La Segunda República: de la fiesta popular al golpe de Estado

Por: | 14 de abril de 2014

SigloXX.14“Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, dejó escrito el rey Alfonso XIII en la nota con la que se despedía de los españoles, antes de abandonar el Palacio Real la noche del martes 14 de abril de 1931. Cuando llegó a París, comienzo de su exilio, Alfonso XIII declaró que la República era “una tormenta que pasará rápidamente”. Tardó en pasar más de lo que él pensaba, o deseaba. Más de cinco años duró esa República en paz, antes de que una sublevación militar y una guerra la destruyeran por las armas.

La República llegó con celebraciones populares en la calle, mucha retórica y un ambiente festivo donde se combinaban esperanzas revolucionarias con deseos de reforma. La multitud se echó a la calle cantando el Himno de Riego y La Marsellesa. Allí había obreros, estudiantes, profesionales. La clase media “se lanzaba hacia la República” ante la “desorientación de los elementos conservadores”, escribió unos años después José María Gil Robles. Y la escena se repitió en todas las grandes y pequeñas ciudades, como puede comprobarse en la prensa, en las fotografías de la época, en los numerosos testimonios de contemporáneos que quisieron dejar constancia de aquel gran cambio que parecía tener algo de magia, llegando de forma pacífica, sin sangre.

A la República la recibieron unos con fiesta y otros de luto. La Iglesia católica, por ejemplo, vivió su llegada como una auténtica desgracia. Con luto, rezos y pesimismo reaccionaron, efectivamente, la mayoría de los católicos, clérigos y obispos ante esa República celebrada por el pueblo en las calles. Y era lógico que así lo hicieran. Como lógico era también que mostraran su desconcierto y estupor todos esos terratenientes ennoblecidos y muchos industriales y financieros con título nobiliario, que perdieron de golpe al rey, su fiel protector, al que muchos de ellos abandonaron en las últimas semanas de su reinado.

El gobierno provisional lo presidía Niceto Alcalá Zamora, ex monárquico, católico y hombre de orden, una pieza clave para mantener el posible y necesario apoyo al nuevo régimen de los republicanos más moderados. Sus ministros, republicanos de todos los colores y tres socialistas, representaban a las clases medias profesionales, a la pequeña burguesía y a la clase obrera militante o simpatizante de las ideas socialistas. Ninguno de ellos, salvo Alcalá Zamora, había desempeñado un alto cargo político con la Monarquía, aunque no eran jóvenes inexpertos, la mayoría rondaba los cincuenta años, y llevaban mucho tiempo en la lucha política, al frente de partidos republicanos y organizaciones socialistas. Tampoco era, frente lo que se ha dicho a menudo, un gobierno de intelectuales. Salvo Manuel Azaña, presente en el gobierno como dirigente de un partido republicano, no estaban allí esos intelectuales que tanto habían contribuido con sus discursos y escritos a darle la estocada a la Monarquía durante 1930. Ni Unamuno, ni Ortega, ni Pérez de Ayala o Marañón. Estos últimos desaparecieron muy pronto además de la vida pública o acabaron incluso distanciados del régimen republicano.

Lo que hizo ese gobierno en las primeras semanas, todavía con la resaca de la fiesta popular, fue legislar a golpe de decreto. Difícil es imaginar, efectivamente, un gobierno con más planes de reformas políticas y sociales. Antes de la inauguración de las Cortes Constituyentes, el gobierno provisional de la República puso en práctica una Ley de Reforma Militar, obra de Manuel Azaña, y una serie de decretos básicos de Francisco Largo Caballero, ministro de Trabajo, que tenían como objetivo modificar radicalmente las relaciones laborales. Tal proyecto reformista encarnaba, en conjunto, la fe en el progreso y en una transformación política y social que barrería la estructura caciquil y el poder de las instituciones militar y eclesiástica.

El camino marcado por el gobierno provisional pasaba por convocar elecciones a Cortes y dotar a la República de una Constitución. “Una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia”, proclamaba el artículo primero de su Constitución, aprobada el 9 de diciembre de 1931, tan solo siete meses después de que cayera la Monarquía de Alfonso XIII.

