Fuera de juegos

Sobre el autor

Walter Oppenheimer

Walter Oppenheimer es corresponsal de EL PAÍS en Londres y antes lo fue en Bruselas. Y antes de eso pasó bastantes años en la redacción de Barcelona, haciendo un poco de todo. Como tantos periodistas, no sabe de casi nada pero escribe de casi todo.
Este blog pretende dar una visión diferente de la capital británica y cómo vive la cita olímpica más allá del deporte

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Boris busca el oro

Por: | 31 de julio de 2012

Unos días antes de que empezaran los Juegos Olímpicos, los viajeros del metro de Londres escuchaban a veces una voz inconfundible. “¡Hola amigos! Os habla el alcalde. Este es el momento más grande en la vida de Londres desde hace 50 años. Vamos a dar la bienvenida a más de un millón de gente cada día en nuestra ciudad y va a haber una enorme presión en la red de transporte. Que no os pille. Planead vuestro viaje en Internet”.

 Esa voz inconfundible era la de Boris Johnson, alcalde de Londres desde 2008. Político muy peculiar, de imagen deliberadamente desgarbada y gran amante de ir a toda pastilla en bicicleta con traje y corbata de un cierto sobrepeso, Johnson no era alcalde cuando Londres ganó la dominación para los Juegos de 2012. Pero les ha sacado un jugo extraordinario.

Desde hace unas semanas parece haber alcanzado el don de la ubicuidad. Lo mismo está en los altavoces del metro que inaugurando lo que sea en Trafalgar Square, alzando la antorcha olímpica, de visita en el East End o escupiendo metafóricamente al candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Mitt Romney, por atacar a Londres 2012 en vísperas de la inauguración.


 


En esa ocasión apareció el auténtico Boris, como todos le llaman. Con su pelo albino más revuelto que nunca, agarró el micrófono con la excitación de alguien que ve cumplido su sueño de participar en un concurso televisivo de talentos excéntricos, y se dirigió a los 60.000 jóvenes que había en Hyde Park para recibir con música a la llama olímpica. “He oído que hay un tipo llamado Mitt Romney que quiere saber si estamos preparados para organizar los Juegos. Quiere saber si estamos preparados. ¿Estamos preparados? Sí, claro que lo estamos”, vociferó, atropellando las palabras como suele hacer.

Antiguo periodista reconvertido a político, no empezó los Juegos con muy buen pie. Al menos, visto con ojos chinos. En 2008 en Pekín le tocó recibir la bandera olímpica de manos de su homólogo. Lo hizo con el ardor de siempre… y sin abrocharse la americana. Aparentemente, una considerable falta de educación de acuerdo con los cánones chinos.

Desde entonces han pasado siete años. Y aquel político novato, que había ganado la alcaldía de Londres por los pelos gracias a la rapidez mental que había exhibido en varios programas de juegos de palabras en la televisión, se ha convertido en carne de primer ministro. Hoy es el político preferido de los militantes del Partido Conservador para suceder al actual primer ministro, David Cameron, en el liderazgo de los conservadores. Una encuesta publicada hace unos días, en plena fiebre electoral, señala que de los 1.419 activistas tories consultados, el 32% se inclinan por él, claramente por delante del actual ministro de Exteriores, William Hague (24%), y el de Educación, Michael Gove, (19%).

El problema de Boris es que es popular porque es alcalde de Londres pero tiene pocas posibilidades reales de ser primer ministro precisamente porque es alcalde, un cargo incompatible con el de diputado. Y en este país es impensable que se pueda liderar un partido, ya no digamos el Gobierno, sin estar en el parlamento.

Técnicamente, eso tiene fácil arreglo: basta con que dimita un sacrificado colega para que él pueda conseguir su escaño. Pero para eso tendría que dejar la alcaldía y delataría su ambición personal, dañando a su vez sus posibilidades de sustituir a Cameron si este perdiera las elecciones de 2013 o si la crisis le llevara a una dimisión anticipada, algo que en estos momentos nadie anticipa. Pero Boris Johnson siempre tiene un conejo en la chistera. Y haría cualquier cosa por lograr la medalla de oro.

 

Alivios y penurias

Por: | 30 de julio de 2012

Londres 2012 ha pasado una prueba de fuego: el sistema de transporte ha funcionado sin problemas de importancia en el primer día peligroso, una mañana de lunes. Sin embargo, los Juegos ofrecen una imagen más penosa en otros aspectos.

