La Segunda República: de la fiesta popular al golpe de Estado

Por: | 14 de abril de 2014

SigloXX.14“Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, dejó escrito el rey Alfonso XIII en la nota con la que se despedía de los españoles, antes de abandonar el Palacio Real la noche del martes 14 de abril de 1931. Cuando llegó a París, comienzo de su exilio, Alfonso XIII declaró que la República era “una tormenta que pasará rápidamente”. Tardó en pasar más de lo que él pensaba, o deseaba. Más de cinco años duró esa República en paz, antes de que una sublevación militar y una guerra la destruyeran por las armas.

La República llegó con celebraciones populares en la calle, mucha retórica y un ambiente festivo donde se combinaban esperanzas revolucionarias con deseos de reforma. La multitud se echó a la calle cantando el Himno de Riego y La Marsellesa. Allí había obreros, estudiantes, profesionales. La clase media “se lanzaba hacia la República” ante la “desorientación de los elementos conservadores”, escribió unos años después José María Gil Robles. Y la escena se repitió en todas las grandes y pequeñas ciudades, como puede comprobarse en la prensa, en las fotografías de la época, en los numerosos testimonios de contemporáneos que quisieron dejar constancia de aquel gran cambio que parecía tener algo de magia, llegando de forma pacífica, sin sangre.

A la República la recibieron unos con fiesta y otros de luto. La Iglesia católica, por ejemplo, vivió su llegada como una auténtica desgracia. Con luto, rezos y pesimismo reaccionaron, efectivamente, la mayoría de los católicos, clérigos y obispos ante esa República celebrada por el pueblo en las calles. Y era lógico que así lo hicieran. Como lógico era también que mostraran su desconcierto y estupor todos esos terratenientes ennoblecidos y muchos industriales y financieros con título nobiliario, que perdieron de golpe al rey, su fiel protector, al que muchos de ellos abandonaron en las últimas semanas de su reinado.

El gobierno provisional lo presidía Niceto Alcalá Zamora, ex monárquico, católico y hombre de orden, una pieza clave para mantener el posible y necesario apoyo al nuevo régimen de los republicanos más moderados. Sus ministros, republicanos de todos los colores y tres socialistas, representaban a las clases medias profesionales, a la pequeña burguesía y a la clase obrera militante o simpatizante de las ideas socialistas. Ninguno de ellos, salvo Alcalá Zamora, había desempeñado un alto cargo político con la Monarquía, aunque no eran jóvenes inexpertos, la mayoría rondaba los cincuenta años, y llevaban mucho tiempo en la lucha política, al frente de partidos republicanos y organizaciones socialistas. Tampoco era, frente lo que se ha dicho a menudo, un gobierno de intelectuales. Salvo Manuel Azaña, presente en el gobierno como dirigente de un partido republicano, no estaban allí esos intelectuales que tanto habían contribuido con sus discursos y escritos a darle la estocada a la Monarquía durante 1930. Ni Unamuno, ni Ortega, ni Pérez de Ayala o Marañón. Estos últimos desaparecieron muy pronto además de la vida pública o acabaron incluso distanciados del régimen republicano.

Lo que hizo ese gobierno en las primeras semanas, todavía con la resaca de la fiesta popular, fue legislar a golpe de decreto. Difícil es imaginar, efectivamente, un gobierno con más planes de reformas políticas y sociales. Antes de la inauguración de las Cortes Constituyentes, el gobierno provisional de la República puso en práctica una Ley de Reforma Militar, obra de Manuel Azaña, y una serie de decretos básicos de Francisco Largo Caballero, ministro de Trabajo, que tenían como objetivo modificar radicalmente las relaciones laborales. Tal proyecto reformista encarnaba, en conjunto, la fe en el progreso y en una transformación política y social que barrería la estructura caciquil y el poder de las instituciones militar y eclesiástica.

El camino marcado por el gobierno provisional pasaba por convocar elecciones a Cortes y dotar a la República de una Constitución. “Una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia”, proclamaba el artículo primero de su Constitución, aprobada el 9 de diciembre de 1931, tan solo siete meses después de que cayera la Monarquía de Alfonso XIII.

Esa Constitución, que decía que la República era “un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y de las Regiones”, declaraba también la no confesionalidad del Estado, eliminaba la financiación estatal del clero e introducía el matrimonio civil y el divorcio. Su artículo 36, tras acalorados debates, otorgó el voto a las mujeres, algo que sólo estaban haciendo en esos años los parlamentos democráticos de las naciones más avanzadas.

