Hostias

Por: | 05 de abril de 2007

Hostias.

Cuando yo era chico las hostias eran una obsesión, casi un martirio. Un martirio más entre todos los martirios. Hoy es el día que conmemora el amor fraterno; tengo para mi que los curas no nos querían; nos hacían formar en medio de la grava y nos decían que nos arrodilláramos para purgar nuestros pecados. Pintaban una vida llena de sufrimiento y oprobio. Teníamos que comportarnos así para lavar nuestro mal comportamiento.

Creo que fue esa experiencia la que me hizo agnóstico en todas las religiones. Eso se unió al hecho, verdaderamente benéfico, de que ni mi madre ni mi padre me indujeron jamás a profesar ni esta religión, la católica, ni ninguna otra. La legendaria frase de Manuel Vázquez Montalbán de que si no creía en la religión verdadera no iba a creer en las otras se da perfectamente en mi situación.

Aún así, siempre fui muy respetuoso con los curas, jamás fui lo que se dice anticlerical, pero la vida me ha ido haciendo cada vez más anticlerical de la Iglesia oficial, la que se manifiesta (en este caso con gafas oscuras) contra la opción sexual libre de los ciudadanos, y contra la educación laica y libre, dependiente del Estado y por tanto de los ciudadanos.

Cuando yo era niño mi madre me contó lo que le sucedió al enseñante laico Ferrer cuando ya estaba frente al pelotón de fusilamiento, como Aureliano Buendía, y no recordó el día en que su abuelo le llevó a ver el hielo, sino algo mucho más glorioso y perdurable, su convicción íntima de educador civil; gritó Ferrer: "¡No tengo miedo a la muerte, vivan las escuelas laicas, vivan los niños!"

Esa frase, a la que mi madre le daba la entonación precisa, firme y soñadora, ha vivido siempre conmigo, jamás se me ha olvidado, y en momentos como los actuales en España, cuando la Iglesia católica se entromete de manera atosigante en todas las esferas de lo que es propio de un Estado laico, me viene como si fuera el trozo de una canción o de una ideología.

Recuerdo mi primera comunión. Había que ir vestido de marinero o de cualquier otra cosa, y en casa no había otra ropa que la de diario, así que nos prestaron un traje de marinero, así fui a la parroquia privada (en mi barrio había una familia que tenía una parroquia privada) y así tomé la comunión, con un temor que era común al de mis pequeños compañeros: el temor a rozar la hostia con los dientes.

Ese temor ha pasado a la historia, la gente incluso toma la hostia en su propia mano, pero yo no he podido olvidarme de aquel escalofrío, que luego los curas aumentaron con el frío y el sudor del infierno que nos proponían como futuro si no comulgábamos con la fe que nos estaban dictando.

Ahora que he leído que los mismos jerifaltes católicos que se manifestaban en Madrid contra la educación laica y contra los derechos de los homosexuales, los mismos que en el pasado alzaron el brazo a favor de la guerra civil que hizo Franco, habían prohibido una parroquia roja, me han venido a la mente todas estas experiencias, de las que seguramente ustedes tendrán miles.

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Anoche empecé a leer un libro sobre la República y la guerra civil. De Julián Casanova, editoriales Crítica y Marcial Pons.

Hay 14 Comentarios

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Curas¿¿¿ ?? Religión???? Es la peor experiencia por la que puede pasar un niño y/o un adolescente.Es una demencia de nuestro cerebro y los curas son una excrecencia de esta sociedad
Ahgggggg!!!

Querido Juan Cruz: Preciosas, emocionantes, las últimas palabras de Ferrer.

