Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

Eskup

El miedo del maestro de latín

Por: | 23 de mayo de 2007

Este hombre que se sentó en primera fila pidió hablar al final de coloquio, y dijo que sentía miedo. A decir, a expresarse, a conversar. Sentía miedo. El coloquio se celebró en Caja Cantabria, al atardecer; ya había dicho Aznar lo que dijo en Calatayud, y yo lo había comentado en la conversación que tuvimos Sandra Bedia, una excelente periodista cántabra, y yo; hablamos de la literatura, de la memoria y de la vida, y comenté con ella, y con los que nos escuchaban, las frases de ayer del ex presidente. Cuando Javier Ontañón, que desde hace años se ocupa de que en Cantabria se discuta de la literatura y de la vida en este foro, abrió un coloquio, prometió un viaje a Tenerife a quien hablar en primer lugar, y este señor intervino.

El hombre tiene diez años mayor que yo, nació en la guerra civil, que él llamó "guerra incivil". Dijo que no sabía quién había inventado el término; fue, le dije, el profesor Juan Marichal, tinerfeño, que agru´pó las obras de Azaña, trabajó sobre Negrín y enseñó en Harvard. Ahora vive en México, con su hijo Carlos. El hombre dijo que había sido maestro de latín, y ahora está jubilado. Su padre luchó en la guerram, con los dos bandos, el azul y el rojo, y siempre obligado. Se casó antes de la guerra, y tuvo ocho hijos. Tanto él como su mujer eran analfabetos. Una mañana, yendo a ordeñar las vacas, cayó fulminado por un infarto. Tenía 58 años. Como yo, pensé, desde el estrado, y sentí un pequeño escalofrío.

Luego explicó el miedo. No había escuchado, en mis viajes por España, la formulación tan grave sobre el estado de ánimo que pueden provocar exageraciones tan desatinadas, y tan falaces, como las que expresó ayer con todas sus letras el ex presidente Aznar en Calatayud. Luego hemos visto todas las reacciones, y hemos visto también como el periodismo desaprensivo pone en la balanza los desaciertos del presidente y las exageraciones del ex presidente.

Imagino que algún día la sensatez se imponga y quien declaró que sus adversarios gritaban su rencor por las esquinas guarde silencio al menos hasta que su voz se parezca a una voz respetuosa con el presente y con la historia.

Volví a Madrid. Aquí diluvió ayer, y ahora hay una calma que parece una pregunta.

Mi artículo de hoy en EL PAÍS: Perdedores

Preguntar es cosa de dos

Por: | 22 de mayo de 2007

Anoche entrevisté en público en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a Gunter Grass por su libro Pelando la cebolla, que ha publicado Alfaguara. Le había entrevistado para El País, y la entrevista apareció el jueves 17. La había hecho el lunes 7 de mayo en Behlendorf, donde vive el premio Nobel alemán, cerca de Hamburgo. La guardamos hasta el 17 porque la editorial acordó con otros medios españoles que la embargaríamos hasta entonces. Uno de los diarios se saltó el embargo y la publicó el día anterior. Eso me desató cierta (nueva) desconfianza en el género humano que somos los periodistas.

Una entrevista exige muchos requisitos, y desde hace tiempo trato de cumplirlos o perfeccionarlos. Parto de una convicción: las preguntas (todas las preguntas) son cosa de dos; la peor pregunta es la que lleva implícita la respuesta. También es malo preguntar insinuando. Y, por último, es malísimo parecer que tratas de "cazar" al entrevistado con preguntas "demasiado" inteligentes. Las mejores preguntas, las que desatan mejor la lengua de los entrevistados, son aquellas que se hacen con curiosidad, cuando te enfrentas al otro tratando de veras de saber algo nuevo sobre él o sobre ella.

Eso trato de aplicar cuando pregunto, y además trato de hacerme partícipe de lo que quisiera saber el público. Intenté hacerlo anoche en el Círculo, y no sé si me salió, pero al final del diálogo me encontré relajado, consciente de que las preguntas que había hecho habían tenido en cuenta al público y al entrevistado. Luego Grass se rió mucho conmigo porque había "descubierto" en el curso de la conversación pública que, además de él, que lo tiene en altísimo grado, yo también tengo complejo de Edipo. Me dijo: ´"Tendrías que publicar un títular diciéndol, Grass ha descubierto mi complejo de Edipo".

