Green Jobs

Sobre el blog

Actualidad sobre las oportunidades de negocio de la Economía Verde, el Medio Ambiente, la Energía y la Sostenibilidad, sin olvidar los nuevos nichos de mercado relacionados con el cambio climático y la eficiencia energética.

Sobre EOI

Escuela de Organización Industrial

EOI Escuela de Organización Industrial es la escuela europea de referencia en la formación en gestión medioambiental y energética, siendo la primera escuela en desarrollar este tipo de programas en 1976. Desde entonces, EOI ha abierto líneas de especialización en energías renovables, gestión del agua y huella de carbono, con especial atención al emprendimiento en los sectores productivos de la Economía Verde. En sus cursos se han formado más de 35.000 pymes que se suman a la comunidad de 80.000 antiguos alumnos de la Escuela. EOI, fundada en 1955, es una fundación pública del Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Programas de Medio Ambiente, Energía y Sostenibilidad

Sobre los autores

Profesores del área de Medio Ambiente, Energía y Sostenibilidad de EOI Escuela de Organización Industrial.

Archivo

julio 2014

Lun. Mar. Mie. Jue. Vie. Sáb. Dom.
  1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31      

Sostenibilidad: empresa, formación y pasión

Por: | 11 de junio de 2013

SOSTENIBILIDAD

Hoy en día, se hacen predicciones de todo tipo, pero cuando estas se adivinan ambiguas y por tanto re-interpretables, la conciencia colectiva reacciona instintivamente acogiéndolas con incredulidad. Además, si se le satura de predicciones sobre el mismo concepto, por lógica estadística la mayoría serán fallidas, lo que refuerza el rechazo a confiar de cualquier previsión futura. Es algo que ocurre por ejemplo en Economía o en el ámbito de los efectos del Cambio Climático donde por muy evidentes que sean los conceptos, no se actúa con la determinación necesaria, movidos por la desconfianza a correr el riesgo de perder el pan de hoy, por un potencial pan para mañana.

IGNACIO LAINEZPero sin embargo hay dos aspectos del futuro que, por inercia, gozan de cierta credibilidad:

  • La sociedad  se hará más intercultural, con movimientos, ya no solo de personas, sino de cargas de trabajo, desde y hacia lugares remotos.
  • Es imprescindible el uso de las nuevas tecnologías de información, análisis y comunicación.
  • La sostenibilidad (y la eficiencia como componente imprescindible de ésta) se está consolidando como argumento básico de una sociedad moderna para garantizar su competitividad, presente y futura. Como concepto, se extiende a todos los sectores de actividad y hábitos de comportamiento, desde el consumo energético, la actividad industrial o la alimentación, y también la educación.

Y basados en esta creencia, la sociedad, en algunos lugares más rápido que en otros, se va adaptando para competir y progresar, para asegurar su propia sostenibilidad.

EMPRESA

La mayoría de las empresas son conscientes de esta realidad, y buscan profesionales para moverse en esta dirección, pero no solo profesionales para cubrir áreas de competencia  específicas en estas materias, sino profesionales que en cualquier ámbito de su actividad actúen implícitamente con estas premisas (interculturalidad, tecnología y eficiencia).

Y es aquí, donde la formación de muchos de nuestros estudiantes que se incorporan al mercado laboral debe compararse con la de otros países.

FORMACIÓN

Durante los últimos años viajando, en relación con otros entornos profesionales y geográficos, observo que hay diferencias sistémicas con otras nacionalidades, algo que por otro lado ya ha sido identificado como uno de los lastres de la competitividad de nuestra economía, de nuestro tejido social.

Pero soy optimista, porque la distancia que nos separa de los países mejor preparados profesionalmente es fácil de recuperar, porque esta distancia está compuesta por elementos fáciles de corregir, meras cuestiones técnicas no cubiertas por los centros educativos en general, y otras que forman parte de nuestra cultura, y que una vez superadas harán que el potencial humano ocupe el papel protagonista que le corresponde en el desarrollo económico de nuestra sociedad, adaptándose a la nueva realidad mundial.

