Golpe Franco

Sobre el blog

El balonmano español ha logrado todos los títulos de clubes habidos, medallas olímpicas, europeas y dos oros mundiales. Fuera del 40x20, la gloria se esfuma rápido ante la poca hucha y los escasos altavoces de este deporte. Este espacio pretende poner ojos y voz para trasladar lo que surge en la pista fuera de ella. Un golpe franco a la actualidad del balonmano.

Sobre el autor

es periodista, redactor de la sección de Deportes y cubre la actualidad del balonmano.

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El Bera Bera marca el camino

Por: | 16 de marzo de 2014

Berabera

Las jugadoras del Bera Bera celebran la victoria en la Copa de la Reina. / CHEMA MOYA (EFE)

El balonmano femenino sufrió un punto de inflexión en 2012. La medalla de bronce en Londres ponía los focos sobre la mejor generación de jugadoras, al tiempo que la mayoría de ellas iniciaba el éxodo, incapaces como eran los clubes españoles de garantizarles unas condiciones de trabajo dignas. El Itxako, ganador de todo hasta entonces y principal suministrador de jugadoras a la selección tocaba fondo. Fue esa temporada, la 2011-12, la última en la que logró un título. Desde entonces, el Bera Bera no se ha bajado de lo alto del podio en Liga, Supercopa y Copa, título que volvió a conseguir este domingo en Alcobendas al vencer al Rocasa (21-26). No solo cambió la hegemonía, de Estella, en Navarra, a Donosti. También la forma de conseguir esos títulos. El derroche no tiene ya cabida. El Bera Bera marca el camino.

Sobre la pista, cuenta con la mejor defensa, con la internacional Patricia Elorza al frente, a punto de partirse la cara en la final contra el Rocasa. Bajo los palos, una de las porteras más determinantes, con permiso de Silvia Navarro. Ana Temprano volvió a demostrar que está en un momento idílico. 19 paradas suyas terminaron por decantar el triunfo hacia el lado donostiarra. En ataque esta vez destacaron Alba Menéndez y la capitana, Matxalen Ziarsolo, con la garantía que mañana pueden ser otras las protagonistas. “Todas sumamos. El año pasado ganamos la Copa pero sabíamos que no habíamos hecho un buen torneo; este sí, aunque la primera parte de la final estuvimos muy nerviosas”, concede Eli Pinedo, estandarte de este equipo, líder dentro del 40x20, pero también fuera. Suya y de Temprano fue la idea de motivar a sus compañeras desde que llegaron al hotel. Mentalizarlas de que estaban en casa y que aquello no era más que otro paso de los tantos que les quedan por dar. ¿Y si decoramos el pasillo?, le vino a decir la internacional a la portera. Al rato, la ikurriña colgaba de la puerta de una habitación; se leían pequeños carteles con lemas como ‘Cuanto más duro trabajas, más duro será que te rindas’ o ‘Algunas personas quieren que algo ocurra; otras sueñan con que pasará; otras hacen que suceda”. Hasta los espejos de las habitaciones acabaron pintados: “Vamos a demostrarnos a nosotras mismas que podemos ser mejor de lo que fuimos antes de todo esto”, se leía en uno. 

Fotoban

“Es un equipo muy trabajado, muy disciplinado”, celebra el técnico Imanol Álvarez, dos títulos ya (la Supercopa fue el primero) en su primer año al frente del club donostiarra, paradigma para muchos de cómo se deberían hacer las cosas en el balonmano femenino. Un relativo oasis entre tanta tierra quemada resulta este Bera Bera.

“Me he encontrado dentro lo que se ve desde fuera, un club que pelea por hacer bien las cosas en el balonmano femenino”, explica Álvarez, sobre la sección de un club de Donosti que apuesta también por el baloncesto, el rugby, el surf… En el caso del balonmano, cuenta con un presupuesto de 600.000 euros, 200.000 menos aproximadamente que el curso anterior, una cantidad que en su mayor parte proviene de la Diputación, el Gobierno vasco y el Ayuntamiento de San Sebastián. Un dinero con el que quizás no puedan hacer un equipo puntero para lograr un título en Europa, aunque dominen en España, pero con el que, malabares mediante, cumplen con los pagos, consiguen que las jugadoras tengan Seguridad Social… Algo tan básico como anómalo en algunos deportes, no ya en el balonmano.