Constitución, elecciones libres, sufragio universal masculino y femenino, gobiernos responsables ante los parlamentos. En eso consistía la democracia entonces. No era fácil conseguirla y menos consolidarla, porque todas las repúblicas europeas que nacieron en aquellos turbulentos años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, desde Alemania a Grecia, pasando por Portugal, España o Austria, acabaron acosadas por fuerzas reaccionarias y derribadas por regímenes fascistas o autoritarios.

Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso y acelerado de cambio y conflicto, de avances democráticos y conquistas sociales. En los dos primeros años de la República se acometió la organización del ejército, la separación de la Iglesia y del Estado y se tomaron medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra, los salarios de las clases trabajadoras, la protección laboral y la educación pública.

 Pero esa legislación republicana situó en primer plano algunas de las tensiones germinadas durante las dos décadas anteriores con la industrialización, el crecimiento urbano y los conflictos de clase. Se abrió así un abismo entre  varios mundos culturales antagónicos, entre católicos practicantes y anticlericales convencidos, amos y trabajadores, Iglesia y Estado, orden y revolución. La Segunda República pasó dos años de relativa estabilidad, un segundo bienio de inestabilidad política y unos meses finales de acoso y derribo.

 Como consecuencia de esos antagonismos, la República encontró enormes dificultades para consolidarse y tuvo que enfrentarse a fuertes desafíos. En primer lugar, del antirrepublicanismo y posiciones antidemocráticas de los sectores  más influyentes de la sociedad: hombres de negocios, industriales, terratenientes, la Iglesia y el ejército. Tras unos meses de desorganización inicial de las fuerzas de la derecha, el catolicismo político irrumpió como un vendaval en el escenario republicano. Ese estrecho vínculo entre religión y propiedad se manifestó en la movilización de cientos de miles de labradores católicos, de propietarios pobres y “muy pobres”, y en el control casi absoluto por parte de los terratenientes de organizaciones que se suponían creadas para mejorar los intereses de esos labradores. En esa tarea, el dinero y el púlpito obraron milagros: el primero sirvió para financiar, entre otras cosas, una influyente red de prensa local y provincial; desde el segundo, el clero se encargó de unir, más que nunca, la defensa de la religión con la del orden y la propiedad. Y en eso coincidieron obispos, abogados y sectores profesionales del catolicismo en las ciudades, integristas y poderosos terratenientes como Lamamié de Clairac o Francisco Estévanez, que con tanto afán defendieron en las Cortes constituyentes los intereses cerealistas de Castilla; y todos esos cientos de miles de católicos con pocas propiedades pero amantes del orden y la religión.

Dominada por grandes terratenientes y sectores profesionales urbanos, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el primer partido de masas de la historia de la derecha española, creado a comienzos de 1933, se propuso defender la “civilización cristiana”, combatir la legislación “sectaria” de la República y “revisar” la Constitución. Cuando esa “revisión” de la República sobre bases corporativas no fue posible efectuarla a través de la conquista del poder por medios parlamentarios, sus dirigentes, afiliados y votantes comenzaron a pensar en métodos más expeditivos. Sus juventudes y los partidos monárquicos ya habían emprendido la vía de la fascistización bastante ante. A partir de la derrota electoral de febrero de 1936, todos captaron el mensaje, sumaron sus esfuerzos por conseguir la desestabilización de la República y se apresuraron a adherirse al golpe militar.

Si, frente a la democracia, la derecha creía en el autoritarismo, una parte de la izquierda prefería la revolución como alternativa al gobierno parlamentario. La insurrección como métodos de coacción frente a la autoridad establecida fue utilizada primero por los anarquistas y detrás de sus sucesivos intentos insurreccionales –en enero de 1932 y enero y diciembre de 1933- había, esencialmente, un repudio del sistema institucional representativo y la creencia de que la fuerza era el único camino para liquidar los privilegios de clase y los abusos consustanciales al poder. Sin embargo, como la historia de la República muestra, desde el principio hasta el final, el recurso a la fuerza frente al régimen parlamentario no fue patrimonio exclusivo de los anarquistas ni tampoco parece que el ideal democrático estuviera muy arraigado entre algunos sectores políticos republicanos o entre los socialistas, quienes ensayaron la vía insurreccional en octubre de 1934, justo cuando incluso los anarquistas más radicales la habían abandonado ya por agotamiento.

