Manuel Montobbio

Albania: ¿transición o fundación?

Por: | 07 de febrero de 2014

   Hemos asistido, en el recorrido que venimos haciendo en este blog por la epopeya y el drama de la Albania contemporánea siguiendo el hilo conductor del proceso de construcción de los búnkeres reflejado en el poema Búnkeres de mi Guía poética de Albania, en las últimas entradas de la serie, al derrumbamiento del régimen de Enver Hoxha, a la huida y a la anarquía que siguieron a su colapso. Pues no llegó tras la construcción de los búnkeres la invasión de que debía defender al régimen, sino la caída de éste, precipitada al derribar la estatua de Enver Hoxha las multitudes en Febrero de 1991, como relatábamos en El Rey desnudo y el búnker caído, para lo que, como decíamos, habían antes derribado, matado o disuelto el búnker que les apresaba el alma por dentro, vencido, siquiera fuera por un momento, el miedo al señalar que el Rey está desnudo, desenmascarar que el poder del otro es en definitiva el que le damos, y al señalar su desnudez evaporarlo. Vencido el miedo, y seguido el anhelo, el impulso motriz de la esperanza que nos lleva a adentrarnos en lo desconocido. No llegó la invasión, sino La huida, el mayor éxodo, en términos relativos, vivido en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Y la anarquía, fruto de la aplicación de las teorías de la “destrucción creativa” que – como relatábamos en La anarquía. Destrucción creadora y transición en Albania - se impusieron para canalizar la transición de la economía planificada a la de mercado y del desarrollo de esquemas financieros piramidales cuya crisis llevó no solo a la quiebra de la Economía, sino también, en lo que constituye un caso único, a la del Estado, a la paralización y falta de funcionamiento, el fallo, a la disolución de éste. Y con ello el retorno al estado de naturaleza, la anarquía…

Caida estatua 2

    Resultado de la realización de determinadas ideas y doctrinas económicas y las políticas que conllevan; mas no solo: son éstas también manifestación de una desorientación más general, un sentimiento de confusión, de abandono, de resaca al despertar, de vacío y extrañeza. Como si al desaparecer el búnker hubiera desaparecido el guión de la obra colectiva y su sentido, el papel en el teatro del mundo, la hoja de ruta del caminar colectivo en la Historia…

    Desorientación que lleva a la dispersión, a la búsqueda de solución o salvación Nave-vlora individual en esa confusión en que estamos o nos sentimos todos perdidos. Y que lleva o hace posible el péndulo y su ley como dinámica y fuerza motriz de la Historia y el acontecer colectivo. Péndulo de la colectivización forzosa a la individualización/individualidad forzosa. Del orden al caos. O a la anarquía, al estado de naturaleza en que el hombre es lobo para el hombre. Mas también a la ausencia de orden, de obra de teatro, de guión colectivo. De sentido colectivo.


    Vivimos en la teoría, el mito, el sueño del contrato social. Y sin embargo es éste más la excepción que la regla, como señalábamos en Contrato social: principio y fin,  reelaboración o escritura de la Historia. Presupone éste la aceptación/asunción de uno mismo como co-escritor del guión de la obra, como co-detentador del poder; y no solo como destinatario de éste. Como sujeto y no solo como objeto político. De la negociación y aceptación, y no solo la obediencia, en la relación con el poder. De la política como juego de suma positiva, y no como juego de suma cero. Decía Foucault que la cárcel está en uno mismo: también lo está el contrato social.

    No solo viven las albanesas y los albaneses el colapso del búnker que les apretaba el alma por dentro; sino el colapso total…

    Colapso total, estado de naturaleza; y ausencia de un contrato social previo al que volver, de una experiencia o régimen político pasado sobre el que construir el futuro. Tendemos a contemplar los fenómenos sociales a través de los paradigmas dominantes en las ciencias sociales en cada momento. Se ha impuesto para el análisis de los procesos de cambio político y de cambio de régimen, como señalaba en La vida mexicana de Juan José Linz, el de la transición pactada como modelo de referencia a partir de la construcción teórica desarrollada a partir del análisis comparado de la que ha venido a denominarse la tercera ola de las transiciones a la democracia, iniciada con la revolución de los claveles en Portugal, continuada en España y extendida después a América Latina, Asia y Europa del Este, construida en buena medida a partir del modelo referencial de la transición española, dando lugar a esa rama de la Ciencia Política conocida como la transitología. Como señalaba Linz en La quiebra de las democracias, toda transición a la democracia está condicionada por la existencia de un régimen o experiencia democrática previa, y por las razones y modalidades de su quiebra.

