La Segunda República: de la fiesta popular al golpe de Estado

Por: | 14 de abril de 2014

SigloXX.14“Las elecciones celebradas el domingo me revelan claramente que no tengo hoy el amor de mi pueblo”, dejó escrito el rey Alfonso XIII en la nota con la que se despedía de los españoles, antes de abandonar el Palacio Real la noche del martes 14 de abril de 1931. Cuando llegó a París, comienzo de su exilio, Alfonso XIII declaró que la República era “una tormenta que pasará rápidamente”. Tardó en pasar más de lo que él pensaba, o deseaba. Más de cinco años duró esa República en paz, antes de que una sublevación militar y una guerra la destruyeran por las armas.

La República llegó con celebraciones populares en la calle, mucha retórica y un ambiente festivo donde se combinaban esperanzas revolucionarias con deseos de reforma. La multitud se echó a la calle cantando el Himno de Riego y La Marsellesa. Allí había obreros, estudiantes, profesionales. La clase media “se lanzaba hacia la República” ante la “desorientación de los elementos conservadores”, escribió unos años después José María Gil Robles. Y la escena se repitió en todas las grandes y pequeñas ciudades, como puede comprobarse en la prensa, en las fotografías de la época, en los numerosos testimonios de contemporáneos que quisieron dejar constancia de aquel gran cambio que parecía tener algo de magia, llegando de forma pacífica, sin sangre.

A la República la recibieron unos con fiesta y otros de luto. La Iglesia católica, por ejemplo, vivió su llegada como una auténtica desgracia. Con luto, rezos y pesimismo reaccionaron, efectivamente, la mayoría de los católicos, clérigos y obispos ante esa República celebrada por el pueblo en las calles. Y era lógico que así lo hicieran. Como lógico era también que mostraran su desconcierto y estupor todos esos terratenientes ennoblecidos y muchos industriales y financieros con título nobiliario, que perdieron de golpe al rey, su fiel protector, al que muchos de ellos abandonaron en las últimas semanas de su reinado.

El gobierno provisional lo presidía Niceto Alcalá Zamora, ex monárquico, católico y hombre de orden, una pieza clave para mantener el posible y necesario apoyo al nuevo régimen de los republicanos más moderados. Sus ministros, republicanos de todos los colores y tres socialistas, representaban a las clases medias profesionales, a la pequeña burguesía y a la clase obrera militante o simpatizante de las ideas socialistas. Ninguno de ellos, salvo Alcalá Zamora, había desempeñado un alto cargo político con la Monarquía, aunque no eran jóvenes inexpertos, la mayoría rondaba los cincuenta años, y llevaban mucho tiempo en la lucha política, al frente de partidos republicanos y organizaciones socialistas. Tampoco era, frente lo que se ha dicho a menudo, un gobierno de intelectuales. Salvo Manuel Azaña, presente en el gobierno como dirigente de un partido republicano, no estaban allí esos intelectuales que tanto habían contribuido con sus discursos y escritos a darle la estocada a la Monarquía durante 1930. Ni Unamuno, ni Ortega, ni Pérez de Ayala o Marañón. Estos últimos desaparecieron muy pronto además de la vida pública o acabaron incluso distanciados del régimen republicano.

Lo que hizo ese gobierno en las primeras semanas, todavía con la resaca de la fiesta popular, fue legislar a golpe de decreto. Difícil es imaginar, efectivamente, un gobierno con más planes de reformas políticas y sociales. Antes de la inauguración de las Cortes Constituyentes, el gobierno provisional de la República puso en práctica una Ley de Reforma Militar, obra de Manuel Azaña, y una serie de decretos básicos de Francisco Largo Caballero, ministro de Trabajo, que tenían como objetivo modificar radicalmente las relaciones laborales. Tal proyecto reformista encarnaba, en conjunto, la fe en el progreso y en una transformación política y social que barrería la estructura caciquil y el poder de las instituciones militar y eclesiástica.

El camino marcado por el gobierno provisional pasaba por convocar elecciones a Cortes y dotar a la República de una Constitución. “Una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia”, proclamaba el artículo primero de su Constitución, aprobada el 9 de diciembre de 1931, tan solo siete meses después de que cayera la Monarquía de Alfonso XIII.