La polémica por las sillas vacías en algunos deportes de máxima demanda ha acaparado la atención. Pero hay también una cadena de pequeños errores que cuestionan la eficacia de la organización: desde la ausencia de infraestructuras vitales, como conexión inalámbrica a Internet en los centros de prensa, hasta la absoluta inflexibilidad de algunos controladores en los accesos de los medios a sus puestos de trabajo en los estadios, la lentitud a veces exasperante del sistema de transporte en el interior del Parque Olímpico o el embudo de público y la escasa señalización a la salida de la ceremonia inaugural, el viernes pasado.

Ha habido también algunos fallos en los sistemas de seguridad, más bien anecdóticos. En el estadio Olímpico se coló la llamada chica de rojo, que desfiló junto al abanderado de la India en la ceremonia inaugural. Ahora se ha sabido que la policía ha perdido un manojo de llaves de las puertas de Wembley y ha debido cambiar las cerraduras.

Un fallo informático dejó inutilizado el sistema de cobro con tarjeta de crédito en los bares de Wembley, dejando a muchos hinchas de fútbol sin beber ni comer en el primer partido de Gran Bretaña. Y otro fallo informático ha dejado sin entradas a los familiares de los finalistas en gimnasia.

La buena noticia es que el sistema de transporte ha funcionado bien en su primera cita crítica, cuando han coincidido los viajeros que iban a trabajar un lunes por la mañana y los que se dirigían a ver los Juegos. Los automovilistas están siguiendo los consejos de las autoridades. Este lunes los atascos han sido aceptables. Y el viernes hubo en Londres un 15% menos de tráfico que en un día normal.

Londres
Un agente de policía controla el tráfico en medio de Londres. ODD ANDERSEN (AFP)

El transporte público ha absorbido bien el incremento de demanda, que las autoridades estimaban en un millón de viajeros y un total de tres millones de viajes adicionales a los 12 millones de un día normal. Unos 3.500 empleados se han desplegado en las estaciones para orientar a los viajeros y muchos usuarios habituales han cambiado sus hábitos para evitar las zonas más conflictivas.

Menos eficiente fue el despliegue montado en el Parque Olímpico a la salida de la inauguración. Los altavoces indicaban hacia qué salida debía dirigirse cada uno en función del medio de transporte que iba a utilizar, pero no había señales de orientación sobre dónde estaban esas salidas. Y frente a las salidas, todas juntas, se formó un gran embudo porque la gente intentaba tomar la que le habían recomendado, cuando en realidad desembocaban todas en el mismo sitio.

El mayor fallo en infraestructuras es la ausencia de wifi en los centros de prensa, impidiendo, ralentizando o encareciendo el uso de herramientas básicas como iPad y móviles. También irrita la extrema lentitud de algunos autobuses que comunican las diversas instalaciones dentro del parque.

Pero el problema que crea más tensiones es la inflexibilidad y autoritarismo de algunos controladores dentro de las mismas instalaciones. El incidente más llamativo se produjo el domingo, cuando un grupo de periodistas, en su mayoría chinos, estuvo a punto de perder los nervios porque por razones desconocidas no les dejaban acceder a la tribuna de prensa en el partido de baloncesto de España contra China, que estaba a punto de empezar.

Otros se han quejado de que el mismo controlador que les había visto entrar y salir muchas veces, de repente les obligaba a dar un gran rodeo para llegar a su pupitre. O no les dejaban pasar con el argumento de que estaba lleno aunque ya estaban ocupando un pupitre. Hubo quienes en la ceremonia de apertura se encontraron con su pupitre ocupado por otros colegas y sus ordenadores desenchufados porque el voluntario había decidido que llevaban demasiado tiempo sin aparecer por el lugar.

Son casos aislados, de importancia relativa y efectos individuales, pero de esas experiencias sale al final la impresión que cada uno se lleva de los Juegos. Hasta ahora, esa impresión es agridulce.