    No es tal el caso de Albania. Por esa y por otras razones, por el qué y por el cómo de su proceso de cambio político, difícilmente puede explicarse o entenderse éste a la luz de los paradigmas dominantes para su comprensión y explicación. Pues no se trata en definitiva de cualquier cambio político. No se trata tanto de una transición, como de una fundación. Y tal vez sean en ese sentido en mayor medida referente los paradigmas fundacionales del paso del estado de naturaleza al contrato social, que inspiraron los cambios de época iniciados por las grandes revoluciones. Lo que confiere al proceso albanés una especificidad propia, que he intentado explicar en mi ensayo “El nacimiento del águila. El proceso de transición democrática y transformación socioeconómica en Albania: una aproximación comparada en el espejo de España”, publicado en el libro TransicionesEnElEspejoTransiciones en el espejo. Una aproximación comparada a los proceso de transformación democrática de España y Albania, algunas de cuyas tesis quisiera compartir con lo lectores de este blog en este alto en el camino, para contemplarlo en perspectiva, en contrapunto con nuestra propia experiencia, y aportar así algunas claves para su comprensión.

    Si, como hemos venido haciendo en las anteriores entradas de esta serie, dirigimos la vista al régimen fundado por Enver Hoxha para caracterizarlo en grandes líneas, observamos un régimen y una sociedad en que el partido se identifica con el Estado, lo colectivo con lo forzado y prima sobre lo individual, una economía y una sociedad dirigida por un poder absoluto basado en la arbitrariedad y la represión. Un régimen aislado internacionalmente, que primero hizo de un gran aliado exterior (la Unión Soviética, la República Popular China), y después de su capacidad de resistir, bunkerizado, cualquier intento de destrucción exterior de su encarnación esencial del marxismo-leninismo, clave de su supervivencia; que identifica el exterior con el enemigo. Un Estado sin Derecho, en el sentido de que el Derecho justifica, conforme a la definición de Przeworski, ex post las decisiones del Estado, en lugar de condicionarlas ex ante y someterlo a sus normas. Una cultura de la apariencia, de comportarse no tanto como se quiere, sino como se piensa que el poder espera. Un poder al que el ciudadano debe favores, pero frente al que no tiene derechos. Un sistema que se derrumba por su fracaso económico y su aislamiento, por su colapso e incapacidad de viabilidad en el mundo en el que soplan vientos de cambio tras la caída del muro de Berlín. Un colapso que necesita de una fundación.

    Pues tal es la diferencia fundamental entre los procesos de cambio político español y albanés: mientras el primero es una transición “de la ley a la ley”, en expresión de Adolfo Suárez, de un régimen político autoritario a uno democrático a través de la propia transformación jurídica del primero, del contrato social al contrato social; en el segundo asistimos a una fundación, de alguna manera del Estado de naturaleza al contrato social, a la creación del Leviatán del Estado como Estado de Derecho, y al tiempo a la instauración de la economía de mercado y la sociedad abierta.

    Diferencia, también, determinada por la Historia anterior a los respectivos regímenes autoritarios: pues si bien la España de la Segunda República era ya una democracia que, en expresión de Juan José Linz, se quiebra, y un Estado objeto de una larga construcción histórica, con una Administración profesional y asentada; la Albania anterior a Enver Hoxha apenas había vivido unos lustros como Estado independiente, en construcción incipiente bajo un régimen autoritario, sin una vida de democracia parlamentaria previa, sin la creación consolidada de muchos de los instrumentos jurídicos de los que se habían dotado los Estados europeos desde la Ilustración y las reformas napoleónicas y posteriores. Sin vivencia histórica, de la misma manera que Europa Occidental, de experiencias determinantes de lo que ésta es hoy como la Ilustración o la Revolución Industrial. Lo que nos plantea la necesidad y conveniencia de contemplar los respectivos procesos en la perspectiva más amplia del ciclo histórico, del proceso de construcción nacional y el de construcción de un Estado y sistema político con posibilidades efectivas de persistencia estable.

