Manuel Montobbio

Skanderbeg: el héroe, el mito

Por: | 13 de julio de 2012


    Quienes visiten la exposición Skanderbeg. El héroe, el mito que, organizada por el Instituto Europeo del Mediterráneo y la Embajada de Albania en España, se ofrece hasta el próximo 22 de julio en la Biblioteca de Catalunya, tendrán ocasión de realizar un recorrido por las obras de todo tipo que entre los siglos XVI y XIX se publicaron en toda Europa sobre la figura de Gjerj Kastriot “Skanderbeg”. Empezando por la primera edición en latín, en 1510, del relato de su vida y gestas del sacerdote católico albanés Marinus Barletis, que después aparece editada en Alemania, y en francés, italiano, portugués, y finalmente en 1597 en castellano traducida del portugués, encontrarán también la biografía de Giovanni Maria Biemmi, de 1742, en la que se han basado la mayoría de las contemporáneas; los ocho tomos del poemario sobre él en hexámetros en latín de Jean de Bussières, de 1656; la tragedia Skanderbeg, or Love and Liberty, de Thomas Whincop, de 1747; o el diálogo en el reino de los muertos entre Skanderbeg y Carlomagno, publicado en italiano, en Roma, por el jesuita sueco Lorenzo Ignacio Thiulen en 1832, por citar tan solo algunos ejemplos de lo que muestra esta exposición singular.

    Al recorrerla en su inauguración recordaba mi primer encuentro con Skanderbeg en el Museo Nacional de Historia de Tirana a los pocos días de haber llegado a ella destinado como primer Embajador de España en Albania. Tras atravesar la Prehistoria, la presencia de colonias y ciudades griegas, el período romano y el bizantino, de extensión y contenido poco sorpresivo, no dejó de sorprenderme, al subir a la segunda planta, la extensión y detalle dedicado al período de Skanderbeg (1442-1479) a lo largo de varias salas enormes, y el contraste al pasar después el más de medio milenio de período otomano en una reducida sala, que desembocaba en la de la Rilindja – o renacimiento cultural albanés, que no pocas reminiscencias evoca de la Renaixença catalana – en el siglo XIX, a partir de la que la figura e imagen de Skanderbeg aparece como permanente referente e icono en la Historia de la Albania que cumple este año el centenario de su independencia. En el museo, y en las calles, las plazas, las monedas y billetes, la literatura y el cine, las realidades y los sueños que pueblan la vida colectiva de los albaneses.

    Recordaba también aquella primera visita a Kruja, la ciudad desde la que gobernó, y el castillo en ella reconstruido por el régimen de Enver Hoxha que alberga el museo a él dedicado. Y la referencia, en su última sala, al Tratado de Gaeta que Skanderbeg suscribió con Alfonso el Magnánimo, las cartas y las relaciones entre ambos. Y las preguntas que incitaban a recorrer un camino de conocimiento que estaba llevando a Skanderbeg, por primera vez, a Barcelona.

    ¿Por qué y cómo vive un ser humano durante siglos después de muerto, no sólo en la memoria, sino en las acciones y creaciones de las mujeres y los hombres?. ¿Por qué y cómo este señor feudal balcánico se convirtió en referente mito y modelo en toda la Europa cristiana, inspirando tantas obras – en el siglo XVII español, por poner un ejemplo, siete piezas teatrales, dos entremeses y un auto sacramental – a tantos autores?. ¿Por qué y cómo se constituye en el gran referente nacional de los albaneses de hoy?. ¿Cuál es la realidad que inspira el mito?.

    Volver la vista atrás hacia esa realidad nos remite al parteaguas que en la Historia de los Balcanes y de Europa marca la batalla del Campo de los Mirlos (Kosovo) en 1389, al determinar la victoria del Sultán otomano Murat frente a una coalición de ejércitos de los distintos pueblos cristianos de la península balcánica el inicio del dominio otomano sobre ésta. Como garantía de sujeción a éste, el Sultán exigía a los señores feudales balcánicos que enviaran a su Corte a uno de sus hijos varones para educarse en ésta, donde llegaban a alcanzar altas posiciones en el Ejército o la Administración. Tal fue el caso de Gjerj Kastriot. Hijo del Señor de Kruja, fue enviado a los diez años a la Corte Otomana, donde se convirtió al Islam y de cuyo ejército llegó a ser general, en el que fue conocido por el sobrenombre de Skanderbeg – Skander, o Alejandro; beg, o bey, título nobiliario que se concedía en el Imperio otomano a los señores -. Un general que, tras la derrota de los otomanos frente a los húngaros en la batalla de Nis, reconquistó Kruja en 1442, retomó la fe católica y constituyó en 1444 la “Liga de Lezha”, por la que los señores feudales albaneses se unieron bajo su liderazgo para liberarse del yugo otomano. Una libertad mantenida hasta su muerte en 1468, y perdida en los diez años siguientes a ella, cuando en 1479 el Imperio otomano recuperó definitivamente el control del territorio. Una libertad defendida con la espada, en numerosas batallas contra fuerzas superiores, resistiendo hasta tres veces el asedio de Kruja; y con la palabra, con la diplomacia. Con la alianza que estableció con Alfonso el Magnánimo, para éste elemento esencial de su política oriental, también dirigida a la asistencia a Morea y a Constantinopla, desarrollada para que para los cristianos el Mediterráneo siguiera siendo el “Mare Nostrum”. Tras el Tratado de Gaeta, suscrito en 1452, tropas de la Corona de Aragón al mando de Bernat Vaquer se instalarán en Kruja, a partir de lo que se extiende su protección a los territorios albaneses, a donde envía a Ramón d’Ortafà como Virrey o Gobernador para acompañar y sostener la lucha de Skanderbeg. Tras el trauma que supuso para el mundo cristiano la caída de Constantinopla, más allá del Adriático sólo la cruz vencía a la media luna al mando de Skanderbeg, proclamado en vida por el Papa el atleta de Cristo.