Esa Constitución, que decía que la República era “un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y de las Regiones”, declaraba también la no confesionalidad del Estado, eliminaba la financiación estatal del clero e introducía el matrimonio civil y el divorcio. Su artículo 36, tras acalorados debates, otorgó el voto a las mujeres, algo que sólo estaban haciendo en esos años los parlamentos democráticos de las naciones más avanzadas.

Constitución, elecciones libres, sufragio universal masculino y femenino, gobiernos responsables ante los parlamentos. En eso consistía la democracia entonces. No era fácil conseguirla y menos consolidarla, porque todas las repúblicas europeas que nacieron en aquellos turbulentos años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, desde Alemania a Grecia, pasando por Portugal, España o Austria, acabaron acosadas por fuerzas reaccionarias y derribadas por regímenes fascistas o autoritarios.

Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso y acelerado de cambio y conflicto, de avances democráticos y conquistas sociales. En los dos primeros años de la República se acometió la organización del ejército, la separación de la Iglesia y del Estado y se tomaron medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra, los salarios de las clases trabajadoras, la protección laboral y la educación pública.

 Pero esa legislación republicana situó en primer plano algunas de las tensiones germinadas durante las dos décadas anteriores con la industrialización, el crecimiento urbano y los conflictos de clase. Se abrió así un abismo entre  varios mundos culturales antagónicos, entre católicos practicantes y anticlericales convencidos, amos y trabajadores, Iglesia y Estado, orden y revolución. La Segunda República pasó dos años de relativa estabilidad, un segundo bienio de inestabilidad política y unos meses finales de acoso y derribo.

 Como consecuencia de esos antagonismos, la República encontró enormes dificultades para consolidarse y tuvo que enfrentarse a fuertes desafíos. En primer lugar, del antirrepublicanismo y posiciones antidemocráticas de los sectores  más influyentes de la sociedad: hombres de negocios, industriales, terratenientes, la Iglesia y el ejército. Tras unos meses de desorganización inicial de las fuerzas de la derecha, el catolicismo político irrumpió como un vendaval en el escenario republicano. Ese estrecho vínculo entre religión y propiedad se manifestó en la movilización de cientos de miles de labradores católicos, de propietarios pobres y “muy pobres”, y en el control casi absoluto por parte de los terratenientes de organizaciones que se suponían creadas para mejorar los intereses de esos labradores. En esa tarea, el dinero y el púlpito obraron milagros: el primero sirvió para financiar, entre otras cosas, una influyente red de prensa local y provincial; desde el segundo, el clero se encargó de unir, más que nunca, la defensa de la religión con la del orden y la propiedad. Y en eso coincidieron obispos, abogados y sectores profesionales del catolicismo en las ciudades, integristas y poderosos terratenientes como Lamamié de Clairac o Francisco Estévanez, que con tanto afán defendieron en las Cortes constituyentes los intereses cerealistas de Castilla; y todos esos cientos de miles de católicos con pocas propiedades pero amantes del orden y la religión.

Dominada por grandes terratenientes y sectores profesionales urbanos, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el primer partido de masas de la historia de la derecha española, creado a comienzos de 1933, se propuso defender la “civilización cristiana”, combatir la legislación “sectaria” de la República y “revisar” la Constitución. Cuando esa “revisión” de la República sobre bases corporativas no fue posible efectuarla a través de la conquista del poder por medios parlamentarios, sus dirigentes, afiliados y votantes comenzaron a pensar en métodos más expeditivos. Sus juventudes y los partidos monárquicos ya habían emprendido la vía de la fascistización bastante ante. A partir de la derrota electoral de febrero de 1936, todos captaron el mensaje, sumaron sus esfuerzos por conseguir la desestabilización de la República y se apresuraron a adherirse al golpe militar.

Si, frente a la democracia, la derecha creía en el autoritarismo, una parte de la izquierda prefería la revolución como alternativa al gobierno parlamentario. La insurrección como métodos de coacción frente a la autoridad establecida fue utilizada primero por los anarquistas y detrás de sus sucesivos intentos insurreccionales –en enero de 1932 y enero y diciembre de 1933- había, esencialmente, un repudio del sistema institucional representativo y la creencia de que la fuerza era el único camino para liquidar los privilegios de clase y los abusos consustanciales al poder. Sin embargo, como la historia de la República muestra, desde el principio hasta el final, el recurso a la fuerza frente al régimen parlamentario no fue patrimonio exclusivo de los anarquistas ni tampoco parece que el ideal democrático estuviera muy arraigado entre algunos sectores políticos republicanos o entre los socialistas, quienes ensayaron la vía insurreccional en octubre de 1934, justo cuando incluso los anarquistas más radicales la habían abandonado ya por agotamiento.

