Manuel Montobbio

Contrato social: principio y fin

Por: | 28 de mayo de 2012

    Decíamos en la anterior entrada de este blog, Del nacer de la Historia, que es en el paso de las sociedades primitivas a las sociedades sedentarias en que emergen las ciudades y los grandes imperios agrarios cuando la humanidad abandona esa parte más larga de la Historia en que había vivido fuera de ella, y en ella se instala; empieza a relatarla, contarla, y a querer hacerla, moverla. Y que a ella, entre otras cosas, se recurre para conducir, dirigir o simplemente aglutinar las sociedades que viven bajo entidades políticas comunes. De alguna manera, el nosotros social es aquel del que juntos atraviesan o ovanzan en la Historia, aquel del que juntos tienen una Historia por hacer, un mundo mejor por construir, un camino por recorrer. Del que juntos avanzan hacia su meta o su fin, que nunca llega. Su fin, también, como finalidad o sentido.

    La idea de fin conlleva la de principio. Y si el fin de la Historia - y de alguna manera de la vida - puede ser abierto o incierto, el relato que implica instalarse en la Hitoria implica que no lo sea su inicio. Si estamos caminando y tenemos que seguir caminando, queremos saber cuándo y por qué empezamos a hacerlo. Y sin embargo carecemos los seres vivos de memoria y conciencia de nuestro inicio: vienen éstas después de la vida. También para las sociedades viene la Historia después: se dan cuenta un día de que en ella están, en ella sin saberlo han estado. Y se preguntan cuándo y cómo empezó, por qué y para qué. (Y todas aquellas preguntas que se hace el ser humano al mirarse al espejo o su reflejo en el agua).

    En determinadas culturas o civilizaciones. Pues no necesariamente todos los relatos cosmogónicos tienen por qué tener ni tienen un principio o un fin. Puede ser para algunas la Historia el eterno retorno o la cíclica repetición de la misma obra, el fluir de un río que hay que disfrutar o sufrir, o simplemente dejar pasar; y no necesariamente un mar que hay que navegar más allá. Y es en general la Historia la de los seres humanos sobre la Tierra; y el hacerla un modo de prolongaciónde nuestra vida humana más allá de nuestra vida humana. Mas no necesariamente. No siempre. Pues no necesariamente ni siempre es humana la vida, ni humana la reencarnación del alma para quien en ella crea. Puede ser, por ejemplo, la reencarnación en un escarabajo, o en cualquier otro animal o ser vivo. Y puede ser entonces diferente la Historia y su sujeto colectivo y su sentido. Puede ser diferente el nosotros que somos si un escarabajo no es la pesadilla de La metamorfosis de Kafka, sino nuestro abuelo reencarnado o el que pudiera ser yo en una vida futura. Puede ser diferente la Historia si el nosotros que camina por ella no es ya el de la especie, sino el de la vida.

    Civilizaciones o culturas como la nuestra, o tantas otras, y la compartida hoy globalmente. Sea la bíblica creación del mundo en seis días o la relatada por el Popol Vuh, el darwiniano origen de las especies o el big bang, el mundo y el ser humano tienen un origen, un inicio; y las sociedades y sus sistemas políticos también.

    Inicio u origen necesariamente encarnador de legitimidad fundacional. En la voluntad divina. Y en la voluntad humana. Y si durante mucha Historia de la Historia la voluntad de Dios, o de los dioses, se ha constituido en calve explicativa y fuente de legitimidad del origen del orden social y político, del poder y de la ley; al menos desde la democracia de la polis griega se constituye también en ésta la voluntad de los seres humanos y el ejercicio de su libertad. Lo que en el pensamiento político moderno y contemporáneo lleva a la idea del contrato social como paradigma fundacional de las sociedad y el sistema político. Una idea de Las Luces que no sólo explica el origen de la sociedad y de la Historia; sino que la moverá, se realizará en ella y la transformará profundamente. Nos hemos instalado en el contrato social como si siempre hubiéramos vivido en él, como si sólo suya hubiera sido la Historia y siempre en ella hubiera estado. Hasta el punto de que nadie imagina tampoco que pudiéramos o hayamos podido vivir fuera de él.

    El origen ha acabado siendo fin; el principio siempre.

Hay 2 Comentarios

De quién estamos hablando?
Del nosotros que se hace presente cuando se toma conciencia del camino que es la historia?
Pero la historia no es un camino, es el final y el principio. La historio por definición es el ayer con vocación de ser hoy, de decidir el hoy, para que éste sea el mañana. La historia, hasta hoy, es la vocación de una mentira, o la mentira que acalla la conciencia colectiva del nosotros.

Hobbes (Inglés en el siglo XVIII) afirmó que el hombre nasce mal y que la sociedad pone límites en el barbaro que vive en él, pero se quitas el gobierno el barbaro despierta y el hombre se convierte en el lobo del hombre.
Rousseau (Francés en el siglo XVIII) afirmó que el hombre nasce bueno y que la sociedad gobernada por los banqueros y industriales lo corrompe, de esa manera, era necesário quitar el poder de la burguesia y lo devolver al pueblo, que por no estar e"embriagado" por la riqueza, iba a hacer una sociedad mejor.
Hobbes es el norte de la extrema derecha, Rossueau la balisa de la extrema isquierda.
Ud elije caro lector.....
Saludos

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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