Manuel Montobbio

Abrir universales, sentir Europa

Por: | 04 de mayo de 2014

10530873-european-union-logo    ¿Cuál es el cemento, la argamasa, el aglutinador, el hilo invisible que une a las personas que conforman una colectividad política; la sustancia que hace que se sientan parte de un mismo demos?. ¿Cuál la que hace que se sientan socialmente un nosotros?. Preguntas especialmente relevantes en este tiempo en que los europeos estamos llamados a elegir en las urnas a quienes durante los próximos cinco años nos van a representar como demos. En este tiempo, también, en que subyacen a tantas crisis y tensiones, aquí y allá, con las que desayunamos al leer el periódico o escuchar las noticias cada mañana.

    Las consideraciones acerca del contrato social europeo, de la ciudadanía europea, de la vacuidad del espacio público europeo, de la celebración de Europa, de la ausencia de vapor y cilindros de Trotsky en la construcción europea y otras cuestiones sobre ella - que hemos venido abordando en anteriores entradas de este blog - nos llevan en definitiva a formularnos esa pregunta y esas preguntas; y a la consideración de la aplicación o relevancia de las respuestas a ellas a la construcción europea. Nos llevan a la identidad: a preguntarnos por aquello con lo que nos identificamos los europeos; y por aquello con lo que al identificarnos conformamos el nosotros del demos que se constituye en polis. A recordar que al final de sus días Jean Monnet dijo que, si tuviera que comenzar de nuevo la construcción de Europa, empezaría por la cultura.

    Todo nosotros conformado por los seres humanos es, de alguna manera, el que interpreta una obra de teatro colectiva: comparte un escenario, compartido o imaginado, y cada uno nos sentimos desempeñando un papel, en mayor o menor medida protagónico, de una obra que en parte contribuimos a escribir con la vida, y que en parte condiciona a su vez la vida que podemos vivir. Comparte un relato, y un mundo. Un relato cosmogónico y un argumento a hacer en la Historia; una Historia por hacer. Un universo.

    Pues si, como dijera María Zambrano, las creencias y las ideas han movido y mueven la Historia; conforma el compartir de las creencias y las ideas el nosotros que en la Historia somos, que la hace y en ella se hace.

    ¿Cómo y por qué se configura una creencia o una idea – o una experiencia, un mito o un relato cosmogónico – en elemento definidor de una identidad compartida, esencia de una identidad colectiva?. ¿Qué es lo que nos mueve o nos lleva a identificarnos con ella?. ¿Hasta el punto de hacer de su realización en la Historia argumento y esperanza de nuestra acción colectiva?. ¿Cómo y por qué se conforma, en definitiva, y qué es lo que hace que se conforme un universal compartido?.


    En universal compartido, y por ello en cultura, supuesto implícito o explícito. Pues toda cultura presupone una visión del mundo, un cierto estar o situarse en él, un relato cosmogónico de dónde venimos y a dónde vamos, una serie de referentes compartidos, que hace posible el nosotros de los seres humanos más allá de las relaciones de parentesco o de tribu. Constituye, en expresión de Sloterdijk en En el mismo barco, el útero social que transforma el homo sapiens en zóon politikon, aquello que conforma y hace posible que los individuos que habitan ciudades, Estados o imperios, sociedades a la mayoría de cuyos miembros no podrán conocer nunca, ni en buena parte de cuyos lugares llegarán nunca a estar, se sientan sin embargo parte de un nosotros que camina en la Historia, de una comunidad. Supuestos explícitos, e implícitos: pues precisamente la cultura es aquello que se da por supuesto, lo consciente que deviene inconsciente, subconsciente; y que precisamente por supuesto compartido hace posible el entendimiento, la vida en común. Aquello que se ve como evidente, mas no necesariamente lo es, o tiene por qué serlo. Y aunque en el tiempo histórico que nos toque vivir puedan parecer inmutables, eppur si muove…, cambian: piénsese en la esclavitud, en la esfericidad de la Tierra y su girar en torno al Sol, en la situación de la mujer y la igualdad entre mujeres y hombres. Cambian en el tiempo, y en el espacio: no es lo mismo, sin ir más lejos, considerar que un escarabajo puede ser nuestro abuelo reencarnado, que que simplemente es un escarabajo; que la Historia y el tiempo tienen principio y fin, que que se repite cíclicamente el eterno retorno.

