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Diez años del atentado de Casablanca

Por: | 16 de mayo de 2013

Casabl
Policías marroquíes inspeccionan los destrozos en la terraza del restaurante de la Casa de España. /AP

Al cumplirse el décimo aniversario del atentado terrorista contra la Casa de España en Casablanca (Marruecos), cometido el 16 de mayo de 2003, repasaremos algunos artículos de opinión publicados en EL PAÍS en los días posteriores. Aquel día se registraron 5 ataques terroristas simultáneos en Marruecos, siendo el atentado suicida contra la Casa de España el primero y más mortífero de todos: 23 muertos. 4 de los fallecidos eran españoles. Desde el primer momento se vio que el atentado tenía el sello de Al Qaeda.

48 horas después de la matanza publicó Juan Goytisolo un artículo en las páginas de Internacional. Tras el atentado de Casablanca fue el título y hacía un sombrío análisis de la situación. "La América de Bush se ha sentado sobre un avispero, con total ignorancia de las consecuencias de su acción, fuera del provecho inmediato de los intereses petrolíferos, del complejo militar-industrial y de las posibilidades de reelección del presidente." El avispero al que se refería el autor era la guerra de Irak, iniciada dos meses antes. Y poco después hacía un demoledor augurio: "Los mortíferos atentados suicidas contra residencias e intereses occidentales en Riad y Casablanca -incluida la Casa de España en la última, por el alineamiento incondicional de Aznar con Bush- (...) no serán, me temo, los últimos."

Ese mismo día, domingo, 18 de mayo de 2003, también publicó un artículo Manuel Vicent refiriéndose al atentado. Simulacro fue su título y hacía referencia a la realización en EE UU de simulacros de atentados con armas de destrucción masiva, tan en boga en aquellos momentos: "Las secuencias de terror fingido montadas en Seattle y Chicago, que han puesto a punto el salvamento ante un ataque terrorista, se han solapado con los atentados verídicos de Riad, de Chechenia y de Casablanca, donde ha habido decenas de muertos y centenares de heridos, que no eran extras de una película, sino víctimas llenas de autenticidad." Esta mezcolanza de realidad y ficción terroristas dificultan la comprensión de la situación. "La única realidad es que nuestra civilización se prepara cada día para una hecatombe y en este ensayo el poder siempre nos otorga el papel de víctimas, aunque, de momento, sólo ensangrentadas con zumo de tomate."

Un día después, el lunes 19 de mayo, Manuel Vázquez Montalbán también escribió su columna sobre el atentado de Casablanca. Partiendo del rechazo del Gobierno a establecer cualquier vínculo entre el atentado y la "complicidad de Aznar y Bush para la conquista de Irak", lo titulaba No verdad y señalaba sin titubeos que "Irak y Casablanca marcan la distancia más corta entre dos agresiones relacionables". También escribió Eduardo Haro Tecglen, y lo hizo en la misma línea. "Ley política: cada suceso produce discursos más bien imbéciles. Dice la ley que se aumentan cuando el que predica se siente acusado; más, si está en campaña electoral; y se multiplica con la derecha consolidada. Matan españoles en Marruecos, y Aznar dice que él no ha sido, y Piqué, que el que relacione estos atentados con la guerra es malo. Regla: agredir al que ve la verdad. Los atentados son explícitos; "la propaganda por el hecho" tiene fines claros, aunque los oscurezcamos (Aznar, el sábado: "Todos los terrorismos son iguales") y sepamos (yo) que todas las víctimas son inocentes." El artículo se titulaba La guerra sigue

Un día más tarde fue Josep Ramoneda quien escribió un artículo titulado Por el amor de Bush recriminando el discurso del miedo que propugnaba el presidente Aznar en la coincidente campaña electoral por las elecciones autonómicas y municipales de 2003. La premisa inicial era clara y así arrancaba el artículo: "¿Tienen Bush y Aznar alguna cuota de responsabilidad en los atentados terroristas de Arabia Saudí y Marruecos? Indudablemente, no." Pero Ramoneda abordaba el debate sobre la relación entre el atentado y la guerra de Irak para concluir que "exponer a España a graves riesgos como consecuencia de una guerra ilegal que tiene como principal objetivo la afirmación de la hegemonía mundial de Estados Unidos resulta difícilmente comprensible. Y la consecuencia es que España no era objetivo del terrorismo islámico y ahora lo es. Por el amor de Bush."

El 24 de mayo publicó EL PAÍS una tribuna de Bernabé López García titulada Casablanca y el metalenguaje del terrorismo. "Para desarmar al terrorismo hay que desmontar sus argumentos, deshacer su montaje simbólico. Buena parte del mismo está construido sobre el símbolo de una Palestina irredenta, lo que sirve de pretexto para sembrar de terror a los que señala como culpables. Sin embargo, desde el 11 de septiembre muy poco se ha hecho desde la comunidad internacional para solucionar este "pecado" original, esta injusticia "originaria", que se hace mayor cada día en Palestina."

El autor, catedrático de Historia del Islam contemporáneo en la UAM, afirmaba que "no vale el discurso huero, de propaganda, el grito de guerra a muerte al terrorismo, o el argumento de que a éste se le combate con coordinación policial internacional, si nos limitamos a atacar sus síntomas, sin jamás afrontar, y decididamente, sus causas."

Para poner en perspectiva estas opiniones, es oportuno rescatar la información publicada por EL PAÍS el 18 de mayo de 2003 y en la que se recogía la reacción del presidente del Gobierno tras el atentado. El contraste es muy llamativo. "José María Aznar aseguró [en un mitin en Gran Canaria] que el "compromiso", que se plasmó en la cumbre de las Azores, y que fue el preludio a la guerra de Irak, cobra más fuerza tras el atentado de la noche del viernes en Casablanca, porque "el terrorismo no merece nada más que ser derrotado, dentro y fuera de España".

El presidente negó implícitamente que el atentado tenga nada que ver con que España se haya convertido en un objetivo para el terrorismo islámico. "No es la primera vez que sufrimos, en bienes e intereses de España, ataques de ese fundamentalismo fanático, de ese fundamentalismo terrorista", aseguró, para remachar: "Si alguien tiene ganas de perder la memoria, yo le ruego que no lo haga. Que se acuerde de Marraquech en 1994 o de todas nuestras víctimas aquí en España o del 11 de septiembre, donde también hubo muertos españoles".

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Para algunas personas, ser un zoquete es un motivo de orgullo. Son tontos y quieren seguir siéndolo. No hará falta que diga a quién me refiero.

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Sobre el autor

Juan Carlos Blanco

, filólogo y periodista, tiene una larga trayectoria profesional vinculada al archivo de EL PAÍS, del que ha sido responsable durante más de 15 años. Por sus manos ha pasado mucho de la Historia, con mayúsculas, de este periódico y este país.

Sobre el blog

Noticias antiguas, historias ya contadas. Siempre de actualidad. Una mirada a las informaciones de hoy tomando como referencia la hemeroteca de EL PAÍS, donde se guarda mucho y muy valioso de lo que hemos sido y somos como ciudadanos.

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