La conversación giró sobre el libro, sobre las preguntas que contiene: cómo fue posible que hubiera entrado como voluntario en el ejército de Hitler, qué pasó mientras eso ocurrió, qué pasó para que tardara en decirlo; hablamos de su madre, en efecto, de su padre, de la historia, de España, del futuro, de las guerras... En un momento determinado le pregunté si vislumbra que algún día acabaran las guerras, y me dijo, riendo: "¡Una pregunta más fácil, por favor!"

Él estaba muy relajado, se dirigió al público, pidió más preguntas. En el invierno del año pasado estaba destrozado por la polémica que desató su libro. Cuando la gente lo leyó decayó la tensión; los periodistas agitaron unos folios del mismo, durante bastante tiempo. Espero que eso no ocurra aquí; espero que lean este libro emocionante y distinto, que a veces eleva y que siempre pregunta por los errores a los que nos lleva a todos la ceguera de la falsa seducción.

Del mismo modo que preguntar es cosa de dos, saber es una obligación de uno solo, para no cometer injusticias. No es bueno agitar ni acusaciones ni descalificaciones a partir de una mentira. A  veces se agitan mentiras y ya todos preguntan a partir de la mentira. La paciencia ayuda a saber. Hay que leer este libro, y muchas cosa más, con mucha paciencia, y sin lugares comunes previos.

Lo que se sabe ennoblece, y lo que se insinúa termina siendo un bumerán contra el que acusa sin mirarse a sí mismo en el mismo espejo deformante que aplica a los otros. Tener razón siempre es muy aburrido.

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Liga y blogs

Por: | 21 de mayo de 2007

Liga y blogs: alguien evocó aquí ayer el fútbol y los blogs, vine al ordenador y escribí una larga entrada sobre mi relación con el fútbol y con la escritura, y la ventolera de los wi fis acabó con lo que escribí. Por si no aparece de nuevo, lo resumo. Empecé a escribir de fútbol cuando era un adolescente; escuchaba los partidos en la radio de mi casa y luego escribía sus crónicas en los libros de contabilidad de mi padre. Un día envié una crónica de un partido de fútbol entre juveniles del norte de Tenerife, y lo envié a Aire Libvre, el periódico de los lunes de Tenerife en aquel entonces. Lo publicaron, con una entradilla muy estimulante para mi, y leyeron la crónica en el bar de mi calle. Desde entonces fui el periodista de mi calle.

Ahora sigo escribiendo de fútbol, en As. Cuando empecé, en mi casa había un recorte de periódico, que leíamos mi madre y yo, y ahí aprendí a leer. La radio me dio la sintaxis, y aquel recorte de periódico me abrió el apetito de la letra impresa. Jamás me olvido de esos momentos, porque son los que me hicieron un periodista. Ahora cuando escribo de fútbol en el blog siento casi la misma emoción que cuando era un adolescente y escribía en el libro de contabilidad de mi padre, que era un blog que él nunca usaba.

Mi nota de esta mañana, que se esfumó con el wi fi, concluía hablando del partido de anoche; lo vi con barcelonistas y atléticos, como cuento hoy en la columna de As, y eso me impidió celebrar tanto gol. Y explicaba al final de mi relato que me gustó mucho ver que ayer alguien evocaba en el blog de Bassets las crónicas de internacional de Haro Tecglen. En la época en que todo era metáfora, él descubrió que hablando del mundo se entendía lo que pasaba en España. ¿Como ahora?

El poema de Yaiza

Por: | 20 de mayo de 2007

Yaiza, alumna del Luther King del sur de Tenerife, que acaba de ganar el premio de poesía de su colegio, envió ayer a este blog el hermoso poema con el que ganó el concurso. Sus últimos versos con como un programa de vida, "Yo no me mido de los pies a la cabeza/ sino del corazón al infinito". Mi amigo Manuel Longares suele decir que cuando uno escribe debe medirse con lo más alto, consciente de que acaso jamás se pueda lograr esa altura; pero si en la vida no se buscan retos incomparables, y acaso inalcanzables, uno nunca avanzará en voluntad de nobleza. Esos versos, Yaiza, valen hoy y siempre como materia prima de una reflexión perenne, sobre la vida, sobre lo que uno no conoce de la vida.