Esas graves alteraciones del orden, como lo había sido ya la fracasada rebelión del general Sanjurjo en agosto de 1932, hicieron mucho más difícil la supervivencia de la República y del sistema parlamentario, demostraron que hubo un recurso habitual a la violencia por parte de algunos sectores de la izquierda, de los militares y de los guardianes del orden tradicional, pero no causaron el final de la República ni mucho menos el inicio de la guerra civil. Y todo porque cuando las fuerzas armadas y de seguridad de la República se mantuvieron unidas y fieles al régimen, los movimientos insurreccionales podían sofocarse fácilmente, aunque fuera con un coste alto de sangre. En los primeros meses de 1936, la vía insurreccional de la izquierda, tanto anarquista como socialista, estaba agotada, como había ocurrido también en otros países, y las organizaciones sindicales estaban más lejos de poder promover una revolución que en 1934. Había habido elecciones en febrero, libres y sin falseamiento gubernamental, en las que la CEDA, como los demás partidos, puso todos sus medios, que eran muchos, para ganarlas y existía un Gobierno, presidido de nuevo por Manuel Azaña,  que emprendía otra vez el camino de las reformas, con una sociedad, eso sí, más fragmentada y con la convivencia más deteriorada que la de 1931. El sistema político, por supuesto, no estaba consolidado y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados.

Nada de eso, sin embargo, conducía necesariamente al final de la República ni a una guerra civil. Ésta empezó porque una sublevación militar debilitó y socavó la capacidad del Estado y del Gobierno republicanos para mantener el orden. El golpe de muerte a la República se lo dieron desde dentro, desde el propio seno de sus mecanismos de defensa, los grupos militares que rompieron el juramento de lealtad a ese régimen en julio de 1936. La división del Ejército y de las fuerzas de seguridad impidió el triunfo de la rebelión, el logro de su principal objetivo: hacerse rápidamente con el poder. Pero al minar decisivamente la capacidad del Gobierno para mantener el orden, ese golpe de Estado dio paso a la violencia abierta, sin precedentes, de los grupos que lo apoyaron y de los que se oponían. En ese momento, y no en octubre de 1934 o en la primavera de 1936, comenzó la guerra civil. Atrás quedaban cinco años de cambio, conflicto, esperanzas rotas y proyectos frustrados. Nada sería ya igual después del golpe de Estado de julio de 1936.

HECHOS A RECORDAR

TRES FASES:

-Bienio reformista (Primero, un gobierno provisional, presidido por Alcalá Zamora; después, a partir de octubre de 1931, gobierno de Azaña, hasta septiembre de 1933)

-Bienio radical-cedista: desde noviembre de 1933 a diciembre de 1933, con gobiernos presididos por dirigentes del Partido Radical de Lerroux, con apoyo de la CEDA de Gil Robles.

-Período del Frente Popular, desde febrero de 1936 hasta el golpe de Estado de julio de 1936. Dos gobiernos: uno de Azaña y otro de Casares Quiroga

La República en paz duró cinco años. Y duró tres años más en guerra, desde julio de 1936 hasta su derrota definitiva el 1 de abril de 1939. Tuvo dos presidentes: Alcalá Zamora, desde diciembre de 1931 (cuando se aprobó la Constitución) hasta abril de 1936 y Manuel Azaña, desde mayo de 1936 hasta el final de la guerra.

Hubo 3 elecciones generales: las Constituyentes, con sufragio universal masculina, ganadas por republicanos y socialistas; las de noviembre de 1933, la primera vez que en España votaban las mujeres, ganadas por el Partido Radical (centro) y la CEDA (derecha católica); y las de febrero de 1936, ganadas por la coalición del Frente Popular, socialistas y republicanos (y algunos comunistas, por primera vez en la historia de España).

