Fondo de Armario

El asesinato del senador Casas

Por: | 23 de febrero de 2014

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El ataúd con los restos mortales del senador socialista Enrique Casas sale en medio de aplausos y gritos contra ETA, de la iglesia de San Sebastián donde tuvo lugar el funeral el 24 de febrero de 1984. Casas fue asesinado por ETA en el tramo final de la campaña de las elecciones autonómicas vascas. /Alfredo García Francés

 

Con el asesinato del senador socialista Enrique Casas, perpetrado hace 30 años, ETA culminó su macabra campaña electoral para las autonómicas vascas de febrero del año 1984, en la que además de asesinar a un candidato del PSOE pidió el voto para HB.

Acabó enero con el asesinato del teniente general Guillermo Quintana Lacaci el día 29. Era un connotado militar opuesto al golpismo y en un primer momento incluso se barajó la hipótesis de que se tratara de un asesinato ultraderechista porque por el perfil y el momento elegido tenía sentido. Fue fácil para los etarras porque le mataron un domingo al salir de misa, y los fines de semana no tenía escolta. Iba con su mujer, herida en una pierna. 13 balazos disparados por dos asesinos.

Se explicaba este asesinato por la presión que para ETA suponían las vías de reinserción de antiguos terroristas y por los atentados, cada vez más frecuentes, del GAL. Los políticos expresaron su preocupación. Todos menos los de Herri Batasuna, que no dijeron ni una palabra. El lehendakari, Carlos Garaikoetxea, expresó el deseo de que "este crimen no perturbe el clima electoral" que se ha iniciado ya en el País Vasco. Un portavoz del Partido Nacionalista Vasco (PNV) señaló: "En períodos electorales siempre echan cadáveres en las urnas". El telón de fondo electoral estuvo presente todos esos días presididos por el asesinato como el más depurado de los argumentos.

Se habló de la posibilidad de que Francia incrementara su presión sobre los etarras refugiados allí. "La convocatoria de elecciones al Parlamento vasco hace pensar que la Administración francesa no adoptará nuevas medidas en las próximas semanas, salvo que el incremento de las acciones terroristas le obligue a cambiar de postura. Según estas fuentes, el Gobierno francés prefiere no tomar la iniciativa para no ofrecer la imagen de una represión sistemática."

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Portada de EL PAÍS con la imagen del cadáver del general Quintana Lacaci yaciendo en la calle  

 El 4 de febrero ETA asesinó a Mikel Solaun, un exetarra que renunció al terrorismo y fue asesinado por eso. Murió disparado por la espalda cuando tomaba un café con su mujer y sus hijas.

Al día siguiente ETA quiso asesinar a un guardia civil retirado en Lasarte. José Herrero salvó la vida pese al disparo a quemarropa y en la cabeza que recibió a las once de la mañana.

 El 8 de febrero, los GAL asesinaron en Hendaya a dos etarras, Ángel Gurmindo y Vicente Perurena. Iban  a casa de unos amigos a ver por la tele el partido de Copa del Rey que jugaban Athlétic de Bilbao y Real Sociedad. Dos terroristas les acribillaron con armas automáticas. Sobre estos asesinatos sí opinó HB. "El abogado y dirigente de Herri Batasuna Iñaki Esanaola, acusó ayer expresamente al PSOE y a Alianza Popular de apoyar totalmente el terrorismo de estado."

Marío Onaindía, secretario general de Euskadiko Ezkerra, "hizo pública una declaración en la que afirma: "La estrategia del ojo por ojo que parecer revelar este nuevo atentado terrorista sólo sirve para poner obstáculos a la trabajosa búsqueda de soluciones políticas que se iba abriendo paso en la sociedad vasca. No nos cansaremos de repetir que el problema de la violencia en Euskadi no se resuelve matando a los de ETA, alimentando un círculo infernal, sino logrando que los de ETA dejen de matar. Por otra parte, un estado de derecho no sólo debe ser honesto, sino también parecerlo. El Gobierno debe mostrar tanto empeño en descubrir quiénes están tras el GAL como en descubrir a quienes mandaron asesinar a Quintana Lacaci o a Mikel Solaun".

