Agencias bajo la lupa

Por: | 03 de marzo de 2013

El estallido de la crisis en 2008 cuestionó a las agencias de calificación, a las que se acusó de no haber sabido predecirla. Desde entonces y por ese motivo, su descrédito fue en aumento y se criticó el papel jugado en crisis como las de Enron, cuya calificación permaneció en niveles de valor de inversión cuatro días antes de que quebrase; Lehman Brothers, que mantenía una buena calificación poco antes de su caída; y la de Grecia, cuyo debacle arrastró a otros países europeos y sumió en un profundo debate a la Unión Europea (UE). Se puso en tela de juicio, sobre todo, a las tres agencias que controlan el 90% del mercado (Standars & Poor’s, Moody’s y Fitch), a las que el FMI acusó de contribuir “involuntariamente” a la inestabilidad financiera. Todo se debe a que sus opiniones pueden agravar la situación de los países que se encuentren en dificultades, tal y como ha pasado con los periféricos de la zona euro.

El próximo mes de abril se cumplen cuatro años desde las primeras discusiones en Bruselas y para mayo está previsto que el Parlamento y la Comisión Europea aprueben la nueva legislación, conocida como Credit Rating Agencies Regulation (CRA3), que deja abiertas dudas de si va a mejorar los resultados de las calificaciones o de si, con todos los cambios, se habría podido evitar crisis como las de las subprime.

En abril de 2009 los miembros del G-20 se pusieron de acuerdo para introducir marcos de supervisión para las agencias de calificación. De ese consenso salió la puesta en marcha del reglamento por el Parlamento Europeo, en cuya exposición de motivos se dejaba claro que la regulación se tenía que centrar en los siguientes puntos: conflictos de interés, calidad de las calificaciones, transparencia y gestión interna, y supervisión de sus actividades. La UE reclamó a las agencias que actuaran “con responsabilidad y rigor” y puso en marcha los mecanismos para reglamentar el funcionamiento y control de las agencias. En paralelo, cobró fuerza la idea de constituir una agencia dependiente de la Comisión Europea, que sigue barajándose.

En ese sentido, se establecieron mecanismos de rotación de los analistas (algo parecido a los auditores) cada cuatro años. Al principio, las autoridades pensaban también obligar a los emisores a cambiar de agencia cada cuatro años, partiendo del convencimiento de que todas las calificaciones son iguales y miden lo mismo. Sin embargo, las agencias resaltaron que no es así, y que, por ejemplo, Moody's se centra en la medición de la pérdida esperada y S & P, en la probabilidad de incumplimiento. La medida, a su juicio, habría sido contraproducente e incrementado los costes. Además, subrayan que la calificación se basa en el conocimiento del emisor y que, cuanto más se rotara, menor precisión tendrían. Al final, el concepto de rotación se va a quedar para la titulización de titulizaciones.

También se va a imponer a las agencias que las calificaciones de los Gobiernos soberanos se revisen al menos cada seis meses, de manera que las agencias de calificación deberán publicar cada mes de diciembre las fechas en las que harán la revisión de las calificaciones de los países y si se desvían de estas fechas por acontecimientos extraordinarios deberán obtener permiso de ESMA, la autoridad europea de valores y mercados que es la que se encarga de regular las agencias. También se va a ampliar el plazo de publicación de las calificaciones desde que se le comunica al emisor de 12 a 24 horas, lo que, según las agencias, supone que el riesgo de una filtración al mercado se incremente exponencialmente. La nueva legislación obliga a las agencias a ser más transparentes con sus metodologías e informes y se les incrementa su nivel de responsabilidad en el caso de que incumplan la legislación europea, así como a intentar reducir el peso específico que tienen las calificaciones en la regulación.

Los participantes del mercado, no obstante, critican que “los reguladores hayan perdido una oportunidad de oro en lograr una supervisión global y coherente dado que la regulación que se da en EE UU no tiene nada que ver con la europea y, si después de cuatro años de avatares legislativos, nos hiciéramos la pregunta de si los cambios en el proceso legislativo han contribuido a la mejora de la integridad, independencia, y calidad de las calificaciones la respuesta no sería muy positiva”.
Las cartas están echadas. Y, si al final se consigue reducir el peso específico de las calificaciones en la regulación, lo más probable es que sean los inversores los que dicten el futuro de las agencias ya que serán sólo ellos los que decidirán si la calificación les aporta valor añadido.

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Y a pesar de no advertir de la crisis siguen marcando el paso en los mercados. Y son capaces de hacer temblar a un pais.

Carla
www.lasbolaschinas.com

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Este blog intenta meterse en las cocinas donde se elaboran y se fraguan las noticias, dar claves sobre las decisiones de política económica y empresarial, aportar  pistas sobre las relaciones de poder de las personas que manejan los destinos del país, valorar la dimensión de la economía como determinante en la vida política y de los ciudadanos y analizar el alcance de las informaciones en materia económica.

Sobre el autor

Miguel Ángel Noceda

Miguel Ángel Noceda Llano, cántabro de Comillas, siempre ha estado ligado a la información económica. Lleva desde 1989 en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de Economía y es corresponsal económico. También ha sido presidente de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y es Vicepresidente tercero de la Asociación de la Prensa de Madrid.

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