Graciela Mochkofsky

Sobre el autor

Graciela Mochkofsky, periodista argentina, es autora de cinco libros de no ficción. Creó y edita, en colaboración, la revista digital el puercoespín. Ha escrito para los principales medios de su país y para varias de las revistas más importantes de América Latina. Es Nieman fellow 2009 de la Universidad de Harvard.

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Chávez y las culpas de los medios

Por: | 19 de noviembre de 2011

Pecado original (1)CAMBRIDGE, Massachusetts.- Los congresos sobre libertad de prensa en América Latina de los últimos años suelen ser un canto a la resistencia heroica de los medios frente a los abusos de poderes políticos autoritarios. Eso esperaba escuchar en el congreso en la Universidad de Harvard, organizado por la Nieman Foundation for Journalism, el Carr Center for Human Rights y el David Rockefeller Center por Latin American Studies.

Planeaba comenzar mi discurso, en el último panel de la jornada, aclarando que esa visión me resultaba incompleta –cuando no falsa. Que todos los periodistas que hemos trabajado para los medios tradicionales o poderosos de América Latina en el período democrático sabemos que, muchas veces, nuestra lucha no es contra el poder político sino contra nuestros empleadores, que pactan y negocian con los gobiernos a los que los periodistas queremos investigar y controlar y contra los se vuelven luego de la peor forma, cuando esos pactos se acaban; o que tratan de moldear la información en función de otros intereses políticos o comerciales. Que mantener la fe en la misión de este oficio ha sido en los últimos años, y sigue siéndolo, nuestro principal desafío.

En mi discurso, iba a explicar la complejidad de la guerra entre el kirchnerismo y el Grupo Clarín, que dominó la agenda pública de la Argentina de los últimos tres años. Que lo que ocurre en Argentina es que un modo de relación entre la prensa y el poder político, y en especial el que practicaba Clarín, ha estallado. Que las únicas dos versiones del conflicto que se dieron en Argentina en los últimos años –la de un poder autoritario tratando de eliminar toda prensa independiente para tomar control total del poder, o que Clarín era un poder monopólico absoluto que puede colocar en el poder al Presidente que le convenga-- son incompletas cuando no falsas. (Pueden leer una versión más extensa de esta idea al final de este post). 

Esperaba causar disgusto en la platea, mayormente integrada por colegas que, asumí, preferían escuchar el acostumbrado canto al victimismo.  

Estaba equivocada.

En la primera mesa de la mañana, el venezolano Boris Muñoz dijo, con impresionante claridad, lo que yo no había venido a escuchar. “Toda guerra tiene al menos dos lados (...) La extrema desconfianza de (el presidente Hugo) Chávez respecto de los medios privados tiene algunas bases. Durante la década pasada, varios medios privados han transformado la mayoría de sus programas de noticias y opinión en maliciosos propagadores de calumnias. Y, por supuesto, no es acertado decir que la confrontación entre el gobierno y los medios privados es nueva, o exclusiva de la administración de Chávez. Los medios privados y el gobierno se fueron involucrando en una más o menos abierta confrontación desde principios de los ‘80s, después de una dramática devaluación de la moneda que destrozó los sueños de Venezuela de convertirse en un país del primer mundo. Los medios de comunicación privados, en especial RCTV, de alcance nacional, comenzaron a criticar al gobierno y al sistema democrático en forma implacable. Los críticas se volvieron aún vez más severas después de que el levantamiento social de febrero de 1989 fuera reprimido brutalmente por el ejército. De modo que todas las posteriores administraciones  replicaron amenazando con cortar los recursos necesarios para mantener a los periódicos y estaciones de televisión en funcionamiento o peleando escaramuzas abiertas con los propietarios de los medios.Después del debut de Chávez en la arena pública en 1992, la confrontación aumentó". 

En Venezuela, dijo Muñoz, “los medios se volvieron las trincheras de la oposición”. Ya no se practica “el periodismo de hechos”, el periodismo de investigación “ha sido deplorablemente abandonado”. 

(Vale la pena leer su discurso completo. Pueden encontrarlo aquí.)

A lo largo de la jornada, otros periodistas tocaron este tema. Aquí un resumen:

-Fernando Berguido, editor de La Prensa de Panamá: Hace falta discutir nuestros modelos de negocios en América Latina porque muchos medio son de familias que los usan para hacer grandes negocios. En lugar de controlar a los gobiernos, se sientan con ellos a negociar contratos por la propiedad de aeropuertos o licencias. “Hay muchos conflictos de intereses. Y la gente lo sabe”.

-Carlos Huertas, de la revista Semana de Colombia: “La prensa ha abandonado su rol de control del poder en el continente”.

-Rosental Alves, director del Centro Knight para el Periodismo en las Américas: La situación de la prensa en el continente era mucho peor antes. Recordó cuando los militares lo llamaban por teléfono durante la dictadura en Brasil para dictarle las órdenes de censura. El ecosistema de medios en el continente era el un desierto, en que sólo creen algunas pocas especies. Hoy, con el estallido de nuevos medios digitales, teléfonos celulares y redes sociales en todo el continente, el ecosistema es el de una selva tropical.

Medios_de_comunicacion_fullblock-225x300-Ricardo Trotti, subdirector ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa: “Los medios deben hacer autocrítica. Los periodistas están acostumbrados a criticar a otros pero no les gusta que los critiquen a ellos”.

-Pablo Correa, editor del sitio Nuestra Mirada: "Los gobiernos de la región han elegido en los medios al enemigo perfecto, porque a la gente no le gustan los periodistas".

