Londres se gusta ante el espejo

Por: | 12 de agosto de 2012

Llegó a tener ribetes de pesadilla, pero tuvo un final de ensueño. El primer ministro británico, David Cameron, proclamó ayer en Downing Street el éxito de Londres 2012. “Durante estas dos semanas nos hemos mirado al espejo y nos gusta lo que hemos visto”, declaró en una conferencia de prensa junto al presidente del comité organizador, Sebastian Coe. “Estamos seguros y orgullosos de lo que somos”, añadió. En un día soleado y caluroso, Cameron eligió el escenario de los días de fiesta: el jardín de rosas de Downing Street, reservado para las buenas noticias. Significativamente, aludió también al “alivio” de que hayan acabado los Juegos, evidencia de las dudas que los británicos tenían sobre su capacidad para organizar el evento.

“Gran Bretaña ha cumplido. Hemos demostrado al mundo lo que somos capaces de hacer”, resaltó el primer ministro. Como no podía ser de otra manera, los británicos han pasado ya de un extremo al otro: de los apocalípticos pronósticos de desastre a la euforia desmedida de considerar que el país ha completado una tarea titánica, sobrehumana.

Cameron ensalzó los éxitos de los deportistas británicos, “los mejores resultados en 100 años”, y aseguró: “El mejor jugador del Team GB ha sido el público”. No hay duda de que el público fue uno de los factores que más contribuyó al éxito de Londres 2012. Primero, porque, salvo las chocantes excepciones de los primeros días o deportes como el fútbol, los estadios estuvieron abarrotados. Lo mismo en las grandes citas que en disciplinas minoritarias. Y, segundo, porque el entusiasmo de ese público creó una atmósfera fantástica.

Mo
El primer ministro, David Cameron, junto a Mo Farah.  / Justin Talls (AFP)

El mayor alivio para los organizadores fue el funcionamiento del transporte y la ausencia de atentados terroristas, un factor en el que siempre es difícil delimitar hasta qué punto se debe al trabajo de disuasión o al mero azar. La organización de los Juegos en sí también funcionó bien, pero con más lagunas de lo que puede parecer.

Los primeros días fueron un pequeño desastre que puso en evidencia problemas importantes de preparación. Hubo errores en el transporte de la familia olímpica, incluidos deportistas y periodistas. Y colosales embudos a la salida del parque Olímpico tanto el día de la inauguración como en las grandes citas en el estadio, cuando el plato fuerte de la sesión era justamente al final y se vaciaba de golpe. Debió de haber poderosas razones de logística, seguridad y presupuesto para centralizar en la estación de Stratford la entrada y la salida del público y los visitantes pese a haber numerosas estaciones de varios tipos de transporte alrededor del parque. Pero fue una constante fuente de incomodidades y solo el sentido común del propio público evitó que llegara a haber conflictos.

El tren Jabalina que une Stratford con St. Pancras en siete minutos funcionó muy bien, con un constante desfile de trenes de gran capacidad en las horas punta. Pero en alguna ocasión los retrasos provocaron apretujones y tensión en la entrada de la estación. Los empleados del transporte encargados de dirigir el acceso al Jabalina proyectaron la peor imagen de los Juegos. Su autoritarismo, su falta de cortesía y su inflexibilidad fueron a menudo chocantes, sobre todo teniendo en cuenta que muchas veces sus instrucciones eran innecesarias y otras veces contradictorias.

Los voluntarios repartidos por el parque y las instalaciones olímpicas hicieron esfuerzos sobrehumanos para sonreír y ser simpáticos, pero demasiado a menudo eran incapaces de ayudar porque apenas tenían información. Hubo otros errores aparentemente irrelevantes, pero que dificultaron el trabajo de los medios. Desde luego, la ausencia de conexión inalámbrica a Internet. Pero, sobre todo, los monitores colocados en los pupitres de trabajo en los estadios. Innecesariamente grandes, impedían la visión del deporte. Y no siempre era posible apartarlos o tumbarlos. Pequeñeces que no ensombrecen el éxito de los Juegos, pero que se podrían haber evitado fácilmente.

Hay muchos ‘Londres’

Por: | 11 de agosto de 2012

Cada cual ve la feria según le va en ella y el veredicto de los periodistas veteranos, que pueden comparar Londres 2012 con otros Juegos, es mixto.

Alberto Zanconato, de la agencia italiana Ansa, es de los que ofrecen una visión más positiva, aunque al principio fue “un poco difícil”. “Cuando vine por primera vez nadie sabía decirme dónde estaba la entrada para los periodistas. Para la ceremonia inaugural hemos preguntado a cinco personas y ninguna sabía tampoco adónde tenían que ir los periodistas”, explica. Cree que “los enlaces olímpicos han funcionado bien, los autobuses no han tenido problemas, se han respetado siempre los horarios que anunciaban”. Lo que más lamenta es “la decisión un poco snob de que no se pudiera ver la llama olímpica desde fuera del estadio”.

