España, menos transparente hoy con la Historia

Por: | 15 de enero de 2015

1373914519_439479_1373914601_noticia_normalExpedientes personales en el Archivo Militar de Segovia.


Por Ángel Viñas

Todo historiador que no se contente con la mera divulgación o el vulgar refrito y que aspire a abrir brecha en la interpretación del pasado aspira a localizar el mayor abanico posible de fuentes para explorar dimensiones desconocidas o poco conocidas. El abanico es muy amplio. La selección depende del objeto de la investigación. La prensa, por ejemplo, puede ser fundamental para unos y escasamente relevante para otros. En historia contemporánea española (guerra civil, franquismo, transición) y dependiendo del ámbito a explorar el recurso, mayor o  menor, a archivos es con frecuencia inexcusable.

Desde 1976 hemos asistido a un lento reconocimiento de esta banalidad. Poco a poco han ido abriéndose los archivos, no sin dificultades. Esto ha permitido a los historiadores (españoles o no) hacer avances considerables al fundir las fuentes españolas con las extranjeras. ¿Resultado? El stock de conocimientos ha aumentado en progresión geométrica en comparación con el período anterior.

Pero el pasado asusta. Muchos temen que los archivos contengan demasiados esqueletos. Es un temor profundamente irracional. Un Estado puede verse muy afectado por errores de política (lo vivimos en los momentos actuales). Difícilmente por lo que se descubra sobre lo que ya no existe.

En ciertos casos, por ejemplo en Defensa y en Exteriores (no hablemos de Gobernación o Interior), la apertura de archivos se ha parado. Las quejas de los historiadores han ido a parar al cubo de la basura. Hemos llegado a una  situación  en la que España ha quedado relegada al farol de cola de la UE. Al Gobierno no parece haberle preocupado lo más mínimo.

Habrá, pues, que recurrir a archivos extranjeros. Las condiciones, aquí, son buenas. He pasado  unas cuantas semanas estudiando los informes que los agregados de Defensa británicos escribieron sobre las FAS franquistas de cara a dar una conferencia en Barcelona sobre la UMD. Las vergüenzas que en los primeros años de la transición detectaron algunos historiadores (estoy pensando, por ejemplo, en Gabriel Cardona) o sociólogos se confirman plenamente.

Con estas líneas pretendo insuflar un hálito de esperanza a los contemporaneístas españoles y sacar los colores a los titulares de los Ministerios en cuestión. No es un pataleo. Al fin y al cabo sus nombres quedarán empañados y si de algo podemos estar seguros es de que no se eternizarán en sus cargos. ¿Y quién sabe? A lo mejor tras las próximas elecciones generales la apertura de archivos se reanuda.

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Gernika, tras ser bombardeada en abril de 1937 por la Legión Cóndor alemana.

Por el momento me basta con señalar que en los países más interesantes para estudiar el pasado español los archivos suelen abrirse tras un plazo de cierre de 25/30 años (en el primer caso como ocurría antes en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación). Esto significa que en los archivos de Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y la Unión Europea  la documentación generada sobre España bordea las elecciones generales de 1982.

Me apresuro a señalar que no toda la documentación hasta 1982 ya es  accesible. Hay papeles que por razones de seguridad o de protección de intereses legítimos del Estado, tienen fijado un plazo de cierre más largo. Pero, no nos engañemos, en Berlín, Washington, París, Londres o Bruselas, muchas de las dimensiones centrales de la evolución política, económica y social española son perfectamente analizables con la masiva documentación acumulada y en proceso de apertura. Probablemente los ilustres titulares de los Ministerios de Asuntos Exteriores y Defensa, tan protectores del pasado, se llevarán más de alguna sorpresa cuando los historiadores españoles entren (entremos) a saco en dicha documentación.

Es más, la tendencia apunta hacía un paulatino recorte de los plazos de cierre y hacia una mayor transparencia en  la gestión de las Administraciones. En el Reino Unido, por ejemplo, para ciertos ámbitos se han reducido a 20 años. Ahora que México está, por razones de todos conocidas, en la primera página de los periódicos españoles no estará de más informar al lector de mis impresiones al visitar, hace un par de meses, su archivo diplomático. En locales y con facilidades con respecto a los cuales los historiadores españoles solo podemos soñar, la documentación se abre, en muchos casos, a los doce años, es decir, transcurridos dos sexenios. Hace casi tres años México ha renovado igualmente su Ley Federal de Archivos.