Esas graves alteraciones del orden, como lo había sido ya la fracasada rebelión del general Sanjurjo en agosto de 1932, hicieron mucho más difícil la supervivencia de la República y del sistema parlamentario, demostraron que hubo un recurso habitual a la violencia por parte de algunos sectores de la izquierda, de los militares y de los guardianes del orden tradicional, pero no causaron el final de la República ni mucho menos el inicio de la guerra civil. Y todo porque cuando las fuerzas armadas y de seguridad de la República se mantuvieron unidas y fieles al régimen, los movimientos insurreccionales podían sofocarse fácilmente, aunque fuera con un coste alto de sangre. En los primeros meses de 1936, la vía insurreccional de la izquierda, tanto anarquista como socialista, estaba agotada, como había ocurrido también en otros países, y las organizaciones sindicales estaban más lejos de poder promover una revolución que en 1934. Había habido elecciones en febrero, libres y sin falseamiento gubernamental, en las que la CEDA, como los demás partidos, puso todos sus medios, que eran muchos, para ganarlas y existía un Gobierno, presidido de nuevo por Manuel Azaña,  que emprendía otra vez el camino de las reformas, con una sociedad, eso sí, más fragmentada y con la convivencia más deteriorada que la de 1931. El sistema político, por supuesto, no estaba consolidado y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados.

Nada de eso, sin embargo, conducía necesariamente al final de la República ni a una guerra civil. Ésta empezó porque una sublevación militar debilitó y socavó la capacidad del Estado y del Gobierno republicanos para mantener el orden. El golpe de muerte a la República se lo dieron desde dentro, desde el propio seno de sus mecanismos de defensa, los grupos militares que rompieron el juramento de lealtad a ese régimen en julio de 1936. La división del Ejército y de las fuerzas de seguridad impidió el triunfo de la rebelión, el logro de su principal objetivo: hacerse rápidamente con el poder. Pero al minar decisivamente la capacidad del Gobierno para mantener el orden, ese golpe de Estado dio paso a la violencia abierta, sin precedentes, de los grupos que lo apoyaron y de los que se oponían. En ese momento, y no en octubre de 1934 o en la primavera de 1936, comenzó la guerra civil. Atrás quedaban cinco años de cambio, conflicto, esperanzas rotas y proyectos frustrados. Nada sería ya igual después del golpe de Estado de julio de 1936.

HECHOS A RECORDAR

TRES FASES:

-Bienio reformista (Primero, un gobierno provisional, presidido por Alcalá Zamora; después, a partir de octubre de 1931, gobierno de Azaña, hasta septiembre de 1933)

-Bienio radical-cedista: desde noviembre de 1933 a diciembre de 1933, con gobiernos presididos por dirigentes del Partido Radical de Lerroux, con apoyo de la CEDA de Gil Robles.

-Período del Frente Popular, desde febrero de 1936 hasta el golpe de Estado de julio de 1936. Dos gobiernos: uno de Azaña y otro de Casares Quiroga

La República en paz duró cinco años. Y duró tres años más en guerra, desde julio de 1936 hasta su derrota definitiva el 1 de abril de 1939. Tuvo dos presidentes: Alcalá Zamora, desde diciembre de 1931 (cuando se aprobó la Constitución) hasta abril de 1936 y Manuel Azaña, desde mayo de 1936 hasta el final de la guerra.

Hubo 3 elecciones generales: las Constituyentes, con sufragio universal masculina, ganadas por republicanos y socialistas; las de noviembre de 1933, la primera vez que en España votaban las mujeres, ganadas por el Partido Radical (centro) y la CEDA (derecha católica); y las de febrero de 1936, ganadas por la coalición del Frente Popular, socialistas y republicanos (y algunos comunistas, por primera vez en la historia de España).

Hay 141 Comentarios

Es curioso que el Regimen que da derechos democraticos,luegos los utilizan los fascistas para eliminarlos en cuanto pueden como hizo Hitler en Alemania.