Orde
Los periodistas, trabajando en Londres.  / Jorge Silva (REUTERS)

Para el mexicano Alfredo Domínguez Muro, de Palco Deportivo, han sido sus octavos Juegos. “Me quedaría con un poco de cada uno. Por ejemplo el encanto de Barcelona, la ceremonia inaugural de Pekín, la gente de Sidney, la candidez de la gente en Seúl… De Atenas me queda lo negativo de la gente que no quería sus Juegos ni quería el euro y nos lo decían a cada momento. Y Londres, pues espléndido”.

“La concentración que hizo China tuvo la gran ventaja de que todo estaba en un mismo lugar pero al mismo tiempo nos privó del contacto con la gente. En China no querían que la gente se uniera en las plazas. Y aquí sí lo puedes hacer. La contrapartida es la gran distancia que hay para llegar hasta acá desde donde estamos alojados”, enfatiza.

Opina que “ha habido demasiadas limitaciones por la seguridad, pero en cambio, siempre pensé que la gente de Inglaterra eran flemáticos e indiferentes y veo a la gente por encima incluso de los Juegos”. Nicole Darrigrane tiene 80 años y ha seguido todos los Juegos desde 1948, primero como participante en saltos de trampolín, luego como observadora del COI y también como periodista. Encomia el “buen ambiente” y “la buena voluntad de los voluntarios”. “Pero en lo que respecta a la organización, el transporte, todo estaba un poco disperso. El centro de prensa está bastante lejos, la comunicación tanto de los resultados como de los horarios de las competiciones no es lo bastante rápida ni lo bastante completa”, añade.

El alemán Florian Haupt ha cubierto Londres 2012 para Die Welt. “El transporte no ha sido peor de lo que suele ser en Londres, donde siempre hay agobios. Lo que es un poco pesado es la manía con los megáfonos. En el tren Jabalina a Stratford me agobia mucho porque te dicen ponte ahí, vete a esta parte del andén y todo eso. Es más el estereotipo alemán que inglés. Exageran un poco en eso pero, por lo demás, estoy encantado”.

Omuloh Okoth, del The Standard de Nairobi (Kenia), cree que en Pekín “la ceremonia inaugural fue espectacular, las instalaciones eran buenas, pero las comunicaciones eran un problema”. “En Londres, las comunicaciones son perfectas, el transporte es perfecto y la atmósfera es fantástica”. El turco Resit Deniz Gocke, del Aksam de Estambul, reniega del diseño del Parque Olímpico. “Los medios han de tener acceso rápido a las grandes instalaciones como el estadio. Han puesto el estadio en un sitio y el centro de prensa en el otro lado”, critica. “En Sidney había 50.000 voluntarios que trabajaron bien desde el primer momento, estaban bien preparados. Aquí todos sonríen mucho, pero algunos no tienen información”.

En cambio, para el estadounidense S.L.Price, de Sports Illustrated, “los voluntarios han sido increíbles, de gran ayuda”. Pero el arranque no fue bueno. “Al principio los autobuses eran realmente malos, la comida no muy buena, algunas instalaciones no eran de lo mejor para los medios, pero el espíritu de los Juegos es estupendo, la gente estupenda, muy buena”. “Aquí el punto focal ha estado más en los atletas, en los Juegos, y al final, aunque no ha sido algo monumental, me ha dejado un buen sabor de boca”.

A juicio del filipino Teddyvic Melendres, del Philippine Daily Inquirer de Manila, “en términos de cómo han tratado a los medios, Pekín ha estado por encima de Londres”. “El transporte era muy bueno, la comida era gratis y todo era más barato en Pekín comparado con Londres. Aquí no te basta con 100 dólares en el bolsillo”, se lamenta. Pero destaca que “en Pekín algunas instalaciones estaban a 30 kilómetros y eso dificultaba el trabajo y en Londres están más cerca unas de otras”.

Masas bajo control

Por: | 10 de agosto de 2012

Uno de los espectáculos más curiosos que se puede ver en Londres es la forma en que Scotland Yard controla a las masas de público en las grandes ocasiones. El ejemplo más ilustrativo se da cuando la Reina atraviesa en cabalgata el Mall, la gran arteria que transcurre en línea recta entre la plaza de Trafalgar y el palacio de Buckingham, y se sabe que al cabo de un rato aparecerá en el balcón principal de palacio para saludar a la gente. La gracia está en evitar que la gente que está a ambos lados del Mall no empiece una peligrosa carrera para conseguir las primeras filas frente a la verja de palacio.
Ese ritual ha ocurrido varias veces en los últimos años: cuando Isabel II festejó su 50 aniversario de acceso al trono, en 2002; este mismo año 2012 con motivo de las bodas de platino ciñéndose la corona; y también el año pasado, con motivo de la boda del príncipe Guillermo y Catalina Middleton.