El 15 de febrero se celebraron varios actos de homenaje a ambos etarras en varias localidades vascas. Presididos todos ellos por el anagrama de ETA, el hacha y la serpiente, en uno de ellos se esparcieron las cenizas de Gurmindo en la sierra de Urbasa. Las madres de ambos etarras portaron por las calles de Oiartzun las urnas con sus cenizas. Un día antes, un frontón de de Hendaya fue escenario de otro homenaje a ambos etarras: "La madre de Gurmindo y la viuda de Perurena exhibieron las urnas que contenían las cenizas, entre los aplausos y el clamor de los asistentes al acto." Merece la pena recordar que "Manuel Pagoaga Peixoto, un refugiado que perdió la vista en un atentado del que fue víctima años atrás, se dirigió al resto de los refugiados indicándoles, también en euskera: "Tenemos que ganar antes de que los montes,y los ríos se conviertan en cementerios. No somos ni vascos españoles ni vascos franceses, tenemos una madre a la que no debemos despreciar. Es fácil gritar aquí o en el otro lado 'gora Euskadi askatuta', pero los que son consecuentes con esa idea terminan como nuestros amigos".

El 16 de febrero se detuvo al comando que asesinó a Mikel Solaun. Murió el etarra Iñaki Ojeda en un sangriento enfrentamiento entre el comando de cinco miembros y 200 policías saldado además con varios heridos.

El día 23 de febrero ETA asesinó al senador socialista Entrique Casas. Se cumplían ese día tres años del golpe de Estado de 1981 y ETA daba un salto cualitativo en su apuesta de terror. Enrique Casas era el tercer parlamentario español atacado por ETA en la época democrática y el primero asesinado. Fue el político de mayor relieve asesinado por ETA desde el magnicidio de Carrero Blanco en 1973. ETA negó haber sido responsable del asesinato, cuya paternidad recayó en los Comandos Autónomos Anticapitalistas y en un fantasmal Mendeku, improbable escisión de los propios Comandos Autónomos Anticapitalistas, que también desmintieron la paternidad del atentado.

Enrique Casas había dicho poco antes de ser asesinado que "si ocurre algo, responsabilizaremos a ETA y HB porque todos son lo mismo y se quitan o ponen el disfraz según les interese. Es sabido que los CAA hacen los trabajos más sucios por cuenta de ETA Militar". Lo dijo a raíz de unas genéricas amenazas de muerte contra todos los dirigentes socialistas que los propios amenazantes desmintieron oficialmente. La ceremonia de la confusión no confundió a nadie. La titularidad indiscutible del asesinato fue de ETA, aunque "Iñaki Esnaola, abogado y parlamentario de Herri Batasuna manifestó anoche a EL PAIS que el atentado le horroriza en la medida en que la víctima era una persona política que desempeñaba una labor política. "Ahora, dijo Esnaola, "el GAL tiene la excusa para colocarnos en su punto de mira". "Este atentado", añadió, "puede efectivamente llevar a un enfrentamiento civil". Esnaola especuló con la posibilidad de que el atentado fuera reivindicado "por alguna sigla extraña, tras la que se ocultaría una trama negra", o bien por los Comandos Autónomos Anticapitalistas, de los que dijo "no aceptan la participación y están dispuestos a desestabilizar cualquier tipo de sistema". Esnaola descartó a ETA Militar como autora del asesinato, "porque eso supondría un salto cualitativo inmenso". Lo dicho.

No es ocioso recordar que un día antes de asesinar a Casas, Egin publicó un comunicado de ETA en el que hacía un llamamiento para que los vascos votaran a HB el día 26 de febrero. Se pedía el voto para unos candidatos y se asesinaba a un candidato rival. Para arqueólogos del terrorismo podemos resumir que los CAA eran una escisión ácrata de ETA, formada por exetarras y otros grupos asamblearios que mantenían posiciones ideológicas incluso más viscerales, pero cuyo cometido era asesinar tanto como fuera posible, sin seguir las directrices de la dirección etarra... de ahí lo de autónomos. Escrutar su anticapitalismo sigue siendo una tarea pendiente. La policía decía en aquella época que su militancia era escasa, tal vez no más de 20 activistas.

La imagen de la multitud agolpada a la puerta de la iglesia donde se ofició el funeral en memoria de Casas aplaudiendo al senador y profiriendo gritos contra ETA expresa la emoción que se vivía esos días en España. "Fue asesinado ayer tarde por dos terroristas que le dispararon a bocajarro, cuando el dirigente socialista les franqueó la puerta de su domicilio, en San Sebastián. El senador, de 40 años de edad, casado y con cuatro hijos, llamó repetidamente "cobardes" y "asesinos" a los criminales, mientras retrocedía, alcanzado por seis impactos hasta caer muerto en el interior de una de las habitaciones de la casa."