Hoy está el cielo del sur, en El Médano, lechoso y difuso; ayer hubo sol, y a mediodía estuve en el mar, las olas estaban rabiosas, pero juguetonas, y sentí en medio de ese remolino la misma sensación que tengo siempre en la playa, que la vida va a durar más y va a ser cada vez más hermosa y más bella; el día de hoy, un domingo que el cielo quiere melancólico, me trae el recuerdo de un gran periodista que acaba de morir, José González Cano, que hizo acaso las mejores entrevistas del periodismo español de mi generación; escribió durante años en la Gaceta Ilustrada, cuando esta revista representaba en España lo mejor del periodismo europeo de entonces; era un hombre que sabía escuchar, tenía una mirada distante pero noble, y abrazaba a veces con una sola palabra.

Le frecuenté a veces en una tertulia que tenía en un restaurante murciano (él era murciano) de Madrid, y siempre tuve allí la sensación de recuperar los mejores tiempos de mi vida como aprendiz de periodista, cuando me gustaba estar escuchando las conversaciones de los maestros. Recuerdo que cuando era un chiquillo, en torno a los diecisiete años, iba al periódico La Tarde de Tenerife, ya desaparecido, tan solo para volver en coche desde la Redacción a La Laguna con el subdirector de aquel diario viejo, Alfonso García-Ramos. Era un periodista moderno entonces y ahora el tiempo lo ha hecho antiguo; hacía del conocimiento y de la literatura dos armas del periodismo, y era un conversador generoso y abierto; no sabía de todo, pero lo intuía.

Cuando conocí a González Cano (de quien El País publicó el sábado una hermosa, él llamó ríspida, necrológica de Ignacio Fontes, su amigo) tuve la impresión de que recuperaba para mi a una persona del talante de Alfonso. Después nos dejamos de ver, y lo lamento muchísimo; la vida de la ciudad, y la vida en general, nos ha puesto delante de una absurda lejanía, la que nos impide seguir en contacto con gente mejor que nos hace buenos, o más nobles.

He lamentado mucho la muerte de Pepe, y me da rabia reconocer que tuve que hacer más por verlo. Y por aprender de él.

El poema de Yaiza. Lo pueden ver completo en el blog de ayer. Del corazón al infinito Ojalá.

Viaje a la gente

Por: | 19 de mayo de 2007

La gente está ahí, pensando y haciendo, dibujando, haciendo puertas o ventanas, creando, escribiendo, formándose, sabiendo más, sabiendo hasta el infinito, juntándose, odiándose, soñando, y a veces nosotros, los periodistas, pasamos de largo. A veces hay una mano que nos baja a la tierra, y nos enseña la realidad que hay entre la multitud a la que nos referimos. Son rostros humanos, de jóvenes, de viejos, de escolares, de trabajadores. Esta vez la mano que me han bajado se llaman Jesús, Paco y Ulises y me han llevado a un colegio del sur de Tenerife, el Luther King, a cuyos estudiantes mayores --entre catorce y dieciséis años-- les estuve dando una charla el viernes a mediodía, ayer mismo.

Llegué muy cansado, de diversos viajes que en una sola semana me llevaron, como ustedes habrán visto aquí, a Las Palmas, a Vitoria, a San Sebastián y aquí mismo; el cansancio es algo físico, que se te mete en la mente en un momento determinado (cuando ya no se puede más, como decía nJames Joyce) y te afecta a la memoria, a la asociación de ideas, a la relación con los otros; te convoca al silencio. El cansancio es como una muerte chiquita, porque afecta a las neuronas y también al entusiasmo. Es como el llanto de los niños, que generalmente viene de la desesperación que produce que los demás no entiendan el silencio de su cansancio o de su hambre, y entonces lloran para hacerse entender.

Así que llegué muy cansado pero aquel auditorio, donde había chicos de todas partes, hijos de gente de todas partes que ahora ya son canarios también, me levantó la moral, me devolvió el entusiasmo de comunicar, y pasé un rato fantástico, que concluyó en el seminario donde preparan ellos el periódico El Crisol, que precisamente ha ganado una fase del concurso de El País de los Estudiantes, que ustedes pueden consultar en elpais.com.