Esa Constitución, que decía que la República era “un Estado integral, compatible con la autonomía de los Municipios y de las Regiones”, declaraba también la no confesionalidad del Estado, eliminaba la financiación estatal del clero e introducía el matrimonio civil y el divorcio. Su artículo 36, tras acalorados debates, otorgó el voto a las mujeres, algo que sólo estaban haciendo en esos años los parlamentos democráticos de las naciones más avanzadas.

Constitución, elecciones libres, sufragio universal masculino y femenino, gobiernos responsables ante los parlamentos. En eso consistía la democracia entonces. No era fácil conseguirla y menos consolidarla, porque todas las repúblicas europeas que nacieron en aquellos turbulentos años que siguieron a la Primera Guerra Mundial, desde Alemania a Grecia, pasando por Portugal, España o Austria, acabaron acosadas por fuerzas reaccionarias y derribadas por regímenes fascistas o autoritarios.

Nunca en la historia de España se había asistido a un período tan intenso y acelerado de cambio y conflicto, de avances democráticos y conquistas sociales. En los dos primeros años de la República se acometió la organización del ejército, la separación de la Iglesia y del Estado y se tomaron medidas radicales y profundas sobre la distribución de la propiedad de la tierra, los salarios de las clases trabajadoras, la protección laboral y la educación pública.

 Pero esa legislación republicana situó en primer plano algunas de las tensiones germinadas durante las dos décadas anteriores con la industrialización, el crecimiento urbano y los conflictos de clase. Se abrió así un abismo entre  varios mundos culturales antagónicos, entre católicos practicantes y anticlericales convencidos, amos y trabajadores, Iglesia y Estado, orden y revolución. La Segunda República pasó dos años de relativa estabilidad, un segundo bienio de inestabilidad política y unos meses finales de acoso y derribo.

 Como consecuencia de esos antagonismos, la República encontró enormes dificultades para consolidarse y tuvo que enfrentarse a fuertes desafíos. En primer lugar, del antirrepublicanismo y posiciones antidemocráticas de los sectores  más influyentes de la sociedad: hombres de negocios, industriales, terratenientes, la Iglesia y el ejército. Tras unos meses de desorganización inicial de las fuerzas de la derecha, el catolicismo político irrumpió como un vendaval en el escenario republicano. Ese estrecho vínculo entre religión y propiedad se manifestó en la movilización de cientos de miles de labradores católicos, de propietarios pobres y “muy pobres”, y en el control casi absoluto por parte de los terratenientes de organizaciones que se suponían creadas para mejorar los intereses de esos labradores. En esa tarea, el dinero y el púlpito obraron milagros: el primero sirvió para financiar, entre otras cosas, una influyente red de prensa local y provincial; desde el segundo, el clero se encargó de unir, más que nunca, la defensa de la religión con la del orden y la propiedad. Y en eso coincidieron obispos, abogados y sectores profesionales del catolicismo en las ciudades, integristas y poderosos terratenientes como Lamamié de Clairac o Francisco Estévanez, que con tanto afán defendieron en las Cortes constituyentes los intereses cerealistas de Castilla; y todos esos cientos de miles de católicos con pocas propiedades pero amantes del orden y la religión.

Dominada por grandes terratenientes y sectores profesionales urbanos, la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el primer partido de masas de la historia de la derecha española, creado a comienzos de 1933, se propuso defender la “civilización cristiana”, combatir la legislación “sectaria” de la República y “revisar” la Constitución. Cuando esa “revisión” de la República sobre bases corporativas no fue posible efectuarla a través de la conquista del poder por medios parlamentarios, sus dirigentes, afiliados y votantes comenzaron a pensar en métodos más expeditivos. Sus juventudes y los partidos monárquicos ya habían emprendido la vía de la fascistización bastante ante. A partir de la derrota electoral de febrero de 1936, todos captaron el mensaje, sumaron sus esfuerzos por conseguir la desestabilización de la República y se apresuraron a adherirse al golpe militar.