Reina
La reina Isabel II se pasea entre la multitud el pasado 25 de julio, en la Isla de Man. / Chris Jackson (GETTY IMAGES)


En todas esas ocasiones, un rato después de que haya pasado la comitiva, los oficiales de Scotland Yard forman un cordón humano que avanza lentamente a lo largo del Mall seguido, sin prisas, sin carreras y con buen humor, por cientos de miles de personas.
La gestión del movimiento de las masas es una disciplina en la que la policía británica ha destacado desde siempre. Al menos en las manifestaciones pacíficas, porque su torpeza para gestionar las manifestaciones violentas es igual de legendaria, sean grandes o pequeñas.
El control de las masas olímpicas ha sido excelente, aunque ha podido sacar de quicio a los visitantes menos acostumbrados a la paciencia con que se hace cola en un país en el que intentar colarse es una falta de educación gravísima.
Esos controles han funcionado muy bien en los accesos al transporte público. “Creo que el trabajo que ha hecho Transport For London (TFL) desde el punto de vista de control de masas ha sido fantástico”, opina Chris Kemp, jefe de Estudios del Centro para el Estudio de Control de Masas y Seguridad de la Bucks New University.
“La clave ha sido la comunicación con el público, sobre todo en las estaciones más concurridas, lo que ha hecho que la gente se tranquilizara y no hubiera nervios ni empujones. Ha habido un gran espíritu de comunidad”, subraya. Y destaca: “El TFL sabía en cada momento dónde estaban los puntos más conflictivos”. El balance no es tan elogioso desde el punto de vista de los usuarios. Al menos el de los periodistas que han cubierto los Juegos desde el Parque Olímpico y que se han topado con embudos fenomenales para acceder a la estación de Stratford al final de las sesiones, sobre todo en los días más señalados de las pruebas atléticas.
Aunque el parque tiene numerosas estaciones a su alrededor, los organizadores han centrado el acceso y la salida del parque y el transporte en la estación de Stratford. “El hecho de concentrar las operaciones en Stratford tiene dos sentidos”, explica Chris Kemp. “Por un lado, Stratford es una gran estación, preparada para recibir a grandes cantidades de viajeros. Por otra parte, el concentrar la entrada al parque en un punto ha permitido a Transport for London controlar las entradas y salidas y saber cuánta gente había en el parque”.

Patriotismo olímpico

Por: | 09 de agosto de 2012

Los británicos pasaron primero de las dudas al alivio y enseguida del alivio a la euforia. Londres 2012 ha sido ya declarado un éxito por el sentimiento popular y la cascada de medallas no ha hecho más que reforzar ese júbilo. Una ola de patriotismo recorre el país en forma de Union Jack y las camiseta del Team GB, diseñadas por Stella McCartney, se han convertido en un espectacular éxito de ventas.

 


Hasta el buen tiempo se ha sumado a la fiesta y el chaparrón ocasional y las noches fresquitas han sido recibidos como un mal menor cuando apenas una semana antes de los Juegos el frío y la lluvia llevaban dos meses dominando los espacios meteorológicos.
El 85% de los que se declaraban escépticos se dicen ahora seducidos por el Team GB, según una encuesta de OnePoll para Freeview realizada entre 2.000 adultos el miércoles. Probablemente no sean tantos, pero en las conversaciones privadas domina la sensación de que los Juegos van mucho mejor de lo esperado por una población que, después de los fiascos de Wembley y del Millenium y azuzada por una prensa agorera y tremendista como pocas, se los había tomado como una pesadilla.
El temor al fracaso empezó a desaparecer la misma noche de la ceremonia inaugural y lo hizo por completo al quinto día de competición. En vez de caos en el transporte y colas en los controles de seguridad, los británicos se encontraron una lluvia de medallas: 51 a media tarde del jueves, con 24 oros. Más que en todos los Juegos de Pekín (47 y 19) y a años luz del bochorno en los de Atlanta (solo 15 medallas y un raquítico oro).
Según esa encuesta, un 88% de los habitantes de Reino Unido han visto alguna transmisión olímpica y el 78% de los jóvenes de entre 18 y 25 años, los más escépticos antes de los Juegos, aseguran que el Team GB ha disparado su sentimiento de orgullo nacional. Uno de cada tres varones admiten que han llorado de emoción en algún momento de la competición.
Es quizás significativo que la victoria en el pentatlón de Jessica Ennis, de padre jamaicano y madre inglesa, haya sido el momento más emotivo para el 27% de los encuestados. Y el triunfo en los 10.000 metros de Mo Farah, un somalí que llegó a Reino Unido a los ocho años, es citado por el 19%. En tercer lugar, la ceremonia inaugural es mencionada por el 13%.