Sobran huecos... y la chica de rojo

Por: | 29 de julio de 2012

A Sebastian Coe, presidente del comité organizador de Londres 2012 (el Locog), lo que más falta le hace en estos momentos es algo que distraiga a la prensa británica, siempre al acecho de la polémica. Lo mejor para él es que el llamado Team GB empiece a ganar medallas de oro. O que empiecen a salir héroes olímpicos, aunque no sean británicos. Pero los Juegos acaban de empezar y lo que hasta ahora más ha llamado la atención no es el deporte, sino las alarmantes calvas que han aparecido en algunos graderíos.

Después de pasarse meses cacareando que estaba todo vendido, el Locog admitió en vísperas de la inauguración que ha tenido que recortar los aforos de fútbol por la escasa venta de entradas y que aún quedaban localidades para varios deportes e incluso en la ceremonia inaugural. Aunque esta acabó colgando el “no hay billetes”.

Lo que no se esperaba nadie es que aparecieran sillas vacías en algunos de los deportes olímpicos más populares, como la gimnasia o la natación, en los que suele haber tortas por conseguir entradas en todas las sesiones. También ha habido huecos en otras modalidades con menos tradición olímpica, como voleibol o tenis.

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Cinco soldados presencian la gimnasia en el North Greenwech Arena. (REUTERS).

Según los organizadores, el problema no está entre las entradas que se han vendido al público, sino en las de las zonas dedicadas a patrocinadores, la familia olímpica, los medios o los deportistas, lo cual no está claro que deba ser un consuelo para el Locog dado el énfasis que siempre han puesto los medios británicos en que se ha privado de demasiadas entradas el público de a pie.

Normalmente, al menos el 20% de las localidades están reservadas, aunque ese porcentaje alcanza el 50% en las sesiones con más demanda, como la ceremonia inaugural o la final de los 100 metros lisos.

“Vamos a poner las cosas claras. Esas instalaciones estaban como latas de sardinas”, ha declarado Sebastian Coe. Se refería, se entiende, a las zonas dedicadas al público que pasa por taquilla. El Locog ha abierto una investigación para averiguar por qué tantos acreditados no acuden a los estadios.

El problema es que esas localidades suelen estar en las mejores posiciones, y con muchas posibilidades de que los vacíos acaben saliendo por televisión. Los organizadores buscan fórmulas para llenarlos y parecen pensar sobre todo en recurrir al ejército por segunda vez en pocos días. Al menos en esta ocasión no sería para que hagan los trabajos que no ha podido hacer la empresa privada de seguridad G4S. Esta vez sería para relajarse cómodamente sentados disfrutando de los Juegos.

Pero no es tan fácil. ¿Cómo se sabe cuándo va realmente a quedar una silla vacía? ¿A la media hora de empezada una de las sesiones, como sugiere el Comité Olímpico Británico? ¿Al cabo de una hora?

La paradoja de esta polémica es un segundo lío, aunque de dimensiones menores y con tintes más simpáticos, al que se enfrenta Londres 2012: la chica de rojo. Es decir, la sonriente joven con tejanos y camiseta roja que el viernes se infiltró en el desfile de la ceremonia inaugural y caminaba junto al abanderado de la India, el luchador Sushil Kumar. Coe he descartado que se hubiera colado desde fuera, saltándose la seguridad, y cree que se trataba de una de las voluntarias de la ceremonia “que se excitó un poco más de la cuenta”. "Intentaremos que no ocurra de nuevo… en la próxima ceremonia inaugural", ironizó.

En las entrañas de la ceremonia

Por: | 28 de julio de 2012

Anxo Cereiro Roibás es un gallego de 46 años que ha vivido 16 en Italia y lleva ya 12 en Inglaterra. Londinense de adopción desde hace una década, ha dedicado más de 500 horas sin cobrar un duro para participar como voluntario en la ceremonia de apertura de Londres 2012. Su papel era hacer de minero de Hamphshire, en la parte del escenario que daba justo enfrente del palco de la reina.

Pero él no llegó a ver a Isabel II. De hecho, ni siquiera sabe si la reina había llegado ya al estadio cuando él lo abandonó, cumplido su papel de minero. Pero, aunque hubiera estado, tampoco la habría visto: primero porque a los figurantes les habían prohibido expresamente mirar hacia las gradas o a las cámaras. 

