Fondo de Armario

Un cadáver en el Tajo

Por: | 24 de marzo de 2014

Claudio

Entierro del industrial Claudio Ávila en el cementerio de Toledo el 25 de marzo de 1984. Fue asesinado y su cadáver apareció en aguas del río Tajo. Asistieron 2.500 personas. / BERNARDO PÉREZ

El 24 de marzo de 1984 apareció en las aguas del río Tajo el cadáver del empresario Claudio Ávila Rodríguez, de 36 años de edad, visto por última vez en Bargas (Toledo) el 1 de marzo. Una llamada telefónica a la familia había exigido poco después de desaparecer el pago de un rescate de 40 millones de pesetas (240.000 euros) -por lo que su caso se trató durante mucho tiempo como un secuestro- pero tras esa llamada no hubo más contactos hasta que apareció muerto.

Llevaba al menos seis días sumergido en las aguas del río cerca de Aranjuez (Madrid) y fue identificado gracias a unas gafas que llevaba en el bolsillo derecho de su chaqueta, de color verde. En ese bolsillo fueron halladas además 45 pesetas (27 céntimos). Las ropas que llevaba el industrial eran las mismas que vestía en el momento de su desaparición: un traje claro con chaleco, corbata de lana verde y camisa azul a cuadros. Ávila era corpulento; pesaba 102 kilos y medía 1,90 metros.

El hallazgo del cadáver, hecho del que hoy se cumplen 30 años, fue dado a conocer a la Policía Municipal de Aranjuez por dos pescadores de camarones, Bonifacio Almonacid Navas y Paulino Rodríguez Díaz. El primero de ellos, Almonacid, dudó en un primer momento si se trataba de una persona o de un tronco de árbol, pero luego se apercibió de que sobre el agua flotaba un trozo de chaqueta. El cadáver fue encontrado boca abajo, con las manos atadas a la espalda por un alambre que rodeaba también su cintura. También se encontró entre sus ropas un casquillo de bala del calibre 6,35. En la cabeza se podía observar un golpe en la base del cráneo con salida de masa encefálica. Le dieron cuatro tiros.

Claudio Ávila era director gerente del concesionario Mercedes Benz en Toledo y accionista de John Deere y General Motors. La familia de los Ávila estaba considerada en la provincia de Toledo como de gran potencial económico por la posesión de fincas y de terrenos, aunque en aquellos momentos "atravesaba un bache importante por la crisis que todos padecemos", según dijo su hermano Santiago Ávila. Claudio era primo político de Fernando Ledesma, ministro de Justicia del Gobierno socialista.

Su asesinato causó conmoción en la sociedad española por varias circunstancias que coincidieron en el tiempo y que generaron mucha alarma social. Al día siguiente de hallarse el cadáver, EL PAÍS informaba así en su portada: "El desenlace del secuestro ha sorprendido en círculos próximos a la víctima, donde esperaban que los secuestradores entraran en contacto con la familia, después de haber pedido 40 millones de pesetas.

La federación empresarial de Toledo ha condenado el asesinato y pide que sus miembros acudan en masa al sepelio, para realizar después una manifestación.

Otro homicidio, registrado también ayer, tuvo como víctima al alcalde pedáneo de Villarrabel (Palencia), Prudencio Andrés, quien fue muerto de un disparo por unos jóvenes a los que había intentado ayudar. Andrés bajó de su vehículo para ofrecer ayuda a los cuatro ocupantes de un vehículo que se había averiado, y uno de ellos le disparó con una pistola.

Por otra parte, Jorge Cuspinera Sabater, de 47 años, conceptuado como delincuente habitual, murió en Madrid, en la noche del viernes pasado, a causa de un disparo efectuado por un inspector de policía. Cuspinera y otras tres personas atracaron el bar La Montaña, situado en el barrio de Argüelles, donde se encontraban cenando cuatro inspectores de la comisaría de Centro, con los que sostuvieron un enfrentamiento a tiros."

