Pablo Ordaz

Sobre el autor

, ahora corresponsal para Italia y el Vaticano, fue durante los últimos años el corresponsal para México, Centroamérica y el Caribe. Desde principios de los 90, escribe reportajes en EL PAÍS.

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Pablo Ordaz

Devueltos a Túnez con cintas de embalar

Por: | 18 de abril de 2012

Imagen 21 Esta es la fotografía y estos son los hechos. Luego haré la pregunta. Aeropuerto de Fiumicino, Roma. 09.20 del martes 17 de abril de 2012. Avión de Alitalia. Línea regular Roma-Túnez. Cuando los pasajeros embarcan se encuentran con la siguiente escena que, mal que bien, reproduce la fotografía: dos jóvenes –en la imagen solo se advierte la presencia de uno— están sentados en la última fila. Sus manos han sido atadas con grilletes de plástico y sus bocas selladas con cinta adhesiva marrón de la que se utiliza para embalar. Se trata de dos inmigrantes tunecinos sin papeles que están siendo repatriados a su país. Alrededor de ellos, de paisano, dos parejas de policías italianos. Los pasajeros van entrando al avión y ocupando sus lugares, sin dar muestras de sorpresa. Uno de ellos, en cambio, no solo se sorprende, sino que se indigna. Se llama Francesco Sperandeo y es cineasta. Se dirige a los policías, les pregunta qué sucede, el por qué de esa mordaza. La respuesta –según ha contado él mismo a través de su página de Facebook—le escandaliza aún más:

--Es todo normal. No se preocupe...

Pero se preocupa. Claro que se preocupa. Al día siguiente lo cuenta en su página y de allí salta a la red y a los periódicos. La cinta marrón tapando sus bocas, los lazos de plástico apretando sus muñecas… y la indiferencia: “Lo más grave es que todo ocurrió ante la total indiferencia de los pasajeros, y ante mi petición de que recibieran un trato humano, fui conminado a volver a mi asiento porque se trataba de una operación normal de la policía. ¿Normal...? Esta es la civilización europea...". Francesco Sperandeo se las arregló para robar una foto con su teléfono móvil, de ahí la pésima calidad, aunque suficiente para sostener la denuncia.

La pregunta es la misma que, a estas horas, los periódicos italianos están intentando que las autoridades respondan. ¿Es normal? ¿Es lícito? ¿Es ético?

Roma contra los centuriones

Por: | 12 de abril de 2012

Imagen 8

Hay, a la sombra del Coliseo y también del Panteón, centuriones octogenarios que arrastran en un carrito de la compra su espada mellada y unas plumas rojas que el tiempo fue destiñendo. Pero son la excepción. La mayoría tiene un perfil mucho más feroz. Disfrazados de cualquier manera, con los calzones Nike asomando bajo la túnica, la cota de malla esculpida en PVC y una espada de madera lista para acorralar a los turistas desprevenidos, lo único auténtico de su indumentaria es el móvil de última generación por el que hablan a voces. No ofrecen, desde luego, la mejor imagen de Roma y de ahí que, hace unos días, las autoridades les advirtieran de que tenían que alejarse del monumento y regularizar su situación. Montaron en cólera, se amotinaron subiéndose al Coliseo –con pancarta y todo, para alucine de los turistas— y, finalmente, el jueves a mediodía la policía municipal, primero por las buenas y luego por las malas, intentó alejarlos del monumento. La que se lió...

