Ya no existe Cortázar y además somos ricos

Por: | 24 de julio de 2007

Claro, ya no vive Julio Cortázar y además ya somos ricos. Antes, cuando había un apagón, alguien escribía un cuento, una novela, o tenía un hijo.

Los apagones han sido, a lo largo de la historia, el germen de una literatura, de un amor o de un sueño. En casa había muy poca luz, porque la acaparaba el turismo que había en el litoral de mi pueblo; nos levantábamos muy temprano, a estudiar de madrugada; aquella penuria se convirtió en un hábito, en una costumbre instalada ya en la vida cotidiana.

Ahora un apagón es una desgracia enorme, porque lo es además, sin duda alguna. Pero lo que observo ahora es que un apagón es simplemente una desgracia, o al menos los medios no recogen todos esos detalles menudos que convierten un acontecimiento como este también en el espectáculo moral y humano que suele nacer de la oscuridad.

Un bloguero recordaba aquí qué hizo de un atasco Julio Cortázar; imagínense qué no haría de un apagón. Particularmente siempre me gustaron los apagones; entiendo los inconvenientes, cómo no, pero los apagones me dieron siempre sensación de solidaridad, de búsqueda de los otros, de silencio.

En mi casa había velas; yo le decía a mi madre que no las apagara cerca de mí, porque me aturdía el olor que dejan las velas al apagarse. Mi padre trajo a casa un petromax, que alguno de ustedes va a definir en las respuestas de hoy. Muchos años más tarde vi dos símbolos de lo que hace la luz cuando no existe: el cuadro famoso de Luis Fernández (lo expuso Telefónica, es suyo) en el que aparece una vela encendida; alguien dijo: "Si apagaran la luz de esta habitación, la vela de Luis Fernández seguiría dando luz al recinto". Cerrando los ojos, imaginando, podías deducir que esa metáfora era real, cierta.

Y leí también en un libro de Cabrera Infante esta frase de Lewis Carroll, que ha sido y es guía de mi vida, de lo que escribo, de lo que vivo: "Me gustaría saber cómo es la luz de una vela cuando está apagada".

Ayer. Estuve en el desayuno de María Teresa Fernández de la Vega, y escribí una crónica, que luego hubo que apocopar, sobre lo que dijo. Estaba el obispo Blázquez. Él sabe que la asignatura de la ciudadanía de la que tanto se habla no dice lo que dicen que se dice. La vicepresidenta estuvo en lo cierto, pero desde la conferencia episcopal y desde la Cope y desde otros medios se está mintiendo. ¿Qué hacer? Estuve con Carmen Pellicer, teóloga, católica, que ha escrito un libro de texto para enseñar la asignatura. Ella desmiente con ciencia y con sapiencia todas las mentiras que se dicen. Es muy grave lo que ocurre, porque se está engañando a la sociedad diciendo (y esto se lo oigo ahora mismo a un mentiroso total, a Tomás Cuesta, en la Cope; es muy mentiroso, pero ya hasta se lo dicen los tribunales; vivió del Estado sin trabajar, y sigue dando lecciones como si fuera un periodista noble) que esa asignatura es para adoctrinar. ¿Qué tal si leen los textos de la asignatura? ¿Qué tal si siguen el mandamiento que considera pecado mentir? A mi me indigna esto, la verdad; y me indigna como ciudadano, como ser humano, y también como persona que se ha querido informar del asunto.

Tarde. Fui por la tarde a entrevistar a un colega, en Brunete, fuera de Madrid. Una ruta que hice con dolor hace unos años. Una amiga estaba muy enferma; íbamos cada día a verla Julio Llamazares y yo. Era Dulce Chacón, poeta, escritora. Inolvidable. Regresé de la entrevista, con los fotógrafos, a las nueve de la noche. Como si un temporal ya me habitara por dentro, cené algo y me fui a la cama. Ahora, al amanecer, he leído los comentarios que ustedes pusieron ayer. Los agradezco todos, incluso aquellos que me han dado pena y me han dejado en el cuerpo la constancia de que la desinformación crea más opinión que la información.

Hay 36 Comentarios

Pues no sé nada de ella desde la reunión que hubo para hablar sobre el viaje con los compañeros de El Crisol.
Ahora es verano y supongo que estará disfrutando de unas merecidas vacaciones y ejerciendo de mamá las 24 horas jeje.

Un besito. Alba.