    Preguntarnos por el camino de un proceso de cambio político significa, ante todo, preguntarnos por el cómo de éste y por las consecuencias del cómo en el qué. Si la transición española ha sido presentada por la transitología como modelo ilustrativo de las teorías estratégicas, considerando el factor determinante las estrategias de los actores – hasta el punto de que, en El arte de la manipulación política, Josep M Colomer la explica aplicando la teoría de los juegos -, ello lo es en buena medida porque las transformaciones estructurales, en la economía y en la sociedad, han tenido lugar antes de ella, en el seno del régimen autoritario. Lo que explica en parte también la quiebra de la democracia con la crisis que lleva a la Guerra Civil. Y si es presentada como un modelo de transición pactada entre élites constituidas por los moderados reformistas del régimen y la oposición democrática, no por ello cabe ignorar la movilización popular desde abajo y la interacción entre las élites y las masas, entre los despachos y la calle, que explica los equilibrios y tensiones que hicieron posible el pacto.

    En el caso de Albania, nos encontramos ante el ejemplo antipódico de una transición por colapso - o derrumbamiento, por utilizar la expresión de Przeworski - del régimen; no solo de éste, sino también del modelo socioeconómico en que se sustentaba. Movilización de las masas, sí, pero sobre todo sustitución de unas élites por otras, sin embargo fundamentalmente provenientes del propio régimen. Tal vez porque su represión fue tal que no dejó posibilidad alguna de oposición democrática organizada entre sus disidentes, sin que tampoco el exilio tuviera un peso político significativo para determinar o influir en el cambio de régimen. Sin que tampoco, en una sociedad sin clases dictadura del proletariado, la lucha de clases o la acción colectiva de grupos sociales pudiera constituir factor determinante de cambio.

    Colapso o, mejor dicho, doble colapso: el del régimen a principios de los noventa; y el derrumbamiento del Estado y la economía en 1997, fruto de la terapia de choque del establecimiento súbito de una economía de mercado sin regulación que lleva a la crisis de las pirámides financieras y a la intervención militar de la operación Alba para restaurar el imperio de la ley y el monopolio del ejercicio legítimo de la violencia organizada en el único Estado que deja de funcionar como tal durante el proceso de cambio que sigue tras la caída del comunismo.

    Derrumbamiento del régimen de partido único tras el que el acceso al poder del Estado es disputado por al menos dos grandes partidos con posibilidades reales de constituirse en alternativas de gobernanza en elecciones más o menos competitivas. La transición, sin embargo, es no solo de un partido de Estado a una pluralidad de partidos, sino también y sobre todo a un Estado de partidos, un Estado en el que éstos aspiren a ser partidos en el Estado y no partidos de Estado.

    Como hemos dicho, en España pesa la memoria de la Guerra Civil en la voluntad de pacto, que se acomete fundamentalmente entre los moderados del régimen y los de la oposición democrática, de modo que formalmente la española es una transición de la ley a la ley, promovida por el Rey y el Gobierno emanado del régimen de Franco a través de las reformas de su ordenamiento fundamental y la convocatoria de unas elecciones democráticas tras la que ya nada podrá ser igual, y alcanzado en el espíritu de consenso que encarnan los Pactos de la Moncloa y se traduce en la Constitución de 1978 como pacto fundacional del régimen democrático – y el Parlamento como lugar donde alcanzarlo - y de una nueva etapa de la Historia que no sea ya la de la victoria y la imposición de unos españoles sobre otros – de media España sobre la otra media, como diría Machado -, y la Constitución un instrumento de dominación de una sobre otra; sino un pacto para la concordia y la convivencia, para cuya consecución todos ceden, que no responde enteramente a la España de ninguno, ni es ideal para nadie, y por eso, precisamente por eso, es de todos.

