Graciela Mochkofsky

De quién es la tierra allá en el Sur

Por: | 10 de diciembre de 2011

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En el otoño argentino de 2002 viajé a la Patagonia argentina para hacer un relevamiento de un nuevo fenómeno: millonarios extranjeros, en especial norteamericanos pero también algunos europeos, estaban adquiriendo enormes extensiones de tierra. Ted Turner compraba trechos de ríos (estrictamente, ya que los ríos no están a la venta, las tierras que los rodeaban y el acceso a ellos) para llegar en su jet privado los fines de semana a practicar pesca con mosca, su deporte favorito. El inversor inglés devenido en ciudadano de las Bahamas Charles Lewis pasaba unos pocos días cada verano en su mansión hollywoodesca frente al idílico Lago Escondido, a cuya vera retozaban animales exóticos al cuidado de argentinos disfrazados de pastores escoceses. Ward Lay, heredero de la familia tejana que fundó la empresa de las papas fritas, era el dueño de 80.000 hectáreas de estepa en las que cazadores dispuestos a pagar cientos de dólares por noche y varios miles por presa tenían la oportunidad de disparar contra ciervos y jabalíes; al final de la cacería, se entregaban a banquetes de carnes asadas, whisky de malta y rondas de póker.

Que grandes extensiones de tierra estuvieran en pocas manos no era una novedad para la Argentina; los extranjeros compraban a viejas familias terratenientes de la alicaída aristocracia argentina. El debate, por entonces incipiente, no giraba sobre la concentración, sino sobre el acceso: los nuevos dueños cerraban el paso a ríos y a lagos. Lewis había construído una buena ruta de asfalto en lugar en reemplazo del viejo y agujereado camino de ripio por el que se llegaba al lago Escondido, había instalado una barrera y sólo dejaba pasar a algunos visitantes con permiso del administrador.  

Los nuevos dueños afirmaban que las restricciones de paso eran necesarias para recuperar y preservar riquezas naturales –la limpieza del suelo, la pureza del agua, el bienestar de las especies animales y vegetales--. Sin control, los visitantes dejaban a su paso tierra arrasada: latas de gaseosas en los ríos, bolsas de comida, pañales usados, cenizas, animales muertos. Los nuevos dueños estaban recuperando tierra dañada. El Estado no sólo había renunciado a su obligación de cuidado y preservación: los cuidadores de la estancia de Lay –donde habían vuelto a crecer especies vegetales autóctonas y se recuperaba la tierra luego de generaciones de voraces ovejas argentinas que no dejaban crecer ni los yuyos-- atraparon a un grupo de cazadores furtivos; su líder resultó ser funcionario del gobierno provincial.

Dejé la Patagonia con sensación de ambivalencia. Los nuevos propietarios tenían --casi todos—conciencia ecologista. Volvían a prosperar animales y plantas depredadas, que serían parte por siempre de la riqueza local. La infraestructura local se modernizaba para acomodar las necesidades de los nuevos propietarios. Pero ¿quién iba a disfrutar de todo esto? Esta nueva Patagonia se parecía muy poco a la de mi infancia, en la que acampábamos en paisajes asombrosos, comíamos las truchas que lográbamos sacar a los ríos, y recorríamos interminables extensiones con fiebre de explorador.

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Otro caso interesante era el de Douglas Tompkins, un millonario norteamericano que comenzó comprando 500.000 hectáreas en el sur de Chile. Sus campos, de superficie equivalente a dos Luxemburgos, se extendían desde la cordillera hasta el Pacífico, cortando a Chile en dos. La derecha chilena lo acusaba de ser agente del Departamento de Estado norteamericano con la misión de dividir a Chile en varios Estados.  

Tompkins compraba tierras para preservarlas. En Argentina, donaba miles de hectáreas a fundaciones conservacionistas. De dos estancias que compró en la provincia de Santa Cruz, sacó las ovejas y vacas que destruían el suelo. “Tompkins compra, retira el ganado, mejora un poquito las instalaciones y deja los campos cerrados, para que se recuperen. Protege las especies autóctonas, como el guanaco, el zorro y el puma, pero no hace nada más. Acá el suelo no tiene mucha tierra, es todo piedra, ripio y arena. Esos campos van a tardar hasta ochenta años en recuperarse”, me explicó el intendente del Parque Nacional Los Glaciares, Carlos Corvalán.

Tompkins encontró en Argentina un recibimiento cálido, incluso del Ejército, que no tenía objeción a la venta de tierras ni siquiera en zona de frontera, según me aclaró su jefe de prensa de entonces, el mayor Edgardo Calvi. A la ley argentina sólo le importaba que no fuera un chileno quien comprara en la frontera, por la vieja rivalidad entre los dos países.

En los años siguientes, Tompkins compró grandes extensiones en los Esteros del Iberá, en el noreste argentino, creó una impresionante reserva natural y comenzó a donarla al Estado provincial.

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Diez años más tarde, el Congreso argentino se apresta a sancionar, en sesiones extraordinarias antes de fin de año, la primera ley que limitará la posesión de tierras en manos extranjeras. La presidenta Cristina Kirchner la considera una prioridad de su segundo mandato. 