La II República fue el crisol donde bulleron los sentimientos radicalizados que, desde el siglo XIX, con la invasión napoleónica, tuvieron su zenit en el enfrentamiento armado que derivó en la guerra civil. Fue la solución final de un largo periodo de deterioro, frustración y decadencia que definió la a la España post- imperial…

@Maynard

¡Gracias!

Muchos pintan aquella época como una película de aventuras. Esto es lo que percibo de estas letras del Sr. Casanova, donde no se dice absolutamente nada del fascista y asesino Francisco Franco. Parece que los españoles se han olvidado de los ríos de sangre noble que corrió en aquella contienda interna (sangre, incluso de otros países, como Cuba, que aportó 1200 comunistas, cuyos huesos aún no se sabe dónde están). Me decepcionan ustedes, españoles, la historia la manipulan a su antojo. ¡Vergüenza debería darles!.

Maynard porqué te justificas, porqué tienes casi que pedir perdón por tus opiniones? Actúa como ellos, la ejemplar actual izquierda hispana, ellos no tienen ninguna duda: descalifica, insulta, pega.

Aunque resulte triste su constatación, tampoco resulta tan extraño que aun perviva el franquismo en España, como vemos en algunos comentarios. No es posible sacudirse de encima 40 años de dictadura de un día para otro, y más aun cuando lo que lo antecede son siglos y siglos de sumisión y oscurantismo religioso. Por no hablar del gran número de españoles que, hoy en día y por su edad, lo asocian con su juventud. Aun así, es cierto que en muchas ocasiones ser español produce un sentimiento de indescriptible vergüenza y tristeza.

Hoy precisamente, 14 de abril, después de echar un vistazo rápido a la prensa espanyola, me ha parecido estar leyendo directamente “el silencio de los corderos”... però, indirectamente, “el ataque de los lobos vestidos de corderos”

En cuanto a la "opinión", siguiente...léanla por favor:l La pena fue que el Gobierno republicano fue muy blando con sus enemigos y poco diligente. Porque lo que había que haber hecho era haber cogido a todos los curas: TODOS y fascistas varios y haberlos guillotinado como se hizo en la Revolución francesa., sin piedad. A todos sin excepción. Hoy España sería otro país, sin duda mejor, mucho mejor que este engendro de ladrones y corruptos al servicio del Vaticano y la banca.
Publicado por: caradeculo | 14/04/2014 15:11:13"...
espero, sinceramente, que alguien tome cartas en el asunto.

El GOLPE DE ESTADO estaba en boca de todos desde el exilio de ALFONSO XIII, el cual dejó el poder ,aún ganando las elecciones (PERDIÓ EN LAS GRANDES CIUDADES; PERO EN EL COMPUTO GRAL LAS GANÓ) , por no, palabras textuales , "ACARREAR UN ENFRENTAMIENTO ENTRE HERMANOS...."Este historiador , se olvida de que aquella ESPAÑA tenía más de un 55% de analfabetos, una clase pobre que rondaba el 35% de su población, una clase media empobrecida y unos políticos PARTIDISTAS , IRRESPONSABLE, Y RADICALES que no supieron CREAR UNA REPÚBLICA SIN ODIOS Y PRAR TODOS ...Hay que leer a AZAÑA o a ALCALÁ ZAMORA para comprender el porqué de la GUERRA CIVIL ...El ODIO se creó por las rencillas de ambos lados...LOS ANARQUISTAS , como los COMUNISTAS-SOCIALISTAS se radicalizaron EMPRENDIENDO LA QUEMA DE IGLESIAS . el SAQUEO DE CONVENTOS, LA OCUPACIÓN DE TIERRAS Y EMPRESAS A LA FUERZA ....Los EMPRESARIOS y TERRATENIENTES que no querían ceder un ápice de SUS PRIVILEGIOS...Unas FUERZAS ARMADAS dolidas por la LIMPIA DE AZAÑA....TODO se radicalizó hasta llegar a los extremistas del SEPARATISMO CATALÁN Y VASCO, El GOLPE DE ASTURIAS del 34 por los ANARCO-SOCIALISTAS -COMUNISTAS, sofocada por FRANCO!!!....Asesinatos continuos con el PASEILLO HABITUAL de uno u otro bando .... Como observarán muchos factores intervinieron en esta cruel GUERA IN-CIVIL .