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Anxo Cereiro Roibás se prepara antes de la ceremonia

Y, segundo, porque bastante faena tenía haciendo de minero y, sobre todo, cumpliendo la tarea más importante: retirar del escenario vallas, pedazos de hierba o matas de trigo como si fuera la vida real y no como un tramoyista que actúa en la oscuridad para que el público no le vea. Hubo dos novedades en la ceremonia inaugural. La más llamativa fue el pebetero, encendido al alimón por un grupo de jóvenes y creado en vivo fundiendo el fuego de docenas de antorchas. La más creativa e ingeniosa fue que el vaciado del escenario campestre inicial formara en sí mismo parte del espectáculo. A Anxo le tocó esa parte, una de las que exigía mayor fuerza física y coordinación con el resto del grupo.

Danny Boyle, el director artístico de la ceremonia, se enfrentaba al reto de las comparaciones con la espectacular apertura de 2008 y sus apabullantes movimientos de masas. Y su opción fue hacer todo lo contrario. “Durante los ensayos nos explicó que él quería que se viera el poder de la gente como individuo dentro de un grupo. Cada uno de nosotros se tenía que comportar como un individuo”, explica Anxo. 

Preseleccionado en septiembre pasado para participar en la ceremonia y asignado al grupo de mineros al pasar el segundo corte en noviembre, Anxo ha dedicado tres y hasta cuatro días a la semana a ensayar, en sesiones de entre siete y 12 horas. Primero, en unas naves industriales cerca de Stratford y luego en unos estudios secretos en Dagenham con las mismas dimensiones que el estadio Olímpico. Si un voluntario hacía campana dos veces, le expulsaban.

“Ha sido muy duro porque ha hecho un tiempo horroroso, mucho frío y mucha lluvia. Y era muy cansado porque hay que levantar mucho peso, aprender los movimientos, coordinarse”, dice. “Al principio pensaba que nuestro grupo se iba a limitar a descargar el escenario, pero luego comprendí que todo eso formaba parte del espectáculo”.

Está encantado de la experiencia. “Esta ciudad me ha dado mucho y era una forma de devolverle una parte de eso”, asegura. Ahora hasta se siente “un poco vacío” al recuperar el tiempo libre de los fines de semana. El día de la ceremonia, como en los dos ensayos generales previos, llegó al Parque Olímpico a las tres y media de la tarde. A las seis empezó a cambiarse y maquillarse con carbón. A las 8, “en filas como en el ejército”, empezaron la marcha hacia el estadio. Aunque ha intervenido en la ceremonia y en dos ensayos generales, no vio el espectáculo: “No sé cómo ha quedado porque solo ves el trozo de escenario en el que estás tú”. No lo grabó, pero lo verá en el iPlayer de la BBC.

Todo empezó en Wenlock

Por: | 27 de julio de 2012

Los británicos se atribuyen una larga lista de invenciones que han cambiado el mundo. Desde el primer coche de motor en 1711, a la fotografía (Thomas Wedgewood en 1802, 34 años antes que el daguerrotipo del francés Louis Daguerre), la radio, la televisión, Internet, el tanque, el radar, el iPod (el primer portátil para discos digitales fue patentado por Kane Kramder en 1979), la bombilla, los sellos de correos, incluso la guillotina (el Halifax Gibbet se inventó en 1286, 500 años antes de que Guillotin la popularizara en la Revolución Francesa) y, pásmense, el descubrimiento de América: dicen que un príncipe galés llamado Madog ab Owain Gwynedd desembarcó en lo que ahora es Alabama en 1170.

La lista de deportes inventados o reglamentados por ellos es interminable, con jalones tan destacados como fútbol, rugby, golf, tenis, boxeo, hockey, pimpón, billar, bádminton, bolos, polo… ¡y los Juegos Olímpicos de la era moderna!

     Nadie discute que los Juegos empezaron en Olimpia en el siglo VIII antes de Cristo. Y se da por establecido que los de la era moderna arrancan con la fundación del Comité Olímpico Internacional por el barón Pierre de Coubertain en 1894. Pero en una pequeña población del centro de Inglaterra llamada Wenlock ya celebraban cada año desde 1850 unos Juegos Olímpicos.

     Fundados por el doctor William Penny Brookes, eran desde el principio unos Juegos abiertos, aunque al principio los participantes extranjeros procedían de ciudades vecinas como Birmingham y Wolverhampton y luego de lugares más lejanos, como Liverpool e incluso Londres.