A

Los Juegos han dado voz a alguna polémica política. El presidente del olimpismo británico, el político conservador Moynihan, ha denunciado la desproporcionada presencia de deportistas procedentes de escuelas privadas entre los ganadores a pesar de que el 93% de los estudiantes del país se educa en públicas. Una desproporción que el diario conservador The Telegraph cree que se asienta en la asfixia económica de las autoridades locales en los años 80 del siglo pasado, que les llevó a vender muchos terrenos de recreo de las escuelas públicas mientras en las privadas siempre se ha invertido en fomentar el deporte.
El alcalde de Londres, el también conservador Boris Johnson, quiere que los niños tengan dos horas diarias de educación física obligatoria en las escuelas. El primer ministro, su colega de partido David Cameron, ha acusado a los profesores de no tomársela en serio y ha defendido la necesidad de fomentar los deportes de competición en ellas. Pero es el actual Gobierno que él preside el que decidió que ni siquiera las dos horas semanales de deporte que impuso el anterior, laborista, sean ya obligatorias.

El fútbol como legado

Por: | 08 de agosto de 2012

Inevitablemente, después de la borrachera de los Juegos Olímpicos llega siempre la resaca del legado. Disfrutar de tres semanas de deporte del más alto nivel y concentrar la atención del mundo nunca es suficiente. Los Juegos se han de justificar como una apuesta para el futuro. En Barcelona, el legado fueron las infraestructuras de transporte y en especial el cinturón de ronda, la transformación de la zona de Poblenou y poner la ciudad en el mapa, convirtiéndola en destino turístico de moda.

El legado de Pekín fue más político: consolidar la imagen de China como potencia económica mundial. Londres, que ya está en el mapa, deja la regeneración de Stratford como bandera de la transformación del East End. A la larga, sin embargo, el gran problema de las capitales olímpicas es qué hacer con el corazón en torno al que palpitan los Juegos: el estadio. El de Múnich se convirtió en mítico estadio de fútbol, trágicamente jubilado antes de tiempo. El de Montjuïc, en cambio, es ya un mausoleo.

ESTADIO
Vista aérea del Estadio Olímpico. / JEFF J MITCHELL (afp)

Para el estadio de Stratford hay grandes planes, pero su futuro aún no está resuelto. En 2010 se decidió que se lo quedara el West Ham United, un club que mantiene las esencias de barrio que caracterizaban al fútbol inglés. El West Ham le ganó la partida al Tottenham, un club más sólido pero que ponía una condición para trasladarse a Stratford: eliminar la pista de atletismo. Topó con el problema de los símbolos y quedó descabalgado.

Aquel acuerdo saltó por los aires porque se opusieron tanto el Tottenham como el Leyton Orient, un minúsculo pero combativo rival local del West Ham que tiene una entrada media de menos de 5.000 personas por partido. Un denunciante anónimo logró paralizar el acuerdo alegando que transferir el estadio gratis al West Ham podía ser considerado una ayuda de Estado y violar las leyes europeas sobre la libre competencia.

El concurso se volvió a abrir, pero esta vez la transferencia se deberá hacer a cambio del pago de un alquiler por el uso de las instalaciones. El West Ham es de nuevo el gran favorito, por delante de otras tres candidaturas aceptadas: un hasta ahora desconocido consorcio privado, Intelligent Transport Services, que propone construir un circuito de Fórmula 1; el UCFB College of Football Business; y el Leyton Orient, que lo que en realidad quiere es compartir el estadio con el West Ham.

El ambiente en el estadio es extraordinario: el rugido de los 80.000 espectadores que lo abarrotan estos días es espectacular. Pero el West Ham moriría en unos pocos años si se trasladara ahí ahora mismo. Le pasaría como al Espanyol en Montjuïc, que ni siquiera escondiendo gran parte de las gradas conseguía tener buen ambiente.

El caso del West Ham tiene mejores perspectivas. Primero, porque ya ahora está instalado en el barrio. Su estadio, oficialmente llamado Boleyn Ground pero conocido como Upton Park, está a poco más de seis kilómetros. El proyecto contempla reducir el aforo de Stratford a 60.000 espectadores, construir palcos comerciales, levantar una nueva cubierta que cubra toda la gradería y no solo a medias como ocurre ahora y construir un sistema de asientos retráctiles que permita cubrir con espectadores la pista de atletismo de forma que se pueda seguir utilizando para competiciones atléticas.

Son condiciones imprescindibles para evitar que al West Ham le pase como al Espanyol. Aún y así, está por ver que un equipo que apenas llena un estadio de 35.000 espectadores (la media el año pasado fue de 31.079, una cifra excelente para un equipo que estaba en el equivalente a la Segunda A española) consiga arrastrar a 60.000 personas a Stratford. Los dueños del club creen que es su gran oportunidad para transformarlo en una potencia futbolística. Quizás sea ese el legado de los Juegos: un club de fútbol. Pero corre el riesgo de que, al igual que la regeneración de Stratford, que ignora a menudo a las comunidades locales, transforme un equipo popular y con gran arraigo local en uno más entre tantos otros clubes que estiran más el brazo que la manga.

