Manuel Montobbio

Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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Mis libros

MUNDO Una geografía poética

MUNDO

Una geografía poética

Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

Tiempo diplomático

Tiempo diplomático

Una invitación a vivir un destino diplomático en sus diferentes etapas y una aproximación a las funciones del diplomático que, entre el ensayo y el relato, intenta responder a las preguntas de qué es la diplomacia, qué es y qué hace un diplomático y su sentido, y al tiempo va más allá.

Guía poética de Albania

Guía poética de Albania

Una aproximación a la esencia y el alma de Albania, su drama, sus mitos y su universo simbólico en un viaje sinfonía en cinco movimientos —Guía de Albania, Tirana, Búnkeres, Mujeres-hombre y Cielos de Albania—, en que nos adentramos en su realidad y referentes colectivos y en las grandes cuestiones y anhelos que afrontamos en nuestro navegar con la vida en el mundo.

Salir del Callejón del Gato

Salir del Callejón del Gato

La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global

Un viaje por los espejos que condicionan nuestra visión de la realidad y del mundo y de búsqueda de nuevos paradigmas sobre la democracia, el desarrollo, la paz, la diversidad cultural y otros elementos para la construcción de la gobernanza global.

La metamorfosis del Pulgarcito

La metamorfosis del Pulgarcito

Transición política y proceso de paz en El Salvador

Un análisis del proceso salvadoreño y la problemática de la construcción de la paz y la democracia en El Salvador desde la doble perspectiva de la Sociedad Internacional y la sociedad nacional, como proceso de paz y a la luz de las teorías de la transición democrática, la revolución y el contrato social, y sus lecciones para otros procesos.

    Hemos mirado en este blog hacia atrás, hacia el proceso de construcción de la Historia en los Balcanes, en el itinerario analítico recorrido a partir De la conmemoración del centenario de la proclamación de la independencia de Albania el pasado veinte y ocho de Noviembre, que nos ha llevado a la consideración De los Balcanes en la Historia y la Historia en los Balcanes y De la mayoritación de las minorías y la dinámica de la Historia en los Balcanes. Y si tal mirada tiene o puede tener sentido - o para que lo tenga, como cualquier mirada hacia la Historia –, lo tiene para a partir de ella o desde ella mirar hacia delante, plantearse la construcción del futuro. Y no de un futuro cualquiera; sino de uno mejor, como aquel que deseara Gil de Biedma en su poema a una España libre, o liberada, de los demonios de su Historia.

    Al mirar hacia delante, se configura como reto fundamental de los Balcanes la construcción de estados viables y la gestión de las relaciones entre sus pueblos por la vía de la cooperación en lugar de la confrontación. Lo que a su vez supone la construcción del Estado y el Estado de Derecho fruto de un contrato social basado en la ciudadanía, pasando de un único poder a la división de poderes, del nosotros de la etnia o la religión compartida al de la ciudadanía compartida. Supone la utilización del proceso de integración europea como vía para el consenso colectivo y la transformación que permita la superación de las lógicas, dinámicas y fantasmas de la Historia, al tiempo meta y camino u hoja de ruta de la acción colectiva, al configurarse el Progress u Opinion Report de la Comisión Europea en programa político compartido y guía del proceso transformador en cada caso.

    Pues si alguna perspectiva puede evitar, en el actual panorama de estructuración de la región en los estados que la conforman, la dinámica de apertura indefinida de las matrioskas, o que el factor serbio o el albanés u otro tienda a reeditar la construcción de la Gran Serbia o la Gran Albania, tal es la de la integración de los estados y el encuentro de los pueblos en una unidad política superior, en el proyecto político común de la construcción europea. Y ello no puede acontecer sin un cambio de lógica y de paradigma.