Hay 141 Comentarios

Quien debe gobernar España, es un Estado de Derecho Democrático. Se tiene que consensuar una Constitución, cuyo contenido tenga como base y guía la Justicia Social. No valen palabras grandilocuentes ni indicadoras de utopías banales. Los derechos ciudadanos no son para después. Son para comenzar con las legislaturas y ser perfeccionados día a día (incluyendo sábados y domingos, si es necesario). Mientras haya un español sin hogar, salud, escolaridad, mientras otros tienen dinero, fuerza, poder y prepotencia; España no será un Estado de Derecho. Corroídos, como estamos por una brutal corrupción en constante aumento; hay dos soluciones: Rectificar o Naufragar. Sabemos de nuestro pasado, del que debemos aprender. Sabemos en que pozo nos han sumergido los últimos gobiernos. Tenemos la obligación moral de encontrar una solución sin violencia ni sangre, es decir: Honesta e Inteligente.

Eso de que no entendieses al alzamiento militar igual lo relativizabas un poco más si hubieses oido (oído, de su propia voz en una entrevista, sin trampa ni cartón) a un historiador como Claudio Sánchez Albornoz, uno de los que se pueden considerar "republicanos fundadores", ministro con Azaña, decir que él prefería que ganase Franco a que continuase el para él desastre democrático del frente popular, que para él no era sino un golpe de estado contra la república. El problema es que la guerra duró 3 años, pero que para muchos republicanos democráticos el alzamiento estaba justificado es evidente. Por mucho historiador postmoderno de salón. Claudio era historiador pero es que además estaba ahí.

Carlos. Que distintas personas interpreten de distintas maneras un mismo acontecimiento por supuesto que resulta un estupendo ejercicio de pluralidad, por no hablar de su inevitabilidad; nadie tiene de su parte la exclusiva de la razón y la verdad. Que una élite del poder militar, religioso y económico se crea legitimada para imponer a sangre y fuego a sus propios compatriotas esa parcial interpretación de la realidad de la que hablamos, existiendo cauces democráticos para someterla a escrutinio, como ocurría en la República, me resulta repugnante. Es por eso que, quienes aun a día de hoy siguen sin entender algo tan básico, me avergüenzan como español y como demócrata.

No hay forma de hacerse una idea precisa de los motivos que llevaron a la guerra civil... Uno te cuenta que la Republica era fascinante y otro que era el Averno ibérico... Lo cierto es que era una sociedad profundamente dividida, cosa que sigue hoy vigente. Seguro que ni la República era la mamá amorosa que nos vende la izda. Ni la Iglesia católica la bruja piruja.

Disculpa, Locomotoro, pero yo no percibo en casi ningún comentario de los que he leído que "perviva el franquismo". Más bien lo que bastantes comentarios muestran es que muchos no comulgamos con esa mitificación bucólica de la Segunda República que hoy parace haberse impuesto. Lamento de veras que el hecho de que haya opiniones contrarias a la tuya te lleve a sentir vergüenza por ser español. A mí, por el contrario, que todas las opiniones fuesen como la mía (o como la tuya) sí que me lo llevaría a sentir.

Hay quienes, como IU, se empeñan en identificar República con la izquierda. Es algo inexacto. República además no es sinónimo de justicia social. Países como Suecia tienen más justicia social que muchos países europeos que son republicanos. Influye qué partido político gobierne y qué medidas sociales o antisociales adopte. República no es sinónimo de justicia social. República es una magistratura del EStado de carácter electivo y/o representativo. Identificarla con otra cosa es tergiversar el sentido del término y tratar de infundir la idea de que un cambio de régimen puede traer algo que después puede no ser así. Habría que contemplar el sentido de la República más desapasionadamente y más desprovisto de ideologías. República no es sinónimo de izquierdas ni de derechas. Debe ser una institución abierta a todas las ideologías y defendible desde la derecha hasta la izquierda. En caso contrario, estaría abocada al fracaso. Y quede patente que soy republicano y defiendo la institución republicana sobre la monárquica. Es un sistema más democrático que tener una jefatura de estado que se detenta por herencia.