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William Penny Brookes

     Munch Wenlock, como se llama ahora el lugar, está en la región de Shropshire, a unos 80 kilómetros al noroeste de Birmingham y a 250 kilómetros de Londres. Es un hermoso pueblo de 2.600 habitantes con casas de estilo Tudor, salones de té, restaurantes y, sobre todo, un museo en el que el visitante puede rememorar el origen de los juegos, que este año concluyeron el domingo pasado.

     Tim King acoge radiante a los visitantes en el museo. “Estamos encantados con los Juegos de Londres porque gracias a ellos está viniendo muchísima gente”, explica. Y recuerda que hay una conexión entre los Juegos de Wenlock ­y los de la capital: “La mascota de Londres 2012 se llama Wenlock”.

     Brookes, un médico rural especialmente preocupado por el bienestar de las clases bajas, impulsó los Juegos Olímpicos para “promover la moral física y la mejora intelectual de los habitantes de Wenlock y ciudades vecinas, y en especial de las clases trabajadoras, estimulando el esparcimiento al aire libre y la concesión de premios anuales en encuentros públicos a las habilidades en ejercicios atléticos y la competencia en los logros intelectuales e industriales”.

     Los Juegos empezaban con un desfile de gala con abanderados, jueces y participantes. Mezcla de pruebas atléticas y deportes rurales, se premiaba con medallas de oro, plata y bronce a los tres primeros de cada prueba.

     Coubertain visitó Wenlock en 1890. Cuatro años después fundó el movimiento olímpico y en 1896 se celebraron los primeros Juegos de Atenas. Brookes no llegó a verlos: había muerto el año anterior, a los 86 años. Coubertin escribió entonces: “Si los Juegos Olímpicos que la Grecia Moderna no ha sido aún capaz de revivir aún sobreviven hoy, eso se no se debe a un griego, sino al doctor William Penny Brookes”.

Los hoteles estiran más el brazo que la manga

Por: | 26 de julio de 2012

Londres parece haber estirado más el brazo que la manga. Los hoteles están tan solo al 70% de su capacidad y en los últimos días están rebajando drásticamente los precios para atraer clientela. Hay quien en vísperas de los Juegos se ha alojado por 160 euros en uno de los más lujosos cinco estrellas de Covent Garden, un precio de risa para ese emplazamiento en la capital británica. Y es fácil encontrar apartamentos para dos y cuatro personas a orillas del Támesis y a un cuarto de hora en metro del Parque Olímpico de Stratford por 55 euros por persona y día con Internet, lavadora, cocina y hasta permiso para fumar.

Stratford
Vista de la estación de Stratford, próxima al Parque Olímpico. / Daniel Berehulak (Getty)

     Los sueños de muchos de amasar pequeñas fortunas gracias a los Juegos se han convertido en pesadillas. Mucha gente no ha renovado contrato a inquilinos a los que alquilaban habitaciones con la esperanza de alquilarlas tres, cuatro o cinco veces más caras. “A mí se me iba a quedar vacía en junio una habitación que alquilaba a 350 libras por semana y mi administrador me dijo que ni se me ocurriera alquilarla porque en los Juegos me darían por lo menos 1.000 libras a la semana. La he tenido dos meses vacía y ahora la acabo de alquilar al precio de siempre”, comenta un propietario.

     Las páginas de Internet están llenas de ofertas de alquiler de habitaciones a los precios de siempre, lo que no significa que sean baratas porque en Londres no hay alojamiento barato.

     Los hoteles esperaban forrarse pero solo las cadenas están llenando, gracias la familia olímpica. El comparador de precios Trivago, muy respetado en el sector, sitúa el precio medio registrado para el periodo olímpico en 258 euros por habitación. Por las nubes, sin duda, pero muy lejos de los 406 euros de media que se pedía el 27 de abril para las habitaciones en periodo olímpico.

     Basta entrar en cualquier buscador para darse cuenta de que hay habitaciones en casi todos los hoteles para todos los días de los Juegos. Algunos pedían 640 euros por noche hace seis meses y prácticamente no cerraron  ninguna reserva a ese precio. Ahora se conforman con 190 euros y siguen revisando los precios a la baja día a día. En Knightsbridge, una de las zonas más caras y turísticas de la ciudad, hay un cuatro estrellas a 110 euros. En la City, un cinco estrellas a 170 euros. En Euston, desde donde se llega en minutos al Parque Olímpico sin dejar de estar en el centro, un tres estrellas a 98 euros. Y en Portobello, hostales a 50 libras. “El problema es para los que hayan hecho grandes inversiones en forma de reformas o de campañas de publicidad”, subraya un experto del sector turístico.