Chicas y chicos muy despiertos, hicieron preguntas que me resultaron fascinantes ("¿a quién metería usted en una guagua?", "¿qué le enseñó la vida?", "¿qué impresión se llevó usted cuando Israel atacó Líbano?", entre otras muchas) y que me levantaron las ganas de ser joven de nuevo, de habitar otra vez aulas como aquella para aprender otra vez a aprender. De la segunda pregunta les dije: "He aprendido que más sencillo es mejor".

Les hablé mucho de la educación y del aprendizaje, y les conté la historia de un viaje colmenero de Soria, que a los 90 años, viendo que un joven ejecutivo se había comprado unos libros para estudiar el comportamiento de las abejas, se fue a una biblioteca porque quería saber de eso mucho más que el muchacho joven.

Estudiar es una maravilla, y leer. Les hablé de lo que me ha hecho la lectura, y me pidieron consejo sobre los libros que debían leer. Les dije que eso se lo tenían que decir sus profesoras, Carmen y Natalia, que estaban por allí, pero insistieron y me preguntaron algo que siempre se pregunta pero que uno no sabe nunca si contestar. Me preguntaron quién me hubiera gustado ser de todos aquellos autores que he leído. Se me ocurrió decirles que me hubiera gustado ser Francis Scott Fitzgerald. Seguro que más de uno de los que escriben en este espacio me explicará a mí por qué se me ocurrió ese hombre tan melancólico. Y cuánto sufrió habiendo nacido para ser feliz.

Ah, en el blog de ayer escribieron Rim y Nazaret, del Luther King. Y Marina escribió en el de Lluis Bassets (El alfiler y el elefante) porque estuvimos explorando juntos estos espacios abiertos. Les agradezco mucho las intervenciones de las tres, e imagino que ahora que ya nos saben por aquí se comunicarán de vez en cuando con nosotros.

Fue un rato extraordinario; luego fui a calmar el descanso, pero antes me comí un cherne en El Jable, que es el restaurante al que voy desde 1990, cuando me compré una casa en El Médano. Un lugar destartalado (El Médano) que tiene el mejor aire del que pueda disfrutar un asmático. El Jable: pregunten de mi parte por Jose y por Miguel. Por la noche cené también allí, y pedí al final helado de higo. También tienen helado de gofio.

El hombre que habla callado

Por: | 18 de mayo de 2007

El hombre que habla callado es Carlos Monsivais, el ensayista mexicano que este año pasado ganó el premio Juan Rulfo y que fue ayer noche objeto de un agasajo en la Casa de América de Madrid. Me invitaron a hablar. Allí estuve. Es de la estirpe de los grandes cronistas latinoamericanos, dijo Julio Ortega, capaz de convertir la realidad de su país en un caleidoscopio divertidísimo, aunque a veces se detenga en los dramas que lo asolan. México es su obsesión, pero las metáforas que le sugiere ese gran país sirven para interpretar el mundo. ¿Que no han leído a Monsivais? Precipitense a la librería, o a la biblioteca; es de los mejores periodistas que ustedes pueden conocer.

De la estirpe de Manuel Vázquez Montalbán, que también hablaba callado, Monsivais representa lo que a mi me gustaría que fuera el periodismo: que los datos sirvan para reinterpretar la vida, para contar lo que pasa como si lo que sucede fuera un símbolo del mundo, de las relaciones humanas, del misterio. La obsesión de Monsivais ahora es el narcotráfico, que ha convertido la vida de su país, y de muchos países latinoamericanos, en una antesala de la violencia y de la muerte. Contó que un cura de Sinaloa se llevó a Jerusalén, en Semana Santa, a unos narcotraficantes, "para que se purificaran". Los narcos se llevaron unas sábanas, alquilaron unas cruces, y después del via crucis el cura les pasaba por la cara las sábanas, en las que previamente se había dibujado el rostro de cada uno de los criminales...

Dicen que vive con cien gatos en casa, que habla con ellos; Nubia Macias, la directora de la Feria del Libro de Guadalajara, México, dijo en el acto que Monsivais no está hecho para el optimismo, aunque "es levemente optimista"; dejó en el aire del lugar la convicción de que reírse siempre es posible. Le preguntaron por qué "levemente", y dijo: "Porque todavía no he vuelto a México".