Perdón... me habia saltado este apartado y por eso entré, directamente a matar, en el rincón de la "Monstruosidad cometida". Estimado Juan Cruz, fluctuo entre el agnósticismo y el ateismo aunque algunos crean que eso no es posible. Y siempre... en mi critica a la Religión en general. La considero el cancer de nuestro tiempo y sueño con un estado laico... en el nombre de la madre y de los hijos. Compartí, en su momento, tu obsesión por las hostias aunque nunca estuve muy predispuesta a hincar la rodilla para lavar mis supuestos pecados. Al fin y al cabo, todas las actuales confesiones son patriarcales y machistas... asi que ve un poco mas alla e imaginate como Juana teniendo que admitir que eres la encarnación del diablo. Soy anticlerical si, a la vez que pacifista, y por eso no me animo a quemar iglesias ni a ajusticiar a miembros del clan de la sotana. Con los unicos curas con los que me hablo son aquellos que profesan la teologia de la liberación y han estado a pie de poblado, por ejemplo, en esa America latina. Sigo sosteniendo que la curia vaticana -envidiosa ella- usurpó nuestras maxifaldas y se toco la testa con un burdo remedo de pamela. Incongruente encuentro que aun pretendan anatemizar mariquitas y a esas otras faunas tan de mis entretelas. Lo cierto es que sigo perdiendo un tiempo precioso en convencer a las mujeres para que no militen en organizaciones que las desprecian. Estoy por la apostasia y el adoctrinamiento de los hijos (tengo) en la rebelión a tales cadenas. Y lo dejo aqui aqui porque si me doy cuerda puedo seguir asi hasta el agotamiento. Un beso.

Me parece que lo que la iglesia demuestra una vez más en entrevías, es su temor a las personas libres, con iniciativas y criterios propios. La misma libertad, iniciativa y creatividad que son necesarias para solucionar los problemas y superar las injusticias, con lo cual es la misma iglesia la que queda encerrada en su absolutismo, ¿será por eso el temor al relativismo?

Yo viví aterrado hasta que un buen día, en mi niñez, siendo monaguillo, me inicié en comerme esas hostias, creo que consagradas, mientras don Jonás confesaba antes de la misa. ¡Coño!¡Qué buenas que estaban!. Desde entonces ya no temo, incluso creo que ahora soy cocinero porque de cura tendría conductas aseglaradas, a saber, pecador de gula.
Enhorabuena por su blog.
Roberto

Hola Juan: También a mi me generó verdadero miedo, casi pánico el tocar la hostia con los dientes porque la catequista nos decía que "sangraba Jesús". Tiempos negros que mucha de la jerarquía de la Iglesia quiere revivir. Procuremos que su esfuerzo sea vano

Muy bueno su artículo señor Cruz, me ha hecho recordar la hipocresía del colegio de curas donde estudié, curiosamente, en el mismo que usted 35 años después.

Todo seguía igual en los 80, los rezos obligados, los comederos de cabeza, las parábolicas y los cochazos de los curas...etc. Hasta algún que otro romance entre curas y alumnos/as...

AL IGUAL, algún día volvamos a ver las escuelas laicas...

Salud y República!

Lo que es una pena, es que se siga tratando a la Iglesia con los privilegios de un estado confesional.
Lo normal seria suspender el concordato , hacer una ley de educación laica , y que se financien ellos mismos.

Adoro, particularmente, la vidilla que le ha dado Zp al clero. Disfruto como una loca. Me he salido del tiesto con este comentario, perdón. Besos

Antes era un sacrilegio prononciar esta palabra. Hoy en día puede ser hasta un elogio....Si alguien te dice "eres la hostia" como te lo tomas?. Me he hecho bloguera. Nueva experiencia. Un abrazo.

Esos son, efectivamente, los recuerdos de muchos de los que ya hemos cumplido los 60. Esas son las sensaciones que nos provocan los hechos y los dichos de la jerarquía católica en estos últimos meses. Estos curas fascistas y sus fascistas amigos y promotores son la representación de aquellos miedos. El sabor amargo que sus cantinelas nos traen a la memoria nos hace evocar aquella educación castrante, llena de mentiras, dirigida aviesamente a convertirnos en un rebaño fácil de manejar, sin disidencias, sin autocrítica. ¿Por qué no los sustentan únicamente aquellos que los siguen? ¿Hasta cuándo vamos a soportar este estado de cosas, estos privilegios inconstitucionales que los protegen? ¿Hasta cuándo vamos a llenarles los bolsillos aquellos que no los queremos ni los necesitamos para nada?

Ojo con las generalizaciones. Yo estuve en la manifa contra la Ley de Educación porque creía y creo que es mala, porque desprecia las humanidades, porque no se pactó con los agentes sociales. No soy ningún gerifalte ni la manifa fue convocada por la Iglesia.

Muy bueno pero la frase de la religión verdadera no es de Vázquez Montalbán, sino de otro Manuel. Tu suegro. Un amigo suyo se la decía a los testigos de Jehová cuando le iban a visitar a casa.

Yo estoy leyendo desde hace días la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno. Me la llevo hoy a León.

Un abrazo

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¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

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Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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