Al cumplirse el décimo aniversario del asesinato, Luis R. Aizpeolea refirió las circunstancias del mismo: "El 23 de febrero de 1984, dos terroristas de los Comandos Autónomos Anticapitalistas (CAA), disfrazados con monos de trabajo, pulsaron el timbre del domicilio de Enrique Casas, en el barrio Bidebieta 2 de San Sebastián. Eran las cuatro menos cuarto de la tarde y el dirigente socialista estaba con su hijo Richard, de 17 años, y el pequeño Andreas. Miró por la mirilla y al creer que eran dos obreros de una obra cercana se confió y les abrió la puerta. En ese momento, el terrorista José Luis Merino le disparó dos tiros, uno en la cabeza y otro en el cuello, que le impactó la yugular. Casas corrió por el pasillo de la casa gritando “sois unos cobardes, cabrones” y al llegar al cuarto de su hijo se desplomó. El pistolero le descargó trece tiros en la espalda, y huyó."

La viuda de Enrique, Bárbara Durkop, estuvo presente en la llamada de teléfono que Txiki Benegas hizo al obispo José María Setién para pedirle que cediera la catedral del Buen Pastor para celebrar el funeral, tanto por razones de espacio como por honrar al primer senador abatido por el terrorismo en España. Setién se negó alegando que si hacía una excepción, luego se lo pedirían los familiares de etarras muertos. Tenía que hacerse, según Setién, en la parroquia a la que perteneciera, pero a Setién le retrató el párroco de la iglesia de Santa María, en la Parte Vieja, José Elgarresta, que sí accedió a que se celebrara allí.

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Enrique Casas / Agencia Efe

Se convocó una huelga general en el País Vasco en protesta por el asesinato que tuvo un amplio seguimiento. Las emisoras vascas emitieron música clásica la mañana siguiente del asesinato y a las 12 de la mañana se guardó un minuto de silencio en toda España.

Para acabar con la siniestra secuencia de muerte, la víspera de las elecciones el GAL asesinó al etarra Eugenio Gutiérrez, Tigre, en Francia. El lehendakari Garaikoetxea dijo que "este nuevo crimen del GAL, cuando todavía vivimos bajo la impresión del asesinato de un compañero parlamentario, colma nuestra indignación".

Esta secuencia mortal se completa con otras acciones terroristas ocurridas esos días. Un concejal del PNV en Mondragón sufrió un atentado y su coche quedó totalmente destruido, hubo un ametrallamiento de un cuartel de la Guardia Civil y explotó una bomba en un local en el que previamente había dado un mitin Manuel Fraga. Fraga tuvo ese día un incidente que relataba EL PAÍS: "En el mercado de Azpeitia tuvo un roce con un ciudadano que le recordó su frase -que se le atribuyó cuando era ministro de Interior- "antes de legalizar la ikurriña, tendrán que pasar por encima de mi cadáver".

El espontáneo interlocutor reprochó a Fraga, "haber cambiado de chaqueta" y obtuvo una respuesta fulminante: "Es usted un impertinente y no se lo consiento. Es usted un grosero". "No, yo no soy de Gros (barrio donostiarra), yo soy de Azpeitia", contestó con igual presteza el interlocutor, que se identificó como militante carlista."

Resulta difícil deslindar la campaña electoral del terror, pero el esfuerzo no reportará ningún consuelo. "El asesinato de Casas pone fin a una campaña electoral en la que, en contraste con el creciente hastío de la población, los improperios han sustituido, con frecuencia a los razonamientos. "Hijos de Buda", dijo el vicepresidente del Gobierno que significaban las siglas de HB. De la necesidad de desinfectar el local donde había estado Alfonso Guerra habló en Anoeta el vicelendakari Mario Femández. Xabier Arzalluz llamó "capullos" a los votantes socialistas y no se recató en afirmar que "aunque no tengo pruebas, estoy moralmente convencido de que tras los GAL están los poderes públicos".

En Euskadi es ya casi una costumbre que en manifestaciones laborales se coreen consignas como "obrero despedido, patrón colgado", u otras que mandan al paredón a ministros socialistas o industriales conocidos. Decenas de pintadas subrayan estos días la consigna, también coreada en actos electorales, que proclaman: "PSOE=GAL". A la ecuación se le ha puesto nombre propio (Benegas, por ejemplo) en ocasiones, como en el funeral por el miembro de ETA Iñaki Ojeda. Esa es la situación: un inexorable deslizamiento hacia la generalización social de la violencia."

Las elecciones las ganó el PNV.

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Imagen de Enrique Casas en un acto electoral pocos días antes de su asesinato reproducida en EL PAÍS

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Sobre el autor

Juan Carlos Blanco

, filólogo y periodista, tiene una larga trayectoria profesional vinculada al archivo de EL PAÍS, del que ha sido responsable durante más de 15 años. Por sus manos ha pasado mucho de la Historia, con mayúsculas, de este periódico y este país.

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