ExCeL, poco ‘glamour’, mucha miga

Por: | 07 de agosto de 2012

ExCeL, con tres mayúsculas, podría llevarse la medalla de oro a la instalación olímpica con menos glamour de estos Juegos. Pero, a falta de glamour, le sobra miga. El Exhibition Centre London no es más que una feria de muestras y un centro de convenciones. Una enorme caja de zapatos alargada, sin ninguna pretensión arquitectónica, que se estructura con un pasillo central de servicio que la atraviesa de forma longitudinal. A cada lado del mismo hay sendas naves gigantescas que se subdividen en función del espacio necesario para las exhibiciones del momento.
Hasta ahí, la falta de glamour.


La miga viene de la macedonia de competiciones que se están desarrollando en él. Una curiosísima mezcla de deportes exquisitamente delicados, como la esgrima o el tenis de mesa, con otros más bien rudos, cuando no brutales, como el boxeo (con mujeres incluidas por primera vez en unos Juegos), la lucha libre, la halterofilia o el yudo, aunque quizás el yudo debería estar más bien en la lista de los delicados.
El público es tan heterogéneo como los deportes que se practican. Desde muchachotes del East End que acuden a disfrutar de los de combate hasta familias italianas atraídas por la destreza de sus paisanas en la esgrima.
ExCeL es también el paraíso de países que apenas destacan en los grandes deportes, pero son potencias o, al menos, respetados en otros como la lucha libre, la halterofilia o el yudo, como Azerbaiyán, Irán, Armenia, Kazajistán, Georgia o Mongolia.
La gracia de esa combinación de deportes y aficiones que van de un extremo a otro es que lo que ocurre en ExCeL no deja de ser un reflejo de las diferencias que conforman el municipio en el que se asienta, Newham, uno de los más pobres de Londres. En particular, el Victoria Dock, el antiguo muelle en el que está construido el pabellón ferial, una zona de la ciudad que ha cambiado por completo en los últimos 30 años.


El Victoria era el más grande e importante de los Muelles Reales de Londres, una serie de puertos interiores conectados al Támesis al Este de la capital. Abierto en 1855, tuvo una importancia vital en el comercio británico, especialmente con sus colonias de entonces, aunque no solo. Por ahí entraban frutas tropicales, ganado vivo, tabaco y todo tipo de mercancías. Incluso bien avanzado el siglo XX, el puerto de Londres era uno de los más importantes del país y de toda Europa.
Pero la llegada de los contenedores, con el consiguiente uso de embarcaciones cada vez más grandes y de grúas de descarga también cada vez más grandes, significó el comienzo del declive de los Docklands.
La entrada de Reino Unido en la entonces Comunidad Económica Europea, con el cambio de tendencia en la importación y la exportación de productos, aceleró el bajón. Los Docklands fueron decayendo de forma inevitable y cerraron a principios de los años 80.
Luego llegarían las políticas de regeneración en la era de Margaret Thatcher; la construcción de la zona de oficinas de Cannary Wharf, en la Isle of Dogs; el City Airport y, finalmente, el ExCeL.
Esa regeneración ha atraído a la clase media a los modernos apartamentos con vistas el muelle que rodean al viejo puerto, pero no ha acabado con los problemas sociales.
Newham, uno de los municipios más diversos, con menos del 30% de británicos blancos, tiene un 50% más de paro que la media del país, un 27% de hogares en los que nadie trabaja, peores resultados escolares que la media londinense, dos años y medio menos de expectativa de vida que en el resto de la capital y casi un 50% más de fallecidos a causa de enfermedades circulatorias.

¡Qué más da si llueve o hace sol!