    Pues, como señala Cooper, frente al imperio y el equilibrio de poderes, el proceso de construcción europea supone la emergencia de una nueva manera de construcción de la estabilidad y el orden internacional a través de la integración en una comunidad superior regulada por el Derecho; concepción y lógica de la Comunidad Internacional como contrato social y no como estado de naturaleza, basada en la ciudadanía común y la lógica del nosotros somos todos, del juego de suma positiva y de los universales abiertos compartidos, en cuyo seno cualquier universal cerrado aglutinador de una identidad colectiva resulta posible para un yo o un nosotros siempre que respete la libertad del otro y no le sea impuesto, en que el recurso a la violencia no resulta posible como vía de acción colectiva y construcción de la Historia.

    Lo que supone un reto especial tanto para la Unión Europea como para los estados y sociedades de los Balcanes que aspiran a integrarse en ella.

    Reto, en el caso de la primera, de evitar convertirse en nuevo protector que repita los esquemas imperiales o equilibradores de los anteriores, de utilizar su capacidad de agresión pasiva, su vis atractiva, para promover la transformación desde abajo y desde dentro de las sociedades y los estados invitados a integrarse en ella, en las mentes y en las realidades.

    Reto de asumir, especialmente por parte de los estados y sociedades de los Balcanes, que la condición esencial para ser Estado miembro de la Unión Europea, es ser Estado dentro de los parámetros entendidos por ésta, pues solo ello puede permitir la conformación efectiva del espacio común europeo, y solo a través de él puede participarse en ella. Lo que implica la asunción de que el Estado es de todos, y no de la mayoría, de todos el contrato social en que se sustenta, y que éste se suscribe para proteger y garantizar los derechos fundamentales de todos y cada uno, se basa en universales abiertos que permitan a cada ciudadano o grupo de ciudadanos compartir libremente los universales cerrados con los que se identifica. Que todos tenemos una identidad única e irrepetible, que las identidades colectivas son múltiples y no son un contrato de adhesión. Que su fundamento es la ciudadanía y no la nacionalidad. Que en algunos de los aspectos o dimensiones de nuestra identidad todos somos o podemos ser minoría, pues en definitiva somos únicos, y tenemos un derecho fundamental a cambiar, a ser diferentes. Que en un Estado de Derecho la igualdad implica el trato desigual a los desiguales, y que por ello la protección de los derechos de las minorías constituye el test y elemento fundamental de la protección de los derechos de todos, de la libertad de todos.

    Reto, en definitiva, de mayoritación de las mayorías y minoritación de las minorías, de asunción de la diversidad y el respeto a la diferencia, del derecho del otro a ser como es, a ser diferente, a ser otro, y al tiempo la conciencia de que todo nosotros es un yo con otros, que es con los otros que conformamos el nosotros de la ciudadanía compartida, con los otros que construimos Europa, con todos los que compartimos nuestra común condición humana, y lo hacemos para garantizar y defender los derechos humanos fundamentales que nos permitan realizarla y desarrollarla en toda su potencialidad.

    Pues ninguna mayoría puede ser todo. Y en un contexto más amplio, empezando por el de la Unión Europea en la que nos integramos, toda mayoría puede ser minoría, y está en el interés y la legitimidad del trato que espera recibir el trato que dé a quienes sean minoría frente a ella.

    Reto, por todo ello, de madurez, de afirmación frente a uno mismo. Pues, como decía María Zambrano, si la juventud es la edad en que uno se afirma frente al otro, la madurez es aquella en que se afirma frente a sí mismo.
    Así como decíamos en la entrada de este blog De los Balcanes en la Historia y la Historia en los Balcanes que difícilmente puede la balcanización de los Balcanes, su emergencia como sujeto y objeto de la Historia, explicarse sin considerar que han constituido históricamente el lugar donde se han trazado las líneas que han dividido los nosotros de los otros; difícilmente tampoco puede ésta explicarse sin la consideración de las minorías en el seno de su sociedad, de la construcción de éstas a partir de determinadas líneas o elementos de diferenciación, de su acción o la acción sobre ellas.