Les contaré de mi viaje a Mallorca. Me llevó Andreu Manresa, el corresponsal de El País, a comerme un helado de almendra en el bar más antiguo de la ciudad. Vale la pena tanto viaje por ese minuto.

La vida personal

Por: | 17 de mayo de 2007

Por si ayer no quedó clara lo que me sugirió lo que sucede en Euskadi desde que el terrorismo manda en modos y conciencias, quede aquí explícita mi posición: ni una sola idea merece la falta de libertad del que piensa lo contrario.

El que piensa lo contrario. Anoche comenzó el debate de los candidatos municipales madrileños con lo que me pareció una notable distensión entre los que iban a debatir el futuro de Madrid. Gallardón, el alcalde, calificó a sus colegas de adversarios, que no enemigos. Fueron adversarios hasta que Miguel Sebastián, su oponente socialista, sacó a relucir una pregunta que le irritó visiblemente. Le preguntó Sebastián por una supuesta relación del edil popular con alguien relacionado con la operación Malaya. No especificó Sebastián de qué tipo de relación hablaba.

A Gallardón le pareció el colmo que Sebastián entrara en ese tipo de suposiciones, y en la segunda tanda de este tenso debate el socialista, en medio de un clima que se cortaba con un cuchillo, aclaró con cierta reticencia que él se refería a una relación profesional.

En el aire flotó la sospecha. Luego dijo Carlos Llamas en la Ser algo que dejo como reflexión. Gallardón no está ni mucho menos implicado en la operación Malaya; es decir, el juez jamás lo llamó a declarar. ¿Tiene alguien derecho a hurgar en su vida privada, con insinuaciones que no se hacen explícitas como para que el rumor siga corriendo?

Independientemente de quien planteen las dudas, este es un terreno éticamente pantanoso. La vida privada no se puede aventar jamás si quien la aventa no demuestra que alude a un interés general. Es muy delicado hablar de la vida de las personas.

Este de la vida privada y su reflejo público es uno de los asuntos más graves de nuestro tiempo.

Fútbol: me gustó mucho el Español-Sevilla. Yo iba con el Español. Porque no era el favorito. Palop es un portero extraordinario.

Me voy a Mallorca, a entrevistar a Antich. No me ha contestado Matas, y me hubiera gustado mucho sentarme a conversar con él. A ver si aun puedo hablarle.

Humor en tiempos revueltos

Por: | 16 de mayo de 2007

Amigos vascos me decían anoche que el hecho de que ahora haya humor, buen humor, en las ondas, en la red, en la prensa, sobre la situación que se vive en Euskadi (¡que siempre se vive en Euskadi!), es síntoma de que algo marcha, de que algo está arreglándose en lontananza. Por lo menos, el ánimo, el humor. Les decía a estos amigos que resulta atosigante que generaciones y generaciones de españoles y de vascos, o viceversa, hayan estado y estén con esa espada de Damocles irracional y fraudulenta y enloquecida que es el terrorismo.

Ojalá, ojalá las previsiones pesimistas no se cumplan; ayer me decían: "Si eres pesimista aciertas". Si eres optimista te conviertes en un jugador de alto riesgo, me venían a decir. Hablamos de aquel reportaje de Pablo ordaz: la madre de De Juana siendo atendida por la mujer de un asesinado por ETA. ¿Lo recuerdan? Lo mejor que he leído en periodismo en años.

Estuve primero en Vitoria, y entrevisté a Patxi Lazcoz, candidato del PSE, y a Mikel Martínez, candidato nacionalista, ambos aspirantes a alcaldes de la capital vasca. Fueron conversaciones muy interesantes, en las que introduje algunas de las preguntas que me pasaron ustedes. Hoy se publican extractos de ambas entrevistas en la edición impresa de El País; por razones de espacio no cupieron todas las respuestas, pero prometo extraer de las cintas que grabé aquellas que los dos candidatos hicieron a las interrogantes que ustedes me pasaron.