          Mark Tanzer, consejero delegado de la asociación de operadores turísticos británicos, ABTA, cree que “a los hoteles corporativos les va bien pero a los individuales les va mal”. A su juicio, los Juegos apenas han afectado el comportamiento de los turistas británicos: “Un 10% se han ido de vacaciones para huir de los Juegos y un 10% han decidido quedarse a verlos en lugar de irse de vacaciones. Lo que ha influido es el mal tiempo de julio, que ha empujado a la gente a irse fuera”.

     A los restaurantes no les va mucho mejor. “Julio ha sido peor que el año pasado y que el de hace dos años”, asegura un restaurador. Hasta ahora no hay problemas para encontrar mesa en Londres, ni siquiera para grupos  de cierto tamaño. Ni siquiera los más grandes de la cocina londinense han puesto el cartel de completo. A media tarde del jueves, en seis de los siete restaurantes con dos estrellas Michelin en los que se puede reservar por Internet, había todavía mesas para la noche del sábado. Solo el Hélène Darroze at the Connaught y los dos que tienen tres estrellas (Alain Ducasse y Restaurant Gordon Ramsay) están completos para esa noche, aunque tienen aún mesas para los demás días.

De la maravilla tecnológica a los Juegos de la austeridad

Por: | 25 de julio de 2012

Ahora es un moderno complejo de oficinas de la BBC en White City, oeste de Londres, con un acogedor jardincillo a la entrada en el que, en un día radiantemente caluroso, la gente se tumba a tomar el sol o se sienta a almorzar en un banco. No faltan alternativas: a lo largo del camino de entrada, un puñado de tenderetes ofrecen hamburguesas, curris, sushi, aceitunas, frutos secos, baklavas… Inevitablemente, no falta un Tesco, la omnipresente cadena de supermercados. Y un puñado de cafeterías y restaurantes.

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Comparación del Estadio Olímpico de Wembley de 1948 y del Estadio Olímpico de Londres de 2012. / BLOM UK (GETTY)

Ahí había antes un estadio capaz de acomodar a 68.000 personas, considerado entonces una maravilla tecnológica. En él se celebraron, en 1908, los primeros Juegos Olímpicos que ha acogido Londres. Los segundos, en 1948, fueron en Wembley. El antiguo Wembley, se entiende. Los terceros empiezan en Stratford, al este de la capital. Ninguna otra ciudad ha sido antes tres veces olímpica.

Hoy, de aquel estadio de White City solo queda un modesto memorial inaugurado el 5 de mayo de 2005 por Jacques Rogge, el presidente del COI. Son unos aros olímpicos pegados a la fachada de uno de los edificios de la BBC con una inscripción que simplemente reza “1908. El Gran Estadio. Shepherds Bush”. Debajo, el medallero de aquellos Juegos, encabezado por Gran Bretaña con 56 medallas de oro, 51 de plata y 38 de bronce. Detrás vienen Estados Unidos (23-12-12) y, con mucho menos metal, Suecia, Francia y Alemania. Algunos nombres dan idea del tiempo que ha pasado desde entonces: Australasia obtuvo cinco medallas. Y, Bohemia, dos de bronce.

En letras más pequeñas están los nombres de todos los atletas que obtuvieron medallas, deporte a deporte. Los 100 metros lisos los ganó el sudafricano Reginald Walker. Gran Bretaña ganó el fútbol. Australasia, el rugby. Y otro estadounidense, Jay Gould, se hizo con el oro en el Jeu de Paume, una especie de tenis que se jugaba con red de voleibol y raqueta menuda.

En la lista no está el gran héroe de aquellos Juegos, el italiano Dorando Petri, que se desplomó varias veces cuando estaba a punto de ganar la maratón y al final cruzó la línea de meta con la ayuda de dos jueces. Le descalificaron y se quedó sin el oro. Pero la reina Alexandra, esposa del rey Eduardo VII, le premió con una copa de plata en reconocimiento a que el atleta nunca pidió que le ayudaran y por lo tanto no había intentado hacer trampa.