Muñoz lanzó una propuesta: la creación de un "cuerpo regulatorio" de periodistas de los que no participen los dueños de los medios, idea que se discutió en Inglaterra en la estela del escándalo Murdoch. Rosental y Trotti replicaron que cuerpos semejantes ya existen en cuatro países del continente (Bolivia, Chile, Perú y Panamá) y son ineficaces. Muñoz insistió en que algo debemos hacer.

El video completo de la conferencia (en inglés), en la que se tocaron también otros temas, aquí.

***

El siguiente texto, que escribí a pedido de la revista argentina La Maga, resume los resultados de la investigación de mi último libro, Pecado Original: Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder (Planeta, 2011)

Néstor Kirchner estaba convencido de que el periodismo independiente no existía. Entendía a los medios como actores del juego del poder, con intereses e ideología. Otros presidentes y políticos de la democracia pensaban en privado de forma parecida; sin embargo, cortejaban en público, con actos y palabras, la idea de que, al menos en la representación colectiva de la sociedad, la prensa era algo más. Kirchner no, y no se molestaba en ocultarlo.

Apenas llegó al gobierno, trazó una línea entre aliados y enemigos, concedió a unos el acceso a la información y primicias, y retribuyó a los otros con silencio informativo y una confrontación pública en la que los señaló como opositores políticos. Desde el momento inaugural de su mandato, el adversario fue el diario La Nación, que quedó excluido del plan informativo del gobierno --de por sí, tremendamente restrictivo. Este enfrentamiento, definido por el propio Kirchner como ideológico, sirvió a los dos: al gobierno y al diario, cuya tirada volvió a crecer luego de años en caída.

Al mismo tiempo, Kirchner eligió a Clarín y a su CEO, Héctor Magnetto, como aliados. Como todos los presidentes de la democracia antes que él, Kirchner creía que un “sistema de buen trato” con Clarín le garantizaría “un buen trato” recíproco. Veía en Clarín mucho más que un diario, un canal de TV, una red de cables, de radios, etcétera: lo consideraba uno de los principales factores de poder de la Argentina.

Desde 1976, cuando el joven Magnetto dio su primer paso hacia la construcción del multimedios al negociar con la dictadura militar la compra de Papel Prensa, Clarín llevó adelante negociaciones con los gobiernos para obtener los beneficios económicos que lo convirtieron en el principal grupo de medios del país. Utilizó su gran poder de lobby para obtener de los gobiernos democráticos medidas oficiales, decretos necesarios para su expansión, incluso leyes (notoriamente, la de Bienes Culturales que le permitió sobrevivir a la crisis de 2001). Hizo acuerdos con presidentes para apoyar sus gobiernos y los rompió cuando no le convenían. Alfonsín y Menem lo declararon su adversario político.

Kirchner fue más lejos que sus predecesores: se fascinó genuinamente con Magnetto. Había entre ellos un entendimiento natural. Durante cuatro años se reunieron –almuerzos en Olivos, cafés en Casa de Gobierno--, compartieron ideas sobre el país y hablaron de negocios. Clarín apoyó las principales medidas del gobierno y --casi hasta el final del período-- se abstuvo de criticarlo en todo lo significativo. Magnetto obtuvo de Kirchner, entre otras cosas, la aprobación para la fusión de Multicanal y Cablevisión y la promesa de la adquisición de una parte de Telecom.

Cristina no llevaba cien días en el gobierno cuando se produjo la ruptura, por razones que detallo en mi libro Pecado Original. Clarín, los Kirchner y la lucha por el poder (Planeta, 2011). Néstor abrió un frente de batalla tras otro, apuntó a dañar a Clarín en sus negocios e intereses directos, hasta intentó meter preso a Magnetto. Pero siempre se guardó una carta para negociar.

Esta era la situación cuando murió de un ataque fulminante al corazón. Parecía que Clarín había ganado: el mismo día en que había luto nacional, la Bolsa premiaba al Grupo con una suba espectacular 49 por ciento en sus acciones.

En el año transcurrido desde entonces, la mayoría de las acciones contra Clarín están demoradas en los tribunales y la Presidenta bajó el tono del enfrentamiento público. Pero aquella celebración anticipada fue un error. La Presidenta jamás compartió el entusiasmo de Néstor por el Grupo. “Ustedes son unos tarados que creen en Clarín”, reprochó alguna vez en privado a su marido y a su entonces jefe de gabinete, Alberto Fernández. Forzada a participar de comidas con representantes de la empresa en Olivos, se atuvo siempre a un rol estrictamente protocolar.

Ahora, envió claras señales de que avanzará con la ley de medios para obligar a Clarín a “desinvertir” (es decir, deshacerse de parte de sus señales de TV y cable) y que logrará la declaración de interés nacional del papel para diarios, lo que significaría un gran golpe contra Papel Prensa.

Poco después del triunfo de Cristina en las primarias de agosto, que prenunció su cómoda reelección de octubre, un ejecutivo de Clarín me confió, con profundas ojeras, que esperaban lo peor: la enemistad de la Presidenta sólo había crecido y nadie veía una salida negociada. La pelea por la supervivencia sería cruenta. ¿Cómo resistir cuatro años más?

La respuesta parece descansar más en las decisiones que tomen los accionistas de Clarín que en un improbable cambio de posición del Gobierno. Clarín ha visto disminuir su prestigio, su dinero y su influencia. ¿Cambiará para sobrevivir? ¿Aceptará lo que parece el resultado claro del enfrentamiento: que el modelo en que basó durante décadas su relación con el poder político ha terminado?

El País

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