Desert, si me llamas de usted me encojo.
En serio, a lo que voy es que en estos asuntos político-sociales se suelen producir unos juegos de sogatira que hacen que no sepamos para donde mirar. Y a veces, como es el caso que nos ocupa, los datos objetivos e irrefutables están a mano, no es necesario creer a unos u a otros.
Un abrazo ciudadano para todos y recuerdos de Alí Babá.

Qué alegría saber de ti, Alba. Hace tiempo que no entra en el blog la maestra-periodista. Qué sabes de ella?

Cortázar sigue vivo, los cronopios, las famas y el Sèvres y Babilone con el amor de Horacio del capitulo 93 de Rayuela, siguen ahí y siempre habrá quien lea sus libros del derecho o del revés, al menos así lo espero y lo haré yo.
Los apagones siguen trayendo niños, esperemos nueve meses y los barceloneses tendrán una oleada de nacimientos que superará la tradicional de mayo. Que sí, que es cierto, las fiestas de agosto es lo que tienen y si no piensen en cuantos cumpleaños felicitan en mayo, ya me darán la razón. Los apagones son una de esas cosas que, al mismo tiempo que te producen un odio incalculable hacia todas las redes eléctricas y las familias de los que las dirigen, te proporcionan una felicidad inesperada por la caída, con la luz, de la rutina. Todo se vuelve nuevo.
En cuanto a la Iglesia y sus devaneos, pido solemnemente que se les otorguen unas vacaciones de varios meses, (qué digo meses, años, ¡lustros!) a todos los curas de este país (y del resto también), en una isla, sin niños, con mucho sol, relax, sin políticos, sin gente, sin medios de comunicación, una isla aislada (valga la redundancia) en la que se les pase la crispación y la intolerancia que les caracteriza y de la que no vuelvan más que para visitar a sus familias, a ver si así dejan de meter las narices donde nadie les llama. A los demás crispadores y mentirosos, recordar lo que me dijo mi abuela cuando le dije, hace años, que quería ser abogado: "no hagas eso, mujeriña, que hay que mentir mucho y es muy feo"... yo le hice caso, no hice derecho, pero acabo periodismo en menos de un año y tal y como andan las cosas, no sé si con el consejo de mi abuela saldré ganando.

No soy catedrático ni nada parecido; que más quisiera.

Me hago cargo de las críticas y prometo enmendarme en la medida de lo posible para el futuro.

Tan sólo discrepo en que un buen argumento no tiene que estar reñido con el espacio ni con el tiempo, aunque precisamente su login "Tempus Fugit" parezca indicar lo contrario y parezca darme la razón en el primero de mis posts.

No entro en el blog por opinar, sino por enriquecerme. A mi no me importa la extensión de los demás, sólo si lo que dicen, breve o largo, tiene un buen jugo que absorver.

Un saludo y mis disculpas.

Tal vez por mi corta edad, 15 años, nunca he percibido los apagones como una desgracia. Todo lo contrario. Me parecen una oportunidad para dejar a un lado ordenadores y televisores y unir a la familia con juegos de mesa.
Mi padre siempre me cuenta que, cuando él era jóven, la familia estaba mucho más unida ya que las sobremesas eran más largas y pasaban más tiempo conversando.
Hoy las cosas han cambiado. Mientras mis padres ven la tele en el salón, mi hermano juega a la Play Station, mi hermana a la Game Boy y yo chateo en el ordenador. Cuando hay apagones somos una verdadera familia.

Hablando de petromax, mi abuela tiene dos adornando su casa. Son lámparas de petróleo que usaban antiguamente los pescadores para alumbrar sus traíñas en noches en las que no hay luna y obtener así mayor número de capturas de caballas y sardinas.

Ahora cambiando de tema. Leí el artículo del As del Domingo. Me llamó mucho la atención que la primera pregunta de Antonio Oliver fuera sobre la identidad del país, ya que la primera pregunta que yo te hice fue sobre la identidad canaria.
A veces oigo a mi padre decir: "¿por qué me gusta el fútbol?", y en cambio otras veces vive los partidos con euforia.
Es posible que el fútbol no nos de identidad pero sí es capaz de transformarnos como pocas cosas pueden hacerlo.

Saludos,
Alba.

Quizás sólo venga un poco a cuento este comentario, pero ayer me pasó: Un vuelo de campanas digno de fiesta mayor (sin ser fiesta mayor) en la iglesia de la plaza del pueblo. Y como había escuchado tanto estado laico, estado laico, estado laico etc con la polémica de la asignatura, me preguntaba si hay legislación al respecto sobre estas sinfonías católicas escuchadas sin remedio aunque ese dia no estés tolón. Hoy, durante los apagones, tampoco funcionan las campanas. Pero párrocos habrán que les pondrán pilas. Seguro.