Hay dos formas de contarlo. Una es en serio. Como si los hechos no hubieran ocurrido en Roma. Habría que decir entonces que la policía municipal llegó y advirtió a los falsos centuriones, a los dueños de los camiones-bar y a los vendedores ambulantes de que, en virtud de las ordenanzas que velan por el decoro del anfiteatro, tenían que alejarse o serían desalojados. Tal vez en otra ciudad, los aludidos hubieran hecho caso. O, si no, los agentes habrían actuado en consecuencia. Pero no en la vieja Roma, donde la permisividad –cuando no la complicidad— de las autoridades municipales con quienes ocupan la calle de forma abusiva es total y cobra trienios. No hay lugar turístico en Roma --¿y qué lugar no es turístico en Roma?—que no esté invadido por músicos que vociferan durante horas las mismas tres canciones armados de amplificadores infernales, estatuas humanas que compiten por la foto con las fuentes de Bernini y dueños de restaurantes convencidos de que japoneses y americanos han viajado miles de kilómetros con la única intención de degustar sus pizzas. A su vera, doy fe, decenas de amables policías hacen la vista gorda…

Por tanto, no es de extrañar la sorpresa de los aguerridos centuriones cuando comprobaron que, esta vez, la cosa iba en serio. O, mejor dicho, presuntamente en serio. Porque aquí viene la otra forma de contarlo. La forma romana de contarlo. Y para ello no hay mejor ayuda que el vídeo colgado en la web del diario La Repubblica. Vean la teatral intensidad de la refriega, las amenazas, los insultos que se cruzan, la caída en el área de uno de los manifestantes, el gesto congestionado de los policías, hasta la amenaza de uno de los figurantes (esto no sale en el vídeo, pero lo refieren los presentes) que, en el éxtasis del lío, grita:

--¡Que me prendo fuego!

Y vean, también, que no pasa nada. Me apuesto las plumas descoloridas del centurión octogenario que dentro de unos días, si no mañana mismo, las centurias romanas –que, por cierto, estaban formadas por 80 hombres, igual que en Cádiz los cuartetos pueden ser de tres— volverán a esquilmar turistas, espada de madera en mano, a la sombra del Coliseo. Nunca pasa nada. La belleza trimilenaria de Roma y, sobre todo, la paciencia infinita de los romanos lo aguantan todo.

(Foto: Tony Gentile. REUTERS)

 

Una fortuna en propia meta

Por: | 02 de abril de 2012

Imagen 6
Andrea Masiello es un futbolista italiano. Tiene 26 años y juega de defensa en el Atalanta. O, más bien, jugaba: agentes de los Carabinieri lo han detenido esta madrugada acusado de participar en el gran escándalo de las apuestas amañadas. No es el único. Hay otros 20 implicados, nueve de ellos ex futbolistas del Bari, que es el equipo –actualmente en serie B de la liga italiana— en el que Masiello jugaba la pasada temporada. Aunque lo de “jugaba” tiene ahora un doble sentido. El defensa y dos de sus amigos, los corredores de apuestas Giovanni Carella y Fabio Giacobbe, han sido encarcelados bajo la acusación de adulterar nueve de los partidos jugados la pasada temporada por el Bari, que aún estaba en la serie A. ¿Que cómo lo hacían? A veces sutilmente –esa falta innecesaria al borde del área, ese balón al que no se llega por los pelos…-- y otras veces, cuando la necesidad apremiaba, a las bravas.

Así, por ejemplo, sucedió en el partido de la máxima rivalidad local entre el Bari y el Lecce, equipos ambos de la región de Puglia, en el tacón de la bota italiana. El partido terminó con un muy conveniente 0-2. Los del Lecce, que visten de amarillo y rojo, aseguraron así su permanencia en la serie A, mientras los del Bari –ya matemáticamente descendidos a la serie B-- no se jugaban más que la honrilla. Y la honrilla, como todo en todo el mundo y más en Italia, tiene un precio. Según los investigadores, 300.000 euros. Eso fue lo que Andrea Masiello cobró presuntamente por meterse un gol en propia puerta. Si, tras la detención practicada esta madrugada por los Carabinieri, el defensa se ve obligado a abandonar los estadios, no sería de extrañar que el teatro le abriera sus puertas… Pasen y vean en el vídeo de La Repubblica qué manera de desplomarse, qué desolación en la derrota…

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