A través de un paisaje pacífico, verde, extraordinario, llegué luego a San Sebastián, escuchando al lendakari Ibarretxe con Gemma Nierga en La Ventana de la Ser. Le saludé brevemente, en el monasterio donde hicieron el programa; me pareció más directo, menos envarado que en esas comparecencias en que el hombre haberse caído del guindo de la solemnidad. Luego Gemma y Nativel Preciado le hicieron notar esa dicotomía que él siempre expone: "Euskadi y España".

La verdad es que yo me siento tan de aquí, de Euskadi, que me resulta raro que se proponga siempre esa dicotomía; entiendo que exista, como se entiende que exista todo, pero yo creo que tampoco es tan necesario que se le exponga a la gente todo el rato. Porque muchos de aquí también se sienten de allí, y mientras eso ocurra, que a lo mejor ocurre siempre, no resulta necesario (como decía mi madre) restregarlo por la cara.

En Donosti me encontré con los amigos que me invitaron a hablar de literatura, memoria y blogs. ¡Con mi escasa experiencia, hablando de eso, o de esto que hago! Conmigo estaban Joseba Iriondo, de Euskal Telebista, que estuvo en la guerra de Irak como periodista, y que me pareció extremadamente sensato y respetuoso con su experiencia y con el periodismo; me sentí muy reconfortado de hallarme con un periodista así. Ha escrito un libro sobre esa experiencia, en euskera: Palestina Hotela.

Nos moderaba Alberto Moyano, periodista cultural de El Diario Vasco, que desde hace un año tiene un blog que llama El Jukebox. Me dijo que con solo teclear eso en google ustedes pueden acceder. Y me llevó Mikel Iturria, ¡que hace el mismo blog diario en euskera y en castellano! El blog se llama Pedradas. Conectados. Luego estuvimos cenando, en una atmósfera magnífica, en el restaurante Alberto, de la parte vieja; a mi me dieron merluza y comimos anchoas que no son de aquí. ¡Desde cuando no son de aquí!, les dijo la camarera.

Yo estaba muy cansado, muy cansado, y ellos me dijeron que no les importaba que me fuera en cuanto acabara de cenar. Me vine al Hotel, el Hotel Londres, el preferido de Rafael Azcona. Qué vista, que playa, qué hermoso que este fuera siempre un escenario de paz. De paz siempre. Ojalá.

Ahora escribo en el ordenador del hotel, y dentro de nada me tengo que ir al aeropuerto. A Madrid esta vez. ¡A la T4! Lamentablemente, ahora he escrito T4 y, a la luz de lo que escribía al principio, me ha dado un amargo escalofrío.

Messi, "claro que sí"

Por: | 15 de mayo de 2007

Lo peor de la Terminal 4 de Barajas, en Madrid, es que aunque vengas de los trayectos más cortos muchas veces tienes que terminar el viaje utilizando otro medio de transporte, el tren. Lo que hago cuando ocurre esto es imaginar que vivo en un futuro en que sea menos sencillo viajar. Julio Cortázar tiene un cuento en el que se inventa la manera más rápida y menos compleja de viajar, y los que concursan aceptan como mejor la conclusión de quien propone que el mejor modo de hacerlo es yendo a pie.

Pero a pie no se puede ir a Canarias, todavía, y ayer por la mañana fui a Las Palmas, invitado por Gema Nierga a su programa La Ventana, donde los miércoles hago un espacio sobre libros con Almudena Grandes. Esta vez me llevaban para hablar de Canarias, y allí hubo de todo, política, cultura, música..., diversión y palabras, que es es la esencia de la radio. Detrás teníamos el Atlántico y delante teníamos un público nutridísimo, a quien Gema ofreció, como siempre, lo mejor que tiene, que es muchísimo. Acabó Rosana, la cantante lanzaroteña, que celebra ahora los diez años de su disco Lunas rotas.

Por esas casualidades de la vida --esas casualidades que tanto divierten a un buen amigo que yo creo que no se cree mis casualidades-- conocí a Rosana hace diez años y un mes, en un restaurante de Madrid, donde presentábamos un libro de Maruja Torres. Vi a Rosana, me acerqué a ella y le dije que por qué no interpretaba un bolero, para acabar ese acto de promoción literaria. Le buscamos una guitarra, y se dispuso a cantar.