A mi también me pasó ese apagón; intenté entrar a medianoche, como hago habitualmente, y no pude. Debió haber algún fallo técnico.

En efecto Inmaculada yo también llamaba y no abrían

¿Anoche hubo un apagón del blog o fui yo la única que lo notó?
Buenos dias a todos.

opino igual que Tempus fugit. ya se sabe, "lo bueno, si breve, dos veces bueno".

Estimado Sr Manuel León Morales:
No es lógico que un comentario en un blog sea mayor que el texto comentado. Mucho menos el doble por el mismo precio.

¿Por casualidad es usted catedrático o algo asi?

Siento decirle que su discurso, por abultado, propicia rechazo al lector de blog. Imagine que cien personas escribieran con su verborrea. Harían falta cien horas para participar de esta comunicad. Y en Internet hay tantas cosas que visitar cada día...

Adsuar, Nacha Guevara en su última aparición con un pipiolo de 20 años y operada como una puerta anuló también a todas nas nachas anteriores. Lástima.

A lo mejor me equivoco, y entonces agradecería sobremanera cuantas aclaraciones fueran pertinentes, ya sea aquí o en la dirección electrónica que aporto.

Educación para la ciudadanía y los derechos humanos es una asignatura que está siendo utilizada como arma arrojadiza entre distintas facciones de la clase política actual. Esto tal cual no supondría ningún problema, o al menos ninguno más que los habituales en estos casos, si no fuera porque desde ambos bandos se está intentando implicar a la sociedad en esta lucha. Pero se está intentado implicar a la sociedad de forma sucia, atrayéndola hacia un lado o hacia el otro, no informándola. Pretender convertir a uno de los bandos en adalides de la información mientras se acusa al otro de mentir y desinformar es de ser muy ingenuos; es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Con independencia de quién haya empezado la lucha, lo cierto es que hay una lucha en la que dos facciones participan, y ambas informan y desinforman a partes iguales. Es lo habitual en toda lucha. Ya lo hemos visto con el tema del terrorismo.

Reconozco que sentimos más simpatía por unos que por otros. Y que además sentimos franca antipatía hacia otros más que hacia unos. Pero por favor, que los sentimientos no nos cieguen. No nos dejemos llevar por arengas moralistas de unos ni por bellos títulos en asignaturas de otros.

Resulta asqueroso que quien ha pretendido moralizar en un determinado sentido siempre pretenda ahora oponerse a que otros, el Estado, pretenda hacer lo mismo que ellos han hecho. Parecen que temen una competencia que podría dar al traste con lo poco o mucho que le quede por decir a la Iglesia y a sus adláteres a la sociedad. Temen quizá perder influencia, porque, desde luego, en ningún momento han dicho que ellos vayan a dejar de tratar de influir en las conciencias.

Y otros diréis "pero es que el Estado no pretende moralizar ni adoctrinar a nadie, tan sólo mostrar cuáles son los valores que hacen posible una convivencia ciudadana plena y un cierto respeto a los derechos que todos tenemos por ser personas". Pero en esa misma respuesta está la trampa.

Primero porque el no adoctrinar depende, según Juan y otros nos contáis, de lo bien elaborados que están los libros de texto que llevan el contenido de la asignatura. Pero la asignatura misma es un arma que permite el adoctrinamiento. Puede que este gobierno concreto no quiera adoctrinar, puede que haya supervisado los textos que se van a impartir (cualquier profesor sabe que al final siempre es más importante su visión de las cosas que lo que diga un libro) en este sentido, pero no estamos libres de que en un futuro, los siguientes libros de texto si porten contenidos moralizadores en un sentido u otro. La signatura se convierte en un instrumento dispuesto para ser utilizado por cualquiera que acceda al poder, y sólo su integridad como persona se vuelve garantía de no usar mal ese instrumento. Vistos casos como los de Marbella y otros donde cualquier fanático puede llegar a lo más alto, me preocupa la existencia de un arma que puede usarse contra mí.