En los casos mencionados todo el acceso a fondos está reglado con sus plazos correspondientes. Estamos lejos de las chapuzas de Exteriores. Las disposiciones son claras y terminantes. Las excepciones también. Nos servirá de contraste el caso francés. Lo traigo a colación porque, en general, la derecha española ha tenido tradicionalmente sus sospechas ante la influencia que el país vecino solía ejercer sobre el pensamiento progresista español (también sobre el reaccionario, como lo muestra el señero ejemplo de Don José Calvo Sotelo). Pues bien, la masa de documentación sobre deliberaciones de las autoridades, incluido el Gobierno, y las relaciones exteriores de Francia se abre 25 años tras la fecha del documento más reciente que figure en los correspondientes expedientes. O a los 50 años en temas relativos a la defensa nacional y los intereses fundamentales del Estado en la conducción de la política exterior y de seguridad.

Los franceses consideran como excepciones absolutas los documentos con información que permita concebir, fabricar, utilizar o localizar armas nucleares, biológicas, químicas  u otras cuyo empleo genere efectos de nivel análogo. Nadie podría objetar a medida tan prudente.

El Reino Unido es más circunspecto. La regla general es la de los 30 años. La prensa aguarda con impaciencia las informaciones sobre los temas a los que se haya aplicado cada año la apertura anual.  Una información  detallada se pone en línea. Cierto es que las autoridades han sido reticentes tradicionalmente en el acceso a la documentación relacionada con el servicio de seguridad interior y contraespionaje (MI5). En la actualidad, el ritmo de apertura de sus expedientes se ha acelerado. Si en un principio afectaba a los años de la primera y segunda guerras mundiales hoy ya se abren expedientes del período de la guerra fría. La única excepción global que conozco (y, en mi humilde opinión, un tanto inexplicable) es la del servicio de inteligencia exterior (MI6). En este caso, incluso los expedientes relativos a la guerra civil española siguen cerrados a cal y canto. Se ha publicado una historia oficial sobre los primeros cuarenta años del servicio que cubren hasta los inicios de la guerra fría, pero su información sobre España (en la guerra civil el MI6 desempeñó, según todos los indicios, un papel sumamente relevante) es decepcionante.

No hay mucho que decir del caso norteamericano que los historiadores especializados no conozcan. Si bien en los años de la Administración del Bush hijo el ritmo de desclasificación se ralentizó, en la actualidad ha vuelto por así decir a la normalidad. Bien en los archivos centrales, bien en los de las bibliotecas presidenciales hay masas documentales sobre la evolución española. Y, naturalmente, sobre los temas más diversos.

PeticionImagenCAEF31LO Franco y Eisenhower se abrazan durante la visita oficial del presidente de EE UU a España en 1959. / EFE

Hace más de treinta años la naciente España democrática se permitió dar una pequeña lección a la Administración norteamericana en materia de apertura. Partiendo del principio de que la democracia española no tenía porqué ocultar las vergüenzas del franquismo, se permitió airear la densa maraña de estipulaciones secretas que habían acompañado a los acuerdos públicos de 1953 cuando en Washington nadie pensaba en darlos a conocer. Esta pequeña ventaja, que se mantuvo durante bastante años, se ha tornado en desventaja absoluta. Hoy es posible conocer muchas de las reflexiones de la diplomacia estadounidense en tanto que, medrosamente, los españoles hacemos todo lo posible por evitar que alguien (sin duda con aviesas intenciones) pueda penetrar en nuestros pequeños secretitos.

Todo esto son juegos malabares y maniobras retardatarias. El ministro de Defensa podrá muy bien querer tapar el funcionamiento de la "casa" durante los años del franquismo. Sin embargo, el análisis que cualquier historiador puede hacer (es cuestión de recibir la necesaria subvención y las extranjeras suelen ser más elevadas que las migajas que distribuye el Gobierno actual) de la comparación entre los informes alemanes, británicos, franceses y norteamericanos sobre las FAS franquistas pondría de relieve muchas vergüenzas. Con la desventaja de que no encontrará, probablemente, demasiados elementos positivos.