Un día más tarde de la desaparición de Claudio Ávila, secuestraron a Guzmán Martín, de 67 años, propietario de un comercio en Guadalupe (Cáceres). Casado, con dos hijos, Guzmán era el menor de los tres varones de Ignacio Martín, el tío Pitorrete, "uno de los ricos del pueblo, seguramente la segunda fortuna de Guadalupe", según un vecino que resumía la opinión generalizada del pueblo. Nunca apareció.

¿Se trataba de una simple coincidiencia? EL PAÍS publicó el reportaje titulado Secuestros, una nueva modalidad de delincuencia común, firmado por Ismael Fuente. "La coincidencia, en las últimas semanas, de cuatro secuestros de industriales, unida a los otros trece habidos en los últimos meses, sitúa este hecho en el umbral de un nuevo tipo de delincuencia común, más arriesgada y difícil que los atracos convencionales, pero de resultados económicos rentables y rápidos. La policía, que se muestra seriamente preocupada ante estos hechos, estima, sin embargo, que no es el principio de una nueva industria del secuestro, como en Italia, donde se han contabilizado más de 600 en los últimos 20 años, y que no hay motivos para la alarma." Los empresarios mostraban su inquietud: "Para José María Cuevas, la preocupación que actualmente tienen los empresarios e industriales de toda España con los secuestros es enorme, aunque se inscribe en un círculo más amplio, que es el de la seguridad ciudadana en general. "La permisividad que está generando la reforma penal reciente hace que comience a ser lícito pensar que se está protegiendo más la libertad del delincuente, sin entrar en mayores consideraciones en este asunto, que la libertad del propio ciudadano, que es el que sufre esta psicosis de inseguridad".

El funeral lo celebró el cardenal primado Marcelo González en la catedral de Toledo el domingo 25 de marzo de 1984. En la homilía dijo que "nos estamos exponiendo, tal y como marcha la sociedad española, a que un día, cuando menos lo esperemos, se produzca el estallido de una cólera ciudadana irreprimible que lo arrase todo como un vendaval".  El cardenal habló de la "descomposición progresiva de la sociedad, en la que la ley es constantemente burlada; la libertad noble y digna, acosada por quienes la escarnecen de día y de noche con sus infames fechorías, y los hombres y mujeres honrados, sometidos a la presión del miedo en calles y plazas, e incluso a la puerta de sus propios hogares". Añadió que "nuestra ciudad está aturdida y dolorida. Nos sentimos como avergonzados ante este salvaje asesinato que se ha cometido en la persona de un convecino nuestro, Claudio Ávila". También apeló a la conciencia de los secuestradores de Guzmán: "Suplico impotentemente, ya que nada puedo hacer, a quienes siguen todavía ocultando a otro diocesano nuestro, Guzmán Martín, del pueblo extremeño de Guadalupe, que, por amor de Dios, si es que les queda algo en su alma, le dejen en libertad y le devuelvan sano y salvo a su familia. No se puede vivir así. No tantos crímenes, no tanta violencia..."

Mientras pronunciaba su homilía, los 2.500 asistentes al entierro de Claudio Ávila (la imagen del cortejo que encabeza esta entrada fue fotografía de portada de EL PAÍS al día siguiente) se manifestaron silenciosamente desde el cementerio hasta la plaza de Zocodover en protesta por el asesinato. "La marcha de protesta estuvo encabezada por una sólida representación empresarial de la provincia. Estuvieron presentes también los senadores del Grupo Popular por Toledo Enrique Prieto y Javier Pérez Olivares, e Isidro del Río, presidente de la Diputación Provincial de Toledo. José María Cuevas, secretario general de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), se sumó a la manifestación y se reafirmó en la necesidad de tomar medidas para terminar con hechos delictivos de este calibre.

Por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha asistieron el consejero de Economía y Hacienda, Juan Pedro Hernández Moltó, y el titular de Transportes y Comunicaciones, Alfredo Arija Hernández. El primero de ellos calificó el hecho de vandálico e incalificable. El presidente del Ejecutivo regional, José Bono Martínez, no estuvo presente en el sepelio por encontrarse de viaje en Albacete, su ciudad natal."