Por: | 06 de agosto de 2012

El clímax de estos Juegos quizás se alcanzó el domingo por la noche en la recta del estadio, cuando Usain Bolt voló para hacerse con el oro de los 100 metros y registrar la segunda mejor marca (9,63s por los 9,58s de su récord mundial) de la historia. Pero el espectáculo va mucho más allá de las pistas de atletismo. Una variopinta muchedumbre da color y calor al evento abarrotando el Parque Olímpico de Stratford.
Decenas de miles de personas pasean cada día por la arteria central que atraviesa el área. El estadio es el epicentro de esa magnífica avenida, salpicada a derecha e izquierda por las restantes instalaciones. Hay dos tipos de edificios que no entran en el programa deportivo, pero ante los que hacen cola cientos de visitantes. La de las tiendas de recuerdos de Londres 2012 es kilométrica. Nadie sabe cuánto tardará en entrar para comprar las mismas camisetas que probablemente se vendan también en el centro de la ciudad. Pero, de la misma manera que no es lo mismo ver una carrera en el estadio que frente al televisor, el fetichista sabe que no es igual una pieza adquirida en el recinto olímpico que en el West End.
Pero quizás las colas más llamativas son las que se forman ante el gigantesco McDonalds. Se sirve la misma comida basura que en cualquier otro McDonalds, pero lo que realmente desean quienes esperan es poder decir que han estado en el más grande del mundo.
Grande es, desde luego. El piso de abajo está consagrado a ordenar, pagar y recoger el producto. Fuera y arriba hay montones de ambientes. Terrazas a cubierto o a pleno sol o... lluvia, según el momento; mesas altas, bajas; mesas de café, redondas, cuadradas; sillas, taburetes, banquetas alargadas; sofás, sillones… Hay más de 20 tronas para bebés perfectamente alineadas, dispuestas para auxiliar a los clientes más jóvenes.
Fuera, la gente camina sin rumbo aparente, disfrutando la experiencia de vivir de cerca unos Juegos. Una banda llamada Martin Luther King, los chicos a los tambores, las chicas haciendo de majorettes, se abre paso entre la multitud. Como no podía ser de otra manera, dominan las banderas británicas colgadas de los hombros como un chal. Los australianos destacan enseguida por su tendencia a moverse en grandes grupos y vestir bermudas verdes y camisetas amarillas.
Cuatro muchachitos holandeses parecen encantados de haberse conocido, vestidos con ajustadísimos trajes de licra: dos de ellos, con los colores de su bandera; los otros dos, con el inconfundible color naranja.
La gente anda sin prisa y, cuando cae un chaparrón, se protege con lo que puede sin apenas prestar atención. Esto es Inglaterra. Y estos son los Juegos. Lo último que preocupa es si llueve o hace sol. Lo único que se busca es no perderse detalle de lo que está pasando. Basta que alguien se pare ante un edificio formado por un montón de cubos metálicos para que otros hagan lo mismo sin saber muy bien por qué. En la azotea hay un estudio de televisión. Quizás haya entrado una vieja gloria del deporte. Quizás no.

 

Visto desde la zona de paseo, el Parque de Stratford es hermoso. Solo se ve césped, flores, riachuelos y canales; las llamativas instalaciones olímpicas, entre las que destaca el velódromo, pero también el curioso pabellón cúbico de plástico, desmontable, en el que se juega la competición de baloncesto.
Nada que ver con el desastroso panorama que se observa desde las calles de servicio que lo rodean, por las que circulan los coches y los autobuses de la familia olímpica. Pero, aunque la vista es fea, se aprecia mejor el mérito de haber levantado el Parque Olímpico entre autopistas, vías férreas y todo tipo de desniveles.

Cara y cruz en Carpenters Estate

Por: | 05 de agosto de 2012

Regeneración es una palabra con doble sentido en Stratford. Para muchos, es sinónimo del poder de transformación de los Juegos Olímpicos. Nuevas comunicaciones, uno de los mayores centros comerciales del mundo, miles de viviendas de nueva planta, el legado de las instalaciones deportivas olímpicas con parque y todo y, quién sabe, a lo mejor hasta un campus universitario.

Sin embargo, para los habitantes del Carpenters Estate, una comunidad que se remonta al siglo XIX, regeneración es sinónimo de muerte. Hasta entonces una comunidad de casitas victorianas para los obreros de las factorías vecinas, Carpenters fue medio destruido por las bombas nazis en la II Guerra Mundial. En los cincuenta, aprovechando los claros dejados por las bombas, se edificaron viviendas sociales para 700 familias, 600 de ellas en tres grandes bloques de 22 pisos de altura cada uno. El barrio se fue degradando.

CARPENTERS
Vista del pub Carpenter Arms, en Carpenters Estate. / IONE SAIZAR

La llegada de los Juegos ha acelerado las prisas del ayuntamiento de Newham por hacer desaparecer lo que a sus ojos se había convertido en un foco de pobreza y conflictividad. Apelando a plagas de hormigas y problemas de asbestos, ha ido despoblándolo poco a poco. Ya solo quedan dos bloques, que apenas alojan a 30 familias entre ambos. Y casi todas las casas bajas están abandonadas.

Estos días, la fachada lateral de los dos bloques está dominada por un inmenso anuncio olímpico de Gillete. La amenaza de ruina de los edificios no ha impedido a la BBC instalar a lo alto de uno de ellos su cuartel general olímpico, con vistas al estadio y al polémico Orbit, la escultura de Anish Kapoor que algunos confunden con una grúa a medio montar.

Una de las víctimas de la regeneración de la zona es Sheamus Clarcke, 45 años, el patrón del pub local, el Carpenters Arms. La paulatina marcha de los vecinos le ha dejado sin clientes. “Hace dos años, esto estaba de bote en bote”, explica con tristeza en los ojos. Lleva 20 años en el barrio y cinco llevando el pub, y se ha gastado mucho dinero en adecentarlo porque les dijeron que allí habría un acceso a los Juegos y pasarían cada día miles de personas. Pero ni hay acceso ni turistas. Apenas la docena de parroquianos de siempre. Peor aún: la posibilidad de que cuajen las gestiones del ayuntamiento para que se instale ahí un campus del University College London, atraído por el legado olímpico, le tiene atado de pies y manos. No se sabe si el barrio morirá poco a poco o de golpe.