No hay que olvidar que Juan March estaba huido de España

Tengo una teoría de la conspiración sobre la guerra civil. Franco fue solo un medio. ¿Quién financió inicialmente el golpe de estado? ¿Cuándo empezó la guerra civil en 1936 o en 1934? ¿Por qué fallecieron en extrañas circunstancias los promotores del golpe? Franco en un principio era contrario al golpe, qué le hizo cambiar de opinión. Y no olvidemos al primer general muerto en acto de servicio: El General Balmes. No me creo lo de la pistola en el abdomen. Y la represión católica previa fue el caldo de cultivo para tener a la iglesia de aliado, pero no olvidemos a los sacerdotes vascos fusilados, o al sacerdote mallorquín Jerónimo Poquet, o el destierro de Monseñor Vidal Barraquer.

Quede constancia de que ni un sólo comentario a este artículo habla bien del franquismo. De lo contrario, que alguien publique una sola frase textual.

El hecho de que a tantas personas que no comulgamos con la simplificación absolutamente tergiversadora del Sr. Casanova se nos considere defensores de la represión y la guerra es un indicio de por dónde andan los tiros hoy en el mundo de la historiografía, qué designios cumple. Es una batalla ideológica, no científica, la que se libra con panfletos de este cariz.

Salamanca,12 de Octubre de 1936. Venceréis pero no convenceréis.

No había ninguna razón para organizar un alzamiento militar y una represión tan cruel durante y después. Arruinaron España y utilizando la mentira como arma sembraron un odio que aún hoy tratan de mantenir. Nunca se sentirán satisfechos ni reconocerán la verdad. Salud.

La Segunda República empezó con un golpe de estado y acabó con otro. Es una época de grandes ilusiones y profundas decepciones, la mayor parte culpa de la bisoñez de los republicanos, tanta que su incompetencia llevó a nada más y nada menos que a una guerra civil y una durísima dictadura apoyada por la oligarquía más rancia del país. Dios gracias nada tiene que ver la España de 2014 con esa República, ni con las que la promovieron ni con las que la combatieron.

En la Fundación "Guru-Gú" lo tienen claro. Con raras excepciones la casta/clase política de entonces estaba tan podrida como la de hoy. Y el puñetero empate técnico entre esa puñetera casta/clase política y parte de la judicial es la misma. Y la marca España igual la de entonces a la de ahora: El Cante por Peteneras o como irse de rositas en un Estado fallido. Entonces se asaban vacas con billetes como ahora. La diferencia puede estar en el paradero del jaguar de la cegata Ana Mato. Este caso sería impensable con la Republica. En una Republica pajarracos como Rodrigo Rato tocando la campana o el cortijo de Caja Madrid de Miguel Blesa sería impensable. Seamos realistas, chochonas como la ministra de desempleo Fátima Bañez las había antes y ahora. Y elementas con déficit en reclamo masculino como Cocodrilo Dandi/Fdez de la Vega las habrás con Republica o con monarquia. Y casos como el de Zaplana en el ajo del caso "Terra Mítica" también. Y en ese plan. Ninguno.

¡Felicidades Sr. Casanova, magnífico artículo!
La visión que nos da es coincidente con la práctica totalidad de la historiografía más académica y creo que su valor es haberla resumido de manera descriptiva.
He leido posteriormente algunos de los comentarios y me sorprende (o no) que, después de casi 80 años, siga levantanto tanta pasión.
Creo que todos deberíamos leer más historia.

Jua, jua, jua. Impagable, los "lectores aficionados a la Historia" a los que el artículo les da "verguenza agena".

Ya, como lo de la conspiranoia del 11-m aplicada a las elecciones de la 2º República, o lo de la equiparación República/Quema de conventos (a saber cuántos quemaría en persona el pobre Alcalá Zamora). No, lo que me choca es encontrar aquí este tipo de "testimonios", que suelen aparecer más bien en blogs como el de Pío Moa. De hecho, muchos me dan la razón implícitamente, con abundantes comentarios del tipo "Artículo, como es de esperar en este periódico, bastante sectario". Pero bueno, ¿si a tanta gente (o al menos, a tantos pseudónimos) le parece este periódico tan sectario, por qué no van a leer sus periódicos (blogs, más bien, me temo) no sectarios, en lugar de pasarse el día metidos en periódicos sectarios? ¿Será vocación misionera? A mí no se me ocurriría pasarme el día metido en Libertad Digital o La Gaceta criticando lo sectarios que son. En fin, supongo que tiene más gracia comentar en un medio que lee alguien.