Al día siguiente del entierro se celebró una cumbre sobre seguridad ciudadana entre los altos cargos de Justicia e Interior que presidieron los ministros Fernando Ledesma y José Barrionuevo. Trataban de revisar ciertos aspectos de las reformas aprobadas en materia penal y procesal a las que se culpaba del aumento de la inseguridad ciudadana. Fueron siete horas de reunión y tras ellas, el Gobierno anunció que elaboraría un plan integral de lucha contra la droga, convencido de que las tres cuartas partes de los delitos contra la propiedad tienen relación con el tráfico o el consumo de drogas duras. "España parece ocupar uno de los primeros lugares de Europa en este consumo, al menos si se atiende al volumen de aprehensiones de heroína y cocaína a lo largo del año pasado, según dijo el ministro del Interior, José Barrionuevo."

El esclarecimiento del caso se produjo un par de meses después de aparecer muerto Claudio Ávila, cuando la policía detuvo a cuatro miembros de una familia como autores del secuestro y asesinato del empresario. Tres de ellos fueron puestos en libertad por considerarse que no tuvieron relación con los hechos, pero tras celebrarse un juicio, finalmente se condenó a Mariano Serrano, un pintor industrial de 58 años, a una pena de 28 años de cárcel como autor del asesinato. La sentencia señalaba que los hechos se iniciaron a primeras horas de la tarde del día 1 de marzo, en la venta El Lucero de Toledo, donde el condenado y la víctima acordaron verse para después desplazarse al pueblo de Bargas, a unos 10 kilómetros de la capital. El motivo del encuentro y la causa por la que se entabló la violenta discusión fueron unas conejeras que Claudio Ávila había vendido a Mariano en 1981 por valor de 285.000 pesetas (1.712 euros), que éste no pagó. El asesino quería que Claudio revisara las jaulas, porque provocaban heridas a los conejos.

Una vez en la finca se entabló la discusión, y hubo un forcejeo, a consecuencia del cual Claudio cayó de bruces al suelo. Mientras, Mariano tuvo tiempo de ir hasta su vehículo, a unos 15 metros, para recoger una pistola y descargar cuatro tiros sobre la víctima. El arma la destruyó el asesino con un martillo, trasladando el cadáver en su coche hasta un paraje cercano a Aranjuez. Allí lo arrojó al río Tajo.

Los familiares de Claudio tenían dudas de que no hubiera más implicados en los hechos, porque creían que la voz que solicitó el rescate no era de la de su asesino, pero no hubo más detenciones.

Hay 2 Comentarios

Al ver el articulo se agradece que aun se recuerde el caso despues de tanto tiempo, aunque no toda la informacion que se da es correcta, cuando se habla de " violenta discusion" y "forcejeo" no es correcto ya que no hay evidencia alguna de ello. En el articulo se facilita la altura y peso de mi padre, si, mi padre, pero no se facilitan los mismos datos de su asesino, si hubiera habido algun forcejeo, su asesino no hubiera sido capaz de derribarlo, simplemente pir una cuestion fisica. En la autopsia se concluye que mi padre recibio 5 disparos, 2 de ellos en la nuca y el resto mientras caia, no habia evidencias de pelea y mucho menos de señal alguna de intento de defensa. Fue un asesinato cobarde y por la espalda.
En cuanto a si hubo mas implicados, le aseguro que a la familia no tiene ninguna duda, ni la policia, ni la guardia civil, otra cosa es que hubiera pruebas para poder demostrarlo.
Tan solo decir que despues de 30 años me siento orgullosa de ser hija de quien soy ya que en todo este tiempo aun no he encontrado a nadie que no recuerde a mi padre con cariño, tan solo aspiro a parecerme aunque sea solo un poquito a el.

En el cuento "Estrella de la pasarela" también aparece un cadáver, pero no precisamente en el Tajo.
http://loscuentostontos.blogspot.com.es/2013/10/31-estrella-de-la-pasarela-revisado.html#cuento31

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Sobre el autor

Juan Carlos Blanco

, filólogo y periodista, tiene una larga trayectoria profesional vinculada al archivo de EL PAÍS, del que ha sido responsable durante más de 15 años. Por sus manos ha pasado mucho de la Historia, con mayúsculas, de este periódico y este país.

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