Manuel Montobbio

Occidentalismo: ideas subyacentes

Por: | 12 de julio de 2014

    Nos preguntábamos cuáles son las bases, las ideas subyacentes en que se fundamenta el relato occidentalista, cuáles sus consecuencias e implicaciones al finalizar Occidentalismo: los argumentos del relato, la anterior entrada de la serie que en este blog estamos dedicando al occidentalismo, en la que analizábamos los elementos del discurso o relato occidentalista, fruto de la inversión del relato cosmogónico occidental que caracteriza al Occidentalismo, como señalábamos en la entrada inicial así titulada.  

    Preguntas cuya respuesta procede abordar sosteniendo que el occidentalismo se fundamenta en una visión maniquea según la cual el progreso y el desarrollo, el gran salto adelante realizado por Occidente a partir de la Revolución Industrial, se basó en un espíritu científico de averiguación de la causa y efecto de las cosas que habría llevado al hombre al dominio de la naturaleza y la técnica, a la creación y la producción, a la transformación del mundo, sí, pero también de sí mismo, de ese contacto con el espíritu y con Dios, con lo trascendente, propio de las sociedades agrarias, afirmando una secularización que aparta a Dios de la economía y de la política para dejarlas en manos de los hombres.


Occidentalism     Una visión que, en la perspectiva occidentalista, lleva a los hombres al materialismo, la idolatría de la adoración de la materia, y a la soberbia de creerse dioses, de actuar como dioses, de ignorar a Dios. Y así, como nos dicen Ian Buruma y Avishai Margalit en Occidentalism. A Short history of ani-Westernism (2004), “adorando al falso dios de la materia, Occidente se convierte en el reino del mal, que esparce su veneno colonizando el reino del bien” (2004: 106-107).

Así, los cristianos y judíos, como pertenecientes religiones del libro tradicionalmente no contemplados como idólatras por el Islam, pasan a ser considerados, en la sociedad contemporánea de Occidente, como nueva encarnación de la idolatría que vino a erradicar el Islam. Nueva jahiliya, idolatría o barbarie – proclamada por diferentes autores desde diferentes países islámicos, como Sayyid Qutb, fundador de los Hermanos Musulmanes, en Egipto, Taleqani en Irán o Maududi en Pakistán – cuya proclamación constituye una aportación original del islamismo al occidentalismo, y que hace que, desde su perspectiva, el peligro que éste representa no sea ya el de la secularización, el de la pérdida de Dios, sino el de la sustitución por la idolatría y barbarie cuya revelación vino a erradicar. Así, “la materia, en la perspectiva occidentalista…, es el dios de Occidente y el materialismo su religión. Oriente, por otro lado, dejado a su propia inercia, libre de “occitoxicación” (“Westoxication”), es el reino de la espiritualidad profunda. La lucha entre Oriente y Occidente es una lucha maniquea entre los adoradores de la idolatría de la materia terrenal y los verdaderos adoradores del espíritu divino” (Buruma y Margalit, 2004: 109).

    Así,

“la nueva jahiliyya era diferente. Incluso los cristianos y judíos religiosos habían comprometido su fe sin esperanza permitiendo a los gobernantes mundiales desvirtuar el reino de Dios. La gran confrontación mundial, entonces, era entre la cultura del Islam, al servicio de Dios, y la cultura de la jahiliyya, al servicio de las necesidades corporales que degradan a los seres humanos al nivel de las bestias. Todo lo que se valora en la cultura de la jahiliyya es la comida, la bebida, el sexo y el bienestar material, cuestiones adecuadas para animales. En realidad, la jahiliyya  es la cultura de los animales – animales sofisticados, pero animales al fin y al cabo. De hecho, la jahiliyya es incluso peor que eso: es la cultura de unos animales extremadamente arrogantes que tratan de actuar como Dios” (Buruma y Margalit, 2004: 120).