    Sólo: excepción a lo que quisiéramos que fuera regla. Tal vez en ello resida la clave, la identificación de su figura, su gesta, con el pudo ser que no fue y quisiéramos que hubiera sido, con lo que no somos pero quisiéramos ser en la construcción del nosotros que queremos ser en la Historia, en nuestro imaginario colectivo.

    Nosotros, en los tiempos de la vida de Skanderbeg y los que sucedieron a ella, de la Cristiandad, articulado por la identidad religiosa, como muestra que, tras la derrota definitiva de los albaneses en 1479, el mismo Fernando el Católico que en 1492 expulsó a los sefardíes – parte de ellos a su vez establecidos en Albania - acogió como rey de Sicilia a los que hoy se conocen como arberesh. Y de ahí, el héroe, el mito, de la exposición que podemos contemplar estos días.

    Nosotros romántico de la nación que busca su Estado en el siglo XIX en los Balcanes, y que recurre, en el caso de la Rilindja, a la cultura, la lengua, y a Skanderbeg, mito cristiano fuera a transformar dentro en mito nacional, aglutinador y símbolo del nosotros que fuimos y quisiéramos volver a ser, modelo de la hazaña que quisiéramos volver a realizar en la Historia. Pues así como las independencias en los Balcanes se inician con la de Grecia en 1830 a través de corrientes de solidaridad ortodoxa o católica interreligiosa europea, difícilmente podía el nacionalismo albanés recurrir a la religión como elemento catalizador y aglutinador hacia dentro y hacia fuera. Pues a la tradicional división de los albaneses entre católicos en el Norte y ortodoxos en el Sur se ha añadido la expansión del Islam – tanto suní como bektashí - durante el período otomano. Por ello recurre a la lengua, a enseñar, escribir y publicar de nuevo en ella y a unificar su gramática y su grafía en el alfabeto latino – pues hasta el Congreso de Monastir en 1908 los musulmanes escribían el albanés en alfabeto árabe, los ortodoxos en cirílico y los católicos en latino -. Y recurre a Skanderbeg, bajo cuya bandera intenta hacia dentro realizar de nuevo un nosotros político en la Historia, e invoca su mito en la Europa en cuyo orden internacional quiere integrarse, resucitándolo en las noticias de los periódicos; como interpelando a apoyar su causa a quienes se habían acostumbrado ya a que el mito viviera y creciera en los libros. Como tácitamente diciendo que ahora sí, ahora puede realizarse del todo en la Historia el sueño de Skanderbeg, ahora puede la libertad ser posible si pasamos de las palabras a los hechos, si no nos conformamos con seguir poetizando sobre el pudo ser que no fue, y para que sea escribimos con la vida en el mundo.

    Viven así en el centenario de su independencia los albaneses la realización del sueño de Skanderbeg. Y el reto de asumirla, de liberarse del mito y la exigencia sacrificial de la Historia. De asumir, en definitiva, su excepcionalidad. Pues pueden necesitar los pueblos de héroes que les lideren en la búsqueda de su libertad; mas, conseguida la independencia e instaurada la democracia, no puede la libertad depender de líderes, sino de instituciones: de ellas depende la consolidación de la democracia, la integración europea, la realidad de la libertad más allá del mito inspirador de las obras que podemos contemplar estos días en la Biblioteca de Catalunya.

Hay 4 Comentarios

Muy buen artículo sobre Skënderbeu, el albanés.
Muy buen comentario, Israel.

Saludos

Dice el viejo adagio: ...los extremos se tocan. ¿Qué preferís, uno solo estado mundial, o millones y millones de municipios convertidos en pequeños estados? El exceso de fragmentación política conduce a odios y envidias, donde cada político se cree mejor que el otro. Es muy importante en esa ilusoria unión mundial escoger (o inventar) un idioma común para todos, con la misma escritura. Ahora bien, las jergas locales serán inevitables.
Actualmente, en chino se dice Niao Ma y en español cómo estás?. En ambos casos habrá algo en común y todos pensarán lo mismo ...¡cojonudo¡

Gracias por este articulo, me ha gustado mucho.
Como comentario: Que suerte que Albania no fue incluida, por el Tratado de Londres de 1913 como parte de Serbia como pedian, y al final solo se le dio un trozo, Kosovo. En caso contrario la diplomacia española aun estaria ahora sin reconocer la independencia de Albania de Serbia.

Gracias por este articulo, me ha gustado mucho.
Como comentario: Que suerte que Albania no fue incluida, por el Tratado de Londres de 1913 como parte de Serbia como pedian, y al final solo se le dio un trozo, Kosovo. En caso contrario la diplomacia española aun estaria ahora sin reconocer la independencia de Albania de Serbia.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

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