El fin de la ultraactividad

Por: | 02 de septiembre de 2013

B. PuentePor Begoña Puente, profesora de Direccción y Organización de Personas de ESADE

Hace un año que el mercado laboral se regula por la Reforma Laboral aprobada en febrero de 2012, y como se recoge en la introducción de la misma una de las causas es debido a que “la gravedad de la crisis actual no tiene precedentes”, (Real Decreto-Ley 3/2012, 10 febrero). En aras de conseguir la “flexiseguridad” se engloban cuatro grandes apartados con paquetes de medidas a llevar a cabo. Uno de ellos, el tercero hace referencia a la Flexibilidad interna como contrapartida a los despidos exprés. Y ahí es donde se regula “el régimen de ultractividad de los convenios colectivos” limitándolos en un tiempo. O lo que es lo mismo: “la no existencia de prórroga en el tiempo de negociación si no hay un acuerdo en el tiempo de su vencimiento”. Y llegado a esta situación las opciones son: la aplicación de un convenio de ámbito superior y en su defecto las condiciones marcadas por el estatuto de los trabajadores así como la opción de un arbitraje, siempre que ambas partes estén de acuerdo.

Esto no es nuevo ni es una medida que un gobierno aplique como fruto de su creatividad. Ya está contemplado en el Pacto para el Empleo de la OIT firmado en 2009, “la opción de arbitraje en situación de crisis nacional aguda”. Nos encontramos pues, en una situación de crisis nacional aguda.

Hemos recorrido una larga historia para equilibrar los derechos de los trabajadores al tiempo que velar por las adecuadas condiciones de trabajo. Y hemos llegado a donde hemos llegado. No obstante, nos encontramos en una nueva realidad que nos obliga en todos los ámbitos a modificar formas de adaptarnos y sobrevivir a ella. 

En esta situación hay tres agentes implicados: el gobierno que legisla, el empleador y los representantes de los empleados. Estos dos últimos son los principales protagonistas de los acuerdos o desacuerdos porque son los que se sientan a negociar.

Para poder negociar es necesario que se den algunas condiciones como principios:

  • Que exista voluntad de llegar a un acuerdo, o lo que es lo mismo que se siga el principio de buena fe.
  • Que sea una negociación libre y voluntaria, o lo que es lo mismo que no se imponga como obligación por parte de los gobiernos.
  • Que se negocie con independencia y autonomía.

Los procesos de negociación actuales están enmarcados en nuevos parámetros de acuerdos, en definitiva, en otra realidad distinta a la pasada.

Ahora más que nunca se trata de tener muy presente estos principios negociadores, y no perder de vista el primero, por cuanto se constituye como esencia en los procesos de negociación. Si hay voluntad real para negociar hay conciencia real para saber que ambas partes “se desprenden” de algo para conseguir el acuerdo beneficioso. Una negociación no es un dilema, “o todo o nada” . Porque ni el todo no se puede conseguir en una situación tan compleja como la que vivimos actualmente, y ni el nada se puede dar si lo que se pretende es, además, trabajar para conseguir incrementar la productividad laboral. Y tener muy presente por ambas partes que lo que no consigan acordar entre ambos, vendrá un tercero y lo impondrá.

En este sentido, hay que señalar que existen procesos negociadores que siguiendo este principio ambas partes han acordado paralizarlos y continuarlos después del período estival. Lo que supone una muestra de voluntad.

Por lo que respecta al tercer agente implicado, los gobiernos, y en este caso el nuestro, parece presentar una voluntad de auto-reflexión si atendemos a sus informaciones “se modificará aquellas partes de la reforma que no funcionan pero se limitará a –cambios menores-“. Y se “apunta a la reforma administrativa de los contratos”.

Ante situaciones de crisis las medidas suelen ser de crisis. No obstante no debemos perder de vista que la crisis es la compañera más directa y cercana de todas y cada una de las personas que vivimos en este país. Esperemos a ver que nos depara este regreso vacacional y confiemos en que quien tiene el poder de legislar y/o conseguir acuerdos lo haga con un ejercicio de responsabilidad madura y tenga presente en todo momento quienes son los agentes primeros y últimos afectados en todo esto.

 

Hay 3 Comentarios

La autora comete un error en su cita. Del articulo:

Ya está contemplado en el Pacto para el Empleo de la OIT firmado en 2009, “la opción de arbitraje en situación de crisis nacional aguda”.

Este texto no aparece en el Pacto Para el Empleo / Global Jobs Pact de 2009, sino en la publicacion "ILO PRINCIPLES CONCERNING THE RIGHT TO STRIKE" de 1998, y como ultimo termino en casos de huelga, es decir, practicamente con un significado opuesto al que la autora sugiere:

"The Committee on Freedom of Association’s position regarding compulsory arbitration is clear: it is only acceptable in cases of strikes in essential services in the strict sense of the term, in a case of acute national crisis, or in the public service: ..."

La ITO contempla el arbitraje si ambas partes lo solicitan, no si el gobierno lo impone, algo que la ITO ha indicado en multiples ocasiones.

Demasiado esperanzada te veo para el país de pandereta en el que estamos. Mi país ideal es éste: http://xurl.es/otvtw

Hay un comentario en su texto revelador de la falta de de crítica a la inercia del pensamiento único. Así, dice, "Y hemos llegado a donde hemos llegado".
La negociación colectiva es el primer estadio de la distribución de la renta. Pero con ella y a pesar de ella, antes y después de la crisis, la evolución salarial ha ido por debajo de los beneficios, incrementándose el porcentaje de los beneficios empresariales en el PIB sobre los salarios.
Eso significa que una reforma laboral que pretende estratégicamente disminuir aún más el porcentaje en el PIB de los salarios,incrementando los beneficios y con una fiscalidad (segundo eje de la distribución) donde los impuestos indirectos crecen y donde los gastos sociales (tercer elemento de la distribución) se hacen recortes, dibujan un panorama regresivo.
Y con todo ello, la profesora dice que hemos llegado donde hemos llegado. Un academicismo al servicio del poder económico.
santiago gonzález
USO

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