    Una cultura en que la posición y el trato a la mujer se configuran como esencial cuestión diferenciadora y definidora. En la que, si bien cabe distinguir entre islamismo político – interesado en la conquista del poder y el establecimiento de un Estado islámico regido por la sharia – y puritano o fundamentalista – que pretende la imposición de la moral colectiva -, radica el pensamiento en que se basa la acción desde el Islam – desde una visión del Islam -, o más bien en nombre del mismo, contra Occidente.

    Lo que plantea la cuestión de “cómo proteger a Occidente – es decir, las democracias liberales – de sus enemigos. Y Occidente, en este sentido, incluye a frágiles democracias asiáticas como Indonesia o las Filipinas… La cuestión es qué pensar, cómo concebir el problema. Y quizá sea más fácil concluir que no pensar.” (Buruma y Margalit, 2004: 147). No pensar, por ejemplo, que Occidente está en guerra con el Islam.

    Aunque los fundamentalistas cristianos hablan de cruzada, Occidente no está en guerra con el Islam. En realidad, las batallas más encarnizadas se lucharán en el seno del mundo islámico. Es allí donde la revolución está teniendo lugar, y donde deberá ser detenida, preferiblemente sin intervención exterior, por los musulmanes mismos. Existe realmente una confrontación global, pero sus líneas de fractura no coinciden con las fronteras nacionales, étnicas o religiosas. La guerra de las ideas es en algunos aspectos la misma que se luchó hace algunas generaciones contra las diversas formas de fascismo y socialismo de Estado. Lo que no quiere decir que militarmente la guerra sea la misma, o que las ideas se solapen. En los cuarenta, la guerra era entre Estados. Hoy es contra un movimiento revolucionario mundial disperso, escasamente centralizado, casi clandestino” (Buruma y Margalit, 2004: 1947).

    Una visión y un o unos movimientos que, haciendo de Occidente el otro, el idólatra, lo convierte en el enemigo, y se dota de una misión salvadora del mundo que pasa por la destrucción de éste, iniciando de nuevo la espiral de la vieja Historia de la Historia de la que tanto sabe el propio Occidente.

    Concluíamos la aproximación al orientalismo afirmando que la respuesta al mismo no es el occidentalismo. Procede afirmar ahora que tampoco la construcción de un nuevo orientalismo puede ser la respuesta al occidentalismo que amenaza a Occidente. Tal sería, de hecho, la peor respuesta posible, la que nos haría entrar en una espiral de interminables reflejos mutuos en espejos deformes – la percepción de la realidad en deformación creciente - que no nos permitiría nunca salir del Callejón del Gato. Sería, incluso, una opción occidentalista: en definitiva vendría a destruir a Occidente. Si éste tiene sentido y legitimidad, ésta radica no sólo en el qué de lo que defiende, sino también en el cómo. No es tiempo tampoco de condenar la religión o lo religioso como tal – especialmente al Islam -, ni de caer en el complejo orientalista de “atribuir la responsablidad de la barbarie de dictadores no occidentales o el salvajismo suicida al imperialismo americano, al capitalismo global o al expansionismo israelí” (Buruma y Margalit, 2004: 148), como si Occidente fuera la única causa de cuanto acontece. Ni de combatir identidades asesinas, por utilizar la expresión de Amin Maalouf, con identidades asesinas.

    Al contrario, es tiempo de pensar de nuevo las cosas, de romper espirales, de superar dobles raseros y afirmar en los hechos los principios proclamados, comprender al otro más allá del espejo, construir entre todos el nosotros que somos todos y salir del Callejón del Gato. Como concluyen Buruma y Margalit,

    “Donde la libertad política, religiosa e intelectual existe ya, debe ser defendida contra sus enemigos, por la fuerza si es necesario, pero también con convicción. La Historia que hemos contado… no es una Historia maniquea de una civilización en guerra con otra. Al contrario, es una Historia de contaminaciones mutuas, de la diseminación de malas ideas. Podría pasarnos ahora, si caemos en la tentación de combatir el fuego con fuego, al islamismo con nuestras propias formas de intolerancia. La autoridad religiosa, especialmente en los Estados Unidos, está teniendo ya una peligrosa influencia en la gobernanza política. No podemos permitirnos cerrar nuestras sociedades como defensa frente a los que han cerrado las suyas. Pues entonces nos habríamos convertido todos en occidentalistas, y ya no habría nada que defender (Buruma y Margalit, 2004: 149).