En definitiva, querer poner cadenas a la investigación es como querer poner vallas al viento. Hasta ahora hemos de reconocer, eso sí, a los responsables de los Ministerios de Asuntos Exteriores y Defensa, su capacidad de romper los sueños de innumerables historiadores que trabajaban (o que habrían querido trabajar) sobre temas relacionados con asuntos de sus respectivos Departamentos. Sueños que, llegado el momento, se habrían materializado en libros, artículos, tesis doctorales y, en definitiva, en un mejor reconocimiento de los obstáculos que se han interpuesto en la búsqueda colectiva de los españoles para reanudar el enlace con la modernidad política, institucional y militar.

¿Sueños rotos? La respuesta es negativa. Sobre los políticos de hoy, como sobre los de ayer, tarde o temprano recaerá el juicio implacable de la historia. A muchos no les importará. A otros sí.  A largo plazo, todos muertos. Pero un país que no mira hacia el pasado está condenado a no poder construir bien el futuro.

Y, si no, que se lo pregunten a los alemanes que tienen su propia experiencia, mucho más negra que la española. ¿De qué sirvió la "amnesia" temporal que reinaba tan campante en la RFA durante los años cincuenta del pasado siglo?

Un consuelo es que por debajo de los niveles decisionales superiores no son muchos quienes se alegran del parón. En mi deambular por una multitud de archivos no he encontrado a ningún funcionario con la más mínima responsabilidad en materia de manejo de documentos que no esté dispuesto a dar todas las facilidades de acceso posibles. Mientras haya gente de ese talante, no todo estará perdido.

Ángel Viñas es presidente de ASEHISMI (Asociación Española de Historia Militar) y catedrático emérito de la Universidad Complutense. En su web está realizando un resumen de los resultados de la lupa británica aplicada a las FAS.

Hay 9 Comentarios

Me pareció muy pertinente el artículo y me llamó la atención una frase en particular, referente a los archivos mexicanos: “En locales y con facilidades con respecto a los cuales los historiadores españoles solo podemos soñar”. Soy historiador mexicano y acabo de terminar una breve pero sustanciosa estancia de investigación en varios archivos españoles (el General Militar de Madrid, el Militar de Segovia, el General de Indias, el General de Palacio Real, la Biblioteca de la Real Academia de la Historia) y encontré algunos comunes denominadores: horarios muy restringidos de investigación (solo las mañanas), mínimas y muy caras condiciones de reproducción de documentos y prohibición de tomar fotografías digitales para fines de investigación personal. Ninguna de ellas la encuentro justificable y todas en conjunto inciden gravemente en las tareas de los historiadores profesionales de cualquier procedencia. En todos los casos reconozco los esfuerzos que las instituciones y ministerios en cuestión dedican para la gestión y conservación de sus respectivos acervos, muchos de los cuales se encuentra incluso digitalizados, pero dado que todas ellas aceptan que dichas tareas corresponden a sus competencias básicas, no encuentro las razones para seguir obstaculizando las labores de investigación. ¿Qué motivos existen para no ampliar los horarios de consulta? Más grave aún, no entiendo las razones por las cuales, en plena “era digital” se nos prohíbe sacar fotografías digitales que bajo ninguna circunstancia dañan el material documental o, peor, se cobra a precios desproporcionados los documentos que ya se encuentran digitalizados (de por sí parece absurdo tener que desplazarse miles de kilómetros para consultar no un papel sino un ordenador). Todas las instituciones declaran no tener fines de lucro en la reprografía y, muy por el contrario, justifican los costos argumentando el incremento en su demanda. Entonces ¿por qué no permitir que los usuarios efectúen esa tarea con responsabilidad? Españoles o hispanoamericanos invertimos tiempo y dinero en los archivos, mismo que sería mucho más sustancioso si no tuviéramos que dedicarnos a la transcripción in situ de los documentos de interés. En última instancia, las instituciones (ministerios, academias) me parecen dignas custodias de los acervos públicos que, como tales, pertenecen a los ciudadanos. La consulta y reproducción responsable de los documentos no puede obstaculizarse.

