Manuel Montobbio

El efecto placebo del factor internacional

Por: | 13 de febrero de 2014

    Sosteníamos en la anterior entrada de este blog, Albania: ¿transición o fundación?, que el proceso de cambio político que tiene lugar en ésta tras la caída del régimen comunista es más una fundación que una transición, entre cuyas principales características destacábamos – especialmente en clave comparativa con la transición española - que se trata de una transición sin referente democrático previo, una transición paralela a la de la economía planificada a la de mercado, una transición sin pacto, una transición del partido de Estado al Estado de partidos, una transición en la que conviven varias transiciones… Una transición, por todo ello, difícilmente explicable desde los paradigmas dominantes en esa rama de la Ciencia Política que ha venido a denominarse transitología.

Banderas mesa    Especial atención merece en el caso de la transición y proceso de cambio político y transformación socioeconómica en Albania el papel de la Comunidad Internacional, el peso del factor internacional. Pues si bien éste se constituye en clave explicativa y elemento condicionante de todo proceso de cambio, en el caso de Albania no es sólo condicionante, sino también determinante. No sólo externo: se constituye en el gran equilibrador interno, aquel que hace posibles acuerdos, pactos o resolución de diferencias y crisis políticas. Árbitro, referente y actor difícilmente sustituible, la culminación de la transición, la consolidación definitiva de la democracia pasa precisamente por su sustitución, su superación, por considerar que los problemas internos se han de resolver internamente, y que las diferencias entre los partidos y actores políticos en un sistema político y un Estado de Derecho se han de resolver a través de los mecanismos establecidos por las instituciones, los checks and balances que proporcionan y el normal funcionamiento del sistema.

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Osce pia    Comprender el papel del factor internacional y el reto que supone su superación exige una consideración previa: la del papel de las potencias en la realidad y la percepción de la construcción nacional de Albania, empezando por su propio nacimiento como Estado, aceptada tras su proclamación por Ismail Qemali el 28 de noviembre de 1912 por la Conferencia de Embajadores de Londres de 1913, y confirmada después gracias a la intervención decisiva de Wilson en la Paz de Versalles; hasta el punto que cabe apuntar que sin el posicionamiento decidido del Imperio Austro-Húngaro en la primera ocasión y de Estados Unidos en la segunda no podría darse como evidente la existencia de Albania como Estado independiente. De alguna manera, el de los albaneses es un nosotros asediado por el extranjero, el enemigo contra o frente al que nos definimos, pero al mismo tiempo de quien todo esperamos. Así, los partidos de Estado en el estado de naturaleza, en lugar de construir un Estado de partidos, un Estado por encima de los partidos, recurren al mediador-equilibrador-estabilizador-árbitro-garante externo, a la asunción del exterior como imaginario actor interior, al sucedáneo.

    Lo que nos lleva a la doble paradoja del protectorado que busca protector y del protector que no quiere proteger. La paradoja del aspirante a Estado miembro de la Unión Europea con más vocación de miembro que de Estado, con vocación de Estado como vía para ser miembro. Cuando desde la perspectiva de la UE la aproximación es precisamente la opuesta: comprometida su perspectiva europea Rama barroso desde  la Cumbre de Tesalónica por razón de su ubicación geográfica siempre y cuando cumpla los criterios de Copenhague, en la medida en que el albanés se transforme y configure como Estado conforme a los parámetros en que un Estado es entendido en la Unión Europea, será bienvenido a ser miembro de ésta. Lo que implica, entre otras cosas pero ineludiblemente, un Estado sujeto de construcción europea y no objeto de resolución de crisis, capaz de resolver en el seno de su propio sistema político y problemática interna y las diferencias entre sus actores y partidos.

    Sucedáneo que, si del cómo vamos al qué, puede llegar a convertirse en el efecto placebo del 20130917_fule_ramafactor internacional. Pues en cuanto a qué hacer, hacia dónde ir, qué sistema político y socioeconómico construir, ese recurso como sucedáneo al factor internacional conlleva la aceptación del modelo que viene de fuera, la hoja de ruta dictada por la Comunidad Internacional, sea la que sea, como muestra la reacción ante el Progress Report que emite la Comisión Europea cada año, cuyas recomendaciones se convierten, sin matización o cuestionamiento, en objetivo de Gobierno y programa de acción política para todas las fuerzas políticas, el debate político en torno a cómo cumplir las recomendaciones y la capacidad de cada uno para ello, y no en torno qué hacer y el sentido y consecuencias de dichas recomendaciones, a la luz de la realidad y la especificidad albanesa. De alguna manera, los universales cerrados del socialismo realmente existente y la dictadura del proletariado, emanados de consignas provenientes de la estepa rusa o la gran muralla china, del padrecito Stalin o del tío Enver, pueden acabar siendo sustituidos por los universales cerrados de la democracia y la economía de mercado provenientes de Washington o de Bruselas. Cuando la verdadera democracia se basa en universales abiertos y espíritu y pensamiento crítico frente a ellos; y la transición hacia ella es precisamente el paso de la sociedad cerrada a la sociedad abierta, de la regida por universales cerrados, sean cuales fueran, a la fundamentada en universales abiertos, ideas de libertad, igualdad o sometimiento al Derecho en cuanto a expresión de la voluntad colectiva en cuya conformación libre y efectivamente participo; universales abiertos en los que pueden convivir diferentes universales cerrados, ideas o creencias individuales o colectivas, en el seno de la sociedad, siempre y en la medida en que los respeten y compartan. Cuando la verdadera democracia se basa en no hacer las cosas que diga o porque las diga la UE o quien sea, sino porque después de un debate en libertad los ciudadanos que conformamos la comunidad política del Estado consideramos que ello es lo que mejor conviene a nuestro interés general.


115588    Efecto placebo del factor internacional que posibilita y al que responde una cultura política – una cultura – de las apariencias, de hacer lo que hacemos más para que nos lo compren “los internacionales” - para que nos lo compren, y en la medida en que lo hagan  - que por o para nosotros mismos.

    Decía María Zambrano que la adolescencia es la edad en que uno se afirma frente al otro, y la madurez la edad en la que se afirma frente a sí mismo: la culminación del proceso de transformación, de transición/consolidación democrática, de metamorfosis de Albania y alumbramiento de la que verdaderamente es y puede ser en toda su potencialidad, el nacimiento del águila… constituye, en definitiva y también, un reto de madurez.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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MUNDO Una geografía poética

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Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

Tiempo diplomático

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