Manuel Montobbio

De los efectos del orientalismo y el reto de su superación. En el décimo aniversario del fallecimiento de Edward Said

Por: | 25 de septiembre de 2013

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    Se cumplen, precisamente hoy, diez años del fallecimiento de Edward Said. Y precisamente por eso concluye hoy la aproximación al orientalismo que hemos venido acometiendo, a modo de homenaje, en anteriores entradas de este blog. Una aproximación que nos ha llevado a la consideración en éstas - De Oriente, el orientalismo y Edward Said; Del por qué, para qué y cómo del orientalismo; y De Oriente y el Islam - de su qué, por qué y para qué, cómo y dónde, tras lo que cabe preguntarse por sus consecuencias y efectos. Si entre ellas hubiera que destacar esencialmente dos, tales serían la orientalización de Oriente y la exaltación de las diferencias entre éste y Occidente.

    Orientalización de Oriente, construcción de un espejo cóncavo a través del que lo contemplamos y de alguna manera existe, en el que existe, gracias al cual existe. En el que – nos dice Said - “un hombre oriental primero era un oriental y sólo después era un hombre”; “despojar de humanidad a otra cultura, a otro pueblo y a otra región geográfica” a partir del cual resulta posible la orientalización de Oriente. Que plantea como reto fundamental, para la desorientalización del mismo, la desconcavización o relación inversa: hacer que un hombre oriental – o de cualquier otra cultura o zona geográfica – sea antes un hombre que un oriental. Contemplar en dicha cultura, pueblo o zona geográfica a la humanidad en Oriente o donde sea, con sus especificidades, sí, pero con los sueños y angustias compartidas por todo el género humano también.

    Exaltación y potenciación de las diferencias al tiempo que limitación de las relaciones humanas, pues “cuando se utilizan las categorías de oriental y occidental como punto de partida y de llegada de un análisis, una investigación o un asunto político… los resultados que se obtienen normalmente son, por un lado, la polarización de la distinción: el oriental se vuelve más oriental y el occidental más occidental y, por otro, la limitación de las relaciones humanas entre las diferentes culturas, tradiciones y sociedades”.
71HygTgWXeL._SL1500_    Y si la consecuencia fundamental del orientalismo es la orientalización de Oriente y la potenciación de la diferencia, si Oriente es más la imagen en el espejo que la realidad en ella reflejada, su superación pasa por cuestionar la misma idea de Oriente, la adecuación del espejo, ese espejo, para contemplar y conocer la realidad, esa realidad. En palabras de Said,

    “No se puede dar cuenta de los errores del orientalismo diciendo que el verdadero Oriente es diferente de los retratos que el orientalista hace de él o diciendo que, como los orientalistas son en su mayor parte occidentales, no pueden tener un sentimiento desde dentro de lo que realmente es Oriente. Estas dos proposiciones son falsas. La tesis que yo sostengo en este libro no consiste en sugerir que existe una realidad que es el Oriente real o verdadero (Islam, árabe o lo que sea) ni tampoco consiste en confirmar la situación privilegiada de toda perspectiva “interna” frente a cualquiera que sea “externa”… Por el contrario, lo que he pretendido decir es que “Oriente” es por sí mismo una entidad constituida y que la noción de que existen espacios geográficos con habitantes autónomos radicalmente diferentes a los que se puede definir a partir de alguna religión, cultura o esencia radical propia de ese espacio geográfico es una idea extremadamente discutible”.

    Pues, en definitiva,

“cualquier tentativa de encasillar a culturas y pueblos en castas y/o en esencias separadas y diferentes está expuesto no sólo a los equívocos y falsedades consiguientes, sino también a que nuestra comprensión se alíe con el poder para crear cosas tales como “Oriente” y “Occidente””

    Por todo ello, la superación del orientalismo se plantea como la superación de una inercia, de un fracaso de identificación humana, un esfuerzo de hacer consciente lo inconsciente, de conocerlo, de adquirir la conciencia del espejo para aprehender mejor y menos distorsionadamente la realidad. Pero no, en modo alguno, como el abandono del espejo cóncavo por el convexo, la sustitución del orientalismo por el occidentalismo. Pues paradójicamente, tal sería la más orientalista de las repuestas al orientalismo posibles, aquella que multiplicaría indefinidamente la imagen de un espejo en el otro y no nos permitiría nunca salir del Callejón del Gato.

Cia_letras_orientalismo_bolso    “Si evitamos – nos decía Said - a toda costa el objetivo de orientalizar continuamente Oriente, profundizaremos en el conocimiento y limitaremos la suficiencia de los eruditos. Sin “Oriente” habría eruditos, críticos, intelectuales y seres humanos para los cuales las distinciones raciales, étnicas y racionales serían menos importantes que la empresa común de promover la comunidad humana…

    … Considero que el fracaso del orientalismo ha sido humano e intelectual, ya que, al adoptar una postura de absoluta oposición a una región del mundo que considera ajena a la suya, el orientalismo no ha sido capaz de identificarse con la experiencia humana y ni siquiera considerarla como una experiencia humanala respuesta al orientalismo no es el occidentalismo…Si el conocimiento del orientalismo tiene algún sentido, es recordarnos cómo, de qué manera seductora, puede degradarse el conocimiento, no importa qué conocimiento, dónde o cuándo se produzca. Y ahora quizá más que antes”.

    ¿Cómo podemos evitar esa degradación?. ¿Cómo podemos desorientalizar, deconstruir Oriente?. ¿Podemos deconstruir Oriente sin deconstruir a su vez Occidente?. ¿Cómo podemos, en definitiva, superar los retos distorsionadores del orientalismo?.

    La respuesta a estas preguntas plantea al tiempo un reto de deconstrucción y de construcción. Deconstrucción de Oriente y Occidente. Deconstrucción, en definitiva, del otro o los otros frente al que o los que definimos, articulamos y construimos el nosotros que somos o pretendemos ser en la Historia y en el mundo. Darnos cuenta para ello y asumir que en esta era de la globalización de la sociedad de la información en que todo está irremisiblemente relacionado y el mundo es – McLuhan dixit – una aldea global, estamos todos, querámoslo o no, en el mismo barco, la misma nave espacial Tierra destino futuro. De que nosotros somos todos. De que los otros son, también, nosotros; y nosotros los otros. Nos = otros. Pues somos todos común y fieramente humanos.

    Lo que nos lleva a la cuestión De la identidad, que ya hemos abordado en una anterior entrada de este blog. A la asunción de su carácter multidimensional, irreductible a cualquier vector de la misma que pretenda constituirse en vector definidor de ésta. De las identidades múltiples que en nosotros conviven. A repensarla. A promover, como nos dice Amin Maalouf en Las identidades asesinas, “la emergencia de una nueva aproximación a la noción de identidad. Una identidad que sería percibida como la suma de todas nuestras pertenencias, y en el seno de la cual la pertenencia a la comunidad humana iría adquiriendo cada vez más importancia hasta convertirse un día en la principal, sin anular por ello nuestras múltiples pertenencias particulares”. A concebirnos, a nosotros mismos y al otro, de alguna manera como radios con diferentes emisoras o frecuencias. Algunas de las sintonías que captemos estarán en el mismo idioma, o emitirán programas de interés común, y formaremos un nosotros con aquellos que puedan comunicarse o recibir esa frecuencia. Aquellos en unos casos unos y en otros otros, frecuencias o sintonías generalmente conformadoras de nosotros particulares en el nosotros global. Sin embargo junto a ellas, entre ellas, al menos una frecuencia global, una emisora común, sintonía que podamos captar todos, para la comunicación de la humanidad común para la común navegación en la nave espacial Tierra destino futuro. Con una programación, también, a definir y construir en común. Necesidad y reto de construirla, de aprender a sintonizarla, a escucharla, a comprenderla, a comunicarse en ella, a utilizarla.

    Construirla, y no de cualquier manera, sino con el espíritu crítico y la tolerancia que en definitiva caracterizan la Ilustración. Pues es ésta antes actitud que contenido, afirmación de los universales abiertos frente a los universales cerrados. Tolerancia como la que expone y defiende Voltaire en su Tratado sobre la tolerancia, desde la que difícilmente orientalismo alguno resulta posible. Espíritu crítico al que responde el Orientalismo de Edward Said y lo caracteriza por encima de su contenido. Pues es de su espíritu crítico del que surgen las luces que analizan el orientalismo, lo desenmascaran, y al iluminarlo lo cambian para siempre. Al iluminarlo nos devuelve Said las Luces, a las Luces, a esa contemplación de lo universal y lo común del ser humano que ilumina y alienta la Ilustración. Nos devuelve también, de alguna manera, la universalidad, al deconstruir la distorsión de ésta que, de alguna manera también, supone la construcción del orientalismo, la construcción de Oriente y Occidente. Una construcción en parte nacida del intento de aprehensión de Oriente en el anhelo de difundir en él la universalidad occidental en la misión civilizatoria – supuestamente civilizatoria – con la que Occidente justifica y argumenta su expansión universal. Nos ayuda a superar la contradicción in términis de la la universalidad occidental, de la que hemos hablado también en otra entrada de este blog; y por ello y con ello nos permite afrontar entre todos la construcción de la universalidad de todos. La universalidad universal.

Edward-Said 3    Al iluminarlo, al alumbrarnos, lo hace un poco más posible, nos deja el reto de afrontarlo como legado y como herencia. Hoy hace diez años que falleció Edward Said. Su cuerpo dejó de esta presente entre nosotros; mas no sus ideas, su alma. Éstas permanecen, forman parte de lo que somos, de lo que vemos o cómo podemos ver el mundo, para ello nos iluminan. Y éstas y su legado nos preguntan cómo seguir avanzando, construir a partir de lo que nos ayudó a deconstruir. Construir esa sintonía de radio común de lo humano, nuestra común identidad humana por encima de orientalismos y occidentalismos, el nosotros que somos todos. Cómo salir del Callejón del Gato en que los espejos cóncavos y convexos del orientalismo y sus inversos deforman la realidad que contemplamos. Cómo deconstruir Oriente y Occidente y construir la gobernanza global.

    Moriremos todos un día. Mas seguiremos viviendo en lo hecho, lo dicho, lo escrito, lo pensado, lo sentido, los impulsos del alma que han permanecido en otras almas que siguen el camino de la vida. Lo que permanece, en el caso de lo escrito, por conectar con lo profundo que habita en cada uno, por iluminar o ayudarnos a ver la vida o el mundo como no la veíamos y lo veíamos antes. Hoy hace diez años que murió Edward Said. Diez años en que sus ideas siguen viviendo entre nosotros. En su homenaje escribimos sobre ellas. Porque siguen vivas y para que sigan vivas.

    Recordamos en homenaje a los muertos. Ningún mejor homenaje que vivir teniendo presentes sus enseñanzas, su mensaje, intentando construir aquello que planteó como reto tras su deconstrucción. Pues si Oriente y Occidente son creaciones de la mente, pueden en la mente ser deconstruidas; mas el ser humano es nuestra obra permanente y esencial, y está – estamos - siempre en construcción.

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Hay 1 Comentarios

me gustarìa que E. Said viviera en esta època y escribiera sobre la quema de iglesias y la muerte de cristianos lo que ha provocado una huìda de cristianos en todo el mundo musulmàn. Pueblo que Said defendiò hasta su muerte.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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Mis libros

MUNDO Una geografía poética

MUNDO

Una geografía poética

Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

Tiempo diplomático

Tiempo diplomático

Una invitación a vivir un destino diplomático en sus diferentes etapas y una aproximación a las funciones del diplomático que, entre el ensayo y el relato, intenta responder a las preguntas de qué es la diplomacia, qué es y qué hace un diplomático y su sentido, y al tiempo va más allá.

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Una aproximación a la esencia y el alma de Albania, su drama, sus mitos y su universo simbólico en un viaje sinfonía en cinco movimientos —Guía de Albania, Tirana, Búnkeres, Mujeres-hombre y Cielos de Albania—, en que nos adentramos en su realidad y referentes colectivos y en las grandes cuestiones y anhelos que afrontamos en nuestro navegar con la vida en el mundo.

Salir del Callejón del Gato

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