Me encanta leer artículos como este y sobre todo la opinión de las personas, como Casanova o I. Buriel. Cuando he terminado de leer el artículo, me da un poco la risa porque en este país a los historiadores o licenciados en Historia se nos trata como a personas estúpidas y el 99,9% Están en el paro, desde hace bastantes años y lo estaràn. No nos engañemos los mejores libros históricos de la España contemporánea no son los escritos por historiadores españoles. El archivo militar de Segovia? Serà de libre acceso? O con archivos restringidos porque están siendo utilizados por alguien, que no sabes cómo ha llegado antes y tiene el privilegio que los demás no tienen, de poder apartar los papeles que está utilizando hasta que haya publicado? Seguro

Me encanta leer a

A mi lo que me asusta es el presente de España...la noticia más leída del día es "Los chunguitos expulsados de Gran Hermano Vip", si eso no es para asustarse...

A mi lo que me asusta es el presente de España...la noticia más leída del día es "Los chunguitos expulsados de Gran Hermano Vip", si eso no es para asustarse...

Claro, Dulce, mientras que en el resto de países civilizados ponen esos archivos a disposición de la ciudadanía y sobre todo, de los historiadores, en España no pero, según tú, lo hacen por nuestro bien, porque los ciudadanos somos menores mentales que debemos ser tutorizados por las administraciones...debe ser. Con argumentos como los tuyos, igual hasta tienen razón.

No es que no me importe, ¡ cómo no me va a importar que no se puedan consultar los archivos históricos!!! lo que ocurre es que tampoco te vas a pegar coscorrones contra la pared si se niegan en redondo a no dejarlos, tendrán sus motivos y a lo mejor consideran que no ha pasado el tiempo suficiente y que en España todavía están abiertas las heridas con lo que la posible publicación de algo relacionado con ello puede causar más perjuicios que beneficios, por eso digo que no hay que forzar situaciones y dejar que , si todo va bien, más adelante se pueda hacer sin problemas, aunque lo pueda sentir por los historiadores de hoy que puedan sentir frustración por ello.

Si a "dulce", en efecto, no le importa el desconocimiento (obligado) de la historia contemporánea de España, que hable por sí mismo, o misma, y por tanto no pluralice. A otros sí que nos importa.

No importa si hoy no conocemos nosotros la historia contemporánea de España, lo interesante sería que la puedan conocer nuestros descendientes, sería buena señal.

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Sobre el blog

Dado que el presente se levanta sobre lo que ya pasó, no es mala idea echar un vistazo atrás para entender lo que está pasando. Cicerón lo dijo antes y mejor: “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser eternamente niños”.

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Tereixa ConstenlaCoordinadora: Tereixa Constenla. Periodista de EL PAÍS. Descubrió la Historia en 2008, cuando aterrizó en la sección de Cultura, y comprobó que el pasado era un filón para el presente.

Isabel Burdiel recibió el Premio Nacional de Historia en 2011 por su biografía sobre Isabel II. Es especialista en liberalismo europeo del siglo XIX y catedrática de la Universidad de Valencia. "Para que sirva para algo, la Historia no tiene que quedarse en el círculo de especialistas", sostiene.

Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza, defiende, como Eric J. Hobsbawm, que los historiadores son "los 'recordadores' profesionales de lo que los ciudadanos desean olvidar". Es autor de una veintena de libros sobre anarquismo, Guerra Civil y siglo XX.

Manuel Morales es periodista de EL PAÍS y profesor de Periodismo Digital en la Escuela de EL PAÍS/UAM. Para liberarse de tanta actualidad busca refugio en historias del pasado, sobre todo las que han dejado huella en la fotografía.

María José Turrión fue la primera directora del Centro Documental de la Memoria Histórica, creado sobre el esqueleto del Archivo de la Guerra Civil de Salamanca. Cree firmemente que los archivos contribuyen "a la salvaguarda de los derechos humanos y al desarrollo pleno de las democracias".

Javier Herrero es documentalista de EL PAÍS y licenciado en Historia Moderna y Contemporánea. Le interesa indagar en los antecedentes históricos de acontecimientos que saltan a la primera línea informativa.

Eduardo Manzano Moreno es profesor de investigación del CSIC y autor de numerosos libros sobre Al-Andalus, la Edad Media y la memoria histórica. Cree en el poder transformador del conocimiento histórico y en la necesidad de forjar una conciencia que nos convenza de que se pueden cambiar las herencias recibidas.

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