    Señala Robert Cooper en The post-modern State and the new World Order (El Estado postmoderno y el nuevo orden mundial) que hasta la construcción europea tradicionalmente el imperio y el equilibrio de poderes han constituido los dos grandes paradigmas y vías de construcción del orden y la estabilidad internacionales. Imperio como aglutinador externo, en cuyo seno los pueblos de los Balcanes han vivido la mayor parte de su Historia, hasta que en el siglo XIX la confluencia de una serie de factores internos y externos – de la impregnación de las ideas del nacionalismo y el romanticismo por parte de las élites ilustradas o la configuración del campesinado como sujeto social, al debilitamiento del Imperio Otomano y los flujos de solidaridad e interés de las potencias europeas hacia lo que viene a denominarse “la cuestión oriental” – lleva, a partir de la independencia de Grecia, a la progresiva organización de los pueblos de los Balcanes en Estados, cuyas relaciones entran en la lógica y la dinámica del equilibrio de poderes.

    Y lo hace en un proceso de “mayoritación” de las minorías en que recuerda a la apertura de las matrioskas que siempre contienen otra muñeca dentro y no se sabe cuál va a ser la última. Pues en definitiva las poblaciones cristianas en el Imperio Otomano eran, aunque mayorías en sus territorios, minorías en éste, y la constitución de un nuevo Estado donde se asientan lleva a que la antigua minoría se convierta en mayoría, pero a menudo también alberga en su seno una minoría, que a su vez aspira a convertirse en mayoría, y para ello crear su propio Estado… O a escindirse de aquel en que es minoría para integrarse en el que sería mayoría; o expandir el territorio del Estado central de determinado pueblo para integrar en él a sus poblaciones fuera de él – construir la Gran Serbia o la Gran Albania -, lo que, dada la distribución poblacional de “piel de leopardo”, a su vez puede implicar integrar nuevas minorías.

    Mayoritación en el doble sentido de emancipación de la minoría para convertirse en mayoría; y de superar la que Arjun Appadurai denomina en El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia  la “angustia de lo incompleto”, recorriendo la escasa distancia que queda entre la mayoría y el todo, la unidad. Minorías cada vez más construidas sobre el narcisismo de las pequeñas diferencias, frente a las que mayor debe ser la “pseudoespeciación” – por utilizar la expresión del Osvaldo de Rivero en Los estados inviables. No-desarrollo y supervivencia en el siglo XXI -, la negación de la común humanidad e identidad al otro para convertirlo en enemigo y legitimar su destrucción en el fuego sacrificial del guión exigido por la Historia.

    Pues si, como señala Mazower en The Balkans. From the End of Byzantium to the Present Day, a partir de determinado momento en el siglo XIX en los Balcanes, “History acquired direction” – hacia atrás y hacia delante, pues para hacerla en el segundo sentido se construye el relato legitimador en el primero -, y las mujeres y los hombres de los Balcanes la hacen como se ha apuntado, cabe preguntarse cuáles son las lógicas y supuestos implícitos que subyacen a esas dinámicas de construcción histórica, y responder a ello con algunas consideraciones.

    Como la legitimación de la violencia y por la violencia; pues la Historia se hace a través de la guerra, y con ella la mayoritación de las minorías, hasta el extremo de la limpieza étnica. O el supuesto implícito del nosotros frente o contra los otros; de que nosotros no somos todos, de la necesidad de un otros frente al que definirse, diferenciarse, y recurrir para ello a universales cerrados, aglutinadores como la religión, la lengua o la etnia.

    Una lógica de construcción desde arriba, que favorece los populismos y los sumos sacerdotes interpretadores de la esencia y el sentido de la Historia. Una lógica de universalización del Estado como modo de organización política, que tiende a concebirlo como Estado nacional. De la presencia, a través de todas las transformaciones, de un cohesionador o equilibrador exterior entre los actores internos, sus instituciones, grupos y poderes. Rol que la inercia de la construcción histórica, en una fase en que la integración en ella se constituye en la gran aspiración colectiva superadora del pasado, puede atribuir a la Unión Europea.

    Lógica del pasado que nos pregunta por la del futuro y sus retos.