Segundo, porque la línea que divide la educación del adoctrinamiento es muy sutil, y es fácil pasar de una cosa a otra incluso sin intención de hacerlo, pero sobre todo sin que los estudiantes se den cuenta de que se está haciendo con ellos y de cómo están siendo educados o adoctrinados. De hecho, enseñar cuáles son los valores que importan para ser un buen ciudadano y cuáles no, supone una visión clara de lo que es un buen ciudadano, supone alguien que tiene esa visión, y supone a alguien con el deseo y la capacidad para que todos compartan su visión. Estas tres premisas se cumplen en casi todos los totalitarismos, y aquí se asientan como algo deseable, con lo que el asunto vuelve otra vez a rondar el tema de que la voluntad del que manda ha de ser la de no interferir. Es como si se le diese a alguien una escopeta fiándonos de su palabra de que sólo la cargará con fogueo.

En tercer y último lugar, realmente, para conseguir lo que se proponen (lo que dicen proponerse) no habría hecho falta inventarse la asignatura de la discordia. Simplemente habría bastado con dotar de contenido, de verdadero contenido, a una Filosofía, convertida en una tediosa Historia de la Filosofía, y que este mismo gobierno estuvo a punto de hacer desaparecer; o a la Ética que ya sucumbiera bajo el mandato del PP. Con esas hubiera bastado para que nuestros hijos (y muchos de nosotros) hubiésemos aprendido a pensar por nuestra cuenta, en libertad, y a comportarnos como seres humanos, antes que como ciudadanos, en lugar de hacerlo como los acémilas que muchas veces demostramos ser.

Educación para la ciudadanía y los derechos humanos es un bonito nombre para una asignatura, sin duda necesaria, pero que al final sus resultados sólo van a depender de la voluntad de quienes la impartan.

Un saludo.

En pocas décadas, en poquísimos lustros, los tiempos han cambiado, y ahora es eso precisamente, el Tiempo, a lo que le damos más valor. Cuando trabajamos, casi en lo que sea, no medimos en función a lo bien o mal que haya sido el resultado de nuestra labor, sino que lo hacemos en función del tiempo invertido en realizarla, y así es como vemos si compensa o no, si es satisfactoria o no. La solución a todo parece ser la misma: ganar tiempo.

Esto, o algo muy parecido, es lo que decían los Hombres Grises que pretendían atrapar a la pequeña Momo de Michael Ende. Puede que el libro acabe de otra forma, pero yo creo que al final la atraparon y la hicieron desaparecer.

En cualquier caso, en esos pocos lustros hemos adaptado nuestra vida a la velocidad como forma de ganar ese tiempo que tanto parecemos necesitar; y mucha de esa velocidad la obtenemos de la electricidad. Si ésta falta, adiós a nuestros réditos personales de ese día. O de esos días.

Antaño los ritmos eran otros y ciertas pérdidas de tiempo entraban dentro de lo plausible. Se aceptaban mejor, entre otras cosas porque el tiempo no valía tanto. Otras pérdidas que hoy apenas si nos afectan se lloraban más antes. La amistad, por ejemplo. Pero en cualquier caso, disfrutar de un apagón, como de casi cualquier otra cosa, es algo que va ligado al alma de cada uno, a la tranquilidad de espíritu que tengamos o no. Y ésta es difícil mantenerla cuando sabes que cada minuto de oscuridad supone un esfuerzo extra más adelante para compensarlo, un tiempo de más que no tenemos. Esfuerzo y tiempo que a lo mejor no podemos dar cuando ya vivimos al límite de nuestras fuerzas y al borde de la carencia.

En efecto, un apagón, tal y como has dicho, Juan (perdóname el tuteo), es una desgracia. Y cuando la desgracia nos embarga, es difícil dedicarnos a otras cosas más amenas que a la propia conmiseración de nuestra situación y al propio regodeo de nuestras desdichas, mientras clamamos al cielo y buscamos culpables con los que desahogarnos.

Un saludo.

Me he comprado Rayuela de Cortázar para saborearla en las tardes sofocantes. Me he leído "Plataforma" y la verdad es que me ha decepcionado un poco. Andreu Buenafuente en su blog

El pasado de unos es el presente de otros. Y los apagones son por estos predios parte de la cotidianidad. Razones del problema al margen, no he visto un texto literario local sobre el tema que me haya emocionado. Si Cortázar estuviera por aquí seguro que lo hubiera parido, para deleitarnos, como siempre.