@Jesus el del genocidio: Muy bien, hombre. Que bien que cites a un gran historiador, como Montero Moreno, reconocido por todas las universidades del mundo, que además de crear una ingente obra sobre historia basada en años de durisima investigación tuvo tiempo de ser obispo y cosillas asi. Por supuesto que fue un genocidio, unos militares fascistas decidieron crear el hombre nuevo, matando al antiguo, despues de rebelarse, como dejaron escrito, contra el cáncer del liberalismo y la partitocracia. Y la iglesia no fue jamas un testigo inocente, se le devolvió una ínfima parte del daño que había infligido a los pobres, los campesinos casi esclavos, los obreros, etc. Y no solo hablo de celebrar la explotación, estar de parte de caciques y explotadores, delatar, perseguir, etc. hablo de torturas y asesinatos en las sacristías... ¿No sabes por qué Ascaso, por ejemplo, atentó contra el obispode Zaragoza? ¿No te has preguntado por qué quemban iglesias y no casinos mercantiles?

Marc

Supongo que el administrador del Blog estará satisfecho con que los únicos que insultan son los que, como tú, defienden el artículo. Del caos de la república han escrito dos presidentes de esa república, como se te ha demostrado. Cálmate y lee. No a los que acusan a otros de no leer, (argumento muy destemplado del autor de este artículo) sino a los que vivieron y protagonizaron los hechos. Insúltalos también a ellos.

Ya lo tengo claro,... Este artículo es una campaña de marketing viral, para que compremos los libros del tal Julio Casanovas... que si están comentados por Payne, que si patatín que si patatán... ¿El Pais paga por esto?... Como lector aficionado a la Historia me causa sonrojo y un poco de verguenza agena... Como conclusión: nadie le va a comprar un libro y lo único que le espera es el rincon del olvido del que El Pais nunca le debió sacar.

La proclamación de la República fue un culto al cainismo español. Diferente bandera, diferente letra del himno. Un precio altísimo que hoy en día seguimos pagando. ¿No se podía seguir utilizando la bandera rojigualda de la Primera República con el escudo republicano? ¿No se podía seguir utilizando la marcha real con diferente letra?
No hay que poner todo "patas arriba". En Alemania de una democracia y una dictadura comunista pudieron rehacer el país ya que ambas partes, la democrática y la dictatorial conservaron la misma bandera.
¡Qué nuestros compañeros de IU sigan alimentando este cainismo sacando la tricolor a la calle!
Un republicano de bandera rojigualda.

Alucinante: Tantos años después aún hay ignorantes que se creen que la República fue un caos (como si no hubiese sido una balsa de aceite comparada, sin ir mas lejos, con el periodo de Alfonso XIII), que el asesinato de Calvo Sotelo desencadenó el golpe de estado (como si no lo hubiesen estado preparando dos años, y por supuesto, ignorando que fue una represalia por uno de los miles de asesinats cometidos por la derecha anti republicana, el del Teniente Castillo) o que en las elecciones de febrero hubo pucherazo (aunque reconociera su limpeza todo el mundo, hasta el propio Serrano Suñer en las mismisimas Cortes). Casanova cuenta la verdad, la que han establecido y creen los historiadores del mundo entero. En fin, las opiniones no cambian los hechos, solo retratan a los que las emiten. En este caso, como energúmenos ignorantes que aún creen las mentiras franquistas.

Tommy

No. Es que el artículo se llama "De la fiesta popular al golpe de estado" y algunos estábamos recordando algunas cosillas que pasaron por medio. Usted tambien puede argumentar.

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Historia[S]

Sobre el blog

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

Sobre los autores

Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".

Javier Herrero es documentalista de EL PAÍS y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. Le interesa indagar en los antecedentes históricos de acontecimientos que saltan a la primera línea informativa.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de investigación del CSIC y autor de numerosos libros sobre Al-Andalus, la Edad Media y la memoria histórica. Cree en el poder transformador del conocimiento histórico y en la necesidad de forjar una conciencia que nos convenza de que se pueden cambiar las herencias recibidas.

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