En 1927 el Gran Estadio se lo quedó la Asociación de Carreras de Galgos y llegó a acoger hasta 92.000 espectadores. Fue demolido en 1985 para construir los estudios centrales de la BBC.

El Wembley que acogió los juegos de 1948 también fue demolido, en 2003, para construir un Wembley modernizado. Los Juegos de 1948 estuvieron marcados por la pobreza de la posguerra. Eran los primeros desde los de Berlín en 1936 y la ceremonia inaugural se redujo a la música de una banda militar, el desfile de los atletas participantes y muchos discursos.

Fueron los primeros Juegos retransmitidos por televisión, a cargo de la BBC. Y se les conoció como “los Juegos de la austeridad”. Gran Bretaña aún tenía en vigor las cartillas de racionamiento para los alimentos, la gasolina y la vivienda y se pidió a las naciones participantes que se trajeran su comida y, a poder ser, un poco más para repartir. No se construyó ningún edificio. Se instaló una pista de ceniza en Wembley y se adaptaron otras instalaciones ya existentes. Los atletas se alojaron en cuarteles militares, escuelas, universidades y hoteles. Alemania y Japón no fueron invitados a participar. La Unión Soviética de Stalin prefirió no asistir.

La primera estrella de los Juegos no es un deportista

Por: | 24 de julio de 2012

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Vista del montaje de la ceremonia inaugural.

La primera estrella de Londres 2012 no es un deportista. Es el director de cine y creador artístico de la ceremonia inaugural, Danny Boyle, que provoca inquietud entre los amantes de los animales, se peleó con el equipo de la OBS ­–la organización del COI encargada de servir al mundo las imágenes de los Juegos– y se ha enfrentado con la BBC, a la que exige que no realice comentarios durante la ceremonia porque esta será como una película en vivo y ya se entiende sola, sin que nadie la explique.

Boyle, director de Trainspotting y ganador de un Oscar por Slumdog Millionaire, ha trasladado a los Juegos el divismo del mundo del cine, lo que ha incrementado la expectación en torno a la ceremonia inaugural.

Londres compite con un rival de cuidado: la inauguración de Pekín 2008 fue la más espectacular de la historia, aunque a un coste estimado en más de 100 millones de dólares (83 millones de euros), muy por encima de los 27 millones de libras (35 millones de euros) de Londres. La diferencia tiene que salir de la imaginación.

Lo poco que se ha explicado sobre el proyecto causó sorpresa y cierto escepticismo: el césped del estadio olímpico de Stratford se convertirá en una bucólica escena de la campiña inglesa, con sus valles, colinas, su lluvia artificial, mucha hierba y unos cuantos animales vivos, como 12 caballos, tres vacas, dos cabras, 10 pollos, nueve gansos, 70 ovejas y tres perros pastores.

Boyle se comprometió por escrito a que los animales vivirían un retiro dorado después de la ceremonia, pero no podrá cumplir su palabra porque están adiestrados para participar en espectáculos y sus propietarios no piensan jubilarlos. Los defensores del bienestar de los animales le acusan ahora de haberles mentido.

Más calado tiene su enfrentamiento con la OBS. Boyle quiere tratar la ceremonia como una representación visual, no como un espectáculo deportivo, y exigió trabajar con su propio equipo. Hace unos meses se llegó a un pacto: la gente de Boyle cubriría el espectáculo y la OBS el protocolo, como el desfile de participantes y el izado de la bandera olímpica. Pero las heridas se reabrieron en dos frentes: no se ponían de acuerdo sobre el emplazamiento de las cámaras y el espectáculo del director británico se pasa de tiempo.

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Danny Boyle, director y creador artístico de la ceremonia inaugural. / SANG TAN (AP)

Lo primero parece solucionado y el ensayo de principios de semana “ha ido bastante bien”, según un testigo presencial. Pero el espectáculo sigue siendo demasiado largo incluso después de que se haya suprimido uno de los números previstos. “Boyle es una estrella, muy arrogante y una persona muy especial, pero lo que ha habido son tensiones profesionales. Está todo aclarado”, declaró esa fuente. “Pero el problema de la duración no se ha solucionado”, añadió.

La última exigencia del director, impedir que la BBC realice comentarios durante la ceremonia, ha provocado un conflicto con la corporación, que tiene la última palabra y cree que en determinados momentos hay que situar al espectador para que entienda la que está viendo. La discrepancia obligó a un encuentro privado de Boyle con el presentador estrella de los informativos de la BBC, Huw Edwards.