Si, frente a la democracia, la derecha creía en el autoritarismo, una parte de la izquierda prefería la revolución como alternativa al gobierno parlamentario. La insurrección como métodos de coacción frente a la autoridad establecida fue utilizada primero por los anarquistas y detrás de sus sucesivos intentos insurreccionales –en enero de 1932 y enero y diciembre de 1933- había, esencialmente, un repudio del sistema institucional representativo y la creencia de que la fuerza era el único camino para liquidar los privilegios de clase y los abusos consustanciales al poder. Sin embargo, como la historia de la República muestra, desde el principio hasta el final, el recurso a la fuerza frente al régimen parlamentario no fue patrimonio exclusivo de los anarquistas ni tampoco parece que el ideal democrático estuviera muy arraigado entre algunos sectores políticos republicanos o entre los socialistas, quienes ensayaron la vía insurreccional en octubre de 1934, justo cuando incluso los anarquistas más radicales la habían abandonado ya por agotamiento.

Esas graves alteraciones del orden, como lo había sido ya la fracasada rebelión del general Sanjurjo en agosto de 1932, hicieron mucho más difícil la supervivencia de la República y del sistema parlamentario, demostraron que hubo un recurso habitual a la violencia por parte de algunos sectores de la izquierda, de los militares y de los guardianes del orden tradicional, pero no causaron el final de la República ni mucho menos el inicio de la guerra civil. Y todo porque cuando las fuerzas armadas y de seguridad de la República se mantuvieron unidas y fieles al régimen, los movimientos insurreccionales podían sofocarse fácilmente, aunque fuera con un coste alto de sangre. En los primeros meses de 1936, la vía insurreccional de la izquierda, tanto anarquista como socialista, estaba agotada, como había ocurrido también en otros países, y las organizaciones sindicales estaban más lejos de poder promover una revolución que en 1934. Había habido elecciones en febrero, libres y sin falseamiento gubernamental, en las que la CEDA, como los demás partidos, puso todos sus medios, que eran muchos, para ganarlas y existía un Gobierno, presidido de nuevo por Manuel Azaña,  que emprendía otra vez el camino de las reformas, con una sociedad, eso sí, más fragmentada y con la convivencia más deteriorada que la de 1931. El sistema político, por supuesto, no estaba consolidado y como pasaba en todos los países europeos, posiblemente con la excepción de Gran Bretaña, el rechazo de la democracia liberal a favor del autoritarismo avanzaba a pasos agigantados.

Nada de eso, sin embargo, conducía necesariamente al final de la República ni a una guerra civil. Ésta empezó porque una sublevación militar debilitó y socavó la capacidad del Estado y del Gobierno republicanos para mantener el orden. El golpe de muerte a la República se lo dieron desde dentro, desde el propio seno de sus mecanismos de defensa, los grupos militares que rompieron el juramento de lealtad a ese régimen en julio de 1936. La división del Ejército y de las fuerzas de seguridad impidió el triunfo de la rebelión, el logro de su principal objetivo: hacerse rápidamente con el poder. Pero al minar decisivamente la capacidad del Gobierno para mantener el orden, ese golpe de Estado dio paso a la violencia abierta, sin precedentes, de los grupos que lo apoyaron y de los que se oponían. En ese momento, y no en octubre de 1934 o en la primavera de 1936, comenzó la guerra civil. Atrás quedaban cinco años de cambio, conflicto, esperanzas rotas y proyectos frustrados. Nada sería ya igual después del golpe de Estado de julio de 1936.

HECHOS A RECORDAR

TRES FASES:

-Bienio reformista (Primero, un gobierno provisional, presidido por Alcalá Zamora; después, a partir de octubre de 1931, gobierno de Azaña, hasta septiembre de 1933)

-Bienio radical-cedista: desde noviembre de 1933 a diciembre de 1933, con gobiernos presididos por dirigentes del Partido Radical de Lerroux, con apoyo de la CEDA de Gil Robles.

-Período del Frente Popular, desde febrero de 1936 hasta el golpe de Estado de julio de 1936. Dos gobiernos: uno de Azaña y otro de Casares Quiroga

La República en paz duró cinco años. Y duró tres años más en guerra, desde julio de 1936 hasta su derrota definitiva el 1 de abril de 1939. Tuvo dos presidentes: Alcalá Zamora, desde diciembre de 1931 (cuando se aprobó la Constitución) hasta abril de 1936 y Manuel Azaña, desde mayo de 1936 hasta el final de la guerra.