Los historiadores saben como repasar el pasado y extractar las enseñanzas de los fallos que cometieron otras personas y en otras circunstancias.
Pero ahora estamos en otro presente, que requiere tener sentido común y consenso.
Para no repetir el mismo camino, y las mismas torpezas o chapuzas que ya cometieron otros.
O las mismas ignorancias.
Tenemos recientes encima de la mesa una retahíla de asuntos, de hoy que nos ponen en evidencia las carencias de nuestra sociedad.
Que independiente de quien gobierne, tenemos casos de corrupción impunes, cometidos a plena luz del día con el dinero público.
Y una deuda nacional espeluznante, que tenemos que pagar cada uno de los españoles y españolas.
Y los mercados que ponen precio a nuestro dinero y a nuestro futuro para ganar réditos.
Desde detrás de una mesa con aire acondicionado.
Y luego está el precio de la compra, y el trabajo precario, y los colegios, la sanidad, la tercera edad, los precios de los alquileres, la vivienda, la juventud sin brújula ni horizontes fiables.
Y un sin fin de cosas que nos llegan de cerca.
Una clase política sin filtros, que permite que se cometan tropelías dinerarias cerrando los ojos.
Es que da lo mismo para la gente que ya sea Dictadura, República, Monarquía, o una banda de músicos quienes lideren el país.
Mientras se entienda que gobernar es gestionar el dinero público para sacar ganancias a diestro o siniestro.
Sin controles de ningún tipo.
A costa de la gente del montón, y en favor de las élites y de quienes se apuntan siempre a la cúspide del mando que se lleva la mejor parte.
Gobierne quien gobierne.
Que lo hemos entendido hace ya mil años.
Se llama justicia social y no concurso de trileros lo que llaman democracia.

Es un tema que apasiona en demasía. Hoy en día República significa cambiar la jefatura del Estado por una magistratura de carácter electivo. Algunos identifican República con justicia social. No es lo mismo. Suecia es Monarquía parlamentaria y tiene más justicia social que muchos países europeos. En ello han influidos gobiernos con partidos socialdemócratas. República no es sinónimo de justicia social como algunos pretenden. Dependerá de quién gobierne y qué medidas proponga, adopte y/o plantee. República significa únicamente cambiar la forma de Estado por una Jefatura de carácter electivo, fórmula más democrática que una jefatura del Estado que se posee por herencia.

historiografía.(De historiógrafo).1. f. Arte de escribir la historia.2. f. Estudio bibliográfico y crítico de los escritos sobre historia y sus fuentes, y de los autores que han tratado de estas materias.3. f. Conjunto de obras o estudios de carácter histórico.

Además de leer historia es coveniente consultar el diccionario.

Pese a tantísima muerte y destrucción como provocó, los hay que aun insisten en justificar el derrocamiento por la fuerza bruta de la República, para más inri con la colaboración de lo peor de la Europa de aquel momento, el nazismo aleman y el fascismo italiano. Y aun siguen con la excusa del presunto clima de ingobernabilidad del país, cuando los suyos, una vez alcanzado el poder, no hicieron otra cosa que continuar sembrando España con la misma muerte y el mismo terror que ya habían empleado durante la guerra. Tanto dolor ¿para qué? ¿para reinstaurar alguna democracia perdida? ¿algún tipo de orden sin fricciones en el que todos se sintieran representados?. Ni hablar. Para convertirnos en un país atrasado de ordeno y mando con economía de subsistencia en el que se pasaba hambre, un erial cultural de voces engoladas y cuarteleros discursos altisonantes, irrelevante en la escena internacional -cuando el resto de Europa florecía-, un régimen dictatorial sin más leyes que las que dictaban los generalotes, los señoritos y los curas. Pobre República, apenas un suspiro de 5 años de libertad entre siglos y siglos de oscurantismo. Y sin embargo, más presente y deseada que nunca.

Publicado por: Jose Antonio Torrent | 14/04/2014 22:15:20
Jajajajajajaja. Esto es todo lo que consigue la lectura de su post. Continúe, por favor, siga con sus historietas que tanta hilaridad me producen. Gracias.

Hola, amigos. ¡104 comentarios! Y este, ciento cinco. Es que el tema está vivo y apasiona, no cabe duda, a pesar de que algunos se obstinen en mirar hacia otro lado y hagan como el avestruz. Mirarlo de frente y tratar de asimilarlo lo mejor que podamos, creo que debe ser la actitud correcta. Nadie tiene toda la razón, no yo, por supuesto. Todos tenemos una partecita; bueno, algunos una buena tajada porque han buscado más, han investigado más, han encontrado más. Pero la historia no contiene verdades matemáticas, sino humanas y la historia de los hombres continúa, también la pasada, que va variando a medida que la vamos comprendiendo. A mí me parece que fue un buen intento la II República; un intento de cambiar cosas, pero se quiso cambiar demasiado y en muy poco tiempo. Es como si por hinchar un globo de feria de los de antes, se hubiera reventado por soplar demasiado aprisa. Hay un montón de cuestiones abiertas sobre ese momento histórico tan importante.
Lo que yo jamás podré aceptar es que se recurriera a un enfrentamiento bélico para solucionar un problema de gobierno. España fue el único pais importante de Europa donde triunfó el fascismo y sus consecuencias fueron 40 años de dictadura cavernaria, injusticia social, atraso y subdesarrollo, y un sinfín de sufrimientos para la mayor parte del pueblo español, muchos de los cuales se prolongan gracias a los herederos del franquismo: los del PARTIDO POPULAR y los del PSOE, que en el fondo son la misma cosa.