    La Historia del proceso de cambio de régimen en Albania es, sin embargo, la de una fundación forzada y forzosa, por inviabilidad y colapso del régimen anterior, por rechazo de éste y todo lo que venga de él. Del colapso como victoria y de la victoria del colapso. Y es, por ello, una transición pendular: tal vez no se sepa del todo lo que se quiere, pero sí lo que no se quiere: lo que había hasta ahora. No hay lugar para la nostalgia; sino para la rabia, para la huida, para el rechazo, para el cambio. Para ir de uno al otro lado del péndulo, sea el que sea, pero el otro, el contrario.

    Es, también, una transición sin pacto. Sin pacto: de la crisis y el colapso no puede sino ganar las elecciones de 1992 el Partido Democrático, que no conseguirá un pacto constitucional fundacional del nuevo régimen antes del colapso del Estado con la crisis de las pirámides financieras. Sin pacto: las elecciones que siguen a dicha crisis conforman un Parlamento en que el Partido Socialista detenta una mayoría extraordinaria, y con ella se elabora la Constitución de 1998. Excepción parcial a dicha regla la constituye la reforma constitucional pactada y el nuevo sistema electoral acordado entre los dos grandes partidos en 2008, y las reformas de que ha sido objeto éste posteriormente. Pero en general no ha habido un pacto fundacional entre los dos grandes actores sobre la mayoría de las cuestiones definidoras de la vida colectiva, sustituyendo a éste el consenso sobre la integración euroatlántica y las reformas para ésta requeridas por “los internacionales”, expresión utilizada en la vida política albanesa para referirse a los actores relevantes de la Comunidad Internacional. No ha habido pacto fundacional, porque no ha habido el momento en que la sociedad ha podido elegir verdaderamente por opción y no por rechazo. Reto de convertir la excepción referida en regla, efecto demostrativo de su posibilidad, la de elegir entre todos, por todos, por opción y no por rechazo, qué y cómo queremos ser.

    ¿Transición o transiciones?. Hacia el Estado de Derecho, hacia la democracia consolidada, hacia la economía de mercado, hacia la integración europea: fundaciones simultáneas. No solo desde el colapso del régimen comunista; sino también desde la ausencia de referente previo, como se ha señalado ya, que recuperar de la Historia anterior. Ausencia de experiencia previa de democracia parlamentaria efectiva y estable, de Estado de Derecho con división real de poderes, o de instrumentos como un Registro Civil o un Registro de la Propiedad efectivos, en una sociedad que había vivido durante siglos entre el clan y el imperio. Por ello, no se trata tanto de la democratización del Estado como de su refundación. Por ello, el gran reto fundacional del sistema político albanés no es solo la conformación de reglas de juego competitivas para el acceso al poder, sino también y sobre todo la transformación del poder mismo y su naturaleza. La construcción del Estado como Estado de Derecho, con división efectiva de poderes y “checks and balances” entre éstos, con una Administración profesional, estable, independiente y competitiva, diferenciada del Gobierno, con instituciones básicas reguladas por el Derecho y sometidas a éste en sus actuaciones. Los elementos fundamentales de un Estado no son sólo el régimen y el sistema político y sus instituciones, sino también la población y el territorio. Por ello, la ausencia de ciertos elementos presentes en otros Estados europeos ya desde el siglo XIX, como un Registro Civil fiable que permita el conocimiento de la población en todo aquello que afecta a su personalidad jurídica y al ejercicio de su ciudadanía, o un catastro y un Registro de la Propiedad que dé seguridad sobre la distribución de la propiedad sobre el territorio y su propiedad, constituye una característica diferencial del proceso de transformación de Albania tras la caída del comunismo, que contribuye decisivamente a determinar su carácter fundacional. Construcción del Estado de Derecho que supone, también, una redistribución territorial del poder, la descentralización y empoderamiento efectivo de los ayuntamientos y entidades locales, dotándoles no sólo de competencias conforme al principio de subsidiariedad, sino también de recursos financieros y autonomía fiscal suficiente para ello. Construcción del Estado de Derecho que aspira no sólo a garantizar la libertad y la igualdad de los ciudadanos, sino también la solidaridad; que se concibe como y no puede ser sino al tiempo Estado del bienestar, promotor de unas condiciones de vida en dignidad para todos los ciudadanos y redistribuidor al efecto de la renta producida en la economía.

 

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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