Unos días después Rosana me mandó su primer disco, precisamente Lunas rotas, con una nota que guardo porque además parecía un verso: "Sólo a un canario se le ocurre pedir un bolero de postre".

Hubo en el programa algunos momentos de enorme emoción. A mi lado se sentó un inmigrante que había llegado a Fuerteventura cuando era un adolescente, Kané, de Mali. Contó su historia, y luego un capitán de la Guardia Civil, responsable de la unidad de rescate de los emigrantes que vienen en patera o en cayuco, explicó lo que siente cuando ha de rescatar a los que están en peligro arribando a las islas. "Son personas. No son inmigrantes, ni negros, ni blancos, son personas. Y te miran con una intensidad inolvidable".

Al llegar a Madrid, en la famosa T 4, después de una travesía en la que estuve pensando y escribiendo, escribí un texto sobre Juan García Hortelano, aquel hombre tan radicalmente bueno, y pensando en la lentitud que yo debía imprimir a mi vida, nos metimos en el tren, o en el trencito, que decía Guillermo Cabrera Infante. Venía Gema con su equipo y de pronto ella vislumbró en el vagón de al lado una figura. Yo miré: sí, era Messi.

Cuando acabó el trayecto me acerqué al futbolista, le expliqué mi condición de periodista y de apasionado del Barça. Me atendió con deferencia, sus ojos miraban a quien le hablaba, y esto no es común entre los famosos, le dije que admiraba lo que hacía, me lo agradeció, y al final le dije: "Tenemos que ganar". Y él me dijo, ahora más comprometida su mirada con la mía:

--Claro que sí.

Llamé a algunos amigos, naturalmente, para contarles el encuentro, y ahora ya queda contado aquí también.

Así que no estuvo mal llegar por la T4. Ahora, por cierto, me voy a Vitoria. Por la T4. Entrevisto a candidatos. Se admiten preguntas.

La afición al fútbol

Por: | 14 de mayo de 2007

Mucha burla en el blog por la racha mala del Barça. Es una de las condiciones del fútbol; cuando pierde tu equipo, has de estar preparado: te van a freír las ironías. Es una afición que produce satisfacciones y decepciones casi por igual.

Estos últimos años han sido buenos para los que amamos al club azulgrana; pero ahora nos toca sufrir. Cuando las circunstancias nos llevan al sufrimiento tenemos que estar alertas para poner en marcha el plan de la retaguardia. Yo lo puse en marcha la noche del Getafe; se trata de imaginar que no ha ocurrido lo evidente, esperar con el paraguas abierto a que escampe, y luego salir a la calle, como si no hubiera pasado nada.

Otros hacen lo mismo con sus equipos, y lo he comprobado en los últimos tiempos, porque, si nos acordamos bien, al Real Madrid le ha venido pasando lo mismo que al Barça hasta fechas bien recientes. Si no fuera así, si esta euforia que ahora los anima hubiera durado más, ya serían los jefes absolutos de la liga. Y son campeones ex aequo, de momento.

Ellos --sus aficionados-- viven ahora un engañoso estado de euforia, porque aún quedan cuatro partidos en los que puede pasar de todo. Le ganaron al Español en un partido que podrían haber perdido, y el Barça empató con el Betis en un partido en el que la mala fortuna pudo más que el interés de los futbolistas por dar una imagen distinta y más positiva que la que ofrecieron en Getafe.

En mi artículo de hoy en As cuento algo que me pasó al principio del partido, cuando el Barça marcó su gol. Me emocionó ver a los futbolistas --unos multimillonarios a los que únicamente me unen los colores que llevan, y no es que los amen, necesariamente-- abrazarse como si hubieran alcanzado la meta más soñada, y los vi tan hermanados, era tan positiva la imagen, que creí que la recuperación estaba hecha.

Si Etoo hubiera marcado aquel gol de chilena... El fútbol no se puede jugar en subjuntivo, pero gracias a que se juega en subjuntivo los aficionados podemos engañarnos mientras en el campo pasa lo contrario de lo que uno sueña.

Ah, y no sabía que había tanto futbolero en esta tribu.

Migdalia, tendrás tu regalo. Próximo concurso: quién gana la liga. He de pensarme el premio.

El País

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