@ Carlos

Mira, majo:

A ver si aprendes tú, y lo primero a escribir. Puntúa y respeta la sintaxis. Hasta las narices de que vengáis los pro-republicanos indocumentados a decirnos que leamos y aprendamos. En este post, la ironía, la elegancia y la argumentación están del lado de los que no tragamos fábulas como la que nos ha contado aquí el señor Casanova. En mi familia se lee y se estudia desde varias generaciones antes de Franco. Para mí la República fue un fracaso décadas antes de que el Pío Moa os soliviantase, cosa en la que tiene mucho éxito porque con estos temas estáis estigmatizados por la propaganda. Mira, Majo:
-El metro fue creado por Alfonso XIII en 1917. es más, él fue accionista de la Compañía.
-Jamás hubo ninguna ley del aborto con la República, eso es una bestialidad. De divorcio sí, ahí acertaste.
- Los reconocimientos a las prostitutas ya estaban establecidos por ley en el siglo XIX. Lee, hombre, lee a Pío Baroja, médico y escritor, por si no lo conoces, que en su trilogía de Madrid, ambientada en sus años mozos, allá por 1880, ya habla de los reconocimientos a las prostitutas. Señor Casanova, yo no sé lo que marca la "historiografía dominante" (la historiografía es a la historia lo que la ideología a las ideas) pero el nivel de los que se creen su fábula clama al Olimpo.

Creo que la República se trajo con ella a un grupo de pesadores españoles con muy buenas intenciones, pero que no sabían como gobernar en democracia, como mismo no sabía el pueblo español como lidiar con ese sistema de gobierno. Los que hubo de no tan buenas intenciones - y hubo muchos - se aprovecharon de la debilidad de los primeros y España cayó en un bache que le llevaba directo a convertirse en una dictadura comunista. No hubo Golpe de Estado. Eso es falso. Al menos no hubo un Golpe exitoso. Hubo, sí, un grupo de militares valientes que se rebelaron contra el caos republicano, previendo además la amenaza de los comunistas, que era manifiesta ya en 1936. A estos militares se sumó medio España y la otra mitad permaneció fiel a los rojos. Ese episodio de la Historia se le conoce como Guerra Civil y fué una consecuencia de la torpeza y de los excesos de la República. Si se contaran las cosas tal y como fueron, no hubieran hoy republicanos en España, pero la Historia se cuenta mal y así se la creen las nuevas generaciones, sn cuestionarse una sola coma. Lo dice el libro y el libro es la Biblia.

Es normal que haya opiniones de un lado y de otro, y todo el mundo se creerá en posesión de la verdad, pero lo que es incuestionable es que las heridas abiertas siguen haciendo sangrar a España y a nadie parece importarle realmente el futuro y evolución de este país, a veces tan cerca de una república bananera. Hasta qué no entendamos el sufrimiento del otro y respetemos la existencia de ideas contrapuestas a las nuestras, este país no evolucionará, y seguiremos en la máxima mediocridad....pero con sol y buena cocina, como en la época de nuestras abuelas.

Estimado Marc: acabo de ver que me has llamado "energúmeno"; bueno, no pasa nada. En todo caso, a los que sólo leéis El País y oís canales de televisión afines, y os armáis de argumentos doctrinarios todas las mañanas para la discusión de la hora del café o los comentarios a estos artículos, de verdad os lo digo: leed otras opiniones, leed otros medios, no hace daño, aunque no compartáis las opiniones o el enfoque; os enriquecerá, ¡que falta os hace!

esto es para santi solo te digo una cosa ley del aborto , ley del divorcio ,las prostitutas pasaban examen medico,el metro de madrid casi nada si no sabes aprende

La república solo gustó entonces y sigue gustando hoy día a los intelectuales, que fueron en buena medida su columna vertebral, los que la habían traído, junto a los socialistas (entonces pocos frente a los anarquistas). Pero los intelectuales no entendieron bien lo que realmente quería el pueblo. Tenían demasiada educación universitaria para entender sus aspiraciones. Y los ricos no pensaron más que en restaurar cuanto antes la monarquía, al precio que fuera. Al final: 40 años de dictadura militar, tras una guerra civil.

