La falsa Tizona, el falso Don Pelayo

Por: | 09 de enero de 2014

Las-lanzas                                         La Rendición de Breda / Diego Velázquez, Museo del Prado

Fíjense en el cuadro de Velázquez que abre este post. Todos nosotros lo reconocemos y lo hemos visto al menos alguna vez en nuestros libros escolares, La rendición de Breda pintado en 1635, y sabemos que narra una victoria militar de los Tercios de Flandes frente a los holandeses, que no acataban la soberanía de los Habsburgo españoles. Podríamos decir que esa obra del pintor sevillano se ha grabado en nuestra memoria para recordar ese suceso histórico pero a pesar de su apariencia realista, no narra lo que en ese momento ocurrió. El acto de entrega de la llave de la ciudad por Justino de Nassau a Ambrosio de Spínola nunca tuvo lugar y tras un acuerdo mutuamente favorable, las tropas holandesas abandonaban Breda. Hubo asedio, pero no hubo ninguna batalla memorable, y por tanto, no se produjo ese homenaje caballeroso a los derrotados. Si además de esto, añadimos que los tercios que tomaron parte en esa acción militar estaban formados mayoritariamente por extranjeros ¿qué ocurrió en esa capitulación? La Corte española encargó a Velázquez esa pintura con la intención de engrandecer y darle una pátina de gloria a la victoria de Breda que, aun teniendo una gran importancia para la guerra en Flandes, no fue una gesta heroica. Este es uno de los recursos que los gobernantes y las élites han tenido a lo largo de la historia para modificar el imaginario histórico de sociedades enteras y nos han llevado a un conocimiento erróneo del pasado tal y como nos cuenta Miguel-Anxo Murado en La invención del pasado, publicado por Debate.

 El arqueólogo y periodista gallego, colaborador habitual de la BBC y The Guardian, ha escrito libros como Otra idea de Galicia, y en este ensayo escoge una serie de momentos de nuestra historia para demostrar que no podemos defender las decisiones del presente con argumentos del pasado por la sencilla razón de que la historia no puede proporcionarnos ninguna certeza porque sus bases son demasiado débiles e inestables. Teniendo en cuenta que la ideología es el elemento de distorsión más fácil de detectar  y por tanto de corregir, Murado prefiere llevar nuestra atención hacia otros factores menos obvios pero mucho más decisivos a la hora de deformar nuestra conciencia histórica. La finalidad de La invención del pasado sería, según el autor, que el lector de historia adopte una actitud escéptica para intentar conocer lo que ha sucedido porque la historia no puede tener el carácter probatorio que se le atribuye.

Invencion del pasado

Si una de las bases de la investigación histórica es el riguroso análisis de los documentación, en este país esa tarea se convierte en algo prácticamente imposible para conocer algunos períodos concretos como por ejemplo el surgimiento del Reino de Asturias, mito fundacional de España según la historia convencional, tras la invasión musulmana de 711 (otro asunto que se trata en el libro). Murado presenta un panorama desolador para un historiador interesado en el pasado de Asturias pues el problema no es solo la ausencia de documentos contemporáneos que nos transmitan información sino que los que existen son muy posteriores, y falsos casi en su totalidad. Esto se debe a la tarea del obispo Pelayo de Oviedo, que en el siglo XII se dedicó a manipular o inventar todo un corpus documental relacionado con la monarquía asturiana. Las razones que tenía el obispo para llevar a cabo esa tarea parece que eran más de índole material que espiritual y estaban relacionadas con el impulso de su flamante sede obispal.