Seguramente los espectadores agradecerán que la BBC no ceda, teniendo en cuenta que el espectáculo se inspira en la obra de Shakespeare La tempestad y recrea, por ejemplo, escenas de la revolución industrial.

Londres 2012 ya tiene su primera estrella olímpica. Ahora solo falta saber si se llevará el oro o será una estrella fugaz.

Las dos almas de Londres

Por: | 24 de julio de 2012

Usain Bolt se sube a un autobús londinense / DYLAN MARTINEZ (REUTERS)
Usain Bolt se sube a un autobús londinense / DYLAN MARTINEZ (REUTERS)

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 nacieron sin padre ni madre: cayeron de la nada para gran sorpresa de los londinenses. Nadie había prestado demasiada atención a una candidatura que parecía poco más que un proyecto virtual: hermosos despliegues infográficos que mostraban la transformación de un erial posindustrial de Stratford, en el deprimido Este de Londres, en un frondoso jardín salpicado de instalaciones deportivas. Hasta el contaminado y moribundo río Lee parecía hermoso en las pantallas de los ordenadores.

Pero Londres ganó y el 6 de julio de 2005 la plaza de Trafalgar estalló en un grito de júbilo por la llegada de los Juegos. La euforia duró poco. Al día siguiente de la designación estallaron cuatro bombas en el sistema de transporte público de la capital británica. De repente, los Juegos volvieron a ser lo que habían sido antes: un inconveniente.

En los siete años transcurridos desde entonces, el debate olímpico ha tenido sobre todo tintes negativos. Los londinenses han visto casi siempre el vaso medio vacío. Los atentados del 7 de julio azuzaron el miedo al terrorismo olímpico. La prioridad económica se centró en reducir al máximo el gasto público en el proyecto, especialmente después de los fiascos del Milenium y del nuevo Wembley. Los vecinos solo pensaban en cuánto les subirían los impuestos y cómo se dispararía el precio de la vivienda en torno a Stratford.

Las instalaciones se han construido dentro del plazo y del presupuesto, sí, pero ¿valdrá la pena soportar el caos de gente y de tráfico durante los Juegos? ¿Para qué tantas incomodidades? ¿Por qué hay que reservar carriles especiales para los coches de la familia olímpica si los hemos pagado con nuestros impuestos?

Gente en un parque londinense junto a un panel promocional de los Juegos / SUZANNE PLUNKETT (REUTERS)
Gente en un parque londinense junto a un panel promocional de los Juegos / SUZANNE PLUNKETT (REUTERS)

Cuando la organización sacó a la venta los primeros lotes de entradas y estas se agotaron en apenas unas horas, se armó un escándalo monumental. En vez de celebrarlo como un augurio de que los Juegos serían un éxito, porque hay pocas cosas más deprimentes en el deporte que un estadio vacío, la prensa empezó a denunciar que millones de británicos se iban a quedar sin localidades. Los problemas con la seguridad han dominado las polémicas del tramo final, quizás con mejores argumentos que las anteriores. También, aunque con menos fuerza porque no se le puede echar la culpa a nadie, el miedo a que la lluvia y el frío de los últimos meses acaben llevando los Juegos al fracaso.

Pero los Juegos no van a ser un fracaso, salvo que realmente caiga el diluvio universal, Londres se colapse, el metro no funcione o haya un sangriento atentado terrorista. Serán un éxito porque los británicos tienen dos almas. La primera les lleva a rechazar todo lo suyo. La segunda les lleva a creer que eso mismo que rechazan es lo mejor del mundo. Los mismos que llevan siete años renegando de los Juegos se envolverán ahora en la bandera para convertirlos en los mejores de la historia. Porque es la misma gente que un día critica el absurdo sistema hereditario de la monarquía y al siguiente se echa a la calle para celebrar los 60 años de la reina en el trono. ¿Que llueve? ¡Qué más da! También llovía, y de qué manera, cuando estaban en la orilla del Támesis contemplando el paso de mil barcos en honor de Isabel II.

El alma autodestructiva de Londres se ha paseado durante siete años por la capital. El alma nacionalista se está ahora acicalando para convertir su ciudad en la más guapa del mundo. Al menos, hasta que se clausuren los Juegos.

El País

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