    Pueden los universales ser, como nos señala Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, cerrados, Popper La sociedad abiertay pueden serlo abiertos. Cerrados, constituidos por una idea o creencia cuya adhesión a la cual resulta excluyente de la contraria, definidora de un nosotros que siempre supone un otros, sustantivamente dicotómica: o se cree que Jesús es el Hijo de Dios, el Papa y su Iglesia su representación en la Tierra, o no se cree; o se cree que Mahoma es su profeta y el Corán la palabra revelada por Dios, o no se cree; o se piensa que la raza aria es superior a las otras, y está llamada a dominar y gobernar el mundo, o no se piensa… Abiertos, o de segundo grado, en la medida en que suponen ideas, creencias o principios cuya adhesión a los cuales permite a cada ser humano tener y practicar sus ideas y creencias concretas, vivir con otros sus universales compartidos, en la medida en que no afecta a los de los demás. En la medida, y precisamente por ello. Ideas o principios como la igualdad entre todos los seres humanos, los derechos humanos, la vida y la dignidad del ser humano como medida y referente de la acción y el caminar colectivo, la democracia como sistema de legitimación y funcionamiento del poder y el sistema político, el Estado de Derecho.

    Los universales abiertos no se oponen en esencia a los universales cerrados. Al contrario, los integran, posibilitan su convivencia, su coexistencia en el seno de la sociedad. Mas precisamente eso es lo que a menudo los que comparten universales cerrados y la lógica del contenido y mensaje de éstos pretenden evitar, excluir: los universales del otro, los otros, otros universales. Tienden los cerrados a lo homogéneo, a lo único; mientras los abiertos presuponen o llevan implícita la diversidad, la pluralidad, la coexistencia. Tienden los primeros a la exclusión del otro – o al menos a su creación, a su conceptualización o contemplación como otro -, y los segundos a su inclusión. A la integración: pues los universales abiertos presuponen que cada uno pueda tener a su vez universales cerrados, que en el seno de una sociedad haya diferentes grupos que comparten creencias o ideas, y hagan de ello motivo de su acción colectiva; mas presuponen también la necesidad de que esa acción sea compatible con otras, no se ejerza de tal modo que haga imposible el ejercicio de otras. Pues en el fondo el universal que subyace a los universales abiertos es el de la libertad, el principio de que ésta acaba donde empieza la del otro. Necesitan los universales cerrados de señales de tráfico y códigos de circulación en su interactuar en una sociedad; y eso son en buena medida los universales abiertos. Están los universales abiertos fundamentalmente en el cómo; y los cerrados en el qué. La compatibilidad de su ejercicio depende de que ese qué se adapte al cómo. La legitimidad de qué se hace o decide depende en una sociedad abierta tanto de su contenido como del cómo se llega a él.

    Universales cerrados que sustentan sociedades cerradas; y universales abiertos que sustentan sociedades abiertas. Ha sido la tendencia y el caminar de la Historia en general el del paso o la evolución de la sociedad cerrada a la abierta. Aunque nunca pueden descartarse retrocesos, viene de lo que se había abierto.

    Universales que tienen que ver con actitudes; y que tienen que ver con valores. Con ideas sobre las ideas. Como que la verdad sea única y excluyente, y necesariamente universal; o que pueda ser múltiple, particular, compatible con otras. Que sea absoluta, o relativa. O como la tolerancia, la diversidad, el carácter único de cada ser humano y su camino; y al tiempo la común dignidad de todo ser humano, su derecho fundamental a la vida en todas su dimensiones y posibilidades, la conciencia de que somos también el otro y en el otro.

    Abrir universales, sentir Europa. Abrir universales, sintiendo Europa. Sentir Europa, abriendo universales. Abrir universales y al tiempo sentir Europa. Como si fuera una redundancia, una obviedad, irrenunciable y definidora parte de su esencia. Reto de la construcción europea.

Hay 1 Comentarios

El cemento que une a Europa, es la alta cultura; Helderlin, Mozart, Brahns, Pessoa, Chejov, Goya, Shekespeare, el recuerdo de Hipatia, de Galileo, Sofocles, Platon...todo aquello donde habita lo humano y que no es de nadie y es de todos; recomiendo el film "Balzac y la joven costurera china".
Eso en lo que que se volcaron los judios antes de ser eliminados, pues no encajaban bien en los nuevos feudos llamados naciones ni en su idelogia barbara y antihumana.
El aglutinante son los derechos universales, la sacralidad de la persona por el hecho de ser humano, la lucha a traves de su historia hacia una sociedad justa y sin miserias. Ese cemento que podria hoy en dia despertar a los europeos, es la lucha contra la corrupcion endemica del sistema. La mala organizacion donde medran los listos y la seleccion negativa expulsa al resto. Donde simplemente no se da opcion para elegir hacer las cosas de otra forma; la norma es socializar perdidas, privatizar ganancias.
-Europa existe, leamos a Denis de Rougemont.

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Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

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