“No hemos gastado de donde no teníamos”, asegura la responsable de la sección, Tati Garmendia. “Siempre han ofrecido hasta donde podían llegar”, añade Eli Pinedo. A punto de cumplir 33 años, hace un año regresó a su casa, de la que partió más de una década atrás. Anduvo por Itxako, también por la todopoderosa liga danesa. De vuelta, celebra que lo único que ha cambiado ha sido ella, que de joven ha pasado a ser una de las veteranas: “Los valores se mantienen”.

El calvario del falso dopaje

Por: | 14 de marzo de 2014

Handball
Dominikovic, a la derecha, durante un partido con el Hamburgo, su actual equipo.

Cada vez que oye hablar de un nuevo caso sobre dopaje, se revuelve, afloran viejos fantasmas. Superados, aunque nunca olvidados. Davor Dominikovic arrastra desde 2007 el estigma de un falso caso de dopaje, de su época de jugador del Portland San Antonio. Una sentencia del Tribunal Supremo condena ahora al CSD a pagarle 150.000 euros por el error. Es el fin del caso, del calvario del pivote croata de 35 años, hoy en el Hamburgo. La herida sigue sin cicatrizar del todo.

El 20 de diciembre de 2006, Dominikovic, jugador del club navarro y ex del Barcelona entre otros, pasaba un control antidopaje durante la Copa Asobal que se disputaba en León. Un trámite, como tantos. Su equipo cayó en la final ante el Ciudad Real y Dominikovic se marchó a Croacia por Navidad y para preparar con su selección el Mundial de Alemania, que arrancaba el 20 de enero de 2007. A una semana del inicio, sin embargo, el club navarro recibía de la Federación Española la comunicación de que su jugador había dado positivo por un diurético en aquel control de diciembre. Pese a todas las dudas que se ciernen sobre los implicados en estos casos, pocos creyeron que había incumplido las normas. “Montó tal número, se derrumbó de tal forma, llorando sin parar que pensé de inmediato: este chaval no se ha dopado”, recuerda Zupo Equisoaín, entrenador entonces del Portland. A dos días del inicio del Mundial, Croacia apartaba a Dominikovic hasta que no se supiera el resultado del contraanálisis. Un examen que no fue necesario. El 24 de enero el laboratorio de Control de Dopaje de Madrid, dependiente del CSD reconocía un “error administrativo”. La muestra no era del croata. El daño, para entonces, ya estaba hecho. Empezaba la batalla legal, que se prolongado hasta ahora.

“Me perdí siete partidos del Mundial -la Federación Internacional autorizó su inscripción una vez iniciado el campeonato-, y dejé de ir a la selección un año después”, sugiere desde Hamburgo el jugador, uno de los pivotes defensivos más destacados de aquella época. “Desde entonces, cada vez que había un caso de dopaje en Croacia los periodistas me llamaban para ver qué opinaba; les pedí que dejaran de hacerlo, ¡nunca me había dopado, nunca tomé ninguna sustancia!”, rememora Dominikovic. De nada importa su curriculum, en el que luce un oro olímpico, otro mundial y una Copa de Europa, con el Barcelona, entre otros títulos. “Te das cuenta que en la vida deportiva no existe el ayer, solo hay un hoy y un mañana”.

Dominikovic recaló en el campeón de Europa, donde comparte vestuario con Joan Cañellas, este curso, procedente del Ivry, francés. Dejó el Portland en 2010, pero nunca ha olvidado Pamplona. Ni en lo deportivo  -“me apoyaron de forma incondicional desde el primer momento”- ni en lo personal: “Allí nació mi hijo, pasé unos años muy felices y aún conservo muchos amigos, mis vecinos, gente que no tiene nada que ver con el balonmano”.

Siete años después, Dominikovic ha superado aquellos momentos. Es incapaz, sin embargo, de que cada vez que escucha hablar de casos de dopaje no piense en la inocencia del implicado: “Casi todos los positivos lo son, pero, por mi experiencia, siempre soy precavido”. El CSD hará efectivo ahora el pago de la indemnización, que la asume un seguro de responsabilidad civil. “Pero el dinero no podrá devolverme todo lo que he pasado”.

El País

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