A espaldas del Carpenter Arms, se acaba de instalar Jimmy García. Nacido en Inglaterra pero con sangre leonesa, es la otra cara de la moneda: los Juegos son una oportunidad. Ha transformado un viejo almacén en un bar coctelería, restaurante y galería de arte de usar y tirar. Lo que en Inglaterra llaman un pop-up: un local que se explota durante un periodo muy corto de tiempo. Se ha gastado 25.000 libras en transformar el local y ha comprado por 15.000 el derecho a utilizarlo un año. En total, unos 50.000 euros. De momento lo tiene abierto hasta septiembre. Luego ya verá qué hace.

El Annex East Supper Club, como se llama, está a tope de reservas: 36 cubiertos con un moderno menú a 32 libras cada uno. Cócteles y copas aparte. Hay una pantalla gigante para seguir los Juegos y cada día hay alguna actividad especial, desde proyecciones de cine a concursos. El trabajo no le da miedo. “Una noche acabé a la 1.30 de la mañana y a las 4.30 estaba en el mercado. Dormí poco, aquí tirado”, dice señalando al suelo.

Aunque parecía destinado a trabajar en la City, la gastronomía se cruzó en su vida cuando cocinó para amigos y vecinos en su casa de Balham: una noche sirvió 25 cenas. De allí surgió el Southwest Supper Club, Club de Cena del Sudoeste. Luego trabajó, en clubes y galerías en Hackney. Y montó durante cuatro meses un pop-up en Courchevel, en los Alpes franceses. A Jimmy, los Juegos le están sentando mejor que a Sheamus.

Para disfrutar no hace falta entrada

Por: | 04 de agosto de 2012

Aunque Londres no se ha emborrachado de olimpismo, en torno al Parque Olímpico de Stratford sí se viven los Juegos en la calle. La plazoleta que recibe al visitante al salir de la estación de metro bulle de gentío en una tarde de sol esplendoroso. Los afortunados que tienen entradas se cruzan con los que, aunque no las tienen, han decidido acercarse a Stratford para olfatear el aroma del Olimpo, o con local

En el barullo, los voluntarios organizan el tráfico de personas: por aquí, al Parque Olímpico y a Westfield, el centro comercial que hace de antesala de los Juegos; hacia allá, a la estación, un nudo de comunicaciones en el que convergen varias líneas de metro y de tren; cruzando la calle se va al Stratford Centre, la galería comercial que en su día fue moderna y tiene miedo de quedarse obsoleta a la sombra de Westfield.

Pero el Stratford Centre está esta tarde lleno de vida, con un mercadillo en el que brillan frutas y hortalizas de medio mundo, una variedad que compite con el mosaico de razas y colores de los paseantes. Uno puede ahí sorber el jugo de un coco, llevarse un pedazo de caña de azúcar o adquirir una exquisitez jamaicana.

TEAMISLAM
Un hombre reparte propaganda en la que busca conversos al islam. / ione saizar

Fuera, al sol de la plaza, hay también mercadeo, pero de otro tipo. Un nutrido grupo de musulmanes reparte propaganda a la busca de conversos. “Team Islam. Ten éxito. Sé musulmán”, proclaman en folletos y camisetas. Un poco más allá, llaman la atención las cabezas de tigre estampadas en camisetas rojas de otro grupo que va repartiendo octavillas. Denuncian “el genocidio de los tamiles en Sri Lanka”. A un par de calles de ahí, los tamiles protagonizan una huelga de hambre y piden que Sri Lanka sea suspendida de los Juegos Olímpicos, entre otras exigencias. Más parece una cura de ayuno: la huelga empezó el 22 de julio y acabará el 12 de agosto.

Hay un tercer grupo, mucho más discreto a pesar del llamativo azul turquesa de sus camisetas. Son voluntarios del consejo municipal de Newham, al que pertenece Stratford, y uno de los más pobres y diversos de Londres. Para el municipio, como para la media docena más en los que se asienta el Parque Olímpico, los Juegos no han sido solo una oportunidad de incrementar la inversión pública y atraer inversión privada. Es también la ocasión de que se acerque gente que, sin los Juegos, quizás nunca vendría.

TAMIL
Un grupo de personas denuncia el genocidio de los tamiles en Sri Lanka. / ione saizar

Turistas, desde luego, pero también gente como Allan, que vive a una hora de Londres pero se ha acercado a un pub de Stratford “para vivir esta atmósfera de fraternidad y buen entendimiento”, dice mientras apura una caña de cerveza a media tarde. Allan ha elegido un modestísimo pub de un barrio deprimido para disfrutar de esa fraternidad deportiva.