El Salvador cumple veinte años de paz

Por: | 15 de diciembre de 2012

Acuerdos-de-paz-thumb

    Inició este año con el veinte aniversario de la foto del abrazo entre el Presidente Cristiani y los miembros de la Comandancia General del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional tras la firma de los Acuerdos de Paz de El Salvador; y se cumple este quince de Diciembre el de la foto de la destrucción y entrega definitiva de las armas con que concluyó la desmovilización del FMLN, finalizando así el período de “paz armada” durante el que a la desmovilización sucesiva del veinte por ciento de sus efectivos había ido siendo correspondida por el cumplimiento o puesta en marcha de los compromisos esenciales de los Acuerdos, aquellos que daban lugar a aquellas reformas sustanciales con las que se había identificado la paz.

    Momentos cruciales de la metamorfosis del Pulgarcito que veinte años después siguen vivos en quienes los vivimos. Veinte años que invitan a preguntarse - como ha hecho la revista Per la pau/Por la paz , del Institut Català Internacional per la Pau, que me ha invitado a contribuir a su último número con un artículo cuyas ideas quisiera compartir en este blog - por el legado de ese proceso de paz que la hizo posible y sus lecciones para la construcción de la paz, o para la paz en construcción. Pues la paz está siempre en construcción, hay en ella procesos de paz, mas es en sí misma un proceso. Un proceso de erradicación de la violencia en las tres dimensiones que de ella señala Galtung: directa, estructural – entendida como ausencia de democracia y desarrollo – y cultural.

    Y tal vez se desprenda de esa distinción una de las principales paradojas y al tiempo lecciones de este El Salvador en democracia y en desarrollo y sin embargo azotado por la violencia del crimen organizado. Sólo la superación de la violencia estructural, la democracia y la perspectiva del desarrollo, hizo posible la de la violencia directa como vía de acción política; requirió la obtención de la paz negativa la construcción de la paz positiva. Mas es la violencia cultural, aquella que hace del recurso a ésta algo normal en la acción social, la que resulta más difícil de erradicar, la que requiere más tiempo, más educación, superación de traumas y hábitos; lo que en buena medida explica la pervivencia de la violencia, no ya como vía de acción política – al contrario, combatida por ésta – sino como vía de acción colectiva con fines ilícitos. Afronta así El Salvador de hoy el reto de su superación, que es en buena medida de superación de la violencia cultural, de construcción de la paz en las mentes, los corazones y las almas. Podría decirse que ello era en parte inevitable secuela de normalidad de la violencia que llevó a la guerra y la alimentó; mas lejos de contemplarse como fracaso, procede contemplar ésta como último reto de construcción de la paz, difícilmente abordable sin la superación de la violencia estructural que trajo la paz, que estos años ha consolidado para no volver.

    Legado o lección conceptual de la paz; mas también operativo y paradigmático, pues ONUSAL – la Misión de Naciones Unidas para la verificación e impulso de los Acuerdos de paz en El Salvador – constituye la que vino a inaugurar y convertirse en referente de la segunda generación de misiones de paz – verificadoras no sólo del cese al fuego y la desmovilización, sino también de las transformaciones políticas y socioeconómicas que constituyen el contenido de la paz -; y la experiencia del proceso salvadoreño se constituirá en inspiración fundamental para la formulación de Un programa de paz, que Boutros-Ghali presentará en 1992, reflejando los paradigmas y conceptos referenciales con los que desde entonces contemplamos los procesos de paz.

    Legado en el imaginario colectivo, en el intangible que supone, frente a una Historia previa de confrontación fraticida, el valor simbólico, referencial, fundacional, de la posibilidad del acuerdo entre salvadoreños: Y de ahí que, más allá de su contenido,  los Acuerdos de Paz se conviertan en necesario referente de construcción nacional, pacto fundacional de El Salvador contemporáneo, de todos y para todos.

