Manuel Montobbio

La vida mexicana de Juan José Linz

Por: | 10 de octubre de 2013

Jjlinz


    A diferencia de otros que ha escrito sobre él estos días posteriores a su fallecimiento, yo no conocí personalmente a Juan José Linz. Pero lo conozco en sus ideas, en los paradigmas que supo alumbrar sobre el autoritarismo, la democracia y los procesos de transición o de cambio entre uno y otro, y tantos otros que tantos politólogos llevamos incorporados como herramientas con las que analizamos la realidad.

    A diferencia de tantos que lo conocieron al preguntarse por la transición democrática, la realidad política o la Historia contemporánea de España, yo lo conocí en México intentando responderme una pregunta sobre El Salvador. En México, donde entre 1994 y 1997 estuve destinado como diplomático, y simultaneé mi dedicación como encargado de asuntos políticos en la Embajada de España con la elaboración de mi tesis doctoral en Ciencias Políticas sobre transición política y proceso de paz en El Salvador. Una tesis a la que me llevó la inquietud y la ambición de comprender y aprehender, explicar y explicarme la metamorfosis de la guerra a la paz y del autoritarismo a la democracia que había vivido en directo en El Salvador, donde había estado destinado como diplomático entre 1990 y 1992, durante las negociaciones de los Acuerdos de Paz y los primeros meses de la ejecución de éstos.

    Una pregunta cuya respuesta busqué, entre otras, en esa rama de la Ciencia Política que ha venido a conocerse como la transitología, alumbrada al calor de la que, iniciada con la revolución de los claveles en Portugal y tomando en buena medida como modelo referencial la transición española, vino a denominarse la tercera ola – así se titulaba, de hecho, el libro de Samuel Huntington dedicado a ésta – de democratizaciones iniciada en el Sur de Europa y después expandida por América Latina, Europa del Este, Asia y globalmente. Transitología construida a partir de la análisis comparado de éstas al objeto de extraer conclusiones y categorías analíticas generalizables – respecto al que la obra colectiva compilada por O’Donell, Schmitter y Whitehead, Transiciones desde un Gobierno autoritario, y especialmente las Conclusiones tentativas sobre las transiciones inciertas de los dos primeros, constituye necesario referente fundacional – o esfuerzos de teorización desde arriba de los procesos de cambio político, como el realizado por Leonardo Morlino en Cómo cambian los regímenes políticos.

La quiebra de las democracias    Al buscar en la obra de los padres fundadores de la transitología se me fue haciendo evidente, por las referencias de otros y por sus propios textos, la presencia entre ellos de Juan José Linz como referente indiscutible. Su obra no solo abordaba las bases de la conceptualización del autoritarismo y la democracia y los procesos de transición entre ambos, a partir de la que tantos trabajarían, sino también algunos elementos que le daban una perspectiva más completa. Recuerdo el entusiasmo con que mi amigo Secundino González, Profesor Titular de Ciencia Política en la Complutense, me habló por primera vez del “maestro Linz”. Y recuerdo especialmente, entre mis primeras lecturas, La quiebra de las democracias, que, en un tiempo en que toda la atención se concentraba, siguiendo la dirección de la ola y del anhelo colectivo, en la transición del autoritarismo a la democracia, fijaba la suya en la de la democracia al autoritarismo, ampliando en gran angular la perspectiva, y recordándonos la tiempo que las democracias pueden quebrar, y que buena parte de lo autoritarismos en transición habían sido antes democracias de cuya experiencia podíamos aprender en su reconstrucción.

El-Factor-Tiempo-en-un-Cambio-de-Régimen    Perspectiva, y tiempo: recuerdo especialmente uno de sus trabajos publicado entonces en México por el Instituto de Estudios de la Transición Democrática – dirigido por quien después sería el primer Consejero Presidente del Instituto Federal Electoral, José Woldenberg -, El factor tiempo en un cambio de régimen, que me resultó especialmente iluminador, incluso premonitorio, para la comprensión del proceso de cambio de régimen que estaba viviendo México, cuyo seguimiento constituía uno de los hilos conductores de mi quehacer diplomático.

    Pues si encontré a Linz en México intentando responde a una pregunta sobre El Salvador, y su lectura me ayudó a entender y aprehende mejor la España contemporánea y nuestra propia transición democrática, no lo encontré solo en las conversaciones con académicos y politólogos mexicanos y españoles con los que tenía relación en razón de mi tesis y los intereses que de ellas se derivaban; sino también en la calle, en el Parlamento, en el debate que entonces vivía México sobre su propia construcción democrática.

    Pues en esa primera legislatura del sexenio de Ernesto Zedillo el gran tema del debate político era  la conformación de una nueva institucionalidad y normativa electoral que garantizara la celebración de elecciones definitivamente libres y competitivas, y por ello fundacionales de un nuevo régimen político; unas reglas del juego político aceptadas por todos los actores relevantes, de modo que, como hubiera dicho Linz, la democracia fuera el único casino de la ciudad. Realizar la transición democrática. Tal era el reto y la ilusión de la que todos hablaban, a menudo poniendo como referente y preguntando por la transición española, y a menudo cintando como autoridad intelectual de referencia e inspiración a Juan José Linz. Pues aquel México de entonces estaba poblado por transitólogos, académicos o aficionados, que querían hacer la transición.

    Reto de desmontar la República Imperial, como la denominara Enrique Krauze, de autolimitación del poder real al poder legal, de hacer imposible la determinación ex post de la legalidad de un hecho desde el poder, de modo que ésta determinara ex ante la actuación del mismo – paso definidor, para Przeworski, de la transición del régimen autoritario al democrático. Autolimitación del poder que define la grandeza de Ernesto Zedillo y otros gobernantes que han facilitado desde éste la transición democrática. Pues la tentación, la inercia, la tendencia natural es ejercer el poder que se tiene, utilizarlo. Lo extraordinario es no hacerlo, renunciar a ello, y con ello hacer posible el funcionamiento y normal ejercicio de otros poderes, entre ellos el electoral, permitiendo la separación y autonomía y el equilibrio entre éstos, la metamorfosis.

    Permitiendo e impulsando las sucesivas reformas del Código y el Instituto Federal Electoral hasta la definitiva de 1996, que dio lugar a la composición de éste, como únicos miembros con voz y voto, por ocho consejeros ciudadanos y un Consejero Presidente, relegándose la presencia de los partidos políticos a su representación con voz pero sin voto. De esos nueve magníficos – a varios de los cuales conocía ya como transitólogos en el ámbito académico – me llamó la atención su común condición de discípulos o profundos conocedores de la obra de Linz, empezando por el Consejero presidente, José Woldenberg, editor como hemos dicho de El factor tiempo en un cambio de régimen, y por Jaime Cárdenas y Alfonso Lujambio, quienes habían estudiado con él en Yale.

    Empezó la transitología como el estudio comparado desde la Ciencia Política de las transiciones a la democracia de la tercera ola, al objeto de extraer lecciones aprendidas y conclusiones generalizables a dichos procesos, útiles para conocerlos y comprenderlos mejor y aprender de la experiencia de lo pasado para la construcción de lo futuro. Mas acaba el estudio de la realidad, las ideas de él desprendidas o aprehendidas, influyendo en ésta. Acaban, avanzada la ola, los transitólogos no solo estudiando las transiciones, sino también haciéndolas, influyendo en que se hagan y cómo se hagan. Es la transición mexicana de alguna manera una transición hecha por los transitólogos. No solo ellos, sino también los ciudadanos, el Estado y los partidos políticos que negocian y pactan la reforma política cuya esencia consiste en poner en sus manos la administración y conducción del proceso electoral fundacional. Al frente del IFE, los consejeros ciudadanos transitólogos promovieron la realización de lo aprendido de su maestro Linz y otros teóricos de las transiciones democráticas: las elecciones legislativas federales del 6 de Julio de 1997 fueron aceptadas en su desarrollo y resultados por todos los partidos políticos y observadores nacionales e internacionales, y, aún siendo la fuerza más votada, perdió el PRI la mayoría en las cámaras, lo que convirtió a éstas en verdadero lugar de negociación y pacto entre Gobierno y oposición y fuente de los “checks and balances” de la división de poderes que caracterizan el funcionamiento de un régimen democrático, como quedó simbólicamente reflejado en la elección, por acuerdo entre el PAN y el PRD, de Porfirio Muñoz Ledo como Presidente del Congreso de los Diputados. Los estudiosos del factor tiempo en los cambios de régimen habían contribuido decisivamente a alumbrar un nuevo régimen, y nacía así en México un nuevo tiempo político.

La-metamorfosis-de-pulgarcito-transicion-politica-y-proceso-de-p-az-en-el-salvador-9788474263985    Mi tiempo en México terminó poco después de vivir de cerca esas elecciones, y partí de donde además de ese nuevo tiempo político habían nacido tantos otros nuevos tiempos para mí destinado hacia la Guatemala que afrontaba el reto de la ejecución de los Acuerdos de Paz firmados el 29 de Diciembre de 1996, cuya negociación, llevada a cabo fundamentalmente en México, había constituido, desde la participación de España en el Grupo de Amigos del Proceso de Paz, el otro gran eje de mi dedicación y mi esperanza durante mi destino allí. Partía para dedicarme a contribuir allí a la construcción de la paz, la otra gran pregunta que intentaba responder, respecto al proceso salvadoreño, en la tesis que terminé allí, y que dio después lugar a la publicación de mi libro La metamorfosis del Pulgarcito. Transición política y proceso de paz en El Salvador.

    Me fui de México, y conmigo se fueron, conmigo van, las lecturas y las ideas de Juan José Linz, presentes en el pensamiento y en la acción sobre la realidad de otros procesos de cambio político a los que intelectual o vitalmente he tenido ocasión de aproximarme. Me fui de México, pero allí se quedaban ellas, inspirando el alumbramiento y desarrollo de ese nuevo tiempo político. Ahí están, en tantos otros lugares que han vivido o sueñan con vivir su transición democrática, su particular primavera en la Historia. O evitar el otoño de la quiebra de la democracia y el invierno que viene tras ella. Ahí están, también, formando parte del acervo común de quienes estudian, investigan o enseñan Ciencia Política y acometen el estudio del autoritarismo, la democracia y la transición de uno a otra. Ideas o categorías analíticas que se han convertido en buena medida en referentes comunes, y adquieren vida propia más allá de su creador. Y cumplen ello su destino y propósito, pues por eso y para eso se crean. Pues para cumplir su destino y su propósito, para darle y vivir su sentido vivimos la vida.

    Falleció la semana pasada Juan José Linz, y quisiera contribuir con este relato de su vida mexicana al homenaje y recuerdo que merece. Vida; pues no vivimos solo en nuestro cuerpo, sino en lo que hemos pensado, hecho, creado o escrito que en otros vive. Al morir su cuerpo deja tras de sí una obra inmensa; mas más enorme, más inmensa, más infinita es la vida que tiene por delante.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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Mis libros

MUNDO Una geografía poética

MUNDO

Una geografía poética

Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

Tiempo diplomático

Tiempo diplomático

Una invitación a vivir un destino diplomático en sus diferentes etapas y una aproximación a las funciones del diplomático que, entre el ensayo y el relato, intenta responder a las preguntas de qué es la diplomacia, qué es y qué hace un diplomático y su sentido, y al tiempo va más allá.

Guía poética de Albania

Guía poética de Albania

Una aproximación a la esencia y el alma de Albania, su drama, sus mitos y su universo simbólico en un viaje sinfonía en cinco movimientos —Guía de Albania, Tirana, Búnkeres, Mujeres-hombre y Cielos de Albania—, en que nos adentramos en su realidad y referentes colectivos y en las grandes cuestiones y anhelos que afrontamos en nuestro navegar con la vida en el mundo.

Salir del Callejón del Gato

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La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global

Un viaje por los espejos que condicionan nuestra visión de la realidad y del mundo y de búsqueda de nuevos paradigmas sobre la democracia, el desarrollo, la paz, la diversidad cultural y otros elementos para la construcción de la gobernanza global.

La metamorfosis del Pulgarcito

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Transición política y proceso de paz en El Salvador

Un análisis del proceso salvadoreño y la problemática de la construcción de la paz y la democracia en El Salvador desde la doble perspectiva de la Sociedad Internacional y la sociedad nacional, como proceso de paz y a la luz de las teorías de la transición democrática, la revolución y el contrato social, y sus lecciones para otros procesos.

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