 Tener que trabajar sobre documentos falsificados es peliagudo pero se puede subir un escalón en la dificultad si el terreno en el que nos movemos es ya el de la pura invención. Esto es lo que el autor define como la 'construcción de la historia' y para ello aborda el caso de Castilla y su imagen histórica. A finales del siglo XII, el reino castellano detentaba un poder político en la península que para sus monarcas, no se compadecía con el pasado que se le atribuía de condado irrelevante y fronterizo. Por ello, la monarquía castellana encargó al arzobispo Ximénez de Rada la misión de que promoviese una versión de los orígenes de Castilla como reino antiguo y glorioso. Su obra máxima será De Rebus Hispaniae y en ella este obispo hace una reelaboración de todo el relato histórico que confiere a la dinastía castellana, y no a la leonesa, la legitimidad de su descendencia de la misma monarquía goda y le añade algunas leyendas sobre una Castilla remotamente independiente. Al igual que en el caso asturiano, aquí Ximénez de Rada tiene motivos personales importantes para crear esa imagen del reino castellano como lícito continuador de la monarquía visigoda ya que el papado tiene que dirimir cuál va a ser la diócesis primada en España y nuestro arzobispo defiende la candidatura de Toledo, la antigua capital del reino visigodo.

 Dentro de este proceso de 'construcción del pasado' a lo largo del siglo XIX y tratando de adaptar las visiones de España que se forjaron con las crónicas alfonsinas o las de Florián de Ocampo y Juan de Mariana, especialmente éste último, aparecen las historias nacionales cuyo máximo exponente será Modesto Lafuente y su Historia General de España. El objetivo de Lafuente y toda una pléyade de intelectuales era plantear el relato histórico en los términos de la identidad nacional española, teniendo cuidado de que lo castellano fuese el componente esencial de esa identidad. José Álvarez Junco nos describe en su gran obra Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX el esquema dominante de estas narraciones: paraíso (España aislada, feliz e independiente), caída (“pérdidas de España bajo Roma, los musulmanes, etc”) y redención (España recupera con el régimen liberal las libertades perdidas). Pero hay que esperar a Menéndez Pidalprimus inter pares de los intelectuales nacionalistas liberales, para que la concepción castellanocéntrica se convierta finalmente en la idea histórica de España. Menéndez Pidal pensaba que el mejor hilo conductor de su teoría, buceando en los elementos esenciales que conforman ese espíritu del pueblo o Volksgeist español, era la lengua y decidió basar sobre el Poema de Mío Cid todo su proyecto histórico. Como recuerda Murado, Pidal usó una obra de arte literaria como un documento válido para la investigación y similar a una crónica periodística. Aunque la historiografía científica se ha ido abriendo camino desde los años 70 del siglo pasado y las contradicciones de este discurso son evidentes, el prestigio de Pidal es tan fuerte que su idea de España sigue dominando el imaginario colectivo.

La importancia de una visión histórica que legitime al régimen político que se asienta en el poder ha hecho que se fomenten iniciativas culturales como el género de la pintura histórica (durante el siglo XIX), los hallazgos arqueológicos, el cuidado de objetos históricos en los museos, la gestión de los lugares que evocan la memoria colectiva (casas natales, espacios protegidos, etc) con el propósito de que el mensaje que nos transmiten sea acorde a la idea histórica de España que esos regímenes han propugnado. Las pinturas traducían al lenguaje plástico “verdades” de la historia mientras que los objetos conservados en los museos nos permitirían palpar ese pasado para recordarlo, pero de acuerdo a una visión que muy frecuentemente llega distorsionada. El problema se hace mayor si hablamos de falsificaciones y Murado nos expone un ejemplo reciente que muchos recordarán y tiene que ver otra vez con la figura del Cid, en esta caso con la Tizona, su famosa espada. En este asunto se mezclan varios aspectos como el contexto neonacionalista de la época del expresidente Aznar, las alegrías presupuestarias de un momento económico boyante, la atracción casi irracional de un objeto mitificado y los intereses de políticos locales mediocres. En diciembre de 2002 la Tizona fue declarada Bien de Interés Cultural, previo informe sobre su autenticidad de la Universidad Complutense de Madrid. No valieron cuatro estudios sucesivos de expertos que determinaban categóricamente que no era la espada del Cid. En 2007 La Junta de Castilla y León pagó 1,6 millones de euros al marqués de Falcés por una espada cuyo valor había quedado tasado en unos seis mil o siete mil euros por los expertos antes mencionados.