    Legado, en lo sustantivo, de la instauración democrática. Pues si bien, como he señalado en mi libro La metamorfosis del Pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador, puede en el cómo el proceso salvadoreño ser contemplado, en el plano internacional, como proceso de paz, y en el plano nacional, según la perspectiva, como proceso de transición democrática, revolucionario o de paso del estado de naturaleza al contrato social; confluyen en el qué esos procesos en el proceso, caminos en el durante, en un único punto de llegada: un régimen político sustancialmente diferente al existente antes del “golpe de los capitanes” del 15 de Octubre 1979 que da inicio al conflicto al que los Acuerdos pusieron fin. Un régimen democrático desde una perspectiva poliárquica. Pues tal es en lo sustancial el después, el hoy en que éstos se han trasladado del papel a la realidad. Democracia sin embargo en consolidación, que plantea, mirando al futuro, a sus actores tanto el reto de  ésta, la de sí mismos y el sistema de partidos, como el de la eficacia. Pues los ciudadanos no demandan sólo a su sistema político que sea democrático, sino que resuelva efectivamente sus necesidades. Que democracia signifique en definitiva desarrollo y gobernabilidad.

    Consolidación en la que el hecho de que estos veinte años en paz se celebren con un FMLN en el Gobierno como fruto de un proceso electoral constituye un hito y al tiempo una lección del proceso de paz. Hito de consolidación democrática, pues, como señala Morlino, puede darse ésta definitivamente cuando el partido que hizo la transición desde el Gobierno cede éste democráticamente en unas elecciones, y los ciudadanos y los partidos experimentan la alternancia, cuenta el sistema político al menos con una alternativa de gobernabilidad. Legado y lección para futuros procesos de paz, al mostrársenos el salvadoreño no sólo como uno de los procesos de paz cuyos Acuerdos las Naciones Unidas han considerado enteramente ejecutados, sino también como el único en que un antiguo movimiento insurgente que ha cambiado las balas por los votos ha llegado al poder por la fuerza de éstos en aplicación de las reglas del juego político que ha contribuido a alumbrar con la negociación de la paz. Al mostrarnos la posibilidad de esa alquimia, esa metamorfosis de balas en votos, como uno de los frutos y al tiempo rasgos de la metamorfosis del Pulgarcito.

    La metamorfosis del Pulgarcito de veinte años atrás al Pulgarcito de hoy, desde la que contemplar al mirar hacia delante el camino por recorrer, los retos que nos plantea el futuro. Y sentir que si pudimos podemos. Que se hace camino al andar, y en el camino andamos. Que el futuro es posible, y está por escribir.

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De los Balcanes en la Historia y la Historia en los Balcanes

Por: | 07 de diciembre de 2012

    Ofrecíamos en la anterior entrada de este blog, De la conmemoración del centenario de la independencia de Albania – que se cumplió el pasado 28 de Noviembre en que se publicó -, una aproximación, siquiera sea a grandes rasgos, a las dinámicas históricas que llevaron a ésta, y la concluíamos preguntándonos por lo que tras ella sucede. No tendría sin embargo sentido contestar esa pregunta, intentar comprender o explicar la Historia de Albania o de cualquier otro de los países de los Balcanes, seguir la película o el hilo narrativo de ésta, sin antes apretar el zoom y contemplar en gran angular, como parte de un conjunto que constituye no solo un escenario de la Historia, sino al tiempo y también, especialmente y sobre todo, un colectivo de interrelación histórica, de dinámicas e interacciones compartidas en la Historia.

    Iniciaba este blog de Ideas subyacentes su entrada primera recordando que María Zambrano nos decía que el hombre es el único ser que no sólo padece la Historia, sino también la hace; que define tal vez su esencia su pasión por hacerla, su sentido sacrificial por transformar en realidad su relato, sus mitos, sus ideas, su imaginado pasado. Hacer, crear, no sólo la Historia, sino también sus sujetos y escenarios, sus fronteras. Crear, en definitiva, aquellas zonas o áreas geográficas en que se considera que transcurre la Historia, cierta Historia.