Hubo 3 elecciones generales: las Constituyentes, con sufragio universal masculina, ganadas por republicanos y socialistas; las de noviembre de 1933, la primera vez que en España votaban las mujeres, ganadas por el Partido Radical (centro) y la CEDA (derecha católica); y las de febrero de 1936, ganadas por la coalición del Frente Popular, socialistas y republicanos (y algunos comunistas, por primera vez en la historia de España).

Hay 141 Comentarios

Quiero pensar que todo se debe a una cruzada desenfrenada de lectores del ABC, La Razón y demás panfletillos para manchar el recuerdo de la II República en un día como hoy. Sigan, sigan por favor... son la guinda de humor para un bonito día de primavera.

A estas alturas y leyendo lo que estoy leyendo entre los comentarios solo pienso que tenemos lo que nos merecemos, pero no solo por los políticos que nos gobiernan sino también por la sorna y el apolillamiento del que somos objeto en este país. Desde luego que cuánto hay que recordar para evitar que se tomen por ciertas las chorradas que muchos sueltas en sus comentarios.
Bravo profesor Casanova, una vez más bravo. Asistir a sus clases fue uno de los mayores premios que me dio la carrera, y además un reto, todo sea dicho.

Qué aburrimiento, no? Cuanta gente todavía alimentándose de esta carroña: vendelibros, exhumadores, jueceshiperprogres, forensesdeladncadáveres, cambiadoresdecalles, buscavotosdelodio ... ¡OCHENTA AÑOS DESPUÉS! Podían cambiar una temporada y hablarnos de la Revolución La Gloriosa del 1868, o de las tres guerras carlistas ... Ah, que esto vende menos ... ya, ya claro, si lo entiendo, no crea.

Especialmente dirigido aquellos que le tienen miedo a la palabra "república". Son y fueron regímenes republicanos: USA, Alemania, Cuba, Argentina, Francia, Portugal, Italia, Uruguay, Paraguay, Brasil, Canadá,etc. Los hay de colores muy variados, de derechas, incluso fascistas, comunistas y liberales. Capitalistas, comunistas , fascistas , con relaciones íntimas con la iglesia católica y laicos. Lamentablemente en el reino de España, si hubiera una terapia que curase el trauma monárquico hacia el régimen republicano, mucho más igualitario y sin favoritismos absurdos hacia los "nobles", debería recetarse urgentemente.

Un resumen de la historia de la República muy comprensible para extranjeros. Porque es evidente para quienes no somos españoles que la visión de esa historia que sostiene la derecha española (presente en algunos de los comentarios que aquí aparecen) es un anacronismo incomprensible para cualquiera que sepa qué horror fue el fascismo en Europa. En España esa derecha tiene un sello fascista que sorprende por su desinhibición. En cualquier otro país irían a la cárcel.

Francia y Alemania son repúblicas. Alli comen niños vivos en la cena, adoran a Lucifer y follan sin criterio con el primero que pillan. Los comunistas van por la calle degollando curas e imanes, y cualquiera puede comprar un arma y matar a su vecino por mirarle mal.
Además, el capitalismo no funciona en estos paises tan retrasados....
A veces oigo tantas pulmonias que alucino. Que bien adoctrinados estáis algunos.
(Comparar una república con Rusía o Cuba, jo jo jo.. Para votar habría que examinarse antes, hombre)

Nada de lo relatado tiene ni pies ni cabeza, asi que no vale la pena ni comentarlo.

Todos los que hemos tenido padres o abuelos que vivieron aquello sabemos que lo que hundio a la Republica fue la extrema violencia de anarquistas, troskinstas y socialistas contra catolicos y derechistas, despues contestada por falangistas.

Cuando la mitad del pueblo español que votaba a las derechas, perdieron la esperanza de una convivencia pacifica con los continuos asesinatos tlerados por el gobierno como en el caso de Calvo Sotelo, se sumaron al golpe organizado por Mola, y que al final dio el poder a Franco.

Es normal que cuando las estructuras democraticas se tambalena producto de la corrupcion de unos politicos que gobiernan con el voto del pueblo pero a espaldas del pueblo surjan los defensores del fascismo como solución a todos los males. Entiendo que los que defieinden el golpe de estado del genocida de Franco echan de menos el exterminio de los opositores y denostan la libertad de expresion propia de las democracias. Lo malo de la democracia tanto la de la Tercera República como la actual es que a los que no dudarían en cortarnos el cuello a los que no pensamos como ellos se les permite expresar sus opiniones. Esa es la gran virtud de la democracia y uno de sus mayores peligros. La Tercera Republica, la primera democracia verdadera que ha habido en este pais tuvo el gran incoveniente de una Iglesia con miedo a perder sus privilegios y que se olvida de darle "al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios", unida a esta Iglesia con miedo a perder su poder estaban unos sectores conservadores que pretendían mantener su poder a traves de la esclavitud del resto de la población. El genocida de Franco (si Hitler lo fué, él también, no olvidemos las multiples ejecuciones que cometio tras la guerra) y sus partidarios jamas hubieran ganado la guerra sin el apoyo de la maquina Nazi alemana, igualmente jamas hubiera ganado la guerra sin el exterminio de los opositores que llevaban a cabo en las zonas conquistadas. En Extremadura tras conquistarla asesinaron a miles de republicanos en una plaza de toros, mientras los moros del ejercito golpista violaban y mataban a las españolas.

El articulo es confuso y manipulador, empieza bien pero va girando hasta manipularlo.

"La República en paz duró cinco años"

Supongo que lo de Asturias fue un sueño, de paz y amor Republicano.

Lo siento, si el conservador Stanley Payne es historiador de referencia, el mismo que en su "Franco" califica lisonjeramente al agonizante dictador de "viejo guerrero"... apaguemos. Y por cierto, referente al voto de las mujeres en otros países "avanzados", el concepto se debería relativizar, recordando que el primer país que le da el voto a la mujer es la Turquía de Kemal, que para "progres" (oído Francia ?), unos de boquilla, otros con los hechos. De todos modos, el voto a la mujer fue prematuro, porque éstas no estaban educadas a intervenir, ni tan siquiera simbólicamente, en la vida política y el resultado fue que las mujeres de la derechona, monjas incluídas, se convirtieron en una especie de "doble voto automático" para cada elector conservador. de todos modos, la gran alegría popular por la caída de la monarquía no lo fue tanto por un sentir republicano masivo, sino por los horizontes que se abrían. La República la quisieron sólo los que la instauraron; ni las derechonas varias, ni la clase obrera - de sentir esencialmente libertario, por mucho que ahora los comunistas & friends nos vendan la sempiterna moto de una España reinterpretada en el sentido de la versión marxista - con lo que su apoyo efectivo nunca debió de superar el 40% del electorado. La amargura de un Chaves Nogales, tan de moda hoy, o el "no es esto, no es esto", debería oficiar de faros significativos al respecto. Queda el romanticismo, claro, cada 14 de Abril hay ríos de lágrimas por el anhelo de que el crudo "hoy" dé paso a un nuevo e "idílico" - paradoja - "ayer".

La pena fue que el Gobierno republicano fue muy blando con sus enemigos y poco diligente. Porque lo que había que haber hecho era haber cogido a todos los curas: TODOS y fascistas varios y haberlos guillotinado como se hizo en la Revolución francesa., sin piedad. A todos sin excepción. Hoy España sería otro país, sin duda mejor, mucho mejor que este engendro de ladrones y corruptos al servicio del Vaticano y la banca.

La pena fue que el Gobierno republicano fue muy blando con sus enemigos y poco diligente. Porque lo que había que haber hecho era haber cogido a todos los curas: TODOS y fascistas varios y haberlos guillotinado como se hizo en la Revolución francesa., sin piedad. A todos sin excepción. Hoy España sería otro país, sin duda mejor, mucho mejor que este engendro de ladrones y corruptos al servicio del Vaticano y la banca.

Uf, qué belleza de mito. Así escrito dan ganas de que regrese. El único problema es que la República (histórica) no fue solamente una república (concepto político), sinó que se enmarañó en ideologías duras, fruto del mundo de extremos en el que nació.

La República (histórica), admitámoslo, era un horizonte atractivo, pero sólo en un mundo primario y esencialista, dónde se desdeñaba (suplantada por las Ideologías) la libertad personal, tan amenudo confundida, desde la izquierda, con ser tan extravagante como puedas, pero tan amenudo omitida, silenciada, marginada (ayer como hoy) cuando esa libertad se asocia al capitalismo.

Capitalismo, sí. Empender, es decir, ser dueño de tu vida con dignidad, apreciar la empresa, el dinero y el lucro sin sentirte mal, como quién aprecia el amor y el sexo sin sentirse mal.

Lamentablemente, ese no era el horizonte de la República, fijada en utopías "populares", manifestaciones de alegría en las calles, y murales picasianos que no escondían sinó un mundo abocado a la insuficiencia, desalmado e ideológico cuya capital intelectual era la URSS.

La República, con sus consecuentes rigideces, fanatismos, esquemas que no admitían cuestión, nunca fue mucho más liberal (quizás sí hiper-demócrata, esa histeria que supone votarlo todo, hasta la vida privada de los demás) que el mundo antiguo-regimental al que se oponía.

Como consuelo, cabe decir que eso sucedió en todas las partes de Europa más o menos por igual, en una escalada de enfrentamientos entre distintos modelos de Estatismo, nacionales, socialistas (da lo mismo), que terminó en el Totalitarismo y la Segunda Guerra Mundial, arrasando en la contienda a la libertad y a la razón toda, esas dos culturas que también merecen artículos en El País, especialmente la racionalidad aplicada y productiva, y la libertad económica y cómo ganarla, ampliarla y compartirla.

Muy distinto fue, sin embargo, el destino interno de los Estados Unidos de América, dónde, desde su fundación, la libertad de sus ciudadanos es más importante que el Gobierno, que el Estado, o que cualquier ideología. ¿Por qué? Porque tienen libertades que defender, porque prefieren el contrato a la Ley, porque ya saben de lo que es capaz el Estado cuando trata "sus" individuos.

Para terminar, cuando los españoles afectos a la República hablan de ella, están hablando, tendenciosamente, de socialismo, porque claro "los malos" son propietarios de los medios de producción y blah, blah, blah.

Vamos a ver, una república liberal, dónde se eduque a los niños a emprender (montar empresas) y ganar dinero, esa sí que podría y debería ser debatida hoy. Pero la estampa en sepia esta de los años treinta del espantoso siglo XX, ya cansa, y está más dulcificada de lo que debiera.

JUSTICE: "Qué bien que nos hubiera ido con los pisacruces de la dictadura comunista. A la altura de Hungría, Rumanía, Cuba y la Rusia de las colas para la barra de pan estaría nuestra amada España". En la democracia actual de mi también amada España, no todo@s comen pan y gobiernan los delincuentes=checas.

Prof. Casanova: ya es tiempo de que los historiadores expliquen que el golpe lo diseñaron el rey Alfonso XIII y el Secretario de Estado del Vaticano Eugenio Pacelli (más tarde PIO XII), con apoyo financiero del conde de Ruiseñada y Marqués de Comillas; y con el beneplácito de FDRoosevelt (EEUU) y de Winston Churchill (Reino Unido).

Gracias por la entrada en el Blog Sr. Casanova

Seguramente resulta útil a quienes se sientan refractarios o indolentes respecto del conocimiento de la historia contemporanea de España, impulsándoles a profundizar en estos temas.

Leyendo algunos de los comentarios que me preceden, me pregunto que país tan distinto sería éste si su derecha fuera como la francesa, donde hasta los más conservadores, retrógrados y meapilas (excepción hecha de algunos filomonárquicos borbónicos embalsamados) defienden el espíritu republicano y todo lo que significa en el país vecino y significó en nuestra historia.

Resulta evidente que los cuarenta años de dictadura fascisto-católica están incrustados en el adn de algunos ciudadanos. Y resulta todavía más evidente cuan necesaria es una verdadera recuperación de la memoria histórica y de la historia, para que cierta gente no siga pretendiendo imponer sus torticeras maneras de explicar el pasado.

Decían las "malas lenguas" que no hay cosa más tonta que un obrero de derechas, pero para algunos valdría aquello otro de no hay cosa más tonta que un profundo indocumentado que se cree portador de supuestas verdades universales y las impone a hisopazos.

Va por ellos/as !!!!

Realmente penosos, insisto, muchos de los comentarios. Aunque se les entiende, son el producto de un pais donde prima la ignorancia, el botellon, las tertulias televisivas a gritos, y donde el principal tema de converscion cada lunes es el futbol. Solo les falta añadir !Vivan las cadenas!.

Por poner otra visión con la que también me quedo, esta de Unamuno en su artículo Justicia y bienestar, que publicó original en el diario madrileño Ahora: "Cada vez que oigo que hay que republicanizar algo me pongo a temblar esperando alguna estupidez inmensa. No injusticia, no, sino estupidez. Alguna estupidez auténtica, y esencial, y sustancial, y posterior al 14 de abril. Porque el 14 de abril no lo produjeron semejantes estupideces. Entonces los más de los que votaron la República ni sabían lo que es ella, ni sabían lo que iba a ser "esta" República. ¡Que si lo hubieran sabido...!" Lo reproduce ABC en su totalidad, aquí, http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1961/06/25/089.html y tengo el gusto de recomendarlo para quien no lo conozca, por si alguien aún cree de buena fe en aquella república como un mito.

Como algunos citan a Stanley G. Payne como fuente de confianza frente a la mía, copio lo que dice en la contraportada de mi libro en inglés:

"Julián Casanova, one of Spain's leading historians, has written a comprehensive and dynamic account that avoids standard cliches and lays bare the complexities of Europe's most intricate domestic drama during the years preceding World War II." Stanley Payne, University of Wisconsin-Madison

Pero el comentario sólo sirve, claro, para quienes saben diferenciar la historia de la propaganda.

Un golpe de estado en toda regla, llevaban perdiendo cuatro a uno cuando se echaron a la calle a amendrentar al gobierno. El 5 de Mayo ya empezaron a quemar conventos en Madrid.

Hola, amigos. Después de ese sereno repaso del profesor Casanova a los cinco años de la II República, podemos medir mejor las consecuencias de su provocado fracaso. La gran hecatombe de nuestra guerra "incivil" y los 40 años de dictadura del genral Franco. Retroceso, subdesarrollo, miseria, perduración de las estructuras más retrógradas en lo social, cultural, económico, religioso y político. Represión, represalias, venganza, religión cavernaria y militarismo galopante,cultura zarrapastrosa y sobrevivencia heroica del pueblo español. Estas fueron las consecuencias de la caída de la II República, por el empujón militar de Mola y Franco, y de las que aún no nos hemos liberado del todo.

¿Dónde han aprendido historia estos comentaristas casposos y cavernarios?: Escuchando y leyendo a Moa, Losantos, y el resto de la canalla..., y en la deficitaria enseñanza de la materia en las escuelas e institutos.

. . . 14 de abril de 1931.- Cuando el sol de la libertad alboreaba y la República nacía, serena y pujante en nuestra patria.

El problema es que entonces, como en casi toda Europa, había muy poquitos "demócratas". Unos veían amenazados no sólo sus privilegios, sino sus vidas. Otros estaban convencidos de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina y lucharon por ella, no por una "democracia burguesa" que detestaban. Una polarización insoportable que llevaba a la catástrofe, con Franco o sin Franco. El caso de Alcalá Zamora, arquetipo de una Tercera España ni autoritaria ni revolucionaria, es paradigmático. Una pena, unos sueños rotos por el cainismo.

Vistos los comentarios... unos cuantos echáis de menos a Paco. Madre mía!!

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Historia[S]

Sobre el blog

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

Sobre los autores

Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".

Javier Herrero es documentalista de EL PAÍS y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. Le interesa indagar en los antecedentes históricos de acontecimientos que saltan a la primera línea informativa.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de investigación del CSIC y autor de numerosos libros sobre Al-Andalus, la Edad Media y la memoria histórica. Cree en el poder transformador del conocimiento histórico y en la necesidad de forjar una conciencia que nos convenza de que se pueden cambiar las herencias recibidas.

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