Pablo Ordaz

Monti, nunca digas nunca jamás

Por: | 13 de septiembre de 2012

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                                                                                                                                                                                                                                             (Mario Monti. Foto: Gobierno de Italia)

Mario Monti se encuentra ahora mismo entre la espada de sus palabras y la pared de sus deseos. No hace ni un año, cuando el actual jefe del Gobierno italiano sustituyó a Silvio Berlusconi --en una operación de ingeniería política patrocinada por Europa y los mercados-- juró y perjuró que su mandato tenía fecha fija de caducidad: las elecciones previstas para la primavera de 2013. En ese momento, los italianos volverían a votar y elegirían de nuevo un Gobierno, mejor o peor, pero con la legitimidad de las urnas --lo que se viene llamando democracia--. A los partidos políticos tradicionales les pareció bien el trato y, aunque a regañadientes, fueron respaldando en el Parlamento las medidas --por lo general, duras-- que Mario Monti y sus tecnócratas consideraron necesarias para que Italia pudiera pasar la cada vez más exigente ITV europea. El problema es que la primavera de 2013 está a la vuelta de la esquina y Monti le está cogiendo gusto al sillón.

Es curioso cómo en los últimos días --aunque casi sería más exacto decir en las últimas horas-- Mario Monti ha ido matizando su no rotundo a continuar en política. Hasta hace una semana, el jefe del Gobierno parecía disfrutar repitiendo que sus vacaciones estaban a un paso, que una vez reflotada la nave a la deriva y puestas las bases para que no se volviera a hundir, el trabajo para el que fue contratado habría llegado a su fin. Italia ya podría volver a caminar sin el tacataca tecnócrata. Pero en esto que, hace unos días, se le empezó a ver la punta a una operación para que Monti continúe al frente del Gobierno una legislatura más. Una operación que ya contamos el lunes, pero que suma más adeptos a cada hora que pasa. Incluso un grupo de profesionales --editores, profesores universitarios, pequeños y grandes empresarios, periodistas-- acaban de fundar un grupo llamado Independientes por Italia con el objetivo de dar cobertura legal a una posible candidatura de Monti. El propio profesor reconoció hace unos días --y no se le veía contrariado precisamente-- que mucha gente se le acerca para pedirle que continúe. También es lo que dicen las encuestas.

A pesar de los recortes, los ciudadanos se siguen fiando más de Monti que de los políticos tradicionales, que en vez de utilizar el año de gobierno técnico para hacer limpieza en casa, siguen enredados en los mismos líos de siempre: peleas intestinas de poder, mal uso del dinero público, privilegios... La derecha del PDL está desaparecida, esperando a ver si Don Silvio --dueño y señor del partido-- se decide a presentarse de nuevo o sigue escondido en la gruta de Vila Certosa. La izquierda continúa dividida (valga la redundancia). El resto lo forman quienes quieren mucho a Monti --el centro de Pier Ferdinando Casini-- y quienes no lo quieren ni en pintura: la Italia de los Valores del ex fiscal Antonio Di Pietro y el Movimiento 5 Estrellas del cómico y bloguero Beppe Grillo, también enredado en peleas internas y televisadas.

O lo que es lo mismo, el lío italiano de (casi) siempre. De ahí que Monti --espejito, espejito...-- empiece a ver claro lo que antes ni quería mirar: su segundo mandato. Hace unas horas, en una entrevista con el diario Washington Post, el jefe del Gobierno tecnócrata dejó abierta por primera vez la posibilidad de continuar: "Debo reflexionar". Y luego reconoció su temor a que, sin él al timón, los partidos vuelvan a las andadas: "Obviamente, estoy preocupado de que en la política italiana todo vuelva a ser como antes...".

El antes al que se refiere Monti es aquel en el que los políticos decían una cosa y hacían otra sin el menor pudor. Si algo hay que reconocerle al veterano profesor es que siempre se prodigó en explicaciones --no como otros-- y llamó al pan pan y al vino vino. Ahora, el que llegó para recuperar la credibilidad de Italia tiene ante sí el reto de conservar la propia.

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Nunca digas nunca jamás, suena a película de James Bond y he aquí una trivia sobre el tema: http://www.dwaroo.com/Play_Quiz.aspx?Gid=1879

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Sobre el autor

, ahora corresponsal para Italia y el Vaticano, fue durante los últimos años el corresponsal para México, Centroamérica y el Caribe. Desde principios de los 90, escribe reportajes en EL PAÍS.

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