    Tal es el caso de los Balcanes. Pues no necesariamente constituyen éstos una unidad política y geográfica diferenciada, sino que, utilizando una circunstancia orográfica para su diferenciación, son producto de una creación histórica desde fuera, de una denominación, en términos históricos relativamente reciente, por las potencias que en los congresos diplomáticos del siglo XIX trazaban mapas que después intentaban convertir en realidad, en buena medida sobre lo que hasta entonces habían sido territorios del Imperio Otomano, y por los historiadores y académicos que escribían la Historia. Como nos señala Mark Mazower en The Balkans. From the End of Byzantium to the Present Day (London, Orion Books, 2000), durante el siglo XVIII y la mayor parte del XIX “Turquía en Europa” era la manera más habitual de referirse a los territorios que después serán conocidos como los Balcanes, y no es frecuente encontrar antes de 1888 – año del Congreso de Berlín – textos con referencias a los pueblos balcánicos (antes bien, durante mucho tiempo fueron conocidos en el seno del Imperio Otomano como Rumelia o rums (romanos) por provenir de los pueblos del antiguo Bizancio); y sin embargo al inicio de la Primera Guerra Mundial era ya la manera habitual de referirse desde fuera a la región. Y si bien utiliza un referente geográfico, sostiene Mazower que desde el inicio los Balcanes son más que un concepto geográfico:

From the very start the Balkans was more than a geographical concept. The term, unlike its predecessors, was loaded with negative connotations – of violence, savagery, primitivism – to an extent to which is hard to find parallel… Europe quickly came to associate the region with violence and bloodshed. (Desde el principio los Balcanes fueron más que un concepto geográfico. El término, a diferencia de sus predecesores, estaba cargado de connotaciones negativas – de violencia, salvajismo, primitivismo – hasta un extremo para el que es difícil encontrar otro semejante… Europa llegó rápidamente a asociar la región con violencia y derramamiento de sangre).

Hasta el punto que la balcanización y los Balcanes se hayan convertido en referentes habituales para describir la situación de otras zonas geográficas u otros procesos históricos, vocablos del lenguaje corriente, paradigmas con los que conceptualizar dicha situación o proceso, sinónimo de disgregación territorial y recurso a la violencia como vía de acción colectiva, peligro o evolución negativa que pudiera cernirse sobre un área geográfica proceso histórico. Y de alguna manera con ello pueden estar no solo donde están, sino también en cualquier otro lugar cuya situación o perspectivas pudiera asociarse a las que despierta el vocablo.

    Aunque hay hechos recientes que pueden llevar a tal identificación, difícilmente puede ésta explicarse de no constituir históricamente el lugar donde se han trazado las líneas que han dividido los nosotros de los otros: entre catolicismo y ortodoxia, entre cristiandad e Islam. Lo que lleva a diferenciar una zona que geográficamente es Europa en el seno o del resto de ella, a la emergencia de los Balcanes como sujeto y objeto de la Historia.

    Emergencia que parte de la consideración, por un lado, de que los Balcanes no se construyen a sí mismos, sino que son construidos desde fuera, en un proceso de singularización y diferenciación de lo que antes había sido común. Común, primero, con el resto del Imperio Romano; después con el resto de Europa; y finalmente con el del Imperio Otomano. Singularización, precisamente, para diferenciarlo del resto del Imperio Otomano.

    De la consideración, por otro, de los Balcanes como punto de encuentro entre culturas, civilizaciones, mundos. Por lo que su articulación política se ve condicionada por líneas de tensión que los dividen y estructuran; y por factores y actores respecto a los que la organización en estados constituye un fenómeno histórico reciente y muchas veces trascendido por ellos, jirones de la Historia que siguen vivos a través de ella, más allá de la vida y de la muerte del mundo que los alumbró.