Cuando yo era pequeña me gustaba mucho que se fuera la luz.
Si la luz se iba de día, la tele se cortaba y los ruidos de la cocina- la lavadora, la nevera, la minipimer- cesaban súbitamente, y se podía oir el silencio. Íbamos a la entrada de la casa a mirar si habían saltado los plomillos y luego comprobábamos la luz del descansillo de la escalera. Se ha ido en toda la calle, anunciábamos saliendo a los balcones.
Cuando la luz se iba de noche, era mucho más divertido;salíamos de las habitaciones a tientas, chocándo unos con otros en el pasillo entre risas y sobresaltos. Mi madre repartía velas y nos concentrábamos alrededor de la mesa camilla a planear actividades para la oscuridad. Mi hermano decía siempre que en Nueva York, a los nueve meses de un famoso apagón, aumentó la natalidad. Al final nos quedábamos en silencio contemplando las sombras de las velas.
La luz volvía caprichosa, antes de tiempo, y era una decepción.
Hoy día, cuando se va la luz, intento volver a caer en la tentación del paraíso original sin luz eléctrica, descubrir en el apagón la sospecha de una aventura, la posibilidad de ser una isla en un archipiélago de cercanos otros, separados tan solo por el mar de la oscuridad.
Cuando se va la luz, acaba uno mirando para dentro.

No sé qué contenidos tendrá la nueva asignatura de Educación para la ciudadanía, pero no me cabe la menor duda que serán mejor que aquellos catecismos de la antigua EGB , donde año tras años aparecían las mismas preguntas con las mismas respuestas que teniamos que aprender de memoria. Hubiera estado mejor que enseñaran historia de las religiones para entender el mundo que nos ha tocado vivir. Por qué no se le da más voz a curas como Martín Patino.

"la verdad ha muerto, y yo la he matado"

Francisco para mi que la verdad es ponerse en la piel de los demás.

Y por favor alguien sería tan amable de enlazar a uno de esos articulos tan buenos que escribre Santiago Segurola?

Juan Cruz, seguidores, por favor, infórmenme. Es que ando de un desinformado...

Antes la verdad la tenía la Iglesia, ahora...

La última frase de Juan es una verdad como un puño: La desinformación crea más opinión que la información.
En las tardes de tormenta de mi infancia mi madre nos ordenaba quitar la televisión porque un rayo podría salir de la pantalla y quemarnos a todos.
Yo me quedaba sin ver a Maria Luisa Seco (¿alguien se acuerda de María Luisa Seco?)mientras mi madre rezaba entre dientes y cogía una botella de vino, vacía, con una vela ( era la botella de las tormentas)
Hoy en día hay algunos en este pais que siguen metiendonos miedo con los rayos y aconsejándonos el rezo frente a las tormentas.
A mi aquello de la tormenta no me daba miedo, ni los rezos,ni que se fuera la luz, ni la vela prendida en la botella.
¿Saben lo que me daba más miedo de las tardes de tormenta?
Pues eso, quedarme sin mi María Luisa...

El discreto encanto de los apagones. Entiendo que éste es un blog literario y me parece correcto e incluso hermoso que se haga literatura con los apagones. Ahora bien, ¿hubiera tenido el mismo tono el comentario si el apagón hubiese ocurrido pongamos que en Madrid?

En los edificios “inteligentes”, cuando se va la luz los ordenadores y equipos de seguridad ni se enteraran, siguen trabajando. Se escuchan los gritos de la gente atrapada en los ascensores.

Aunque para paradojas: la de atribuir a la educación para la ciudadanía tan falsas intenciones y oposiciones (enfrentando lo que no tiene vocación de enfrentamiento).

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Mira que te lo tengo dicho

Sobre el blog

¿Qué podemos esperar de la cultura? ¿Y qué de quienes la hacen? Los hechos y los protagonistas. La intimidad de los creadores y la plaza en la que se encuentran.

Sobre el autor

Juan Cruz

es periodista y escritor. Su blog Mira que te lo tengo dicho ha estado colgado desde 2006 en elpais.com y aparece ahora en la web de cultura de El País. En cultura ha desarrollado gran parte de su trabajo en El País. Sobre esa experiencia escribió un libro, Una memoria de El País y sobre su trabajo como editor publicó Egos revueltos, una memoria personal de la vida literaria, que fue Premio Comillas de Memorias de la editorial Tusquets. Otros libros suyos son Ojalá octubre y La foto de los suecos. Sobre periodismo escribió Periodismo. ¿vale la pena vivir para este oficio?. Sus últimos libros son Viaje al corazón del fútbol, sobre el Barça de Pep Guardiola, y Contra el insulto, sobre la costumbre de insultar que domina hoy en el periodismo y en muchos sectores de la vida pública española. Nació en Tenerife en 1948.

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