La ley fijará en 20 por ciento el límite de suelo rural que puede estar en manos extranjeras y determinará que ningún extranjero podrá comprar más de 1.000 hectáreas (no es retroactivo, de modo que los que ya han comprado no perderán lo adquirido). El tope ha causado polémica, ya que se estima, aunque no existen datos oficiales --la creación de un registro es una de las propuestas de la nueva ley--, que la tierra en manos de extranjeros es hoy menor (entre 4 y 10 por ciento; más información sobre cifras y sobre la dificultad de obtenerlas, aquí). La Federación Agraria Argentina afirma que, sin una ley de regulación, en 2013 habrá 26 millones de hectáreas bajo titularidad foránea, sobre un total de 170 millones cultivables.

El modelo para esta ley fue tomado de Brasil. En Uruguay, el Frente Amplio busca limitar la venta de campos a grandes grupos económicos para proteger a medianos y pequeños productores. El debate contra la "extranjerización" se extiende en América del Sur, donde gobiernos de países lejanos –en particular, el chino—y conglomerados multinacionales se han lanzado a comprar tierra en una carrera por garantizar para sí la provisión de alimentos y recursos naturales con vistas a un futuro (demasiado cercano) en el que serán escasos.

El caso que se ha tomado como paradigma en Argentina es el de Río Negro, donde el gobernador firmó un convenio con el gobierno chino por el que éste explotará 300.000 hectáreas durante veinte años para plantar soja, que será consumida, en exclusiva, por los chinos.

El proyecto –o, más bien, su objetivo-- ha sido criticado por algunos columnistas por xenófobo y nacionalista, pero su objetivo cuenta con un consenso casi absoluto entre la clase política y amplios sectores de la sociedad civil: todos los partidos han presentado en los últimos años proyectos para limitar la “extranjerización”.

***

El Fondo para la Alimentación y la Agricultura (FAO) de Naciones Unidas acaba de publicar un informe de 551 páginas que advierte que "en un mundo dominado por las crisis económicas recurrentes y en el que la necesidad de asegurar la producción futura de alimentos es primordial, la concentración y extranjerización de tierras se ha convertido en una práctica constante en América Latina y el Caribe", mucho más extensiva de lo que nadie había previsto.

Este es un debate que apenas comienza.

Hay 5 Comentarios

PUES LA TIERRA EN MANOS EXTRANJERAS O "NATIVAS" TODO DEPENDE DE LO QUE SE HAGA CON ELLA O NO SE HAGA CON ELLA, ¿NO?

como uruguaya te felicito por tu artículo pero lamento que esas leyes que se estan estudiando tarden tanto que el mal ya esté hecho. Y que no sean más los periodistas que denuncien este riesgo ., para que todos supiéramos lo que pasa .

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Muchas gracias por tu tiempo.

Graciela:si, el debate apenas comienza para nosotros....pero para los compradores(habria que incluir a Benetton,los Menonitas y tantos otros grupos y holdings economicos y religiosos) el tema no es nada nuevo:"el agua".Si asi es...ellos compran no la estancia o el lago con truchas....compran el eco-sistema completo desde el glaciar en los Andes hasta las costas Patagonicas sobre el Atlantico...o las aguas de la laguna del Ibera en Corrientes, uno de los ecosistemas con mayor bio-diversidad del planeta.Como vos,recuerdo de chico mis viajes al sur... los duenios eran los Menendez Bety....enormes estancias llenas de ovejas(cuando la lana era negocio)ahora Benetton exporta carne de corderos argentinos.Compran estancias,cercan y ahi las dejan...saben que de aqui a 50 o 100 anios el valor sera incalculable...no por los ciervos o los jabalies....es por el agua.La misma causa que desato la guerra en Oriente Proximo en 1967.....el agua.El corredor de autos aleman Shumager quiso comprar una mansion en Suiza e irse a vivir alli....los miembros del canton(municipio) suizo se reunieron y le dijeron al campeon de formula 1:"No Sr.no lo queremos aqui...los paparazi,la tv,nos molestan mucho".Y el millonario deportista se quedo sin su mansion en Suiza.Lo que les hace falta a los politicos profesionales(diputados,senadores,etc)argentinos,brasilenios,chilenos,costarricenses(los menonitas son los duenios de montanias enteras como en Monte Verde) es dignidad y legislar en favor de nuestros paises.Y a nosotros los ciudadanos que votamos por ellos es estar alertas ante la "corrupcion" la piedra angular de este fenomeno, ya que las coimas de estas transsacciones megamillonarias son muy tentadoras para un Gobernador o Intendente.Los periodistas juegan un papel de primer orden en esta lucha por evitar la "venta de paises a extranjeros" denunciando oportunamente los actos de corrupcion.Y los Presidentes,que se hagan de verguenza y con un Decreto Presidencial paren el saqueo de nuestras riquezas naturales....las leyes pueden llegar tarde.Solo recuerdo ahora las palabras del Jefe Seatle cuando el Presidente de los EU le ofrecio comprarle las tierras de su pueblo....."se puede comprar el aire silbando en los pinos,el vuelo del aguila?....en estas tierras descansan nuestros antepasados y es sagrada a la memoria de mi pueblo".Gracias Graciela por tu articulo.Por esta causa si vale la pena salir a las calles.sc.

No sabes nada de Argentina. Un desastre la nota. Como Argentino lo digo.

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Sobre el autor

Graciela Mochkofsky, periodista argentina, es autora de cinco libros de no ficción. Creó y edita, en colaboración, la revista digital el puercoespín. Ha escrito para los principales medios de su país y para varias de las revistas más importantes de América Latina. Es Nieman fellow 2009 de la Universidad de Harvard.

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