 Estos son solo algunos de los ejemplos que Miguel-Anxo Murado trata en su muy interesante ensayo, que termina preguntándose si sirve para algo la historia. Julián Casanova citaba en un reciente artículo cómo entendía Lord Acton (1834-1902) la buena historia al dirigirse a sus colaboradores en la Cambridge Modern History, “nuestro Waterloo debe escribirse de tal forma que satisfaga al mismo tiempo a franceses, ingleses, alemanes y holandeses”. Ya sea a través de la educación o a través de la cultura conmemorativa de valores compartidos, ¿podremos tener en el futuro una noción de la historia de España más cercana a la verdad que a la ficción y que satisfaga a la par a catalanes, andaluces, vascos, gallegos y castellanos? 

Hay 159 Comentarios

Como siempre salen pseudohistoriadores a manejar bibliografía procatalanista en contra de Castilla.Obsérvese que el gallego no menciona nada ni de la falsa tumba del apóstol Santiago, ni de las fantasías históricas del nacionalismo catalán, o vasco,que son el mejor de invención histórico con objetivos actuales en marcha.Orweliano este juntaletras., y nada original.

Un historiador gallego haciendo de menos al reino de la vecina Asturias, vaya novedad...

Sin duda desde Franco, los españoles creiamos haber superado el nacionalismo y parecía que se podría trabajar en una especie de europeismo. Treinta años más tarde vemos que los localismo triunfan, que es normal envolverse en una bandera cada vez que se hace algo importante y el discurso nacionalista se reinventa. Los anglosajones, particularmente RU se ha inventado toda una nueva mítica e historia que ha calado en la imaginación mundial. Los demás nos hemos quedado un poco estancados. Yo no sé si merece la pena vivir una ilusión absurda o es mejor ver como España se resquebraja por su debil discurso historicista. La vida d muchas vueltas :-D cuanto más avanzamos más rápido volteamos y lo que ayer era blanco, pronto será verde!!!

Ocurre en todas las naciones y todos los países. Busquen en Francia, Italia o Alemania algunas de las ficciones de su historia y se sorprenderán.

Señora Doña Ana, se está negando a Breogán, como se podría negar a Santiago en una barca de piedra o Doña Pilar en Zaragoza, no se está negando la identidad cultural atlántica. Pero para identidad cultural, no me lo negará usted , es la mantenida con nuestros vecinos del este, pues que yo sepa, tanto el gallego, como el catalán, el castellano y otros, fabla, bable, etc. si que demuestran una identidad cultural cierta y no basada en consejas en el filo de navaja (¿mentira?, ¿verdad?).

Buenas tardes,
Quería haacer unas precisiones por mi parte:
- La Historia oficial son mitos y como tal deben ser tratados por todas las personas con un mínimo de conocimiento.
- Efectivamente este tratamiento se puede dar a los vascones, catalanes, franceses, italianos y a cualquier nacionalismo.
- Yo recominedo el libro porque es interesante y por lo menos hace que te plantees cuestiones.
- Por favor, Pio Moa es un "ideologo ultraconservador", llamarle historiador es un insulto a la inteligencia.

Excelente artículo. Me ha motivado para comprarme el libro. Es algo que todo el mundo se imagina (la manipulación histórica) pero que con datos se hace una indudable realidad.

Qué cantidad de críticas... de quienes no hemos leído el libro. Si la tesis del libro es que "no podemos defender las decisiones del presente con argumentos del pasado por la sencilla razón de que la historia no puede proporcionarnos ninguna certeza" (copio textualmente) habrá que aceptar (o no) que dicha conclusión es válida para cualquier intento, de cualquier nacionalismo. Y por supuesto que hay manipulaciones e invenciones "mitológicas" en el origen de casi cualquier nación, pero tampoco debería servir de argumento en contra de aspiraciones territoriales o competenciales, digo yo, por la misma razón.

Siendo gallego, más vale que se dedique a desmontar los mitos gallegos, que los hay a patadas, y en algunos hasta se han gastado 3 millones de euros, como por ejemplo el documental sobre Pardo de Cela. El tipo ha trabajado para la Autoridad Palestina, seguro que su historia sobre la invasión árabe, está limpia de prejuicios...

Alf, si a usted le gusta el tema, lo mejor es intentar leer libros de historia pero escritos fuera de nuestro pais.