    ¿Cómo salir del Callejón del Gato?. ¿Cómo reconocer y conocer sus espejos y los materiales e ideas que los conforman y sustentan?. ¿Cómo deconstruir Oriente y Occidente para construir la gobernanza global?. Tal es el tema y el objeto, tales las preguntas que intento responder en mi libro Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global – editado por Icaria en papel y como libro electrónico -, a cuya lectura remito a quien quiera seguir esta conversación. Espejos como las visiones y contradicción in términos de la universalidad occidental, los “valores asiáticos” y el orientalismo, cuyo análisis, al igual que el del occidentalismo que ahora concluimos, hemos venido abordando en este blog. Preguntas que intentaremos seguir respondiendo en él…

 

Portada Salir del Callejón del Gato Manuel Montobbio

Hay 0 Comentarios

Los comentarios de esta entrada están cerrados.

Sobre el autor

Manuel Montobbio, diplomático y doctor en Ciencias Políticas con formación pluridisciplinar, ha desempeñado diferentes responsabilidades en el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación y ha estado destinado en San Salvador, Yakarta, México, Guatemala y Tirana. Paralelamente, ha desarrollado una trayectoria académica y literaria, que le ha llevado a publicar diversos libros, ensayos y obras de pensamiento y creación como Salir del Callejón del Gato. La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global, Guía poética de Albania y Tiempo diplomático. Acaba de publicar Mundo. Una geografía poética.

Sigue al autor en Twitter.

Mis libros

MUNDO Una geografía poética

MUNDO

Una geografía poética

Toda poesía reunida refleja un mundo, como el recogido en esta geografía poética que, siguiendo la figura del héroe que lo sostiene, ofrece al lector un viaje por éste en cuyas estaciones o etapas encuentra los poemarios y poemas que lo habitan, sean éstos los que sostienen el mundo o los que relatan sus lugares perdidos, soñados o encontrados, sus fronteras, viajes o lugares-siempre.

Tiempo diplomático

Tiempo diplomático

Una invitación a vivir un destino diplomático en sus diferentes etapas y una aproximación a las funciones del diplomático que, entre el ensayo y el relato, intenta responder a las preguntas de qué es la diplomacia, qué es y qué hace un diplomático y su sentido, y al tiempo va más allá.

Guía poética de Albania

Guía poética de Albania

Una aproximación a la esencia y el alma de Albania, su drama, sus mitos y su universo simbólico en un viaje sinfonía en cinco movimientos —Guía de Albania, Tirana, Búnkeres, Mujeres-hombre y Cielos de Albania—, en que nos adentramos en su realidad y referentes colectivos y en las grandes cuestiones y anhelos que afrontamos en nuestro navegar con la vida en el mundo.

Salir del Callejón del Gato

Salir del Callejón del Gato

La deconstrucción de Oriente y Occidente y la gobernanza global

Un viaje por los espejos que condicionan nuestra visión de la realidad y del mundo y de búsqueda de nuevos paradigmas sobre la democracia, el desarrollo, la paz, la diversidad cultural y otros elementos para la construcción de la gobernanza global.

La metamorfosis del Pulgarcito

La metamorfosis del Pulgarcito

Transición política y proceso de paz en El Salvador

Un análisis del proceso salvadoreño y la problemática de la construcción de la paz y la democracia en El Salvador desde la doble perspectiva de la Sociedad Internacional y la sociedad nacional, como proceso de paz y a la luz de las teorías de la transición democrática, la revolución y el contrato social, y sus lecciones para otros procesos.

El País

EDICIONES EL PAIS, S.L. - Miguel Yuste 40 – 28037 – Madrid [España] | Aviso Legal