Las carencias formativas que se observan mayoritariamente son tres (obviamente son muchas las excepciones que hay, pero aquí me refiero a la clase media de la educación, del centro de la campana de Gauss, de casi todos):

-         Idiomas. Desde hace decenios es la carencia fundamental. No poder comunicar invalida, por mucho que haya para ofrecer.

-         Gestión del propio valor. Un aspecto común a cualquier especialidad es la necesidad  de saber cómo poner en valor el conocimiento o las habilidades propias. Saber aprovechar directamente, por iniciativa propia, los conocimientos adquiridos parece obvio, pero son muchos titulados (la mayoría me atrevería  a decir) que por una razón u otra, no son capaces de emprender por sí mismos disponiendo de un altísimo valor que el mercado demanda.

-         Habilidades complementarias. Un conocimiento experto es necesario pero no suficiente, es imprescindible complementarlo con:

(i) Capacidad y habilidad técnica: disponer de habilidades y recursos técnicos de otras especialidades formativas (por ejemplo la informática para un abogado, o las leyes para un informático).

(ii) Capacidad de relación: trabajo en equipo, habilidades comunicativas y de liderazgo, capacidad de planificación, resolución ‘adhocrática’, etc. Actualmente  pocas escuelas incluyen esta formación pero sí hay interesantes propuestas, como parecen las que siguen las estructuras de aprendizaje cooperativo (Spencer Kegan).

Desde luego que estas tres líneas no definen toda la realidad del problema, son carencias básicas que reducen la competitividad de nuestros profesionales; se sorprenderían de cuántos titulados superiores acuden a entrevistas de trabajo sin estar preparados en cualquiera de  estos ámbitos.

Pero además de la capacitación profesional, hay aspectos sociológicos íntimamente relacionados con esta, que deben ser considerados causa y a la vez consecuencia de ella.

Efectivamente, la percepción propia de estas carencias, al no actuar para paliarlas, fulmina el valor necesario para lanzarse a emprender, o desplazarse, para trabajar en aquello donde de verdad uno encuentra su motivación personal, resignándose a no emprender, a trabajar con el simple objetivo de mantener una calidad de vida, o incluso de subsistir, perdiendo la sociedad dinamismo y capacidad de adaptación, haciéndose vulnerable.

PASIÓN

Y es que por un lado, cuando se está preparado para emprender en aquello que ilusiona, se dispone de tal potencia de motivación que impulsa y potencia el desarrollo personal, y profesional. Cuando confluyen la capacidad y el interés en una misma actividad (‘El Elemento’, como lo define Ken Robinson), ésta se desarrolla con pasión, otorgando el valor necesario para emprender y superarse.

Por otro lado, la inmovilidad geográfica, ya sea por decisión propia o como resultado de impedimentos ajenos,  actúa potenciando las carencias formativas de la sociedad, y lo que es peor, influyendo negativamente sobre las siguientes generaciones.

Y dado que la sostenibilidad y la competitividad de una sociedad, tienen uno de sus pilares en la educación, en una adecuada formación, es aquí donde soy optimista, porque los valores más difíciles de obtener están:

-         Acceso a una formación técnica de alto nivel, incrustada hasta la médula en nuestra estructura educativa.

-         Compromiso y capacidad de trabajo, valores que aquí siempre aparecen en  entornos profesionales, cuando están correctamente motivados.

Pero lo que hace falta también es sencillo. Esa capacidad adicional está al alcance de cualquiera, tan solo falta la propia convicción de su necesidad, y de que verdaderamente es accesible.

En definitiva, que tenemos un buen producto, al que solamente le faltan las instrucciones en inglés, la comercialización y el envoltorio, elementos simples de introducir en la formación, para lograr que la pasión que por estas latitudes abunda impregne nuestro tejido productivo, y el potencial humano disponible, el verdadero motor de desarrollo, arranque en toda su amplitud.