    Jirones, oleadas o flujos de la Historia, pasado presente de la romanización que sin embargo encontró la resistencia lingüística del griego y el ilirio (de modo que el griego y el albanés constituyen junto al vasco las únicas lenguas vivas anteriores al latín); de la línea de Teodosio que en el año 395 dividió el Imperio Romano de Oriente y el de Occidente, que posteriormente se reflejaría en la de los mundos católico y ortodoxo, de las invasiones eslavas a partir de las cuales dichos pueblos conviven en la región con albaneses y griegos; de la invasión otomana y las dinámicas de integración y resistencia que genera, así como la islamización de parte de la población. Resistencia histórica o mantenimiento identitario que junto a las corrientes nacionalistas y el debilitamiento del Imperio abre, a partir de la griega, el proceso hacia las independencias de los pueblos de la región y su organización política como estados. Un proceso, por cierto, que nace como un acto de solidaridad ortodoxa a través del apoyo de Catalina la Grande a los independentistas griegos; y que conlleva como factor geoestratégico el acceso de los poderes centrales eslavos al Mediterráneo. De la presencia, en el Mare Nostrum, de potencias centrales como los imperios ruso o austro-húngaro, de los mundos germánico y eslavo.

    Un proceso que culmina con la organización política de los pueblos y territorios balcánicos en estados, en el que se pueden distinguir dos fases, la de su independencia del Imperio Otomano – y del austrohúngaro – que culmina tras la Primera Guerra Mundial con la creación del Reino que después de transformará en la República Federal de Yugoslavia y la del Estado albanés; y la de la desintegración de la antigua Yugoslavia en los años noventa del siglo pasado. Un proceso que, con el referente de la independencia griega, se acelera en torno al Congreso de Berlín espoleado por los nacionalismos y la solidaridad católica (Imperio Austrohúngaro) y ortodoxa hacia los pueblos de dichas religiones, contexto en el que el caso albanés se configura como excepción.

    Explicábamos ya en el anterior entrada de este blog, Del centenario de la proclamación de la independencia de Albania, las circunstancias y factores que llevaron a ésta y a la lucha por el territorio en la Primera Guerra Balcánica, que se saldará con el nacimiento de una Albania como Estado independiente que abarca poco más de la mitad del territorio y la población de los vilayets o provincias otomanas en las que habitaban los albaneses. Población albanesa fuera de Albania, en Kosovo, en Macedonia, en Montenegro, en el Valle de Presevo, en el Norte de Grecia, que, como señalábamos, configura la denominada “cuestión albanesa” y el factor albanés en la temática y dinámica de la agenda y la acción colectiva de la región.

    Por otro lado, la construcción de un Estado compartido entre los demás pueblos de la región tiene la potencialidad de la canalización de las tensiones entre ellos en un proyecto federal común, y el riesgo de que la potencialidad equilibradora de éste se vea anulada por las ambiciones de construcción nacional expansiva de sus pueblos constituyentes, y en particular la de hegemonía serbia. Desaparecida la figura de Tito y el socialismo como factor y discurso cohesionador, la narrativa y los protagonistas vuelven a pasiones nacionalistas que llevan las relaciones entre los pueblos de la antigua Yugoslavia de la cooperación de suma positiva sobre lo común a la confrontación de suma cero sobre la exaltación de lo diferente. Lo que nos lleva a la emergencia de nuevos estados en un paisaje en que éstos conviven con otros factores como actores. Estados fundamentalmente homogéneos desde una perspectiva étnica, religiosa e identitaria; y estados plurales como Bosnia y Herzegovina o la República ex Yugoslava de Macedonia. Un paisaje en que el “factor serbio” y el “factor albanés” aparecen con frecuencia en los discursos explicativos de las dinámicas regionales.

    Unos Balcanes que, superada la fase del conflicto armado a través de su solución negociada y la creación de nuevos estados y recibida la perspectiva de integración europea desde el Consejo Europeo de Tesalónica, contemplan la realización de ésta a través del proceso de estabilización y asociación con la UE, primero, y de integración en ella, después. Se configura así la UE – como en su día en buena medida el Imperio Otomano – en nuevo cohesionador exterior, y la integración europea en fórmula superadora de las cuestiones y tensiones nacionales e identitarias. Y es así la transición a la democracia y al Estado de Derecho al tiempo hacia y para ser un Estado miembro de la Unión Europea.

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