollar mucho más ese mercado de deuda privada, pensando especialmente en la mediana empresa, pero no descuidar al tiempo el propio encaje y desarrollo del canal bancario para la financiación a empresas constituye una lección especialmente relevante de la reciente crisis.

Hay 2 Comentarios

Romper los porcentajes lógicos de diversificación de su cartera, ha pasado factura a un sector bancario volvado en el sector hipotecario. Aunque en definitiva y viendo como se ha desenvuelto la crisis, no se cual hubiera sido mejor opción.

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