Y hay buenos ejemplos en el pasado reciente, como el de  las energías renovables, un sector industrial de primer nivel, que eclosionó hace pocos años de una semilla con tintes románticos e incluso utópicos, donde la formación reglada era escasa o nula, y donde España es ahora una potencia tecnológica y empresarial.  Másteres y cursos en energías renovables han sido una herramienta fundamental para cubrir las diferencias entre la universidad o la formación profesional y la realidad industrial de un sector en revolución, donde los profesionales españoles han encontrado las herramientas para desarrollarse en aquello que les motiva, y ahora los encontramos por cualquier parte del mundo.

Ignacio  Lainez Aracama, Profesor Energía Eólica en EOI y Director de Evaluación Energética- EDP Renewables

Bancos de hábitat, ¿se podrían implantar en nuestro país?

Por: | 04 de junio de 2013

Los bancos de hábitat tradicionalmente se han entendido como instrumentos de mercado que permiten la transacción de créditos ambientales, obtenidos mediante la preservación, creación, mejora o restauración de un ecosistema, para compensar los débitos generados por daños ambientales derivados de actividades económicas. El número de créditos los asigna la administración, mientras que los precios son fijados por el mercado, de manera que la renta obtenida permita garantizar la conservación a perpetuidad del nuevo capital natural creado.

Miguel Ángel de la calle
Miguel Angel de la Calle, Profesor del Máster Profesional en Ingeniería y Gestión Medioambiental, EOI

Nacen, como tantas otras iniciativas medioambientales, en Estados Unidos a principios de la década de los ochenta y derivan de la Sección 404 de la Ley Federal de Aguas (1972), en la que se fija la política de compensación de humedales. Esta estipula que se pueden otorga permisos especiales para: “perforar, dragar o depositar materiales en humedales o aguas de la nación”, siempre y cuando el solicitante cumpla con la prevención y minimización de los daños y, en el caso de los impactos residuales, compense las pérdidas de recursos y servicios, bajo la premisa de “no pérdida neta de humedales”.

La  citada compensación puede llevarse a cabo a través de los denominados bancos de mitigación (Mitigation banking), opción que ha  ido adquiriendo notoriedad hasta convertirse en la más utilizada. Así, con datos del año 2011, este tipo de bancos estaban presentes en 37 de los 56 Estados. Alrededor de 450.000 acres habían sido protegidos mediante este instrumento, habiéndose generado un mercado anual de unos 2.200 millones de dólares, en el que el valor de los créditos ha oscilado entre los 3.000 y los 600.000 $[1] .

Posteriormente en los años 90, y derivando de las secciones 7 y 10 de la Ley de Especies Amenazadas (1973), que prevé la autorización de actividades que puedan suponer un impactos a dichas especies siempre  que se compensen los impactos residuales, se desarrollaron denominados bancos de conservación (Conservation Banking). Se calcula que 108.670 acres han sido protegidos. Están presentes en 11 Estados y  generan un mercado anual de unos 200 millones de dólares, en el que los precios de los créditos se han movido en una banda  comprendida entre  2.500 y 300.000 $[2]

Otros países como Malasia, Canadá o Australia han seguido la senda de EEUU y cuentan ya con bancos de hábitat desarrollados. Así, en el año 2006, nace en Nueva Gales de Sur el sistema “Biobanking”. Se trata de un sistema muy similar a los bancos de conservación americanos, mediante el cual ya se han protegido unas 2.300 hectáreas. Posteriormente,  en el Estado  de Victoria se creó, en el año 2007,  el denominado sistema BushBroker”, orientado a la protección de la vegetación nativa. Actualmente en este sistema hay disponibles unas 1000 hectáreas.

Entre los países de nuestro entorno, destacan Francia y Reino Unido con experiencias piloto. Pero es Alemania el más avanzado, al haber incorporado estos instrumentos en la Ley de Conservación de la Naturaleza (2002), que faculta a los Lander a introducirlos para compensar los impactos derivados del desarrollo urbanístico. Hoy en día, muchos ayuntamientos germanos se han animado a utilizarlos en el marco de sus competencias de ordenación del territorio.

A tenor de lo expuesto, se puede colegir que los bancos de hábitat no son algo nuevo; tratándose más bien de un instrumento perfectamente desarrollado, ampliamente  experimentado y en vías de expansión. Ligado siempre eso sí,  a  algún tipo de normativa que estimule su demanda.