Muchas gracias Sr. Casanova por re
ordarnos esta pág.de la Ha. sin acudir a Wikepedia como hacen tantos estudiantes, obteniendo una info solo relativa.
Debió ser un Proyecto que genero muchas ilusiones, y leyes que nos elevaron a un gran prestigio como la ley de Prisiones de la Sra.'Montseny
A ver q preso'aleman'p.ejemplo tiene un vis a vis.
Pero se ve que en España no hay sitio ni derechos para el pueblo.
Véase en la actualidad la deriva mexicana que esta tomando'España.
Y leer algunos de los comentarios, nos dice la dificultad de creernos que somos un Pueblo, y no 2, como quisieran muchos.
Pena, habran los ojos, nosotros les mantenemos, estemos atentos,

Mucho de lo que se planteó en la república, como la reforma agraria muy respetuosa con la propiedad, o la separación iglesia-estado o una educación con menos iglesia. ya se había planteado en tiempos de la monarquía. Alcalá-Zamora fue ministro de Alfonso XIII. Sólo la republica fue transformadora y en sintonía con los verdaderos anhelos de buena parte del pueblo durante la guerra civil. Aparte la gran represión que hubo contra anarquistas y otros en tiempos de Azaña o Gil Robles. Qué pena que las cosas no se cuenten como verdaderamente fueron.

También decir que, eso que se comenta al principio "... cincos años de una República en paz", es cuanto menos no ver, no escuchar, no atender la realidad de esos cincos años. Sin duda que sobre el papel, lo que decía el papel para los ideales republicanos estaba muy bien, pero luego en práctica fue un desastre. Sino, cómo demonios se entiende que, en Europa, una dictadura durase casi 40 años.... eso es para auditarlo.

Era mucha modernizacion en poco tiempo y eso no lo podian soportar los privilegiados.Me hace gracia lo que dijo Alfonso XIII "que perdio el amor de su pueblo" jajaja Sobretodo del pueblo que vivia en la miseria (niños descalzos y sin estudiar) y tanta y tanta pobreza mientras el vivia como un rey en su palacio.

Se entiende que no iba a estar la Iglesia para tirar cohetes, predecían lo que se les venía encima: el anti-clericalismo de la izquierda era manifiesto.

Cuando estudiaba Historia leí "la república fue el último disfraz de la Restauración" o "la república fracasó porque no supo resolver los problemas que le había dejado la monarquía". Hoy se tiende a presentar la república como si fuera un regimen medio socialista, muy progresista, cuando fue más conservador y más parecido a la antigua monarquía de lo que se dice. De ahí su fracaso. Fue la agonía de un régimen liberal decimonónico que no acabó de entender la importancia que había cobrado lo social. Se perdió por los cerros de Úbeda de la iglesia o los militares o los nobles cuando el gran problema, el del hambre, no supo resolverlo. A unos enfureció y a otros decepcionó. No presenten la republica como una "edad de oro" porque poco de eso tuvo.

Decia un comentario de un simpatizante de la Republica, que la pena que fue debil y no guillotino a todos los curas y fascistas como la Revolucion Francesa. Yo no conozco muy bien lo que ocurrio a los curas en la Revolucion Francesa. Fascistas desde luego no habia, sera que el agudo comentarista se refiere con ese apelativo a los aristocratas..

Respecto a la Republica si que matoa a todos los curas y fascistas. Desde luego debil en eso no fue. Solo se escaparon los que estaban del otro lado. En justa correspondencia, la Iglesia declaro la Santa Cruzada, y todos los milicianos que fueron capturados y fueron fusilados.

Todo logico y coherente dentro de una guerra igualmente criminal por ambas partes. Hay que ser muy cerrilomuy ignorante para no verlo.

En el caso del autor del articulo desde luego no es por ignorancia....

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Historia[S]

Sobre el blog

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

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Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".

Javier Herrero es documentalista de EL PAÍS y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. Le interesa indagar en los antecedentes históricos de acontecimientos que saltan a la primera línea informativa.

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