Otros ya conocen Stratford, como Andy. Aunque hace ya tiempo que dejó el barrio, nació y se crió en él. Ya caída la noche, está en un pub de The Grove, con una pinta en la mano, un par ya en el estómago y sin apenas prestar atención al montón de pantallas que le ofrecen el atletismo en directo.

“He venido porque quería vivir la atmósfera de los Juegos. No tengo entradas y tampoco me gastaría un dineral comprándolas, pero esto es algo que solo ocurre una vez en la vida y sentía que tenía que estar aquí. La verdad es que no entiendo a la gente que se queja de que hayan traído los Juegos. Para el barrio, es algo fantástico”, sentencia.

Fuera ya ha dejado de tocar la orquesta que entretenía a los locales. Más abajo, en el Theatre Royal, el Comité Olímpico nigeriano ha instalado durante los Juegos la Casa de Nigeria. El bar está lleno. Se come, se bebe y se charla con gusto. No hace falta tener entradas para disfrutar de los Juegos. Basta con tener ganas.

El ‘tim llibí’ se hace de oro

Por: | 03 de agosto de 2012

Hay pocas cosas más deprimentes en un gran acontecimiento deportivo que una mala actuación del equipo local. Estadios llenos, banderas al viento, euforia, son componentes esenciales del espectáculo. ¿Y qué es el deporte, sino espectáculo, en el siglo XXI? En Londres 2012, el equipo local arrancó con mucha flojera, añadiendo dudas a unos Juegos amenazados por las polémicas: que si la improvisación en seguridad, los líos del transporte, indignantes calvas en las gradas, que si la ciudad está vacía... Tanta flojera hubo que cuatro días sin medallas llevaron a rebajar las expectativas: el sueño de alcanzar 70 medallas se redujo a un máximo de 60.

Pero el Team GB, equipo de Reino Unido, que fonéticamente suena tim lliví, con castizo tono madrileño en la elle, ya está aquí. Al quinto día cayó el primer oro, al sexto nada menos que la triple corona dorada, y ayer siguió la cosecha. Ya ondea la Union Jack en las gradas y empiezan a sonar a coro los gritos de “tim lliví, tim lliví, tim lliví”.

Un grito algo extraño en un país en el que los estadios cantan. Son cánticos con raíces profundas, el cúmulo de miles de citas en la grada, actualizados con la más palpitante actualidad. La música suele ser la misma, pero la letra incorpora la última desgracia ajena: la aventura extraconyugal del capitán del equipo contrario, el inexorable camino hacia el descenso del eterno rival o su inesperada eliminación de la Champions League.

Hoy
Philip Hindes, Jason Kenny y Chris Hoy celebran el oro en la final de persecución por equipos. C KARABA

Todo eso no existe en el deporte olímpico, donde hay que esperar cuatro años entre cita y cita. Y lo que no existe hay que inventarlo. Team GB es un invento. Es una marca comercial. Un artificio utilizado por primera vez en 1996 y patentado por la Asociación Olímpica Británica (BOA) en 1999.

Y es, además, un artificio muy polémico. Por razones deportivas y por razones políticas. Políticas porque Gran Bretaña es un concepto geográfico que se refiere a la más grande de las islas británicas y engloba a las naciones de Inglaterra, Escocia y Gales, lo que deja fuera al cuarto componente de lo que oficialmente es el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. El BOA se defiende con el argumento, cogido por los pelos, de que si el equipo olímpico se llamara Team UK, como parece más lógico, tampoco sería completamente inclusivo porque dejaría fuera a las islas del Canal y los territorios dependientes, como, por ejemplo, las Malvinas.

En el Team GB también hay deportistas de Irlanda del Norte, en concreto cinco, frente a 24 de Gales, 42 de Escocia y 471 de Inglaterra. Y los unionistas norirlandeses, defensores a cal y canto de la pertenencia del norte de Irlanda a la corona británica, se han opuesto siempre a la marca Team GB. Para complicar más las cosas, los norirlandeses que tienen tanto el pasaporte británico como el irlandés, pueden optar entre representar al Team GB o a la República de Irlanda.

No es el único conflicto. Escoceses y galeses recelan de un equipo británico de fútbol, se llame como se llame. Temen perder el privilegio de que Reino Unido disponga de cuatro selecciones nacionales, una por cada una de las home nations. Aunque legalmente no pueden impedir que sus jugadores representen al Team GB, no hay ningún escocés en el equipo masculino de fútbol y solo dos en el femenino, Ifeoma Dieke y Kim Little.

Hay más galeses en el Team GB: cinco en el masculino (Giggs, Bellamy, Ramsey, Allen y Taylor). Pero han marcado las distancias a su manera al abstenerse manifiestamente de cantar el God Save the Queen. Por si acaso.

Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

Eskup

Archivo

agosto 2012

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal