Manuel Montobbio

LA ANARQUÍA. Destrucción creadora y transición en Albania

Por: | 14 de noviembre de 2013

    Señalábamos en La huida - la anterior entrada de la serie de este blog dedicada a la aproximación a la epopeya y el drama de la Albania contemporánea siguiendo el hilo conductor del proceso de construcción de los búnkeres reflejado en el poema Búnkeres de mi Guía poética de Albania – que no llegó tras la construcción de los búnkeres la invasión, sino la huida; que sucedió ésta a la caída del comunismo que se precipitó al derribar la estatua de Enver Hoxha las multitudes en Febrero de 1991, como relatábamos en El Rey desnudo y el búnker caído, y que para ello habían derribado, matado o disuelto el búnker que les apresaba el alma por dentro, vencido, siquiera fuera por un momento, el miedo al señalar que el Rey está desnudo, desenmascarar que el poder del otro es en definitiva el que le damos, y al señalar su desnudez evaporarlo. Vencido el miedo, y seguido el anhelo, el impulso motriz de la esperanza que nos lleva a adentrarnos en lo desconocido.

    Hablábamos en dicha entrada de qué y de dónde se huía, y del hacia dónde y por qué de su esperanza. Huir, sí, de allí para liberarse del búnker que les apresaba el alma por dentro, por la esperanza, por todo lo que decíamos; mas no solo: se da la huida también por necesidad, por supervivencia, por hambre, por el colapso de una economía que no puede ya satisfacer las necesidades vitales de sus habitantes. Baste recordar la operación Pelícano con la que Italia bombardeó con alimentos las tierras de Albania que vivían el éxodo de sus habitantes, buena parte de ellos con la intención de alcanzar las costas italianas, tras la caída del comunismo, estableciendo, a partir de Mayo de 1991 y hasta Diciembre de 1994, sobre el terreno una fuerza militar humanitaria de seis mil efectivos para ayudar a la distribución de alimentos, ropa y otros artículos de primera necesidad.

    Cae éste por la acción colectiva, por el señalamiento del Rey desnudo, por todo lo que hemos contado ya; mas también por la degradación socioeconómica, por esa incapacidad de satisfacción de las necesidades vitales de la economía planificada gestionada por el régimen. Señala el economista Adrian Civici en su trabajo “Albania: una transición difícil. De la planificación centralizada y el TransicionesEnElEspejocolectivismo a la economía de mercado”, publicado como uno de los capítulos del libro del libro Transiciones en el espejo. Una aproximación democrática a los procesos de transformación democrática de España y de Albania (Madrid, AECID, 2010), del que soy editor, que “… pese a que en Albania, desde  el año 1985, se habían iniciado algunas leves reformas… aún así la situación económico-social del país se encaminaba hacia una degradación total. La industria estaba casi enteramente paralizada, y fuera de funcionamiento; el sistema cooperativista de la agricultura estaba destruido y el país llevaba dos años viviendo bajo el régimen de las cartillas de racionamiento y la falta crónica de bastantes alimentos en el mercado; el presupuesto del Estado y las reservas financieras habían llegado a límites negativos inimaginables y el país estaba en el umbral del colapso financiero…


    Y si tal situación influyó comprensiblemente en la caída del régimen, producida ésta desaparecían las limitaciones que bajo éste impedían las reformas necesarias para la superación del agotamiento del modelo económico: la libertad conquistada se identificaba con el tránsito hacia la economía de mercado, hacia el modelo político y socioeconómico imperante en Europa. Una libertad en que todos los caminos resultaban posibles, planteables al menos. Y si bien estaba clara la meta, se planteaba la cuestión del camino hacia ella; el acuerdo sobre el qué y el hacia dónde planteaba la cuestión del cómo. Una pregunta que da lugar a la que Civici denomina la “guerra de las tesis y los conceptos” entre los partidarios de una terapia de choque y los de un enfoque gradual, alineados respectivamente en torno al Partido Democrático y al Partido Socialista. Una polémica que se salda a favor de los primeros, y que Civici nos describe así:

“… Los primeros y más activos eran los partidarios de la vía de la “terapia de choque”, que enarbolaban como eje principal la idea de la “destrucción creadora”. Según ellos, “algunas de las medidas para la liberalización de la economía y el crecimiento económico podían aplicarse automáticamente, sin la intervención del Estado”. Para ello bastaba con destruir de inmediato todas las estructuras e instituciones económicas y financieras del viejo sistema y luego, de forma automática, “los mecanismos del mercado funcionarían de inmediato” para conducir al país al crecimiento económico esperado. Según ellos, el Estado debía retirarse por completo de la vida económica y todo debía dejársele y confiarse al mercado y solo al mercado. El otro grupo, compuesto principalmente por las fuerzas de izquierda socialista y socialdemócrata defendía una solución más “regulacionista y gradual” para el tránsito de un sistema a otro. Éstos preferían un ritmo gradual y lento de reformas que presuponía la conservación durante varios años de la economía estatal, de las instituciones del viejo régimen, sobre todo aquellas que garantizaban “la protección social y el mercado”. Para los socialistas, el Estado debía continuar desempeñando un papel importante den la economía y en cierta manera convertirse en el tutor y el elemento determinante de los pasos que se esperaba que dieran el sector privado y la libre iniciativa en Albania.”

    Esa terapia de choque llevó al brusco e inmediato desmantelamiento de un sistema económico basado hasta entonces en la planificación y la colectivización, en la fijación política de los precios, el racionamiento y la existencia de productos y servicios subvencionados, a través de un paquete de medidas que contempló, entre otras cuestiones, la rápida absorción de los grandes excesos de liquidez monetaria en circulación, la fundación de un banco central independiente y la rápida ampliación de la gama de productos financieros; la reforma del sistema de establecimientos de precios, la libertad de las empresas y la garantía de la competencia, la descentralización de la toma de decisiones económicas y financieras; la supresión del sistema de subsidios estatales y la creación de un sistema fiscal; la creación de un mercado internacional de capitales; y la liberalización del comercio exterior y del movimiento de capitales, estableciendo la libre convertibilidad de la divisa.

    Esa terapia, esas medidas, esa opción por la destrucción creadora tuvo como consecuencia a corto plazo la destrucción. Así, en los dos años que siguieron a la caída del comunismo, Albania, cuya renta per cápita era entonces tan solo de cuatrocientos dólares, sufrió una caída del 50% de la producción nacional, la paralización total de más de trescientas unidades productivas de gas, petróleo, cromo, cobre, carbón y de la industria ligera; el aumento del desempleo al 30%; una inflación que llegó al 400%; el bloqueo de las exportaciones y la reducción drástica de las importaciones; un déficit del 50% del PIB y una alta deuda exterior. Una situación que solo pudo sobrevivirse con la ayuda masiva, en forma de créditos y donaciones, de países occidentales, la Unión Europea y las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, BERD).

    Mas si a corto plazo tuvo como consecuencia la destrucción, que influye decisivamente en la primera ola migratoria que describíamos en La huida, parece tras ésta cumplirse la profecía, venir la creación: entre 1993 y 1996 vive Albania, aplicando las recetas del FMI y el Banco Mundial, una recuperación económica espectacular: crecimiento del 9,6% en 1993 y del 13,4% en 1995; inflación del 6% en 1995; crecimiento anual de las exportaciones entre el 20 y el 28%; estabilización de los indicadores macroeconómicos, alcanzando casi el déficit cero en 1994; mejora de la legislación sobre la propiedad; creación y funcionamiento de bancos privados; caída del desempleo; reanudación intensificada de la producción agrícola… Podemos decir que en 1995 Albania parece encarnar una profecía cumplida, un modelo exitoso de la transición del estado al mercado. Una situación, un equilibrio, del que constituye factor fundamental y clave explicativa esa primera ola migratoria, de unas seiscientas mil personas, tras la caída del comunismo, que al tiempo disminuye la presión del empleo y el costo de las políticas sociales y contribuye decisivamente con sus remesas – que alcanzan los quinientos millones de dólares, equivalente entonces al 75% de la balanza comercial y al 20% del PIB – a la viabilidad del modelo.

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    Equilibrio sin embargo precario al que seguirá una ola de destrucción, ésta vez provocada no por la que arrastra la crisis del comunismo, sino por la que provoca la distorsión del mercado fruto de la instauración y las expectativas sobre éste que da lugar a la crisis de las pirámides financieras y con ella al colapso del Estado, de nuevo y como nunca la anarquía. Una crisis que Civici nos describe así:

“… El sueño de una transición tranquila y exitosa y de poder saborear los frutos del capitalismo, deseados durante más de cuatro décadas, se quebró violenta y dolorosamente. Desconocedores de los mercados financieros, así como confiados en la idea de que el estado podía intervenir en cualquier momento para regular los problemas financieros, los albaneses cayeron rápidamente víctimas de los esquemas financieros o los denominados “esquemas de Pons”. Aunque, en los años 1995-1996, Albania era considerada un “alumno ideal” del FMI  y del Banco Mundial, aunque los índices macroeconómicos estaban enteramente bajo control, de manera subterránea e informal, comenzaron a manifestarse en el país mecanismos y prácticas financieras muy sospechosos. Sociedades financieras, que a menudo pretendían ser inversoras y productivas, comenzaron a cumular depósitos con sorprendentes tasas de interés que llegaban hasta el 40% mensual. El Gobierno, el Ministerio de Finanzas, el Banco Central, el FMI, el Banco Mundial, etc., dejaron pasara prácticamente en silencio este hecho, incluso el Presidente del país declaraba públicamente en aquel momento que “los dineros de los albaneses depositados y ganados en estas pirámides financieras son honrados y seguros” y nadie debía inquietarse por ellos. A finales del año 1996 parecía que en Albania no existía más que este sistema financiero y todos se sentían satisfechos de estar duplicando o cuadriplicando en un año sus ahorros y sus depósitos. Se calcula que más de quinientas mil personas (de una población de 3,3 millones de habitantes) se implicaron de forma directa en esta actividad, que los albaneses colocaron más de dos mil millones de dólares en este sistema absurdo, más de 30.000 familias (o 150.000 personas) vendieron sus viviendas para “invertir” en el sistema piramidal. El dinero ganado en la emigración económica en Grecia, Italia, Alemania, etc., era pasivamente enviado a Albania para meterlo en las compañías y firmas piramidales financieras. Toda Albania, incluyendo a miembros del Gobierno, del Parlamento o diplomáticos extranjeros en Tirana, se vio envuelta en esta fiebre del “milagro financiero”. ¿Y cómo resistirse a esa lotería que pretendía ser en cualquier caso ganadora?.

    Pero toda esta locura y este sueño absurdo tendrían un final. A comienzos del año 1997, las firmas financieras se derrumbaron y comenzaron a quebrar una tras otra. Todos comprendieron que su dinero estaba perdido. Ni el Gobierno intentó bloquear sus cuentas bancarias o sus propiedades, consiguió convencer a la gente de que se tranquilizara y de la posibilidad de recuperación de sus ahorros. El país se sumió violentamente en la revuelta social, todos los depósitos militares fueron destruidos y asaltados, haciendo que circularan por el país millones de armas automáticas y pistolas; las comisarías de policía, los juzgados, las fiscalías, las aduanas, etc., fueron destruidos y además de la parálisis social, política e institucional, el país conoció una situación semejante a la guerra civil, padeciendo más de dos mil muertos, ¡pese a que no estaba claro contra quién luchaban los albaneses!. La economía fue  la víctima principal de esta situación de caos. El país pasó a crecimiento económico negativo, la inflación creció a ritmo galopante, las exportaciones prácticamente se paralizaron, el leke se devaluó sensiblemente, la capacidad adquisitiva resultó seriamente golpeada, etc. La presencia militar extranjera y de las instituciones internacionales se tornó necesaria para restablecer los equilibrios, organizar elecciones y estabilizar el país.”

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    No fue ciertamente la crisis de las pirámides financieras de Albania el estallido de la primera burbuja de la Historia: baste recordar como ejemplo la tulipomanía que enfebreció a los Países Bajos en el siglo XVII, en la que se llegó a vender una mansión para comprar un bulbo de tulipán, y llegó un bulbo de tulipán a ser vendido por el precio de veinte y cuatro toneladas de trigo, y toda la sociedad se embarcó en la especulación, incluso a futuros, con la compraventa de bulbos de tulipanes. Hasta que un día, en una subasta en la que el precio de salida reflejaba las cifras astronómicas que habían alcanzado los bulbos, nadie pujó ni compró. Y a partir de ahí pareciera que alguien hubiera dicho que el Rey está desnudo, y se desató el pánico, se rompió el cántaro del cuento de la lechera: así como hasta hacía un momento un bulbo era el camino hacia la fortuna multiplicada, de pronto era tan solo una flor, una simple flor, como tantas otras, que apenas valía en el mercado lo que tantas otras. Infinitamente hermosa, infinitamente frágil, infinitamente única, infinita en su valor estético; mas apenas nada en su valor económico. No se pudieron pagar las deudas, las bancarrotas se sucedieron, y llevaron los tulipanes a la economía holandesa a la quiebra.

    Baste también salir a pasear hoy por cualquier calle de España, por cualquier barriada de casas nuevas a medio construir, congeladas en el estado en que estaba la construcción cuando estalló la burbuja a arrastró ésta al constructor, para comprobar que tampoco ha sido la última.

    Pero sí la única que además de la quiebra de la Economía conllevó la del Estado, su paralización y falta de funcionamiento, su fallo,  su disolución. Y con ello el retorno al estado de naturaleza, la anarquía…

Hay 1 Comentarios

Lo que no me queda claro es la responsabilidad del mercado en todo esto. Es la falta de cultura financiera (y sentido común) lo que motiva esta fiebre de bonos. Es el gobierno quien da "limpieza de sangre" a dichos bonos. Probablemente la inacción del gobierno tras las quiebras venga motivada más bien por un pacto por salvar las cuentas privadas de los políticos o para tapar su connivencia con dichas prácticas. En cualquier otro lugar tiene una fácil solución: acudir a un juez ante una estafa manifiesta, y en muchos lugares hay un ente regulador (no necesariamente estatal ni ajeno al mercado) que vigila las prácticas bursátiles y de inversión. Casos como el de Madoff ocurren, pero estaban cerrados a un círculo estrecho de gente con gran poder adquisitivo, no eran productos publicitados y de consumo de masas. Más bien estos productos parecen ser una periferia del mercado. Sirva el ejemplo de los trileros presentes en muchos "mercados de pulgas" o los manteros: podemos culpar a quienes tienen un puesto legal de los perjuicios causados por los primeros? Hay una causalidad manifiesta en la normativa de funcionamiento interno de los "rastros" con respecto a esta periferia? Por último, quisiera felicitar al autor de todos modos, no es fácil conocer a fondo (y menos en prensa mainstream) temas tan atractivos y a la vez tan ignorados. La pena es (y siendo consecuentes con la oferta y demanda hay que aceptarlo) la falta de respuesta del público. Si no hay carnaza que arrojar en dos líneas al antagonista, no viene nadie. Una pena, muy interesante de todos modos.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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