Pablo Ordaz

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, ahora corresponsal para Italia y el Vaticano, fue durante los últimos años el corresponsal para México, Centroamérica y el Caribe. Desde principios de los 90, escribe reportajes en EL PAÍS.

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Pablo Ordaz

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Expertos en cielos (o Salve, Italia)

Por: | 29 de septiembre de 2011

Turistas en Roma


Llego a Roma sin despedirme de México. Simplemente, porque es imposible despedirse de México. No conozco a nadie que, después de vivir allí unos años, no se haya quedado enganchado para siempre. Aun atravesando el peor momento de su historia –50.000 muertos desde 2007 en una guerra de la que no se vislumbra el final--, los mexicanos siguen echándole ganas y buen humor a la vida, confiando en su país, sabedores de que el día que los políticos dejen de ser tan corruptos y las élites tan insolidarias, el futuro será suyo (nada deseo más y estaré ahí para celebrarlo). Así que, en cuestión de días, paso del futuro que todavía no es al pasado que sigue ocupándolo todo. Roma, me lo dijo Fabrizio durante mi primera clase de italiano, vive todavía abrazada a la historia. La gloria pesa. La gloria mata. Pero, en tiempos de naufragio global, la gloria también es para Roma su tabla de salvación. Desde la mañana a la noche, caudalosos ríos de turistas atraviesan incansables la ciudad sin poder cerrar la boca ante tanta belleza. Sin duda este es el país, me lo dijo mi colega Andrea tomando un café en Madrid, que más ha buscado la belleza, y sin duda el que más la ha encontrado.

Y la sigue buscando. En la forma de hablar, en la forma de vivir, hasta en la forma de discutir del último escándalo de Berlusconi o de la última derrota de la Roma. En México y en Italia, por buscar algún punto de unión, aún no se ha perdido ni la cordialidad ni la buena educación ni el requiebro a la vida. ¿Estaremos los españoles todavía en disposición de decir lo mismo? Es un lujo vivir el día a día entre gente que no se ha olvidado de sonreír.

Y luego, ahí enfrente, cruzando el puente Vittorio Emanuele, está el Vaticano, ahí vive el hombre vestido de blanco que lleva los asuntos de Dios en la tierra. Aun en el actual “eclipse de Dios”, según diagnóstico del propio Ratzinger, la palabra del Papa sigue siendo escuchada y atendida por millones de personas en todo el mundo. Y desde los rincones más apartados llegan cada día a Roma creyentes a la búsqueda de renovar su fe. El otro día, al abordar el avión que me trajo a Roma, una joven monja argentina vestida de azul le preguntó al piloto de Iberia que saludaba al pasaje en la puerta:

- ¿Usted se santigua antes de despegar?

El comandante le contestó rápido:

- Solo cuando voy de pasajero.

Los dos expertos en cielos se sonrieron mutuamente y yo me senté, feliz, junto a la ventanilla de emergencia. Arrivederci México. Salve, Italia.

El País

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