De siempre un tercio ESPAÑOL ha estado compuesto por picas, arcabuces e incluso ballestas. Por las fechas de la rendición de Breda creo que esta organización militar seguía en vigencia ya que fue totalmente disuelta en el año 1704 aunque sufriera un duro golpe en Rocroi. Respecto a la composición de los mismos de soldados extranjeros era totalmente normal, pues lo que se defendía eran los territorios de los Habsburgo, no de España (aunque España fuera la piedra angular de estos territorios), por tanto, estaba compuesto de borgoñones, valones, portugueses, flamencos, italianos y un largo etcétera siempre resaltando que los mas numerosos eran los Españoles. Leyendo este artículo dudo de si como dice el autor la historia está distorsionada o es él mismo quien la distorsiona (que esta de moda en algunas regiones españolas)

He leído la entrevista del enlace... ¿por qué tienen que existir "historiadores" de izquierdas y de derechas?

Decía Gramsci con respecto a Mussolini que "toda su doctrina se halla reflejada en su máscara física". Creo que toda la poquedad intelectual de Aznar se halla reflejada en esa fotografía en la que luce de "castigador de moros". Sería para reir si el conjunto no resultase tan triste.

En el asedio de Breda estuvo al menos como español el capitán Alatriste, que lo he leído yo.

Este hombre ha descubierto la pólvora. Lo que se menciona en el artículo es sabido por cualquier persona mínimamente informada. Y que los símbolos y los iconos hacen un papel que no desmerecen la realidad histórica.

¿Sabía que todo el mito de los celtas en Galicia es pura patraña? -> Patrania es negarlo, cuando en Galicia, norte de Portugal y otras partes de nuestro pais, hay muchas inscripciones y nombres que provienen de dioses celtas, como Bandua, por ejemplo. Le invito a documentarse en universidades inglesas o portuguesas.

Breogan puede ser un suenio humedo o no, pero lo que si es cierto, y esta comprobado, es que los pueblos del atlantico (como Galicia, Irlanda...) compartieron identidad cultural ( alguna cosa mas jajaja) durante muchos siglos.

Todos los países hacen cosas similares, e incluso peores, eso no justifica que se deba hacer, pero es muy español eso de tirar piedras contra nuestro propio tejado.
Invito al autor a que haga lo mismo con el falso pasado de los Catalanes, Franceses, Vascos.
¿Sabía que todo el mito de los celtas en Galicia es pura patraña?
¿Sabía que los ingleses cuando llegaban a lugares colonizados por los Españoles le cambiaban el nombre y las hacían suyas?
Atrévase con eso si tiene narices.

Todo vale si es para destruir "cierta idea de España" lástima que no se meta también con los mitos fundacionales catalanes, esos seguro que son intocables... y luego llaman a Pio Moa "revisionista".

Carlos, el libro habla sobre la historia de España, no sobre la historia de Catalunya.

He leído el libro, y lo recomiendo vivamente.

Hombre, la historia posiblemente siempre se tergiversa, pero lo hace todo el mundo, no solo Castilla y los castellanos. Y ya puestos, que alguien me diga que verosimilitud tiene las cuatro barras de sangre de "Guifré el Pilós" (contestadas por los aragoneses, quienes se las atribuyen), si el tal Breogán, gallego como el autor del libro en cuestión, no es más que un sueño húmedo de algún monje irlandés del siglo XI... Y que decir de las fantasías andaluzas en torno a Tartesos, cuyo único "documento" arquitectónico real es de poquísima monta y además encontrado en Extremadura. Y así en todo los lugares de España, como al parecer en Roncesvalles, donde los navarros se apuntan una victoria histórica contra los ejércitos de Carlomagno (posiblemente una algarada), y las crónicas francesas dicen que fueron partidas sarracenas de la Taifa de Zaragoza. Y en cuanto al mundo vasco, que decir de aquellas falsificaciones, comprobadas, para confirmar que várdulos, caristios y autrigones eran tríbus vasconas (no lo fueron) y que por lo tanto los vascones habían vivido siempre en el actual País Vasco

Me alegra ver que el desierto científico que dejo Carlos Alonso del Real en la Universidad de Santiago finalmente ha desaparecido

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Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

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Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

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Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

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