La pregunta ahora  sería: ¿tenemos base normativa para introducirlos en España?

En nuestro país, los bancos de hábitat están recogidos dentro de las acciones específicas del capítulo VI del Real Decreto 1274/2011, por el que se aprueba el Plan Estratégico del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, lo que constituye un buen punto de partida. Además, en nuestro marco legal contamos con normas que, aunque no mencionan expresamente los bancos de hábitat, sientan las bases para su futura utilidad. Me refiero a la normativa sobre Responsabilidad Ambiental  (Ley 26/2002 y RD 2090/2008) y a las de Evaluación Ambiental (Ley 9/2006 y normativa de desarrollo), actualmente en proceso de modificación.  De hecho, el Borrador del Anteproyecto de Ley de Evaluación Ambiental incorpora en su disposición adicional séptima los bancos de conservación. Por otro lado, representantes del Ministerio Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente anticiparon, en el 11º Congreso Nacional de Medio Ambiente, que ya se habían iniciado los trabajos para poder contar con una norma específica que regule los citados bancos de hábitat.

Llegados a este punto, quizás la siguiente pregunta sería: ¿esta normativa y la situación actual permiten pensar que habrá una demanda suficiente de de este tipo de bancos, como para que se pueda desarrollar un mercado estable?.

Desgraciadamente, en mi opinión la respuesta es no. Pues la escasa aplicación de la normativa de responsabilidad ambiental (menos de 10 expedientes en los 6 años que lleva en vigor) y la falta actual de inversiones que pudieran necesitar compensaciones ambientales de acuerdo a la normativa de evaluación ambiental no hacen pensar en una demanda suficiente.

¿Deberíamos entonces renunciar a implementar este tipo de instrumentos?. En mi opinión tampoco. Pues ahora más que nunca, cuando los recortes y restricciones de los recursos disponibles ponen en peligro la conservación de nuestro patrimonio natural,  necesitamos nuevas alternativas, y los bancos de hábitat podrían ser una de ellas. Para ello, quizás deberíamos elaborar variantes del concepto clásico, adaptándolo a nuestro país y su realidad.

En este sentido y sin perjuicio de que un profundo debate sobre la cuestión arrojará enumeraciones más extensa de variantes, se me ocurren a priori que podríamos deliberar sobre:

  1. Implementar bancos de hábitat a nivel europeo.
  2. Consensuar políticamente y conocer los planes, a 15 ó 20 años, de infraestructuras de todo tipo (viarias, eléctricas, portuarias, ferroviarias, etc.). Esto permitiría tener una idea aproximada de las necesidades de compensación ambiental que se van a precisar, lo que alentaría y daría seguridad a aquellos que se quisieran postular como bancos de hábitat. Si además las compensaciones las implementamos en los corredores de conexión de nuestros espacios protegidos, estaremos contribuyendo notablemente a su conservación.
  3. Crear un mercado secundario regulado y controlado[3], que permita atraer capital privado a la conservación de la naturaleza,  y complemente a la opción descrita en el apartado anterior.

Ya para finalizar, me gustaría resaltar que este tipo de instrumentos pueden servir para generar empleo  y fijar población en el mundo rural. Donde están arraigados valores como: el trabajo, la responsabilidad individual y colectiva, la integración de actividades y personas en la naturaleza,  la amistad, la honradez, la solidaridad, etc. Valores sustanciales para una sociedad más justa y menos expuesta a crisis cómo la actual que, a decir de muchos, además de ser económica lo es también de pérdida de valores.



[1] Madsen, B et al, 2011. Upda: State of biodiversity Markets, Washington, DC: Forest Trends, 31 p.

[2] Madsen, B et al,2010. State o biodoversity Market Report: ofsset an Compensatión  Programs Wrldwide. Ecosystem Marketplaces. 73 p.

[3] Alfaya, V., Bendito, C., y de la Calle, M.A: ¿Tienen sentido los bancos de hábitat en España?. Revista Ecostenible. Nº 18. Noviembre-Diciembre de 2012. Ed. Wolters kluwer España.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal