La niñera que se convirtió en madre de un niño judío

Por: | 01 de octubre de 2014

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Gertruda y Michael, en Berlín en 1947. / P. EDITORIAL

En la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto también emergieron comportamientos edificantes de personas humildes y valientes. La polaca Gertruda Babilinska (1902-1995) fue un gran ejemplo. Ella era una católica en la Varsovia invadida por los nazis en 1939 que se jugó el pellejo para ayudar a la familia judía Stolowitzky, que le había dado empleo como niñera en su lujosa casa y, después, fue la heroica madre adoptiva del pequeño Michael cuando Lydia, la mamá del niño, murió y el padre, Jacob, quedó atrapado por la guerra en París y no pudo regresar a Polonia. Esta es la historia que cuenta La promesa de Gertruda (Plataforma Editorial), libro escrito por el abogado y periodista Ram Oren a partir de las entrevistas con los supervivientes de aquellos hechos y sus parientes, así como con los documentos obtenidos de su investigación. El texto fue publicado en 2007 en hebreo, se ha traducido a ocho idiomas, con 250.000 ejemplares vendidos; de estos, unos 3.500 en castellano desde que se editó en España el pasado mayo.

Hoy ligado al negocio del turismo y residente en Nueva York, Michael Stolowitzky dice, por teléfono, que Gertruda era "un ángel". "No solo fue buena para mí; lo era por cualquiera que lo necesitase". En la conversación, Stolowitzky la llama en todo momento "mi madre". "Es que yo tenía entonces dos años y no recuerdo nada de mi madre biológica, así que Gertruda lo fue desde que tengo uso de razón. Bueno, fue más que una madre porque lo que ella hizo, debe hacerlo una madre por su hijo; pero en realidad no tenía ninguna obligación. Me podía haber delatado, había carteles por la ciudad en los que se amenazaba con la muerte a los que ayudasen a los judíos".     

Oren, autor de best-sellers, ha reconstruido esta "historia real" en una novela de 400 páginas en la que, además de la adinerada familia Stolowitzky, muestra a otros personajes atrapados por sus asfixiantes circunstancias personales, como el oficial de las SS Karl Rink, que se afilió al nazismo para tener un puesto de trabajo y vio cómo sus correligionarios asesinaban a Mira, su esposa judía, lo que le hizo tomar partido, de forma disimulada y arriesgando su vida, por aquellos a los que le habían ordenado exterminar. Así ocurre cuando se cruza con Gertruda y Michael para salvarlos de una muerte segura. Michael aún lo recuerda: "Íbamos andando por una calle de Vilna [adonde habían huido desde Varsovia] cuando cuatro soldados alemanes nos detuvieron, nos apuntaron con sus rifles y me gritaron repetidamente: '¡Bájate los pantalones!". Si aquellos nazis descubrían a un niño circuncidado era su final y el de Gertruda. "Nos quedaba un segundo de vida cuando una voz dijo: '¡Soltadle!, no es judío". Los soldados siguieron las órdenes del oficial Rink y se fueron.

Rink
El oficial de las SS Karl Rink en febrero de 1938. / P. EDITORIAL

En un mundo en el que llegar vivo al final del día era un triunfo, Gertruda Babilinska promete a Lydia Stolowitzky en su lecho de muerte que cuidará de Michael como si fuera su hijo y que lo llevará a la Tierra prometida, a  Palestina. A partir de ese momento, la pareja protagonista se enfrenta con extraordinaria valentía a las penurias económicas, al frío, al temor de que alguien descubra que Michael es judío y lo envíen a un campo de concentración, a las bombas...
      
Cuando el conflicto bélico acaba, Gertruda y Michael viven una nueva odisea: embarcan junto a otras 4.500 personas en el célebre barco Exodus, en julio de 1947, en dirección al lugar donde nacerá el Estado de Israel. Michael cuenta que cuando Ram Oren se puso en contacto con él, quería escribir un libro sobre el Exodus e incluir unas líneas de su odisea junto a Gertruda. "Sin embargo, cuando quedamos, hablamos durante horas y al acabar me dijo: 'Michael, nunca había oído una historia tan fascinante". El motivo de su libro había cambiado.

Aquel niño llamado Michael creció y el horror de la guerra quedó atrás. A finales de los años cincuenta intentó recuperar parte de la enorme fortuna que su padre guardó en bancos suizos. Los vericuetos de otra lucha que detalla Oren.

Sin que se trate de una gran novela, el texto narra con logrado realismo acontecimientos históricos como la Noche de los cristales rotos, del 9 al 10 de noviembre de 1938, o la lucha por la supervivencia en el gueto de Vilna tras la invasión nazi. Quizás lo más desgarrador del libro son las despedidas de seres queridos que esperan volver a verse pero son conscientes de que será muy difícil, que probablemente es la última vez que se abrazan. Y lo más fascinante de esta historia es cómo una y otra vez la abnegada Gertruda tuvo tantas agallas para superar las terribles dificultades y cumplir su promesa.

Hay 3 Comentarios

¡ Qué terrible fue todo eso que sucedió durante la Segunda Guerra Mundial ! Y aún a pesar de haber pasado tantos años, los relatos acaecidos en ese tiempo logran entristecer por lo conmovedores. La gran interrogante que obligadamente se formula uno es ¿cómo fue posible que se llegara a extremos de tan inmensa crueldad humana? ¿Cómo fue posible que miles o millones aceptaran una ideología tan inhumana como la de los nazis, cargada de racismo, discriminación, xenofobia e insensibilidad hacia las personas desvalidas y vulnerables como los ancianos y niños o personas minusválidas? Los nazis atentaron contra diversas razas a las que consideraban inferiores como judíos, polacos, gitanos etc., pero los rusos lo hicieron con su propio pueblo al que hicieron sufrir mucho sus dirigentes genocidas, insensibles y megalómanos como Lenin y Stalin sobre todo. Tanto Hitler como Stalin ambos en la misma época no diferían mucho de los métodos que utilizaban para gobernar como autócratas. En lo único que diferían era en su ideología política; uno fascista Hitler, y el otro bolchevique comunista, Iosef Stalin, antagonismo de ideas, pero no muy diferentes al final de cuentas. Ambas igual de extremistas en la práctica por lo autócratas de ambas y por no permitir ningún tipo de oposición ni de sus más cercanos colaboradores. Sin duda Adolfo Hitler y José Stalin han sido los dos seres humanos más increíblemente terribles que ha tenido que sufrir la humanidad; y para colmo vivieron en el mismo tiempo.

Feliz cumpleaños, lindo niño judio:

https://www.youtube.com/watch?v=rJEzHWNKJoA

Que se puede decir ,triste la historia como todas de los exterminios a judíos en campos de concentración...Que el mundo lea estas historias y no permita que esto vuelva a suceder nunca mas en ninguna parte del mundo...

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Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

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