Manuel Montobbio

Búnkeres: la razón militar

Por: | 03 de mayo de 2013

    ¿Por qué y para qué se construyen?. La pregunta que nos hacíamos en la anterior entrada de este blog sobre los búnkeres de Albania tiene, en primer lugar, una respuesta militar.

    Pues responde ésta a la exitosa experiencia de los partisanos albaneses ante las tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, que los llevó al poder instaurando el régimen liderado por Enver Hoxha. Una estrategia basada en buena medida en la guerra de guerrillas, en la que la concentración de las tropas en las montañas, el control de éstas como retaguardia y base de su acción militar, desde la que avanzar hacia la conquista de las ciudades y otras posiciones, u hostigar y luchar contra el invasor enemigo. Una guerra en la que los partisanos comunistas se impusieron en el bando albanés gracias a su mejor organización y capacidad militar, en buena medida debida a Mehmet Shehu, general de 1-mehmet-shehu
la Primera Brigada que conquistó Tirana, quien había adquirido su experiencia militar como miembro de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española. Shehu será, tras la toma del poder, Ministro de Interior y posteriormente de Defensa, y, desde 1954, Primer Ministro y Sucesor designado de Enver Hoxha hasta que, en 1981, en un episodio nunca del todo declarado - que inspira a Ismail La-hija-de-agamenon--el-sucesor-9788420647388Kadaré su novela El sucesor – se suicidó o fue suicidado. Una estrategia y una experiencia que llevó a Albania a ser el único país que conseguirá liberarse a sí mismo, gracias a su ejército de partisanos, de la invasión extranjera en la Segunda Guerra Mundial.
Mehmet Shehu
    Experiencia, también, de los intentos de infiltración de agentes secretos británicos para promover el levantamiento contra el régimen tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, en 1947 y 1948, que se saldaron con la captura de éstos al aterrizar en para caídas gracias a la información conseguida por la inteligencia del régimen, y su rápida ejecución tras juicio sumario bajo la acusación de espías.

    Por eso, tal vez no sea extraño que un Estado cuyo propio nacimiento como tal – como tuve ocasión de exponer el pasado 28 de Noviembre en la entrada de este blog dedicada al centenario de la proclamación de la independencia de Albaniadependió del reconocimiento y voluntad de las grandes potencias, y cuya existencia ha buscado siempre asegurarse el apoyo de un gran protector exterior, que tras la Segunda Guerra Mundial había rechazado el intento de Tito de promover la integración de Albania en Yugoslavia, al quedarse aislado, sin valedor exterior alguno cuya alianza pudiera ejercer un efecto disuasorio frente a terceros de cualquier intento invasor, pudiera temer la invasión exterior; y quisiera construir frente a ella su propio efecto disuasorio interior. Y pareciera la bunkerización la mejor opción para ello.

    Pues responde ésta al escenario de que, frente a una invasión enemiga, se instalaría el liderazgo político y militar del régimen en las montañas, y desde ellas podría dirigir, de búnker en búnker, una red que podría defender o reconquistar eventualmente todo el territorio.


    Así, el liderazgo del régimen podría trasladarse – habría incluso un túnel que los comunicaría al efecto – desde la sede central del Partido del Trabajo de Albania y el bloku – barrio de Tirana en que, a modo de Tirana-Dajti-Mountain-Albaniaciudad prohibida, residían sus dirigentes – hasta el gran búnker central en el monte Dajti – el más cercano a Tirana, cuya cima nevada caracteriza su paisaje en invierno – y desde él, en conexión con otros búnkeres centrales regionales, podría dirigir la guerra.

    En comunicación radiofónica con el búnker central, y permanentemente ocupados por algún oficial y varios efectivos, estarían los búnkeres comando – que hoy podríamos ver como de tamaño familiar, habiéndose convertido algunos en viviendas, tiendas, almacenes o chiringuitos.

500px-Pike_zjarri_diagram.svg
    Y bajo el comando de éstos y al alcance de su vista se encuentran los búnkeres individuales, técnicamente conocidos como QZ o Qender Zjarri (posición de fuego) y popularmente como champiñones, los más comunes, numerosos y frecuentes. Tiene el champiñón dos ranuras: una, por la que dirigir la vista al búnker comando y recibir por señas o comunicarse con él; otras, desde la que disparar al enemigo. A diferencia de los búnkeres comando, su destino no era el de estar permanentemente ocupados, sino según lo exigieran las necesidades de la ocupación militar.
1000px-Qender_zjarri_diagram.svg

    Junto a los búnkeres comando y lo búnkeres champiñón, puede decirse que había una tercera categoría de estructuras especiales con finalidades estratégicas – como refugios antinucleares, o custodia de bienes de interés militar, político o industrial -. Buena parte de ellas eran túneles, como el que ya hemos mencionado que unía las sedes del poder en Tirana con el Monte Dajti, lo que hace que Albania sea considerada el país más tunelizado tras Corea del Norte. Túneles construidos con gran secreto, de modo que los equipos de ingenieros eran rotados para que no los conocieran en su totalidad. Y que aparecen en alguna de las novelas de Kadaré, como, además del que en El Sucesor uniría la casa de Enver Hoxha con la de Mehmet Shehu, en Frias flores de Marzo.

    Muchos búnkeres han desaparecido o se han camuflado en el paisaje; pero en algunos valles, especialmente en las zonas fronterizas – como, por ejemplo, el valle del Drin entre Gjirokastra y la frontera con Grecia – puede verse claramente el despliegue y la lógica a que respondía.

    No hubiera sido ciertamente fácil invadir esa Albania totalmente bunkerizada, armada con un ejército de cien mil soldados, capaz de movilizar en su defensa a la mayoría de su población útil para empuñar las armas. Unas ochocientas mil personas estaban de una manera u otra – como reservistas, defensas civiles o unidades militares de estudiantes – a las Fuerzas Armadas y listas para ser movilizadas. Y desde los doce años los albaneses y las albanesas eran entrenados para parapetarse en el búnker más cercano para repeler la invasión enemiga.

     Y es por ello que decíamos que - a pesar del esfuerzo titánico que supuso, y el coste de oportunidad de su dedicación a fines alternativos -, la bunkerización de Albania respondió a una lógica militar, y tenía pleno sentido desde ella para quienes la impulsaron. Para quienes la impulsaron, mas no para todo el aparato militar, como muestra el hecho de que el General Beqir Balluku, Ministro de Defensa y miembro del Politburó, cuestionara la bunkerización en un discurso en 1974, sosteniendo que resultaba preferible promover la creación de un ejército profesional bien equipado, y cuestionara la tesis de Hoxha de que Albania estaba igualmente amenazada por Estados Unidos y por la Unión Soviética. Lo que llevó – como se refleja en la película Kolonel Búnker, a la que nos referimos en la anterior entrada – a que fuera acusado por Hoxha de agente extranjero y de intentar un golpe de Estado, y fuera juzgado y ejecutado por traición.

Respondió, sí, a una lógica militar; mas no sólo…

    Llevarla a cabo supuso no solo una operación militar, sino el esfuerzo y sacrificio de todo el país, como movilizado bajo la consigna “Construir el búnker construir Albania”.

“Construir el búnker
construir Albania”.

Las vacaciones Albania_bunker_comando
de los niños
en las escuelas
se pasaron
en inmortalizar
en la montaña,
escrita con piedras,
la nueva consigna
del Partido:
“Construir el búnker
construir Albania”;
y vamos con nuestros padres
los domingos por la mañana
a cavar el hueco Photo-bunkers-near-tirana-albania-29891
en el que el Ejército
verterá después
la gran mole
de cemento
y acero
indestructible
para protegernos el día
en que nos invada
el enemigo
para destruir
a nuestra gran familia
que es Albania.
Todos para uno
y uno para todos;
todos y todo Albanian_bunkers_8
para los búnkeres
y un búnker
para cada uno:
todo el cemento,
todas las mujeres
y todos los hombres,
todo el acero
y todo el esfuerzo
del pueblo,
todas las carreteras,
todas las escuelas,
todas las fábricas de sueños
no construidas, Bunkers champiñón montaña
todos los poemas
no escritos
y todos los besos
no besados,
todos los anhelos,
todas las horas:
todas y todos,
todo
para los búnkeres,
hasta la vida.
Para construir los búnkeres,
para construir Albania,
para convertirla en búnker.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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